UN LUGAR PARA SOÑAR

UN LUGAR PARA SOÑAR
puesta de sol en la Alhambra

martes, mayo 13, 2008

Yo sí estuve en París en el 68

Se cumplen ahora 40 años del famoso Mayo del ´68 francés, y parece que todo el mundo estuvo allí, todos tenían derecho que defender, una protesta que realizar, una lucha utópica en la que creer, una necesidad real de manifestarse contra el sistema, un ansia de libertad, todos tienen algo que contar. La mayoría de los que ahora hablan de aquel Mayo francés saben lo que saben por oídas, por los que otros les contaron o por lo que a través de la televisión y la prensa censurada les llegó , pero, vivirlo, vivirlo de verdad... ¡que pocos!.

Mis padres sí vivían allí, como muchos eran emigrantes que trabajaban y vivían en París, y más concretamente, muy cerca del Barrio Latino. En más de una ocasión mi padre se encontró atrapado en una manifestación estudiantil, mi madre se vio afectada por la huelga general, especialmente por la de transportes, y sintieron miedo y a la vez esperanza, porque sabían que aquello estaba haciendo cambiar el mundo, por mucho que en España algo así fuera totalmente impensable.

Lo mejor de todo es que mi madre estaba embarazada de mí, y se suponía que salía de cuentas a finales de Mayo. Imaginaros, huelgas generales, escaramuzas continuas en el barrio y mi madre a punto de salir de cuentas. De hecho, una tarde tuvo una falsa alarma y mientras intentaban llegar al hospital se vieron rodeados por una turba.

Finalmente vine al mundo, de manera más o menos tranquila, en París un 4 de Junio, cuando los ánimos empezaban a aplacarse un poco, en un ala prefabricada del hospital Port Royal. Hace unos años, cuando visitamos París buscamos el hospital, y lo encontramos, pero aquel ala prefabricada ya había dejado de existir y en su lugar existía un nuevo pabellón materno-infantil.


Como decía, aunque yo no recuerde nada, yo sí puedo decir que viví la primavera parisina del `68, y en ocasiones, pienso, que si a veces soy tan revolucionaria, no tendrá un poco que ver con el hecho de haber vivido desde el útero materno todos aquellos conflictos, y pasar mis primeros días por los Jardines de Luxemburgo al lado de aquellos estudiantes que, puño en alto, protestaban por todo.

sábado, mayo 10, 2008

Unas fotos para alegrar el día


Como está lloviendo sin parar, y el cielo sigue totalmente nublado amenazando con descargar más agua, que , por otro lado, tanta falta nos hace, he decidido alegrar el día con este post con algunas de mis últimas fotos.

Espero que todo el mundo lo disfrute.


Paseando por la playa de Famara en Lanzarote

Los Jameos del Agua, al norte de Lanzarote



Panorámica de la Isla de la Graciosa

jueves, mayo 08, 2008

Cuentos de colores. Negro (III y última parte)

La anciana pidió un trago de agua. Se mantuvo unos minutos en silencio, con los ojos cerrados, recordando aquellos momentos, volvió a sorber un poco de agua y siguió hablando.


"Por suerte para mí, Villanueva no permaneció mucho más tiempo en casa, las batallas le esperaban. Por los periódicos que, de cuando en cuando, nos llegaban supe de su crueldad para con el enemigo y comprendí que me habían casado con un monstruo;la admiración, que nunca el cariño, que había sentido por aquel hombre desapareció y se convirtió en auténtico pavor.


Con la caída de las primeras hojas descubrí que estaba embarazada. En principio intenté ocultarlo a todos, pero me fue difícil. Mi propio padre se encargó de avisar al capitán Villanueva de la buena nueva y esa misma Navidad se presentó de incógnito, vestido de mujer, en nuestra finca para comprobar mi estado de buena esperanza. Durante aquellos días estuvo especialmente cariñoso, acariciaba y besaba mi barriga, y le hablaba con una dulzura que me parecía imposible en él. Soñaba con un hombrecito, fuerte y valiente que continuara su labor y propagara su apellido por el mundo entero. Conmigo estaba indiferente, gracias a Dios, yo sólo era el vehículo que transportaba su futura herencia.


Celebramos el Año Nuevo todos juntos en la finca, temiendo que alguno de sus enemigos pidiera acercarse demasiado; brindamos por la criatura que llevaba en mis entrañas y al poco desapareció.


Seguí con mi vida normal, tranquila, ayudando en las labores de la casa hasta la mañana que me puse de parto. Recuerdo el momento doloroso, pero como uno de los más felices de mi vida, especialmente cuando la comadrona colocó a mi criatura sobre mi pecho. Era una niña bellísima, con una abundante mata de pelo negro y una boquita en forma de corazón, el bebé más lindo que yo había visto nunca. Esa misma noche el capitán, aparecido como un fantasma de la nada se presentó en mi alcoba con la decepción y la rabia pintadas en el rostro. Tuve que escuchar los peores insultos, las palabras más amargas y dolorosas, e incluso tuve que interponerme entre él y la cunita donde plácidamente dormía mi bebé. Recibí algunos golpes, no sé cuantos, porque caí al suelo y perdí el conocimiento hasta que mi padre me recogió empapada en sangre; el capitán Villanueva había desaparecido nuevamente.


De aquella paliza me recuperé rápidamente, pero de sus insultos y su desprecio, me costó un poco más. Mi niña, crecía sana, fuerte y creo que feliz, y eso me mantenía con fuerzas, aún temiendo el momento en que mi esposo volviese a casa. Como es lógico, no pasó mucho tiempo. Durante tres días con sus tres noches fui su esclava, su amante, su enfermera, y aguanté todo tipo de vejaciones mientras la angustia y el asco se apoderaban de mí. Se marcharon pronto, llevándose de casa todas cosas de valor que teníamos, las provisiones que aún nos quedaban y parte del ganado.


Pronto supe que volvía a estar embarazada, y nuevamente mi padre dio aviso. Esta vez el capitán no acudió, y pidió que no se le molestase a no ser que naciese el ansiado varón.


En esta ocasión el parto se complicó. Nacieron dos mellizos prematuramente, niño y niña. Villanueva llegó a tiempo de verlos aún con vida a ambos, pero el niño, murió pocas horas después en brazos de su padre, que lloró amargamente como nunca lo hubiera imaginado. Incluso sentí pena por aquel hombretón roto de dolor. A la niña, como es lógico, no la hizo ni caso. Por cierto, a pesar de su carácter enfermizo y sus problemas de movilidad siempre fue la más inteligente y fuerte de todos mis hijos.

Poco después mi padre sufrió un infarto cerebral que le postró en la cama durante varios meses hasta que la enfermedad se lo llevó para siempre.


Durante casi un año no supe nada del capitán, y en aquel tiempo sucedió el echo más bello de mi vida y el que siempre he mantenido oculto. Como usted recordará, padre, en origen nuestra hacienda llegaba hasta más allá del río, lo que hoy se considera la frontera. Hubo momentos en los que algunas batallas y escaramuzas se libraban casi en nuestras tierras, e incluso fueron frecuentes las ocasiones en las que soldadesca de uno y otro bando se llegaron hasta nuestra propiedad en busca de comida o de auxilio. Entre aquellos soldados malheridos, perdidos y exhaustos apareció él. Era poco más que un niño, alguien de mi edad, asustado y con el terror gravado en sus inmensos ojos azules. Tenía algunas heridas superfluas y una pierna rota. Amparada en la bruma del amanecer cargué con él hasta nuestra casa, le subí al desván y allí me ocupé de curarle las heridas y entablillarle aquella pierna. Durante varios meses le mantuve escondido en mi propia casa sin que nadie sospechase nada. Apenas nos entendíamos, hablábamos con monosílabos y con gestos, pero, por sorprendente que pueda parecerle, padre, nos enamoramos como dos locos adolescentes a los que nada más pudiera importarles. Yo me pasaba el día esperando que cayera la noche para subir al desván a refugiarme en sus brazos, a besarle, a acariciar todo su cuerpo y amarle, y le garantizo que el sentimiento era mutuo.

