UN LUGAR PARA SOÑAR

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puesta de sol en la Alhambra
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sábado, agosto 20, 2011

París: consejos para el turista. COMPRAS


El último post dedicado a París lo he querido dedicar a las compras. Casi todo aquel que va por primera vez a París siente la imperiosa necesidad de traer algún recuerdo de la ciudad, y, suele adquirir una pequeña réplica de la Torre Eiffel, una camiseta, un llavero o cualquier otro pequeño detalle que acabará perdido en cualquier rincón. Si sois de esos, os recomiendo que os fijéis en los precios, porque, la mayoría de las veces, el puesto callejero es más caro que la tienda de souvenirs, y, además, dependiendo de quién la regente, se puede regatear.
Pero olvidémonos por un momento de los típicos souvenirs, y vayámonos de compras, porque toda la ciudad es un gran escaparate, un gran centro comercial en el que adquirir cualquier cosa, y en el que no existen tiendas de chinos ( salvo en el distrito chino, al sur de la ciudad y muy alejado de las rutas habituales).

Por un momento pensemos que no nos importa el dinero y disfrutemos del lujo el glamour y la exclusividad de París; para ello, nada como hacer un tour por rue y faubourg de Saint Honoré, rue de la Paix y Place Vendome. En Saint Honoré están todas las casas de alta costura, si tu firma no está aquí, se puede decir que aún no eres nadie en el mundo de la moda. Dior, Chanel, Gucci, Valentino, YSL, Hèrmes, Galiano, D&G, ... te mostrarán el glamour desde sus escaparates. Pero, si lo tuyo son las joyas y el gran lujo, el lugar ideal es la Place Vendome y la rue de la Paix, donde se concentran todas las joyerías de prestigio y donde encontrarás más quilates por metro cuadrado. Cartier, Van Cleef & Arples, Chaumet, Boucheron atraen con su brillo al paseante. Soñar es gratis, y regalarse la vista, también.

Estando en París, es casi visita obligada a las Galerías Lafayette, las del Boulevard Haussmann, muy cerca de la Madeleine. Son comparables al Corte Inglés en cuanto
a género y distribución, pero, lo que merece la pena es admirar el interior del edificio, su magnífica cúpula y los palcos interiores; de paso, si se antoja,
o si necesita algo, podemos encontrar casi de todo. Y, muy cerca de éstas, están los almacenes Printemps, también en un bello edificio Art nuveau e igualmente con gran variedad y surtido.
Estar en París y no recorres Champs Élysées sería casi un crimen. En esta amplísima avenida conviven en perfecta armonía marcas de lujo como Louis Vuitton, Cartier y Montblanc con cadenas de perfumerías internacionales y tiendas de moda prêt à porter españolas como Mango o Zara.
Pero, si buscamos algo menos cosmopolita y más tradicional, debemos centrarnos en los mercados. En todos los barrios de París, todos los días,
desde primera hora de la mañana se puede encontrar un mercado al aire libre donde comprar fruta o verdura fresca, queso, vinos, flores incluso carne y pescado fresco....; a primera hora el cliente podrá elegir, pero, a última hora los vendedores, deseosos de terminar con toda su mercancía compiten por ver quién grita más alto y ofrece el precio más barato, 1€ suele ser el pecio tope, así que, por muy poco dinero, si somos un poco avispados podemos hacer una gran y buena compra.

Los fines de semana hay mercados de artesanía, decoración, coleccionismo y antigüedades, los conocidos como marché aux puces. Los más famosos son los de Sant Ouen - Porte de Clignancourt. Varios kilómetros de puestos callejeros en los que se vende de todo combinados con galerías comerciales al aire libre en la que hallamos puestos de antigüedades de calidad y gran belleza y otras en las que el polvo y la suciedad a veces esconden tesoros. Toda una experiencia, y todo un arte, el del regateo.
Por último, si buscamos un comercio más específico hay que adentrarse en los distritos de París, sabiendo que cada uno de ellos se especializa en un sector. Las librerías más completas, incluso de viejo, o técnicas, se encuentran en el Barrio Latino; si queremos arte, en los alrededores de Saint Germain hayaremos gran número de galerías de arte y tiendas especializadas en diseño. En el Marais, en los alrededores de la Place des Vosgues también encontraremos galerías de arte contemporáneo y tiendas de diseño, pero si lo que buscamos son antigüedades y arte más tradicional los alrededores del Louvre o la orilla izquierda frente a la cité serán nuestros destinos. En la cité, muy cerca de Sacre Coeur se encuentra el mercado de las flores y plantas, aunque, en cualquier barrio de París hay magníficas floristerías. En Montmatre, además de dibujos, láminas y pinturas se encuentran las mejores pastelerías de París, y muy cerca, hacia Clignancourt, los comercios se especializan en lencería de hogar, telas y mercerías.
Como ya he dicho, todo París es un gran centro comercial donde se puede adquirir casi de todo, sólo hay que dejarse llevar. En cuanto a precios, si nos vamos a la exclusividad y al lujo, lo pagaremos caro. Si no, París se ha vuelto una ciudad asequible, bastante asequible, en algunos casos. No, no es que París se haya economizado, es que España se ha encarecido tanto, que para algunos productos París resulta económico, y para otros, el precio es tan similar que apenas existen diferencias, así que, ¡ buen viaje y buenas compras!

miércoles, julio 20, 2011

París: consejos para el turista. COMER, CENAR, TAPEAR...