Estando todavía David refugiado en nuestro desván, un amanecer Villanueva acompañado de dos de sus hombres y un par de mujerzuelas se presentó de improvisto en la casa. El terror volvió a adueñarse de mí, no sólo por lo que pudiera hacerme a mí, si no por lo que podría ocurrir si encontraba a David. Me hizo servirles comida, yació conmigo en nuestra cama, y, después, dándome un puntapié me echó de mi alcoba para hacer entrar a una de aquellas rameras. La indignación se apoderó de mí no por lo que usted está pensando, padre, si no porque vi brillar alrededor de su cuello uno de los collares de granates que había pertenecido a mi madre y que Villanueva se había llevado de casa de mi padre.

Subí llorosa al desván y le conté la situación como pude a David; él me propuso matarle en aquel mismo instante, degollarle junto a su amante, pero no me pareció buena idea, antes de que la sangre hubiera llegado a las sábanas hubiéramos muertos a manos de sus sicarios.

Esa misma noche Villanueva desapareció, llevándose, de paso, algunos corderos y un ternerillo.

La situación pareció volver a normalizarse. Por los periódicos supimos que mi esposo había ganado importantes batallas y que había ascendido al grado de coronel. Incluso en uno de aquellos periódicos vi una foto de él acompañado por algunos de sus hombres y aquella ramera, de nombre Roberta. David estaba cada día más recuperado, y yo temía el día en que me dijese que se marchaba, por eso no había noche que no pasase a su lado haciendo el amor con verdadera desesperación.

Una noche subí y el ya no estaba; en la cama encontré un corazón toscamente dibujado y unas flores. No tuve tiempo de decirle que estaba embarazada y que tenía la seguridad de que la criatura que crecía en mis entrañas era hijo suyo.

La guerra terminó ese mismo año, antes de que yo diera a luz. El Coronel Villanueva, ahora ya todo un héroe, volvió a su casa, donde recibió todo tipo de honores, fiestas y alabanzas. La hacienda volvió a transformarse, e incluso he de reconocer que logró que fuera aún más bella de lo que nunca había sido. Hizo construir una nueva casa para todos nosotros, una gran casa con todo tipo de comodidades y lujos, y, en ella instaló a su amante Roberta y a las cuatro hijos que a lo largo de los años había tenido con ella. Aún se presentaron dos mujeres más que dijeron haber sido amantes de mi esposo, acompañadas de sus hijas, que durante un tiempo también compartieron nuestro techo.

A finales del verano nació mi hijo, por fin el ansiado varón. El coronel se llenó de orgullo y presumió de hijo ante todos, sin sospechar, ni por un segundo, que aquella criatura, de piel blanca y ojos claros como ningún otro de sus hijos, era el fruto del amor de su esposa con uno de sus enemigos. ¡Qué paradojas tiene el destino, verdad padre!

Al nacer mi hijo, el estatus dentro de mi propia casa varió un poco; yo volvía a ser la señora de la casa, la que organizaba y mandaba el servicio y la que volvía a instalarse en las mejores habitaciones acompañada de mis hijos. Roberta y sus hijos ocupaban otra parte de la casa, en la que también se instalaron las otras niñas. El coronel apenas volvió a pisar mi habitación un par de veces más, prefería los brazos de su ruda amante, a la que una mañana, en presencia de todos, le arranqué el collar de granates sin que el coronel hiciese ni el mínimo gesto.

El Coronel estaba ya empezando a cansarse de su inactividad, y muchos de los que siempre le habían apoyado empezaron a presionarle para que se incorporase de manera activa a la vida política, algo que no tardó en hacer.

La calma por fin había vuelto a nuestras vidas. De cuando en cuando entre Roberta y mi hermana pequeña, que también vivía con nosotros, se organizaba alguna disputa doméstica, pero Roberta sabía de antemano que la tenía perdida. Recibíamos visitas de personalidades importantes de la región, dábamos alguna fiesta, nuestros hijos crecían en armonía y todo parecía haberse normalizado.

Una mañana salí a pasear sola a caballo hasta el río, era aún muy temprano, pero entre las brumas le distinguí. Era David. Nos abrazamos y allí mismo, junto al río hicimos el amor. Atropelladamente le conté todo lo que había sucedido desde su desaparición, pero no vi en él la reacción que yo esperaba. Me hizo muchas preguntas sobre el coronel, sobre sus hábitos, los días que salía a la ciudad, quién solía acompañarle...cosas por el estilo."

La anciana hizo una mueca y le dirigió una mirada cómplice al párroco. Empezó a sonreír, primero de manera tímida, después abiertamente.

"No es que yo colaborase en nada, pero, no soy tonta, padre, nunca lo fui, y sabía muy bien lo que David estaba intentando aún sin proponérmelo. Le di todas las respuestas que él deseaba, incluso alguna más, y le indiqué el mejor día y la mejor hora.

El coronel le regaló un vehículo a Roberta, y ella se moría de ganas por salir a la ciudad con él. Yo la animé a que lo estrenase aquel sábado yendo de compras, e incluso convencí al coronel para que la acompañara; con lo que no contaba era con que Roberto, el hijo de ambos, también quisiese ir, y no tuve manera de hacerle desistir. A la entrada a la ciudad, en el puente, una emboscada les estaba esperando. El Coronel recibió 47 balas, Roberta una docena, y al niño sólo una le hirió mortalmente.

Cuando la noticia se escribió en los periódicos se enmascaró un poco, y nada se habló de Roberta ni del niño.

Se celebró un gran funeral de estado, todo el mundo lloró tan gran pérdida, las banderas ondearon a media hasta, se sucedieron homenajes y actos, yo me vestí de negro de pies a cabeza, adopté a todos sus hijos y me convertí oficialmente en la viuda del país, en un ejemplo para todas las mujeres y hombres.

Padre, ni si quiera tenía aún 25 años y ya me condenaban a ser una viuda de por vida, la viuda de un héroe, la madre de 8 hijos de todas las edades, una mujer que debía ser un ejemplo para toda la nación.

A lo largo de todos los años la situación política ha ido variando como lo hace el viento. Unas veces yo era la imagen del enemigo, y mi finca y mis propiedades se veían esquilmadas y reducidas casi a cenizas; otras veces el viento soplaba a nuestro favor y la Hacienda Villanueva volvía a ser el epicentro de la nación, el lugar de culto. Y yo siempre aquí, en mi tierra, terca, sacando adelante a los míos sin que nadie pudiese reprocharme nunca nada.

En todos estos años sólo he sido una mujer que ha intentado sacar adelante a todos sus hijos, los propios y los ajenos, que ha visto como la muerte, la enfermedad, el dolor y las desgracias se han cebado en esta casa. Una mujer a la que no le han dejado vivir, porque el día que aquel murió, yo dejé de ser una mujer para ser una leyenda, alguien que no ha tenido derecho a vida propia, a diversiones, a amores, a nada. Llevo 75 años de luto por él, y aún hay historiadores, periodistas y curiosos que vienen hasta aquí para saber algo más del héroe, y a todos les cuento la historia que para él inventé. Nunca hablo de su carácter colérico, de sus amantes, de su trato vejatorio, de sus palizas, de su indiferencia hacia sus hijos o hacia mí, de sus robos, de su tiranía... eso, es la verdadera historia, y usted la ha conocido en acto de confesión, así que se irá conmigo a la tumba".

La anciana volvió a sonreír; se la notaba tranquila. Con gran esfuerzo cogió dos de las fotos que tenía sobre la mesilla; primero besó uno por uno a todos sus hijos, después atrajo hacia sí el retrato de su hijo, muerto pocos años atrás y llamándole David le besó repetidas veces, hasta que el marco resbaló de entre sus manos y dio su último suspiro. Le faltaban sólo unos días para cumplir 100 años.

viernes, abril 04, 2008

Busco alguien a estrenar

Estábamos en amena conversación, y, como suele suceder en estos casos, de un tema nos fuímos a otro, y terminamos por hablar de sexo, en concreto de la primera vez. No, no pienso hablar en este post de mi primera vez, ni del cómo, ni del cuándo, ni del con quién, ni de qué tal fue, lo siento por los morbosos, el tema es otro.
Hablando de ello te das cuenta de que hay alguien que fue el primero, (ó la primera) y, que por mucho que queramos, ése no se olvida, de una manera o de otra, siempre se nos queda marcado. Y, de repente, me di cuenta de que yo nunca había sido esa primera vez para nadie, que no he dejado ese tipo de marca en nadie, y mi orgullo se sintió mínimamente herido y no pude evitar el manifestarlo en voz alta. Alguien me dijo que todavía estaba a tiempo de subsanar el problema y mi cabecita loca se puso inmediatamente a elucubrar.
Parto de la base de que son todo fantasías, que yo tengo mi pareja, con la que llevo muchos años de felicidad y de necesidades cubiertas, pero la imaginación es libre y juguetona. Estoy a punto de entrar en la cuarentena, y puede decirse que no estoy de mal ver, pero, sinceramente, no me veo en la tesitura de ponerme a ligar en bares y discotecas en busca del virgo perdido.Además, pienso que tiene que ser dificilísimo encontrar un ser mínimamente apetecible y con más de veinte años que se haya mantenido célibe, a no ser un tarado, y, esos me dan mucho miedo. En todo caso, puestos a elegir, se busca joven de más de 25 y menos de 35, cuerpo atlético y bien formado, atractivo y sin taras ni traumas, que se le necesita para una sola vez, pero dudo mucho que esos existan. Tampoco me veo acudiendo a la salida de los institutos, cual vieja verde, para buscar un púber acneico al que seducir, ¡ qué horror!, y, a lo peor, ni con esos, porque tengo entendido que los chicos cada vez rebajan más la edad de su primer contacto sexual.
Además, ¡qué pereza! porque seguro que me encontraría con un torpe atolondrado al que tendría que darle unas cuantas lecciones previas.
Visto lo visto, terminé con la cabeza fría y con los pies calientes, y con la convicción de que mi fantasía no se cumpliría jamás, porque, sólo era eso, una fantasía.

Cuentos de colores. Negro (II parte)

_”Esta no va a ser una confesión normal, padre, pero no quiero abandonar este mundo sin que al menos alguien conozca la verdad. Así, que, prepárese para escuchar mi historia.”_ La anciana cerró los ojos, suspiró profundamente y empezó a recordar.
_”
Yo apenas tenía trece años la primera vez que le vi, aunque, como todos, había oído hablar de él, que por aquel entonces, y por méritos propios ya había alcanzado el cargo de teniente, estaba a punto de ser nombrado capitán y era ya una leyenda local. Eran las fiestas en honor a nuestra patrona, y él era nuestro ilustre invitado; todas las fuerzas vivas del lugar se peleaban por mantener su atención aunque fuera sólo por unos minutos, y, en general, el pueblo entero se encontraba sumamente honrado con la presencia de aquel héroe, cuya misión no era otra que la de conseguir fondos para su causa y soldados para su lucha.
Yo estrenaba un precioso vestido de color rosa que mi madre me había confeccionado para la ocasión. En la iglesia me sentí observada, cuando salimos a la plaza, advertí su mirada, y, más tarde, en la procesión, nuestros ojos se cruzaron un par de veces, hasta que yo me ruboricé, aunque no niego que me sentí halagada.
Por la noche se celebró un baile en la plaza; el teniente no bailó, bastante entretenido estaba hablando con unos y con otros intentando recaudar fondos y adeptos que quisieran alistarse al ejército que estaba formando, pero entre conversación y conversación se le escapaban miradas de reojo hacia mí que todas mis amigas pudieron contemplar muertas de envidia.
Al día siguiente, hacia el medio día, el teniente apareció por nuestra finca acompañado por el alcalde. Mi padre, como la mayoría de los propietarios de fincas cercanas a la frontera, simpatizaba con la causa del teniente, y le había ofrecido una ayuda desinteresada. Mientras los hombres hablaban de política en el jardín, mi madre nos mandó a ayudar en la cocina, donde yo tuve que aguantar las oportunas bromas de mis hermanas y de la cocinera.
El teniente y el alcalde se quedaron a almorzar con nosotros. No sé cómo ocurrió, pero terminé sentada frente a él, y cada vez que levantaba la vista de mi plato me encontraba a aquel hombre contemplándome, mirándome de una manera como hasta entonces no lo había hecho nadie, y, no lo voy a negar, aquello me proporcionaba un placer por mí desconocido.
Después, durante el café alabó la comida, nuestra hospitalidad, y nos dedicó una serie de piropos a cada una de nosotras.
Pensé que nunca más le volvería a ver, que mi pequeña aventura galante había llegado a su fin, pero estaba equivocada. La tarde siguiente el teniente apareció nuevamente por nuestra finca, esta vez venía solo, y aunque su visita era inesperada mi padre le recibió amablemente. Desde la ventana de la habitación de mi hermana espié su conversación, que a mi madre no parecía agradarle, pero que finalizó con un fuerte apretón de manos de los dos hombres. Por la noche, durante la cena conocimos el tema de aquella conversación: el teniente se había sentido fuertemente atraído por mí y le había pedido permiso a mi padre para cortejarme, y éste, sintiéndose tremendamente orgulloso y halagado había accedido a que su hija mediana, su tesorito, como él me llamaba, fuese conquistado por tan gallardo prohombre.”
Un pequeño ataque de tos interrumpió la narración. El sacerdote acercó un vaso de agua a los labios de la anciana, que, en cuanto se hubo recuperado siguió con su relato.
_” La tarde siguiente el teniente se presentó en nuestra finca y tras tomar café con mi padre me invitó a pasear por el camino que bajaba hasta al río, y así empezó nuestro noviazgo, caminando seguidos de una cohorte de familiares que actuaban como carabinas. Yo apenas hablaba, mientras él me contaba miles de historias sobre batallas, justicia y libertad.
Me sentía fascinada, yo, una insignificante muchacha de pueblo elegida entre todas las mujeres por aquel atractivo hombre al que todos admiraban, estaba henchida de gozo y orgullo, y apenas me daba cuenta de lo que sucedía a mi alrededor.
La estancia del teniente en el pueblo duró sólo una semana más, y con su partida también se acabaron nuestros paseos, pero nuestra relación continuó, tornándose ahora epistolar. Cada pocos días recibía un par de cartas en las que me ponía al día de los pasos que iba dando en busca de nuevos hombres con los que formar su ejército y en las que intercalaba preciosas frases de amor, algún verso dedicado o palabras tiernas. Durante cinco meses acumulé un centenar de cartas, siempre leídas previamente por mi madre, a las que yo contestaba según su dictado, y un día, de repente, la correspondencia se interrumpió y tuvimos noticia de que la guerra había comenzado. Casi tres meses estuve sin noticias de él, hasta que una tarde apareció en nuestra finca acompañado por dos hombres y con el rango de capitán. Mientras sus hombres esperaban en el porche, al resguardo del frío de aquel invierno, mi padre y él se encerraron en el despacho. Pocos minutos después toda la familia fuimos convocada; el capitán Villanueva había pedido oficialmente mi mano y mi padre se la había concedido gustosamente.
No me pregunte cómo me sentí, padre, porque no sabría decírselo. ¿Contenta? no, ¿ilusionada? Tampoco, ¿sorprendida? no, tampoco fue esa la reacción ¿desconcertada? Sí, creo que es la palabra que mejor definiría mi estado.
Al día siguiente nos reunimos con el sacerdote y fijamos la boda para el otoño siguiente, el segundo sábado del mes de septiembre, y pocas horas más tarde el capitán Villanueva y sus hombres partieron de nuevo a la guerra.
Fue una temporada muy agitada. Cada día recibíamos expectantes nuevas noticias de la guerra; había semanas de júbilo cuando los nuestros conseguían avanzar posiciones, y momentos de desesperación y tristeza cuando se perdían batallas y hombres. Mi padre estaba más comprometido cada vez con la causa, y los beneficios de nuestra finca cada vez eran menores. Mi madre y yo ocupábamos nuestro tiempo en realizar a toda prisa mi ajuar y en convertir en un hogar una pequeña edificación ruinosa que existía en un extremo de la propiedad. Yo me veía arrastrada por todos aquellos acontecimientos sin disfrutar verdaderamente de nada.
Aquel verano fue especialmente doloroso y triste para mí. El conflicto se estaba desarrollando ya muy cerca de nuestro territorio, y las noticias que nos llegaban no eran nada halagüeñas. Cada día conocíamos nuevas derrotas, y empezamos a ser conscientes de la pérdida de numerosas jóvenes vidas. En el mes de julio una plaga de gripe azotó la comarca y en nuestro pueblo fue especialmente virulenta, acabando con la vida de muchos de nuestros vecinos. Una tarde volvíamos andando del cementerio cuando se desencadenó una fuerte tormenta. Mi madre nos apremió para llegar a la casa y refugiarnos de la lluvia, pero llegamos empapadas. Seguramente ella, en su afán de cuidar de nosotras, permaneció más tiempo con la ropa mojada, o tal vez, ya estaba enferma, el caso es que al día siguiente amaneció con una fiebre muy alta. Esa misma noche empezó a ahogarse, y cuatro días después falleció. Se me rompió el corazón y por primera vez en mi vida supe lo que era el dolor.
Teñí toda mi ropa de negro y me abandoné a la tristeza. Era como si de repente la muerte de mi madre me mostrase por primera vez la verdadera cara de la vida.”_
De los ojos de la anciana empezaron a brotar lágrimas que se abrían camino entre los pliegues de su apergaminado rostro.
_ “Me sentía desolada, a mi alrededor sólo veía pena, muerte, injusticia y dolor. La guerra me parecía cada vez más absurda, los ideales de mi padre en un nuestro futuro destino me resultaban cada vez más insensatos, las cartas de Villanueva más atroces, y el vestido blanco que colgaba de la percha de mi armario más esperpéntico. Durante días no comí, no dormí, sólo lloré, y no solo por mi madre.
Anunciamos a mi prometido el fallecimiento de mi madre. Villanueva se presentó en nuestra casa justo una semana antes de la fecha prevista para nuestra boda en compañía del párroco. Yo estaba decidida a guardar los preceptivos dos años de luto por mi madre, pero ni mi padre, ni el capitán, ni el párroco aceptaron mi decisión y acordaron que lo mejor era celebrar el casamiento en la fecha prevista sin festejos de ninguna clase. Y así fue, el segundo sábado del mes de septiembre, a las ocho de la mañana, vestida de negro de los pies a la cabeza y sólo unos días después de enterrar a mi madre, me convertí en la señora de Villanueva.”
La anciana paró de hablar y el silencio se hizo en la habitación. El sacerdote se quedó desconcertado durante unos segundos, hasta que la mujer abrió los ojos de nuevo. Le pidió que la incorporara un poco más, y cuando se hubo acomodado reanudó su crónica donde la había dejado.
_”No sé que idea tenía del matrimonio, pero fuera cual fuera, estaba equivocada. De la iglesia nos trasladamos directamente a la casa, y mi esposo decidió consumar el matrimonio inmediatamente. No hubo palabras dulces, ni caricias tiernas, ni delicadas maneras; todo aquello que había leído en las cartas desapareció como papel mojado. Me convertí en la esclava de mi marido, siempre atenta a sus órdenes, siempre complaciente, y sobre todo asustada, pues ya aquel primer día de casados recibí mis primeras bofetadas. "