Para el que tenga pensado viajar próximamente o en el futuro a París, esta información puede ser muy interesante. Todos tenemos el concepto de que París es una ciudad carísima y que, dado que Francia es la cuna de la gatronomía moderna, comer en la capital es desorbitan
te. Error; hace siete años, cuando estuve la vez anterior, había una diferencia notable entre comer en París o en Madrid, pero hoy en día, esas diferencias son practicamente inexistentes debido a dos motivos:

el principal, Francia ha bajado el IVA de la restauración del 19,6% al 5,5%
y mientras, España ha subido los precios descontroladamente.

Por supuesto existen restaurantes que están lejos del alcance de un turista de clase media (Maxim`s, Le Meurice, Caviar Kaspia. Alain Ducasse, Ambrossie...) pero hay una gran mayoría con una relación calidad precio más que aceptable. En cualquier caso, hay que tener en cuenta un detalle, el precio de las bebidas no suele estar incluido en los menús, y este sí que es bastante más alto que en España... como mínimo te cobrarán 5€ por una cerveza común, y de ahí, en adelante.

Empezaremos con el desayuno, le petit déjeuner. Si no podemos hacerlo en nuestro alojamiento, o, si realmente queremos empezar de buena manera el día, lo mejor es acercarse a un caffé o a una boulangerie con servicio de desayunos y tomar un caffé au lait acompañado de bollería artesanal recién elaborada (para mí, nada como los croissants d`amandes, o las conques, traduciendo, croisants de almendra o caracolas)El desayuno no bajará de 5 ó 6€, en los casos más aconómicos, por persona, pero nos permitirá enfrentarnos a París hasta la hora de la comida sin decaer en ningún momento.

Existen muchas modalidades de establecimientos para comer; si lo que se busca es un tentempié o una comida rápida se puede optar por los kioskos que ofrecen gofres y creps calientes dulces y saladas; existen las típicas cadenas de comida rápida en las que, además, el idioma no es un handicap: Mac Donalds y Quick (no hay Burguer King), Pizza Hut, Domino`s, Flunch o Subway son las más habituales,
funcionan igual que en España, el precio es casi igual y la bebida no tiene un precio excesivo. Para una ocasión, no está mal, pero no recomendable para hacer a diario.

Muchas boulangeries (panaderías tradicionales, en cada manzana como mínimo una) además de ofrecernos una gran variedad de exquisitos panes y baguettes, bollería deliciosa y diaria y pastelería, tienen fórmulas, las fórmulas son lo que aquí llamaríamos menú oferta del día. Suelen consistir en algún tipo de sandiwch, bocadillo, porción salada o ensalada más bebida y postre o café, y tienen un precio muy económico y son bastante apetecibles (desde 5 ó 6€). Es una buena opción para hacer comida tipo picnic en cualquier jardín, y comprobaréis que la mayoría de los franceses adoptan esta forma de comer a medio día, y, de paso, toman el sol, o leen un libro, o simplemente disfrutan de la tranquilidad de los espacios verdes.
Si lo que queremos es sentarnos a comer, con servicio de mesa y camarero las opciones también son múltiples.
Empecemos por el bistrot: habitualmente son establecimiento típicos parisinos donde se sirven bebidas, café, y platos de elaboración tradicional y sencilla. Los bristrosts au vins clásicos son más económicos, pero lo más nuevos, son más caros y menos tradicionales. Siempre hay que fijarse en el listado de precios, aunque por lo habitual, es una buena manera de acercarse a la gastronomía y la cultura francesa sin dejarse el presupuesto (alrededor de 12 ó 14 € por persona)
A medio camino entre el bistrot y el restaurante encontraríamos las brasseries; prácticamente en cada esquina de cualquier calle hay una, con su pequeña terraza en la acera. Tienen un menú diario con varios platos, una carta corta pero variada y en general una buena relación calidad-precio, aunque muchas veces, el precio viene marcado por detalles como la ubicación o la decoración. Además, suele haber diferencia entre comer en sala o en terraza. Con bebida y postre estamos hablando de 20 € aproximadamente, aunque, como ya he dicho, depende mucho del arrondisment (distrito o barrio) en el que esté el local.
También hay que hablar de los cafés; suelen ser bastante más elegantes que los bristrots y podemos encontrarnos con un servicio parecido al de la brasserie. Su horario es muy amplio, ya que empiezan con los desayunos y suelen terminar con loas copas y cocktails nocturnos. Nadie que vaya a París debería marcharse sin degustar tranquilamente un caffé crème (de 3,50€ a 5€) en la terraza de un café típico parisino.
Ultimamente en París la comida japonesa está muy de moda, y por todas partes se encuentran restaurantes que ofrecen especialidades niponas. Yo descarté totalmente esta opción, pero, seguro que a más de uno le gustará, y no es tampoco excesivamente cara.
Si llegada la noche ninguna de las opciones citadas es de tu agrado, o si buscas algo más íntimo o romántico, o simplemente más típico, se puede elegir entre una cena-crucero por el Sena, una cena a bordo de un barco-restaurante atracado en los muelles junto a la Tour Eiffel, una cena en el restaurante de la Tour Eiffel o una cena en un buen restaurante. La cena en pareja en estos restaurantes no te bajará de los 100€, pero ¡¡¡ una cena romántica en París con una buena pareja los merece!!!. Si prefieres cena con espectáculo, algo caduco, pero muy típico, calcula que la cena con espectáculo de Moulin Rouge supone 150€ por comensal...
¡Ah, se me olvidaba! Como ya te he dicho pasarás por multitud de boulangeries que, estoy segura, te atrerán con su olor. Pero además París es famosa por sus pâtisseries (pastelerías) que desde el escaparate te tentarán con sus coloridos macarons o sus bombons. No lo dudes, entre y pica. No son baratas, en España tampoco, pero además de complacer el paladar, son un deleite para la vista.
Y, si todo lo dicho anteriormente sobrepasa tu presupuesto, siempre puedes entrar a un supermercado o a u
na tienda de comestibles y elaborarte tu propio
menú prácticamente al mismo precio que aquí, y en ocasiones, incluso más barato, pero de eso, hablaré en otro post.
Un par de últimos apuntes:en el quartier latin, saint Germain y los alrededores de Pigalle se suelen encontrar los lugares más económicos para comer, mientras que en los Champs Elysées y el distrito 7 están los más caros, pero, como en todo, hay excepciones.
En cuanto a los horarios, exceptuando los restaurantes, son bastante amplios en general, aunque intenta siempre llegar a cenar antes de las 9, por lo que pueda pasar.