martes, marzo 25, 2008

Puesta de sol entre nubes

¡Y pensar que ya estamos en primavera, con el frío que hemos pasado esta Semana Santa!
Es increíble, el día 1 de Marzo yo estaba en la playa, tomando el sol, e incluso atreviéndome a darme un remojón en la orilla, y tan sólo tres semanas después, cuando la cronología ya había marcado la llegada de la primavera, la meteorología nos sorprende con una brusca bajada de las temperaturas, e incluso con nieve. El clima está tan loco como nosotros.
Lo bueno que tuvieron las tormentas de la Semana Santa es que dejaron unos cielos increíbles, que me permitieron hacer estas fotos tan espectaculares, con un sol agonizando entre masas de nubes y tiñendo el cielo de colores dorados, púrpuras, rojizos, en todas sus gamas.

miércoles, marzo 19, 2008

Bienvenida, señorita primavera!!!

Faltan sólo unos días para que oficialmente comience la primavera, pero en algunos jardines ya ha ido apareciendo los primeros brotes y las primeras flores.

sábado, marzo 15, 2008

Fallas 2008, falto yo.


Hoy es el gran día, hoy oficialmente empiezan las fallas, la fiesta valenciana por antonomasia, la celebración del color, la luz, la música, la alegría, la calle, el sonido, de las flores, de la primavera, de la renovación,de la belleza, de la crítica, de la ironía, de tantas y tantas cosas... y yo este año tengo que vivirlas desde la lejanía.
Todo el que me conoce sabe que me encantan las fallas y el ambiente fallero, pero odio las aglomeraciones, sobretodo cuando van acompañadas de más grados de alcohol de la cuenta, grandes dosis de ignorancia, grosería, descontrol y todo lo que va a conllevar el que de por sí unas fiestas multitudinarias coincidan con la Semana Santa, y Valencia se vaya a convertir en el destino favorito de miles de personas con ganas de juerga. A todos ellos les recuerdo que la utilización del vehículo propio es una estupidez, porque gran cantidad de calles se cortan por la plantá de los monumentos y por las carpas de los casales, las cordás de las tracas, los escenarios de las orquestas, etc., además, las fallas, para vivirlas de verdad hay que disfrutarlas desde primera hora y a pie (y este año más, porque habrá huelga de autobuses y suburbano).

Pero, eso no me va a impedir comentarlas, porque, aunque físicamente no esté allí, y no pueda vivir las mascletás que tanto nos gustan, los pasacalles, los castillos, la ofrenda y todo lo que acompaña a la fiesta, sí puedo hablar de los monumentos, de las fallas en sí propiamente dichas.