sábado, junio 18, 2011

París: consejos para el turista. TRANSPORTE

Vuelvo hoy a hablar de París para ofrecer un poco de información útil a todo aquel que tenga pensado viajar a la ciudad de la luz próximamente; ya sé que en la red hay multitud de páginas de información y turismo acerca de París, pero, no está de más ofrecer una pequeña guía sencilla, actualizada y desde la experiencia real.

TRANSPORTES

Lo habitual suele ser llegar a París en avión; además de los aeropuertos de Orly y Charles de Gaulle , bien comunicados por autobús de línea, servicio especial de autobús, RER y taxi; lo más económico, y rápido es el metro y RER, aunque más incómodo que el servicio especial de autobuses. Existe la opción de viajar hasta el de Beauvais si viajas con Ryanair; en este último caso, la única opción, a parte del taxi, nada recomendable porque está a 80 km. de París, es la de un servicio especial de autobuses que comunica este aeropuerto con Porte Maillot, en París, y que tiene un precio de 15€ por persona y trayecto. Una indicación más, desde París al aeropuerto, este autobús debe tomarse con una antelación de 3 horas y media antes de la salida del vuelo. Para más información sobre los transportes desde los aeropuertos, esta página os será muy útil, http://www.viajaraparis.com/?page=aeropuertosenparis.php , aunque los precios no están actualizados.
Una vez en la ciudad, lo más cómodo y económico es moverse en Metro y RER, que además están combinados entre sí y para los que un mismo billete es válido. Los billetes también son válidos para los autobuses. Dependiendo de los días que vayáis a permanecer y de los trayectos que penséis realizar, os convendrá más un tipo de billete u otro. También hay que tener en cuenta que la red de transportes de París y la región Ile-de-France está dicidida en 6 zonas:
  • lo que es el área metropolitana es la zona 1,
  • el cinturón que rodea esta zona, pero que ya no es París, es la zona 2 (Boulogne, Saint Ouen, Levallois, La Defense, Saint Cloud, Vicennes...)
  • la zona 3 es para ir a Saint Denis, Fontenay, Sevres...
  • en la zona 4 se encuentra, entre otros, el aeropuerto de Orly y Versalles
  • en la zona 5 está el aeropuerto Charles de Gaulle, Disneyland,
  • y la 6 es útil si pensáis ir a Fontainebleau
Todo ello hay que tenerlo en cuenta, sabiendo dónde vais a estar alojados y por donde os queréis mover para sacar un tipo de billete u otro.
El billete normal, ticket t+, para metro, RER y autobús tiene un precio de 1,70€, pero se pueden comprar 10 billetes a un precio de 12€. Estos billetes permiten moverse por las zonas 1 y 2. Es realmente práctico, sobretodo para moverse en metro y RER, pero si se va a hacer una combinación de metro o RER + autobús, deberemos utilizar 2 billetes
Si vamos a estar una semana o más tiempo y pensamos movernos mucho en transporte público, tenemos la opción de la tarjeta Orange, personal e intransferible, debe ir acompañada por una fotografía. Nos permite movernos ilimitadamente por la zona 1 y 2, de lunes a domingo, y tiene un precio de 18€ . Desde el año 2010, para utilizar esta tarjeta es necesario el Passe Navigo, que tiene un precio de 5€ más, aunque es válido durante 10 años y sirve también para otros servicios, como el alquiler de bicicletas.
Existen otro tipo de abonos, el París visite, para 1, 2 3 o 5 días consecutivos, para las zonas 1-3 ó 1-6, sin necesidad de Navigo, pero sólo son recomendables si realmente se va a utilizar mucho el transporte público. Además, son válidos sólo para días naturales completos. La opción más económica, para un sólo día, es de 8,80€.
Si necesitáis ampliar información: http://www.paris.es/transporte , completa y bastante actualizada, aunque algunos precios han variado.
Un par de detalles más sobre los transportes públicos parisisnos, en especial, metro y RER: todo el mundo habla del buen servicio de este medio de transporte. Es cierto, es rápido, puntual, tiene un horario muy amplio, desde las 5:30 a.m hasta la 1:15 a.m, ampliándose hasta las 2:15 a.m los fines de semana,con un intervalo muy corto, comunica muy bien cualquier punto de la ciudad, tienes estaciones de metro o RER en cualquier lugar... pero es viejo, sucio, bastante maloliente y a veces los trasbordos son infinitos y mal indicados (también los hay muy sencillos). Es cierto que están empezando a hacerse reformas, pero que nadie espere unas estaciones o trenes como los del metro de Madrid.
Y, hablando del metro de Madrid, los trenes circulan en el sentido contrario a los de Madrid y en el mismo sentido que los de Barcelona; ello se debe a que Madrid copió el sentido circulatorio de Londres, mientras que Barcelona, con más sentido común, lo hizo de París.

Pero, si estamos en París como turistas, y lo que queremos hacer es ver la mayor cantidad de monumentos posibles de forma cómoda y rápida, y, no nos importa rascarnos un poco el bolsillo, hay otras posibilid
ades.

Batobus
Hay diversas compañías que realizan cruceros por el Sena con diferentes paradas y similares trayectos, pero yo recomiendo el servicio de Batobus. Esta compañía realiza un trayecto por el Sena desde Tour Eiffel hasta Jardin des Plantes con 8 paradas en Tour Eiffel, Musée d`Orsay, Saint Germain-des-Près, Notre-Dame, Jardin des plantes, Hôtel de Ville, Louvre y Champs Elysées.
El precio, por persona, es de 14€. Las explicaciones se ofrecen en 5 idiomas, incluyendo el español, y te permite subir y bajar cuantas veces quieras al cabo del día en cualquiera de las paradas. La frecuencia máxima es de 25 minutos, los barcos están limpios, y las paradas muy bien situadas para descubrir los monumentos de forma cómoda y rápida. Además, tendrás una vista general de la ciudad diferente desde el barco. No recomendable si vais con carrito de paseo, porque los accesos a los muelles son a través de escaleras.

Autobuses turísticos
Hay varias compañías que realizan trayectos turísticos en autobuses de 2 plantas, con la parte superior al descubierto, por París. Dependiendo de lo que queramos hacer y ver, recomiendo una u otra.
Si lo que queremos hacer es un tour turístico por los principales puntos de la ciudad, una panorámica rápida aunque no totalmente completa, sin descender del autobús, y a un precio económico, lo mejor es Foxity Tour. El recorrido dura 1hora y 45 minutos, y permite ver 40 monumentos, con explicaciones en 9 idiomas, incluyendo el español, por un precio de 14€ por persona (los m
enores de 12 años, viajan gratis, y los mayores de 65 o menores de 25, 12€).
Esta compañía es la única que realiza también recorrido nocturno, al mismo precio y con las mismas condiciones.

Los Cars Rouges hacen un trayecto muy similar al anterior. El recorrido dura 2 horas y 15 minutos, con 9 paradas, en las que se puede descender para realizar la visita y tomar después otro autobús. El billete es válido para 2 días consecutivos, las explicaciones en 9 idiomas, incluyendo e
spañol, y por un precio de 26€ por persona (13€ para los menores de 12 años).

El más completo es el París Open Tour. Esta compañía realiza 4 itinerarios diferentes, con más de 50 paradas que permiten descender del autobús en cualquier momento y volver a subir cuando deseemos. El precio para un día es de 29€, y para dos días 32€, mientras que los niños (de 4 a 11 años) tienen una tarifa única de 15€. Como digo, la ventaja de estos es que el recorrido es mucho más amplio, ya que cuenta con 4 rutas (con el mismo billete se pueden hacer los 4 circuitos) que amplían la visita: la ruta París Gran Tour, recorrido de 2 horas, es similar a la ruta de los anteriores, la ruta Montparnasse - Saint Germain, con una duración de 1 hora, se desplaza por el este de la orilla izquierda y nos acercará al Jardin de Luxembourg, al Pantheon, la Tour de Montparnasse... La ruta Montmartre - Grands Boulevards es la única que accede en este medio de transporte hasta Montmatre para conocer el Sacre Coeur; tiene una duración de 1 hora y 20 minutos, y además tiene parada en el museo de cera y muy cerca de algunos establecimientos míticos y típicos para las compras y el ocio; la ruta Bastille - Bercy, de 1 hora de duración, parte desde la Bastilla hacia Notre-Dame y sigue por le Jardin des Plants hasta el Palais Omnisport de Bercy.

Pero, si lo que de verdad queréis hacer es descubrir y conocer París, siempre que tengáis tiempo, lo mejor es planificar la ruta, acceder en transporte público y después pasear y callejear, disfrutar de las avenidas, los bulevares, los jardines, las plazas, descansad al sol, o a la sombra, en cualquier parque, tomad algo en un bistro, en un café o en una brasserie, mirad escaparates, dejaos llevar hasta el siguiente punto, contemplad los monumentos, mirad hacia arriba de cuando en cuando, y, cuando estéis cansados, regresad a vuestro punto alojamiento en metro para comenzar con nuevos bríos otra ruta al día siguiente.


martes, junio 14, 2011

Paris: c`est magnifique!

Acabamos de regresar de pasar una semana de vacaciones en París, y , sólo puedo decir aquello tan manido de "Oh la lá, París c`est magnifique.

En serio, París es una ciudad magnífica, pero en el sentido de magno, de grande. Las avenidas, bulevares, plazas, iglesias... son de un tamaño casi vergonzosamente grande, como si toda la ciudad fuera un gran escaparate que quisiera deslumbrar al visitante.
Porque, además, no se puede hablar del centro monumental de París, porque no está restringido a un pequeño área, sino que toda la ciudad alrededor del Sena, tanto en la orilla izquierda, como en la derecha, es bello, clásico, turístico, encantador, sin apenas estridencias, sin casi edificios modern
os que atenten al conjunto, sin estrecheces, como si el tiempo se hubiera detenido hace muchas décadas.

Es una ciudad tan monumental, que una vez allí, y pese a su altura, la Torre Eiffel no te parece tan grande, salvo que te acerques a los Jardines de Marte o sus alrededores, pero, desde cualquier otro punto de la ciudad, aunque visible, no impresiona.