Tengo que reconocer que algo ya había visto, y es que estuve en la exposición del Ninot Indultat. Mis previsiones, y mi voto, han coincidido plenamente con la decisión de los visitantes. Como en la edición anterior el ninot que se salvará de la cremá este año pertenece a la falla de Convento Jerusalén, y nuevamente se hace un homenaje a un gran artista valenciano, en este caso a la insigne doña Concha Piquer; el conjunto recibe el título de "Lección de canto" y el artista nuevamente es Paco López Albert y el escultor Toni Ramos. El conjunto, dotado de un realismo increíble, presenta a una doña Concha ya en época madura, cuando se había retirado de los escenarios, vestida con un traje negro ribeteado con encajes y adornada elegantemente con un mantón de manila. A la artista la acompañan una dulce fallerita, alzada sobre uno de los famosos baúles de la Piquer, que aprende a cantar "La Maredeueta" y se acompaña de un joven fallero que porta en su brazos a la Virgen de los Desamparados. Desde luego, yo lo tenía muy claro, al menos dentro de la Sección Especial, porque en la Sección Primera A, la división de plata, al homenaje a la Piquer le había salido un duro competidor, el conjunto de la falla de Quart-Palomar, una bellísima valenciana vestida de fallera con paraguas y cesta de huevos para las monjas clarisas que quedó en segundo puesto y con muy poco margen. Creo que, y por lo visto en la exposición y en algunos bocetos, aunque esta falla pertenezca a la categoría de plata, merecerá la pena verla, ya que en la sección infantil también presentaron un conjunto que recibió numerosos votos y, que igualmente quedó muy bien posicionado, aunque el indulto infantil fue para la falla menor de la comisión Exposición-Micer Mascó y su homenaje a "Els xiquets de la replegà", obra del artista Joan Blanch .

De todos modos, no sé qué pasa, que raramente coinciden los premios del público con los premios otorgados por un jurado formado por miembros del Gremio de Artistas Falleros y por miembros de Junta Central Fallera, ya que ellos, en la Sección Especial premiaron al conjunto presentado por la Comisión de Nou Campanar, que, aunque mucho más grande que los demás, a mi juicio, no era merecedor del premio. Con el resto de los premios, en su mayoría estoy de acuerdo con este jurado, sobretodo en la Sección A que ya he comentado y en la Sección 5ª B, Avda. Burjasot-Joaquín Ballester, más que nada, por lo que me toca de cercana.

En cuanto a la otra quiniela, la importante, creo que el Primer Premio inevitablemente irá a parar a la Falla de Nou Campanar, que este año ha cambiado de escenario y que actualmente se ubica en las confluencias de las calles Pedriatra Jorge Comín y Hernández Lázaro. La comisión que preside Juan Armiñana a invertido este año nada más y nada menos que 900.000€ en un monumento, llamado "Quant de conte", del artista Pedro Santaeulalia, de una altura de 28 metros, con nada más y nada menos que 26 remates y más de 200 ninots, de los cuales, este año, tanto mayores como infantiles, arderán la noche de San José. Nuevamente Juan Armiñana y su falla entrarán en la historia como la falla más grande jamás plantada, y seguirán batiendo récords. No le resto mérito a la obra de Santaeulalia, pero, con un presupuesto tan disparatado, no hay, ni habrá, quién les haga sombra.

La verdadera batalla se plantea por el segundo puesto, para el que en las quinielas se dan como favoritas a Convento Jerusalén, con su "Hagan fuego,señores" y Exposición-Micer Mascó,con "Fent Historia", aunque este año podría volver a entrar en el bombo la Plaza del Pilar, todo depende del jurado.

Exposición, con nuevo artista, Pere Baenas y el lema "Fent Historia" presenta nuevamente una falla de concepto más moderno, dominada por los volúmenes y los colores suaves, mientras que Convento Jerusalén, más tradicional, vuelve a presentar un monumento de corte y concepción más clásica, de colores intensos e imágenes estilizadas y más realistas, que en algunos casos caen un poco incluso en la ñoñería, pero, para qué voy a negarlo, que a mí me gusta más.

Como ya he comentado, por lo que he podido ver hasta ahora, Plaza del Pilar parece volver a tener aspiraciones, tal vez no para un segundo, pero casi, pues este año ha erigido un monumento clásico, de figuras atractivas y con colores realistas, atractiva y entretenida, aunque en el podium también podría estar Sueca-Literato Azorín, que como siempre es un cita obligada, ya que vuelve a revalidar su título de mejor iluminación, pese a las protestas de algunos vecinos, vamos, lo de todos los años.


Lo que sí se conoce ya son los premios infantiles, y Exposición ha conseguido arrebatar en la categoría menor el premio a Nou Campanar, pero dudo mucho que en la mayor pueda hacer otro tanto.

Bueno, por hoy no comentaré nada más de las fallas. Espero no equivocarme mucho en mi particular quiniela, y desear a todos los que allí están que las disfruten lo mejor posible. Cuidado con el alcohol, los carteristas y los que tiran petardos sin mirar.

lunes, marzo 10, 2008

Cuentos de colores.Negro (I parte)

La anciana, consumida por los años y la enfermedad, minúscula en aquella gran cama de hierro forjado, abrió los ojos, y con voz aún rotunda habló.
_"Padre, ahora que sé que mi fin se acerca quiero confesar, pero antes ha de prometerme algo ante todos ellos".
_"Tú dirás hija, si está en mi mano, te prometo que así se hará."
_ "Cuando yo muera, padre, quiero que me vistan de blanco, de los pies a la cabeza, que quemen todas mis ropas negras, que me entierren vestida de blanco y descalza. Prométamelo, padre, no es una locura de una vieja senil y enferma, ha de prometérmelo delante de todos ellos. ¿Lo habéis oído todos?"
Un sí murmurado salió de la boca de los reunidos en la habitación, y el padre Damián, después de mirarlos a todos hizo su promesa a la anciana.
_"Además, quiero que quiten las cortinas de toda la casa, que abran las persianas y las ventanas, y que de una vez por todas entre la luz en esta casa. Quiero que desaparezcan conmigo todos los recuerdos amargos, las tristezas y los lutos que durante casi un siglo han cubierto esta casa. Tenéis que jurármelo todos, delante del padre Damián."
La habitación estaba totalmente en penumbra, apenas iluminada por una pequeña y débil lamparilla sobre el cabecero de la cama que le daba a la anciana un aspecto aún más tétrico. Algunas sombras parecían moverse por la habitación, pero no se escuchaban más que las oraciones murmuradas por un coro de ancianas plañideras en el vecino salón.
_"¿Acaso no me habéis oído?"_ La voz de la anciana volvió a sonar potente y enérgica, como lo había hecho durante los años que había llevado las riendas de aquella familia._ "Quiero que lo juréis todos ante el padre Damián, para eso os he reunido aquí, para que conozcáis mi última voluntad y hagáis que se cumpla. Vamos, quiero oíros."
Los allí reunidos no tuvieron otra opción más que aceptar el designio de la matriarca.
_"Bien, ahora, salid todos de esta habitación, cerrad la puerta, y dejadme a solas con el padre Damián."_ La voz había vuelto a perder la energía. _"Tengo que contarle muchas cosas, tengo que dejar este mundo limpia de pecados, mentiras, y recuerdos inventados. Vamos, hijos, dejadme a solas con el padre y rezad por mí."
Muy despacio, uno tras otro, se acercaba a la cama, besaba a la anciana y dejaba la habitación arrastrando los pies. Muy pronto se quedaron solos la mujer y el sacerdote, y, con un hilillo de voz ella empezó a contar su historia.

jueves, marzo 06, 2008

Un poco de envidia

¡Brrrrrrrr! Qué frío hace, se me han quedado las manos y la cara gélidas.

Parece que, cuando ya nos creíamos que la primavera se había instalado entre nosotros, el invierno vuelve a dar la cara con una brutal bajada de temperaturas y unos vientos que parecen vendavales. ¡Y pensar que yo empecé el mes en la playa, paseando por la fina arena, dejándome acariciar por la brisa marina mientras los rayos del sol calentaban mi piel, e incluso, refrescando mis piernas en el mar!. ¿Qué no te lo crees? Pues sufre un poco de envidia, mira, mira.

Y, si esto no te ha dado mucha envidia, tal vez estas otras 2 imágenes hagan que se te pongan los dientes largos y un ligero tono verdoso en la piel (por cierto, son sin truco ni cartón, sin photoshop y sin nada por el estilo).