París es una ciudad que parece perfectamente trazada y diseñada por un único urbanista. Desde la Pirámide del Louvre (realizada en tiempos de Mitterrand) y si miramos hacia los jardines de Tullerías, podremos ver perfectamente a través del Arco del Triunfo del Carrusell (época napoleónica) el Obelisco de la Place du Concorde, (mediados del siglo XVIII) les Champs Elysées, el Arc de Triomphe, Porte Maillot y el gran arco de La Defense (nuevamente de tiempos de Mitterrand ), prácticamente 9 kilómetros en línea recta, que hicimos en una sola tarde a pie, dando un paseo.
Y, si tomamos como referencia la Place du Concorde, además de poder divisar todo lo ya citado, si miramos hacia la orilla izquierda del Sena, podremos ver en panorámica la Asamblea Nacional, Les Invalides y la Tour Eiffel.
Si nos acercamos hasta la iglesia de la Madeleine y miramos en línea recta haci
a el Sena veremos el Obelisco de la Place du Concorde, la Asamblea Nacional y les Invalides.
Por supuesto, no hace falta que diga nada de las vistas que se pueden contemplar desde Sacre Coeur o desde cualquiera de las plantas de la Tour Eiffel: todo París a tus pies, con la Torre de Montparnasse rompiendo la estética.
La orilla izquierda, tal vez por ser el origen de la ciudad, no es tan lineal, aunque, desde los Jardines de Luxemburgo hay una espectacular vista del Pantheon, la iglesia de Saint Etienne du Mont (con uno de los interiores más bellos) y parte de las universidades de la Sorbona.

En próximas entradas hablaré de otros aspectos de París, de cómo moverse, qué ver, compras, comidas, precios y más.

lunes, junio 02, 2008

Lanzarote, una isla que no te dejará indiferente

Lanzarote puede ser un buen destino para tus próximas vacaciones, o para un escapada de fin de semana, o para cualquier momento, porque, seguro que si vas, te quedarán ganas de repetir.

La isla está a poco más de dos horas de Madrid, y hay compañías de bajo coste que vuelan diariamente a Lanzarote por muy poco dinero, con lo que se puede decir que en menos de tres horas podrás estar disfrutando de playas de aguas cristalinas, paisajes volcánicos, pueblos blancos, eterna primavera, una arquitectura tradicional y a la vez moderna totalmente integrada en el paisaje, amplia oferta cultural, tierras negras, vistas alucinantes, tranquilidad,...de casi todo lo que tú quieras.

Cada una de las islas que conforman el archipiélago canario es muy diferente entre sí, y ésta, la antigua conejera, destaca sobre todo por la gran cantidad de volcanes que se extienden de noreste a suroeste, volcanes que entraron por última vez en larga y lenta erupción en el siglo XVIII, modificando parte de su geografía y dotando a la isla de un paisaje casi lunar que contrasta con oasis de palmerales, como Haría, playas de arena blanca y fina, como las de Punta del Papagayo, de arena negra, como las del Golfo y los Hervideros, y urbanizaciones perfectamente integradas en el paisaje.


En Lanzarote la naturaleza y las explosiones volcánicas lo hicieron casi todo, y la mano del hombre, más concretamente la del artista César Manrique, que está presente en toda la isla, supo sacar provecho de ese paisaje único uniéndole elementos de la arquitectura tradicional conejera, creando espacios dotados de belleza y espectacularidad.
Si buscas algo más que playa, y de verdad, las playas son maravillosas, Lanzarote te ofrece unas cuantas alternativas.
Puedes empezar con una ruta por el norte de la isla, donde no puedes dejar de ver los Jameos del Agua, la Cueva de los Verdes, el Mirador del Río, las playas de Famara, Haría y el Jardín de Cactus.

Para los canarios la palabra jameo significa una oquedad formada en una cueva volcánica al desplomarse el techo de ésta; son cuevas de lava a cielo abierto. Los Jameos del agua son producto de una explosión acaecida en el volcán de la Corona, y son grutas y tubos de lava que se prolongan por espacio de varios kilómetros, adentrándose hasta el mar. Sólo es visitable una pequeña parte de este intrincado laberinto, en la que es notoria la mano del genial César Manrique. Hay que descender una empinada escalera de piedra para encontrarte con un exótico jardín que hace que inmediatamente te encuentres en medio de un oasis de tranquilidad y armonía, en el que la naturaleza, la luz y el agua son los auténticos protagonistas. Desde este lugar se inicia el Túnel de la Atlántida, una gruta sumergida en el océano, al que sólo los submarinistas tienen acceso; pero los turistas debemos dirigirnos al gran lago subterráneo, un lago de agua salada en el que un pequeño orificio natural abierto en el techo ilumina la gran cueva e incluso te permite ver a los únicos pobladores de este lago, unos minúsculos cangrejos ciegos, propios de aguas mucho más profundas, pero que han hecho de este lugar su nuevo hábitat. Desde esta gruta natural pasamos a un espacio a cielo abierto, luminoso y blanco, en el que el azul del cielo se refleja en su blanca piscina, y donde la vegetación y la roca volcánica terminan de armonizar el conjunto. En esta zona varias terrazas te permitirán contemplar un paisaje único, rodeado del océano y los volcanes, y visitar la casa de los volcanes. Desde aquí se pasa al jameo grande, un auditorio muy singular, y más allá de este continúa la mayor parte de la gruta, no accesible para los visitantes, que llega hasta el volcán de la Corona, aunque a medio camino se encuentra la Gruta de los Verdes.

Si quieres ver la Cueva de los Verdes, tendrás que pagar de nuevo, aunque merece la pena recorrer un tramo de casi dos kilómetros en los que disfrutarás de las formas que la lava al solidificarse y enfriarse fue realizando, de los distintos colores de las piedras, de estafilitos, de rincones y galerías, de un gran auditorio y de una sorpresa final que no te desvelaré, pero que seguro te gustará. Además, la cueva posee un microclima propio, siempre en torno a los 18º-20º, y un constante flujo de aire, por lo que no existe ninguna sensación de claustrofobia. La lástima es que no te dejan continuar por el túnel hasta el volcán, si no que por una galería superior se sale nuevamente a la superficie.

Cuando sales de la cueva a la superficie, el paisaje te hace entrar en un shock: una llanura inmensa, practicamente desértica te rodea, y al fondo ves el volcán de la Corona, y más allá, la cadena de volcanes, es un paisaje casi desolador, así que, no pierdas tiempo y sigue el recorrido.

Si continúas hacia el norte puedes llegar hasta el Mirador del Río, pero, te recomiendo que no pagues la entrada, porque lo bonito del lugar son las espectaculares vistas que desde este mirador se tiene de la isla de la Graciosa. Unos metros más allá por la misma carretera que te ha llevado hasta el mirador puedes contemplar el mismo paisaje por un precio inmejorable. Porque, en Lanzarote todo cuesta dinero, y, la mayoría de las cosas más de la cuenta. Lanzarote es la isla más cara del archipiélago, y la cesta de la compra más cara de toda España. Económicamente hablando sólo merece la pena el tabaco, la perfumería y algunos licores, lo demás está por las nubes, incluyendo cosas tan básicas como el agua, las patatas,la fruta o la leche. Alguna pega tenía que tener.

Volviendo a nuestro recorrido para terminar el día te recomiendo que desde el Mirador te dirijas hasta Haría, una población famosa por su palmeral. Aquí el paisaje es completamente diferente a cualquier otro lugar de la isla, te encuentras en un valle llamado el Valle de las 10.000 palmeras,un oasis de casas blancas rodeado de palmeras y otros árboles y rodeado de montañas volcánicas. Y, si continúas por la abrupta carretera, desde la que se tienen las mejores vistas de Haría, finaliza la jornada dirigiéndote a la playa de Famara. Son casi tres kilómetros de arena fina de color dorado a los pies de un acantilado de más de 500 metros de altura y casi totalmente vertical. Es una playa salvaje y peligrosa por el fuerte oleaje, ideal para la práctica de surf, pero es una delicia, si no hace mucho aire, tumbarte en alguna de sus dunas, pasear por la orilla e incluso remojarte con alguna de sus olas. En esta zona, además, el turismo es prácticamente inexistente, hay alguna que otra casa, pero desde luego, la masificación no existe y el paisaje es precioso.
Por hoy lo dejo...pero todavía hay mucho más que conocer y ver en Lanzarote.

miércoles, diciembre 19, 2007

Pasadas por agua (... por fin sol)

3º Parte
Los fines de semana, incluso los pasados por agua, acaban en domingo, el nuestro también, y es el día en el que hay que regresar a la realidad habitual.

El domingo nos levantamos con una pequeña resaca y mucho sueño, y, con un sol espléndido y radiante, una luz que hacía daño a la vista. ¡Hay que joderse, el día que toca recoger los bártulos para volver a casa, el cielo brilla sin una sola nube a la vista!

Aprovechamos la mañana para pasear por el centro de la ciudad y por gran parte del cauce del Turia, y, como no, por la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Tomamos el sol, mientras paseábamos por una ciudad, que, aún llena de charcos, recobraba su brillo, su tranquilidad y su gente.
Pero, como ya digo, no dio para mucho más, porque había que regresar.
Por cierto, ellas se marcharon y el sol siguió brillando con una temperatura casi veraniega toda la semana.

lunes, diciembre 03, 2007

Pasadas por agua (LA P... GOTA FRIA SIGUE)

2ª Parte
Sábado por la mañana. Los despertadores han sonado y corremos como locas a la balconada a ver el cielo. Ha dejado de llover, Valencia está mojada, gris, húmeda y oscura, pero nos conformamos, y tenemos esperanza de que la lluvia sea ya un recuerdo pasajero y el sol pueda abrirse camino en un día tan gris como este.

Desayunamos abundantemente para coger fuerzas ante el largo y completo día que nos espera. La primera parada va a ser, como no, la playa, y, para ir bien equipadas hay que llevar los biquinis puestos. ¡Optimistas! Como no me lo creo soy la única que sal de casa sin él.

Salimos de casa con grandes dosis de energía y esperanza, y con una bolsa de más de 1 kilo de golosinas variadas, y tomamos el autobús que en pocos minutos nos dejará de nuevo en la playa de la Malvarrosa. De todos modos, no nos fiamos totalmente y llevamos los chubasqueros y los paraguas por si acaso.

Decidimos dar una vuelta por el Puerto, donde meses atrás se ha celebrado la America`s Coup, especialmente por el edificio Veles e Vents, emblema de la citada competición y un lugar donde por las tardes y noches se puede disfrutar de un buen ambiente además de buenas vistas. Accediendo al edificio se levanta una ráfaga de aire húmedo acompañado de grandes gotas de agua. Bueno, puede ser un mal presagio, pero vamos a pensar que sólo ha sido un recuerdo de la pasada noche.

Paseamos por las cubiertas de las plantas del edificio, disfrutamos de las vistas, nos hacemos fotos y el cielo sigue de un amenazador gris. Teresa no para de insistir con que ella quiere ir a la playa, y parece que de nada le sirve que le diga que está a escasos 100 metros de ella, e Isabel repite casi una docena de veces que hay que ir a buscar un restaurante para reservar una paella, y yo no me canso de decirle lo mismo que a Teresa, ¡ van a acabar con mis nervios y mi paciencia!
Bajamos las gradas para dirigirnos al kiosco. Era justo ese momento y ese lugar en el que no tienes donde refugiarte... y las nubes que llevaban siguiéndonos ya un rato lo sabían. En escasos segundos comenzó una descarga de agua tremenda y un viento de gran fuerza que no sabíamos si soplaba del este, del oeste, del norte o del sur. Yo intentaba correr hacia la Avenida de Neptuno, pero avanzar se hacía difícil y entretanto no había lugar donde guarecerse. Por fin encontramos una especie de pérgola bajo la que refugiarnos mientras esperábamos a que aquella tormenta pasara. Isabel volvió a la carga con lo del restaurante y, reconozco que un poco irritada, le mostré los restaurantes de los que nos separaban unos metros y la playa que tanto ansiaba Teresa.
El chaparrón (es un decir, aquello fue bastante más que un chaparrón) cesó y por unos minutos un pequeño rayo de sol apareció en el cielo, momento que aprovechamos para dirigirnos a la playa.
Teresa salió corriendo, como si estuviera poseída por una fuerza invisible, y las demás le seguimos. Después de encargar una paella de bogavante en uno de los muchos restaurantes de Neptuno, nos dirigimos nuevamente a la playa, y tuvimos la osadía de pasear por la orilla y meternos hasta la pantorrilla. Bueno, hubo alguien a quien si no frenamos se nos mete de cabeza....