¡Qué mala es la envidia!

sábado, marzo 01, 2008

¡Ya estamos en Marzo!

¡¡¡Cuánto tiempo!!!
A lo mejor alguien pensaba que ya no iba a volver, pero, craso error, aquí estoy de nuevo, con la cabeza llena de cosas que quieren salir al exterior y ser compartidas por todos.
Parecía que no iba a llegar, pero ya está aquí, ya estamos en Marzo.
Hace unos minutos que acabo de regresar de Valencia, donde hoy la cuenta atrás para las fallas ya se ha iniciado con la primera mascletá en la Plaza del Ayuntamiento. Reconozco que no me ha dado tiempo a disfrutarla plenamente, ya que tenía que mi transporte salía a las 15:00, pero he tenido ocasión de aspirar el aroma de la pólvora quemada, ese olor que durante once meses, o cuando estamos lejos, añoramos tanto.
En sucesivos post os contaré algo más, este es solo para decir que me encanta Marzo, que he regresado con las pilas cargadas y dar la bienvenida a las fallas.

viernes, enero 04, 2008

¡¡¡Feliz Año Nuevo!!!

Un nuevo año comienza, con renovadas esperanzas e ilusiones.
A todos, desde aquí quiero desearos un feliz 2008, tenemos por delante 366 días para llenarlos de sueños, de retos, de metas, de deseos.
Intentad apurad cada uno de esos días, y ojalá que para todos, al final, podamos decir que el 2008 ha sido un buen año.

sábado, diciembre 29, 2007

Emigrante por miedo

Hubo un tiempo, entre finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX que la emigración hacia Amérca en nuestro país fue una constante; multitud de aldeas, pueblos y ciudades, especialmente del norte de la península conocieron bien aquel movimiento migratorio en busca de fortuna.

El personaje de mi anécdota, completamente real, se convirtió sin querer en uno de aquellos emigrantes. El no tenía ninguna intención de serlo, de hecho, había desarrollado una prometedora carrera en España como crítico taurino, y sus crónicas eran publicadas en varios diarios del país. Durante la temporada se dedicaba a seguir a los toreros de plaza en plaza por toda la piel de toro, viajando en tren o en los autobuses conocidos como "correos".

Sucedió que le surgió la oportunidad de seguir a alguna de las grandes figuras de la época en la temporada taurina americana; era una gran ocasión que no se podía despreciar, y aceptó el trato. Su familia fue a despedirle al aeropuerto, e incluso se hicieron juntos una última foto junto al aparato en el que iba a cruzar el Atlántico.
Jamás un hombre pasó tanto miedo en una travesía como el protagonista de mi historia, que durante casi veinte horas se aferró a su asiento y soportó el ruido de las hélices, los vaivenes, las sensaciones más diversas, intentando guardar la compostura ante aquellos hombres a los que criticaba por sus faenas en la plaza, e incluso en alguna ocasión llamaba cobardes por no acercarse más al toro.
Cuando por fin el avión aterrizó en Méjico, besó el suelo y se juró a sí mismo que nunca más volvería a montar en uno de aquellos cacharros infernales, y así fue. Nunca regresó a España por el miedo que tenía a volar, y aquí se quedó su familia, separada por un inmenso océano de agua y miedo.
En Méjico se convirtió en corresponsal de los diarios españoles, pero nunca volvió a montar en un avión, y tampoco reunió el dinero suficiente para poder pagar los pasajes a su familia. Y allí se quedó, echando de menos su país, pero incapaz de regresar a él si no le ponían una carretera o una vía ferroviaria por la que volver.

Visiones artísticas


Este mes de Diciembre he aprovechado el tiempo libre para, entre otras cosas, ver dos exposiciones pictóricas muy distantes entre sí en el tiempo y el espacio, pero a su vez con interesantes puntos en común, en especial, la luz, y más concretamente, la luz del Mediterráneo.

Me estoy refiriendo a dos pintores muy distintos, el maestro Sorolla y Michele del Campo, del que creo que ya he hablado en alguna ocasión en el blog.

Sorolla. Visión de España

La exposición que actualmente puede verse en Valencia, en el edificio de Bancaja, son los murales que el pintor valenciano pintó por encargo para la Hispanic Society, una oportunidad única de contemplar estas pinturas. Es un recorrido tópico por una España decimonónica, aunque ya se pintaron en el siglo XX, y aunque Sorolla evitó tratar temas más folclóricos y retrató también temas sociales, como la pesca del atún de Ayamonte, o el pescado de Cataluña, puede hacerse un recorrido por la piel de toro en la que se destacará lo más "castizo" de cada zona.

En cada uno de los murales el maestro de la luz ha sabido plasmar el color de sus cielos de una manera diferente; los luminosos azules de Cataluña, Valencia y Elche; el cielo casi invernal del montaje mesetario de Castilla y la fiesta del pan; los grises de Guipúzcoa; el primaveral que se cuela entre las hojas en Galicia y la luminosidad que casi daña al espectador en Andalucia, especialmente en la última tela que pintó, Ayamonte, la pesca del atún, donde el reflejo del sol en el mar es tan realista que llega a dar la impresión de cegar.
Por supuesto hay que destacar en esta exposición la variedad de ropas y telas que retrata y el realismo con el que las plasma. En La fiesta del pan se pueden observar más de 40 modelos diferentes de trajes típicos de cada una de las regiones que recorrió para pintar este gran mural,y en algunos casos el detallismo es tal que se percibe la pesadez de las telas, la riqueza de los adornos, la complejidad de las joyas, las diferentes texturas de los terciopelos, las lanas, el algodón de las camisas, la seda de las medias y los pañuelos, la arpillera, los bordados... Este mismo detallismo en los vestidos puede comprobarse en Aragón, La jota y en Extremadura, El mercado.

No se puede destacar un sólo cuadro en concreto, pero, si tuviera que hacerlo me quedaría con Ayamonte, La pesca del atún, último cuadro de la serie, y, seguramente también último cuadro que terminaría Sorolla. En él la luz, el movimiento, el realismo, el esfuerzo son notorios. Es un cuadro lleno de realismo y a la vez de impresionismo, con pinceladas más largas, menos acabadas en el detalle pero que transmiten toda la esencia de la pintura de Sorolla.

La exposición podrá visitarse durante casi todo el año 2008 en Valencia, y posteriormente viajará a Madrid, Barcelona y Bilbao.

Michele del Campo

A Michele tal vez todavía no se le pueda considerar un maestro, pero todo se andará. Llevo siguiendo a Michele y su obra varios años, desde que coincidió estudiando en Dundee, Escocia, con mi hermana Azucena, y he notado a lo largo de estos años una evolución en él que me encanta y que presagia un gran futuro.



Michele es el pintor de lo cotidiano. Sus grandes lienzos plasman momentos únicos, pero que vemos a diario en nuestras calles, en nuestras playas. Su técnica se ha ido depurando cada vez más consiguiendo imágenes hiper realistas en las que destaca un colorido alegre y vivaz y una luz única, una luz Mediterránea, por mucho que ahora pinte desde su estudio de Madrid, la luz de su Italia y de Valencia siguen estando presentes en sus grandes murales.

Mucho ha evolucionado desde que pintara sus primeras obras desde una perspectiva con la altura casi de un niño, evitando las caras de sus anónimos modelos. Ahora su obra está plagada de rostros, a veces anónimos, a veces inventados, siempre juveniles y alegres, y los pequeños detalles y los fondos son cada vez más realistas. En esta última exposición los fondos de calles con grafittis cobran más protagonismo que las deliciosas tiendas que pudimos ver en la anterior, y su obra se ha vuelto más urbana, apenas aparecen playas, aunque hay un cuadro que plasma perfectamente las dunas de la playa del Saler.