Comimos una estupenda paella de Bogavante regada con sangría en un sitio que no pienso recomendar a nadie, porque el servicio fue malo hasta decir basta y los postres no había quién se los comiera; como anécdota en cuanto a los postres, sólo diré que la mega-hiper-súper-extragolosa Isabel dejó prácticamente intacto el tiramisú que había pedido y para el que se había hecho hueco en el estómago. Ante su decepción por el postre, conseguimos que le trajeran un trozo de tarta del bautizo que se estaba celebrando en el interior del restaurante, y también se la dejó porque no era de su agrado... y puedo decir que Isabel es golosa hasta extremos nunca vistos y casi cualquier cosa con azúcar o chocolate es de su agrado. Como nos lo iban a cobrar, y después de la lata que dio con el postre, intentamos hacérselo tragar de cualquier manera, hasta por el escote si fuera necesario.

Para bajar el arroz y hacer una buena digestión , nada como pasear por la orilla de la playa, viendo los destrozos que la lluvia había ocasionado la noche anterior, corretear un poco por la arena, jugar entre las barcas y pasear por el paseo marítimo. El cielo nos había dado un armisticio y había que aprovecharlo. Y, para finalizar la tarde, nada mejor que visitar el centro de la ciudad, moviéndonos para ellos en un medio de transporte tan evocador y mítico como el tranvía (aunque ahora es tan moderno como la mejor red de metro). Así que cuando comenzaba otra vez a llover hicimos nuestro particular viaje en "tranvía desde la Malvarrosa".
Cuando llegamos a la conocida como estación de madera el cielo había abierto de nuevo sus compuertas y el agua lo cubría todo de nuevo: no exagero, las marquesinas de la estación no eran capaces de guarecernos, y cuando nos decidimos a salir de su protección, el agua nos cubría hasta los tobillos. Había que ver a la digna Isabel, con su paraguas rosa a juego con su camisa, bordeando todos los charcos para no mojarse sus zapatos de piel. A las demás nos daba igual, porque, habiendo aprendido del día anterior, llevábamos chanclas de goma, lo mejor para estas ocasiones (salvo que dispongas de unas katiuskas). Por fin, tras los rodeos de Isabel, conseguimos salir de la estación y cruzar el puente de Serranos, para que mis amigas admiraran las famosas torres, emblema de la ciudad. De allí, intentando no pisar los charcos, ni quedarnos embarradas en los jardines, ni que los coches que circulaban por Conde Trenor nos hicieran blanco de sus salpicaduras, nos dirigimos hacia la Casa de los Caramelos, donde las golosas hicieron acopio de mercancías, para entrar por la calle de Navellos hasta la Plaza de la Virgen.

No voy a decir que la imagen no fuera bella, pero le faltaba la intensa luz con la que el cielo valenciano suele iluminar esta plaza donde se mezclan estilos arquitectónicos, formas variadas, lo civil con lo eclesiástico, el ocio y la devoción.

No había muchas ganas de posar ante la fuente de Neptuno y las acequias de la Albufera, así que decidimos hacer visita cultural y,de paso refugiarnos de la lluvia, entrando en la catedral. Lo malo que tiene una visita a la catedral en sábado es que es habitual encontrarte con unas cuantas bodas de alto postín, entre las que destacábamos, y no precisamente por la elegancia de nuestros modelos, o que incluso te topes con alguna conocida que se extrañe de verte en tal lugar y más con esas pintas... pero en mí, es algo habitual.

Terminada la visita cultural, y habiendo hecho un buen escudriñaje de los modelos de las novias y los asistentes a las bodas, llegó la hora de la merienda, y ¿qué mejor que llevar a un grupo de golosas a Santa Catalina a tomar un chocolate o una buena horchata con fartons?. Desde luego, he de reconocer que esa tarde Isabel estaba un poco espesa; mientras todas las demás nos decidimos por la clásica y tradicional horchata ella se decidió por un chocolate, eso sí, acompañado por dos o tres fartons rellenos de crema. Como el chocolate no terminó de gustarle, para pasar el mal trago, decidió hacerlo acompañada de otros dos fartons, eso sí, esta vez sin relleno. ¡ Y el tipazo que tiene la condenada con el hambre que pasamos las demás!

A todo esto, y que nadie se confunda, seguía lloviendo, aunque con menos intensidad. Seguir visitando el centro de la ciudad con la humedad que rezumaban nuestros cuerpos no nos parecía una buena idea, además estábamos cansadas.
Aún tuvimos ganas de subir hasta la Plaza del Ayuntamiento, hacer compras para la cena y cargarnos con un poco de agua de Valencia para animarnos la noche... quién nos iba a decir que iba a dar para tanto.