La exposición puede verse en la Galería de Jorge Alcolea, C/ Claudio Coello 28 de Madrid, hasta el próximo día 10 de Enero y, si podéis, es algo que no deberíais perderos.

PD.:Si alguien quiere hacerme un buen regalo de Reyes, las paredes de mi casa admiten cualquiera de los cuadros de Michele.


jueves, diciembre 20, 2007

como me transformo en Susan Sarandon

Dicen que me parezco mucho a Susan Sarandon, y yo siempre respondo que no encuentro tal parecido, aunque a partir de ahora voy a tener que creérmelo. Compruébalo por ti mismo.



miércoles, diciembre 19, 2007

Pasadas por agua (... por fin sol)

3º Parte
Los fines de semana, incluso los pasados por agua, acaban en domingo, el nuestro también, y es el día en el que hay que regresar a la realidad habitual.

El domingo nos levantamos con una pequeña resaca y mucho sueño, y, con un sol espléndido y radiante, una luz que hacía daño a la vista. ¡Hay que joderse, el día que toca recoger los bártulos para volver a casa, el cielo brilla sin una sola nube a la vista!

Aprovechamos la mañana para pasear por el centro de la ciudad y por gran parte del cauce del Turia, y, como no, por la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Tomamos el sol, mientras paseábamos por una ciudad, que, aún llena de charcos, recobraba su brillo, su tranquilidad y su gente.
Pero, como ya digo, no dio para mucho más, porque había que regresar.
Por cierto, ellas se marcharon y el sol siguió brillando con una temperatura casi veraniega toda la semana.

La Navidad ya no es lo que era

Ya está aquí, ahora, ya sí que sí, estamos en la semana de la Navidad; lo que ocurre es que yo he tardado en reaccionar más que otras veces, porque ya no es lo que era, por mucho que nos lleven dando la lata todo el mes con villancicos, anuncios de fragancias, langostinos, decoraciones navideñas y demás zarandajas. Yo he echado en falta a los clásicos: al calvo de la lotería, con su melancólico anuncio en blanco y negro y el soniquete del vals; el posado navideño en la portada de Hola! de Isabel Preysler con todos sus hijos, o a la misma Isabel anunciándome los bombones dorados; el anuncio de turrón de "vuelve, a casa vuelve" que este año aún no he oído por ninguna parte, tal vez porque ya no haya quien tenga que volver a casa, si no a quien echar de casa...; la jamona embutida en un traje de cuero que busca desesperadamente a Jaks, aunque sólo en Navidad; ¿dónde se han escondido las burbujas doradas del cava?; incluso echo de menos a Edu, llamando a todo el mundo para desear feliz Navidad y a Rodolfo diciendo aquello de "lleváme a casa", y, sobretodo, a Martes y trece, que las Navidades sin ellos no han vuelto a ser las que eran.
¿Cómo quieren que nos contagiemos de espíritu navideño si nos quitan a los clásicos? Ahora para descubrir que estamos en adviento tengo que fijarme en las fachadas en las que, por doquier, desde hace un mes, un tipo vestido de rojo hace esfuerzos ímprobos para colarse por la ventana o el balcón. Que esa es otra, hemos adoptado un personaje que nada tiene que ver con nuestra cultura, y, como aquí no tenemos chimeneas, pues le hacemos entrar por el balcón.
Será que me estoy haciendo mayor, pero, esto ya no es lo que era.

miércoles, diciembre 05, 2007

Como elegir un buen amante

Este post va dirigido a una amiga que lleva mucho tiempo sin pareja, y por ende en el dique seco.

A menudo hablamos del tema, porque últimamente está un poco, como decirlo, desesperada, y, en esta cuestión yo tengo una teoría. Nada que ver con el mito del tamaño de los pies o de las narices, porque, aunque el tamaño tiene su relativa importancia, de nada vale si no se sabe utilizar. Además, no existe ninguna relación entre unas extremidades y otras.

No, mi teoría es otra bien distinta: para saber si un hombre será bueno en la cama hay que verle bailar antes. Si en la pista de baile es un patoso, incapaz de coordinar manos y pies, soso, o no tiene gracia alguna moviendo las caderas... más vale que te olvides de él, a no ser que estés dispuesta a sacrificarte en aras de su beneficio, o que te contentes con otras prácticas. Ahora bien, si te encuentras con un hombre que sepa llevar el ritmo, que se acople bien a ti bailando, que sepa mover decentemente las caderas, aunque no sea un experto bailarín, aunque desconozca los pasos de baile... nena, vete a por él, que seguro que el éxito en la cama estará garantizado.

Ya, ya sé que no es lo único, pero supongamos que has conocido a un chico que te resulta atractivo, que te hace reír y con el que estás a gusto. Llega el momento de dar el paso siguiente. Primero, deberás probar cómo besa. Si es de esos que te lavan la cara para darte un beso, yo lo descartaría, aunque hay a quien le gusta. Lo mismo digo si son de esos que te meten la lengua hasta la garganta y no te dejan respirar, o de los que sólo conocen un tipo de beso, que son aburridos y poco imaginativos. Del tema besos hay mucho para hablar, pero no es esta la cuestión, además, seguro que sabrás distinguir rápidamente a un buen besador de uno que no lo sea.

Por desgracia, un buen besador no siempre garantiza un buen amante, así que deberás pasar al segundo paso: la música.

Yo tengo mi propia selección, a base de un poquito de jazz, algo con saxo,un blues, tal vez un poco de bossa nova, de swing, algún tema de Sinatra, de Gershwin, de Aretha, de Bublé, Fever o This boots are make for walkin... tampoco hace falta mucho más. Si con esta música no se mueve con elegante cadencia y no se pone un poquito tontorrón, mejor que te despidas.

Claro, que el baile tampoco te garantiza un buen amante, aunque ayuda, pero si el chico en cuestión es un egoísta y no sabe jugar un poco, todo lo anterior está de más.

De todos modos, chicas, si el muchacho en cuestión os ha gustado, aunque esa primera vez os haya decepcionado en la cama, os recomiendo que le deis una segunda oportunidad, porque a veces la sorpresa puede ser muy grata, pero nunca una tercera, que ya no estamos para enseñar a nadie, y que vuestro tiempo y vuestro gozo, valen su peso en oro.

Por cierto, esta teoría no es aplicable a las mujeres, pues la mayoría sabemos oscilar nuestras caderas perfectamente, no hay más que vernos caminar sobre tacones (... y que conste que yo soy muy sensual bailando, y no digamos nada andando sobre tacones y con falda estrecha).

lunes, diciembre 03, 2007

Pasadas por agua (LA P... GOTA FRIA SIGUE)

2ª Parte
Sábado por la mañana. Los despertadores han sonado y corremos como locas a la balconada a ver el cielo. Ha dejado de llover, Valencia está mojada, gris, húmeda y oscura, pero nos conformamos, y tenemos esperanza de que la lluvia sea ya un recuerdo pasajero y el sol pueda abrirse camino en un día tan gris como este.

Desayunamos abundantemente para coger fuerzas ante el largo y completo día que nos espera. La primera parada va a ser, como no, la playa, y, para ir bien equipadas hay que llevar los biquinis puestos. ¡Optimistas! Como no me lo creo soy la única que sal de casa sin él.

Salimos de casa con grandes dosis de energía y esperanza, y con una bolsa de más de 1 kilo de golosinas variadas, y tomamos el autobús que en pocos minutos nos dejará de nuevo en la playa de la Malvarrosa. De todos modos, no nos fiamos totalmente y llevamos los chubasqueros y los paraguas por si acaso.

Decidimos dar una vuelta por el Puerto, donde meses atrás se ha celebrado la America`s Coup, especialmente por el edificio Veles e Vents, emblema de la citada competición y un lugar donde por las tardes y noches se puede disfrutar de un buen ambiente además de buenas vistas. Accediendo al edificio se levanta una ráfaga de aire húmedo acompañado de grandes gotas de agua. Bueno, puede ser un mal presagio, pero vamos a pensar que sólo ha sido un recuerdo de la pasada noche.

Paseamos por las cubiertas de las plantas del edificio, disfrutamos de las vistas, nos hacemos fotos y el cielo sigue de un amenazador gris. Teresa no para de insistir con que ella quiere ir a la playa, y parece que de nada le sirve que le diga que está a escasos 100 metros de ella, e Isabel repite casi una docena de veces que hay que ir a buscar un restaurante para reservar una paella, y yo no me canso de decirle lo mismo que a Teresa, ¡ van a acabar con mis nervios y mi paciencia!
Bajamos las gradas para dirigirnos al kiosco. Era justo ese momento y ese lugar en el que no tienes donde refugiarte... y las nubes que llevaban siguiéndonos ya un rato lo sabían. En escasos segundos comenzó una descarga de agua tremenda y un viento de gran fuerza que no sabíamos si soplaba del este, del oeste, del norte o del sur. Yo intentaba correr hacia la Avenida de Neptuno, pero avanzar se hacía difícil y entretanto no había lugar donde guarecerse. Por fin encontramos una especie de pérgola bajo la que refugiarnos mientras esperábamos a que aquella tormenta pasara. Isabel volvió a la carga con lo del restaurante y, reconozco que un poco irritada, le mostré los restaurantes de los que nos separaban unos metros y la playa que tanto ansiaba Teresa.
El chaparrón (es un decir, aquello fue bastante más que un chaparrón) cesó y por unos minutos un pequeño rayo de sol apareció en el cielo, momento que aprovechamos para dirigirnos a la playa.
Teresa salió corriendo, como si estuviera poseída por una fuerza invisible, y las demás le seguimos. Después de encargar una paella de bogavante en uno de los muchos restaurantes de Neptuno, nos dirigimos nuevamente a la playa, y tuvimos la osadía de pasear por la orilla y meternos hasta la pantorrilla. Bueno, hubo alguien a quien si no frenamos se nos mete de cabeza....

Comimos una estupenda paella de Bogavante regada con sangría en un sitio que no pienso recomendar a nadie, porque el servicio fue malo hasta decir basta y los postres no había quién se los comiera; como anécdota en cuanto a los postres, sólo diré que la mega-hiper-súper-extragolosa Isabel dejó prácticamente intacto el tiramisú que había pedido y para el que se había hecho hueco en el estómago. Ante su decepción por el postre, conseguimos que le trajeran un trozo de tarta del bautizo que se estaba celebrando en el interior del restaurante, y también se la dejó porque no era de su agrado... y puedo decir que Isabel es golosa hasta extremos nunca vistos y casi cualquier cosa con azúcar o chocolate es de su agrado. Como nos lo iban a cobrar, y después de la lata que dio con el postre, intentamos hacérselo tragar de cualquier manera, hasta por el escote si fuera necesario.

Para bajar el arroz y hacer una buena digestión , nada como pasear por la orilla de la playa, viendo los destrozos que la lluvia había ocasionado la noche anterior, corretear un poco por la arena, jugar entre las barcas y pasear por el paseo marítimo. El cielo nos había dado un armisticio y había que aprovecharlo. Y, para finalizar la tarde, nada mejor que visitar el centro de la ciudad, moviéndonos para ellos en un medio de transporte tan evocador y mítico como el tranvía (aunque ahora es tan moderno como la mejor red de metro). Así que cuando comenzaba otra vez a llover hicimos nuestro particular viaje en "tranvía desde la Malvarrosa".
Cuando llegamos a la conocida como estación de madera el cielo había abierto de nuevo sus compuertas y el agua lo cubría todo de nuevo: no exagero, las marquesinas de la estación no eran capaces de guarecernos, y cuando nos decidimos a salir de su protección, el agua nos cubría hasta los tobillos. Había que ver a la digna Isabel, con su paraguas rosa a juego con su camisa, bordeando todos los charcos para no mojarse sus zapatos de piel. A las demás nos daba igual, porque, habiendo aprendido del día anterior, llevábamos chanclas de goma, lo mejor para estas ocasiones (salvo que dispongas de unas katiuskas). Por fin, tras los rodeos de Isabel, conseguimos salir de la estación y cruzar el puente de Serranos, para que mis amigas admiraran las famosas torres, emblema de la ciudad. De allí, intentando no pisar los charcos, ni quedarnos embarradas en los jardines, ni que los coches que circulaban por Conde Trenor nos hicieran blanco de sus salpicaduras, nos dirigimos hacia la Casa de los Caramelos, donde las golosas hicieron acopio de mercancías, para entrar por la calle de Navellos hasta la Plaza de la Virgen.

No voy a decir que la imagen no fuera bella, pero le faltaba la intensa luz con la que el cielo valenciano suele iluminar esta plaza donde se mezclan estilos arquitectónicos, formas variadas, lo civil con lo eclesiástico, el ocio y la devoción.

No había muchas ganas de posar ante la fuente de Neptuno y las acequias de la Albufera, así que decidimos hacer visita cultural y,de paso refugiarnos de la lluvia, entrando en la catedral. Lo malo que tiene una visita a la catedral en sábado es que es habitual encontrarte con unas cuantas bodas de alto postín, entre las que destacábamos, y no precisamente por la elegancia de nuestros modelos, o que incluso te topes con alguna conocida que se extrañe de verte en tal lugar y más con esas pintas... pero en mí, es algo habitual.

Terminada la visita cultural, y habiendo hecho un buen escudriñaje de los modelos de las novias y los asistentes a las bodas, llegó la hora de la merienda, y ¿qué mejor que llevar a un grupo de golosas a Santa Catalina a tomar un chocolate o una buena horchata con fartons?. Desde luego, he de reconocer que esa tarde Isabel estaba un poco espesa; mientras todas las demás nos decidimos por la clásica y tradicional horchata ella se decidió por un chocolate, eso sí, acompañado por dos o tres fartons rellenos de crema. Como el chocolate no terminó de gustarle, para pasar el mal trago, decidió hacerlo acompañada de otros dos fartons, eso sí, esta vez sin relleno. ¡ Y el tipazo que tiene la condenada con el hambre que pasamos las demás!

A todo esto, y que nadie se confunda, seguía lloviendo, aunque con menos intensidad. Seguir visitando el centro de la ciudad con la humedad que rezumaban nuestros cuerpos no nos parecía una buena idea, además estábamos cansadas.
Aún tuvimos ganas de subir hasta la Plaza del Ayuntamiento, hacer compras para la cena y cargarnos con un poco de agua de Valencia para animarnos la noche... quién nos iba a decir que iba a dar para tanto.

Llegamos al apartamento muertas de cansancio. Unas buenas duchas (con escasez de toallas) nos hicieron entrar en calor. Preparamos una cena ligera y, después hacer recolección de toda nuestra medicación, y una competición de quién era la más dopada, (no voy a decir quién ganó por goleada), nos relajamos tomándonos una copita de agua de Valencia. La idea era acostarnos pronto, pero, ya se sabe, el alcohol suelta la lengua y terminamos por crear el grupo de resistencia. Algún día os contaré en qué consiste y las conspiraciones que descubrimos. Sólo puedo contaros que descubrimos que hasta el agua embotellada está manipulada (El agua Pascual para los que lo hacen poco y mal, y la Bezolla para alargar la ....) En fin, el grupo de la resistencia está ya en marcha, pero eso es otra historia.