Llegamos al apartamento muertas de cansancio. Unas buenas duchas (con escasez de toallas) nos hicieron entrar en calor. Preparamos una cena ligera y, después hacer recolección de toda nuestra medicación, y una competición de quién era la más dopada, (no voy a decir quién ganó por goleada), nos relajamos tomándonos una copita de agua de Valencia. La idea era acostarnos pronto, pero, ya se sabe, el alcohol suelta la lengua y terminamos por crear el grupo de resistencia. Algún día os contaré en qué consiste y las conspiraciones que descubrimos. Sólo puedo contaros que descubrimos que hasta el agua embotellada está manipulada (El agua Pascual para los que lo hacen poco y mal, y la Bezolla para alargar la ....) En fin, el grupo de la resistencia está ya en marcha, pero eso es otra historia.

domingo, octubre 14, 2007

Pasadas por agua (LA P... GOTA FRIA)

1ª parte.

Más de 4 meses planeando un fin de semana en la playa con amigas; decidiendo cuál iba a ser el destino, las fechas, las invitadas, qué hacer, cómo ir... está claro, cuanto más lo planifiques peor, las cosas hay que hacerlas sin planificar apenas, porque si no pueden torcerse, y mucho.
La cosa empezó a desviarse un poco cuando a 4 días para la partida aún nos faltaba por confirmar la asistencia de un par de personas, y con una de ellas no podíamos hacernos de ninguna de las maneras. Se ladeó un poco más cuando el hijo de una de mis amigas, a 24 horas para la partida, cae enfermo y no tiene con quién dejarle y se quebró otro poco cuando la hora de partida hubo de cambiarse a las 15:00 horas porque a última hora otra de mis amigas no pudo cambiar la hora de salida del trabajo.
A todo esto, yo he de decir que estaba ya desde hacia varios días en Valencia, disfrutando de buen tiempo, de playa y ultimando los detalles para la llegada de mis amigas
.
Viernes, 19:00 horas, hora de llegada prevista. He cogido mi bolsa de fin de semana, he dejado a mi sobrino con su madre, he cerrado la casa, he hecho la compra, y cargada como una burra me dirijo a la estación de autobuses a recibir a mis amigas. Por el camino comienzan a caer algunas gotas, parece que va a llover.
Viernes, 19:50 horas, por fin llega el autobús con mis amigas. Están desatadas como quinceañeras, sólo piensan en comer golosinas. Salimos de la estación y nos ponemos en contacto con los chicos de la agencia Valencia Holiday (http://www.valencia-holiday.com/ ) y decidimos coger un autobús para dirigirnos a nuestro destino final, una casa en la misma playa de la Malvarrosa (no es que seamos tacañas, es que ningún taxi nos hubiera llevado a las 5 y a nuestro equipaje). Llueve, pero bajo la marquesina de la parada se nota menos.
Viernes, 20:05 horas, por fin en el autobús, destino la playa y un maravilloso fin de semana. Una de mis amigas se acuerda de aquella a la que hemos excluido, y con sorpresa comprueba que le ha llamado. Otra de mis amigas se pone en contacto con su casa y descubre que a ella también le ha llamado. Empieza a cundir el pánico y las más variopintas excusas.
Viernes, 20:55 horas, hemos llegado a nuestro destino. Tan sólo unos metros y un descampado nos separan de nuestra casa en la playa. Está lloviendo con ganas, Pepi , que el día anterior se ha hecho un esguince, va un poco dolorida, pero hay que apretar el paso si no queremos empaparnos. Por cierto, el descampado está embarrado, hay quien lleva tacones, todas vamos cargadas, y las ruedas de las maletas no avanzan por la charca.
Viernes, 21:00 horas, hemos llegado a la dirección indicada. Tocamos el timbre con insistencia, pues los chicos de la agencia deben estar dentro esperándonos. No hay respuesta. La lluvia sigue cayendo, y sólo tenemos en ese momento un paraguas para 5. Llamamos por teléfono a Javier, nuestro contacto con la agencia, pero no hay manera de localizarle. Empiezan las bromas, el nerviosismo, y sobre todo, sigue la lluvia.
Alguien ha visto luces en el piso superior, aporreo la puerta, pero no hay respuesta. A voz en grito y aporreando la puerta conseguimos llamar la atención, y conseguimos que nos abran. ¡Por fin en casa!
Viernes, 21:45 horas, nos hemos despedido de los chicos de la agencia y hemos tomado posesión de la casa. Tenemos a nuestra disposición una primera planta en la que tenemos una habitación con una cama de matrimonio, una especie de salita, un salón, un baño completo, una cocina grande con un gran comedor y una terraza, y una segunda planta con una amplísima habitación diáfana, en la que hemos hecho que nos coloquen las 5 camas, y una terraza con vistas a la playa. No tenemos vecinos a los lados, ni enfrente, por lo que podemos hacer todo el ruido que deseemos. La casa, algo antigua, nos descubre una gran cantidad de secretos guardados en sus armarios, repisas, muebles y recovecos...
Viernes, 22:20 horas, después de una pequeña deliberación hemos decidido salir a dar una vuelta y cenar en alguno de los restaurantes de la zona. Parece que la lluvia nos ha dado una tregua, pero, por si acaso, llevamos el paraguas y un par de chubasqueros.
Paseamos en busca de un restaurante y un intenso olor a gambón a la plancha nos inunda; sale de una casa particular; se nos hace la boca agua y avanzamos rápido, pero para mi sorpresa “La otra vuelta”, el restaurante en el que pensabamos cenar, está cerrado, al igual que la pizzería que había a su lado. Montaña sugiere alguno de los restaurantes que están en pleno paseo marítimo, un poco más adelante, y allá que nos vamos. Empieza de nuevo a llover, y a la altura de nuestra casa, el agua cae ya de tal manera que parece un diluvio. Decidimos cenar en casa con lo que hemos comprado, aunque no tenemos aceite. Menos de 200 metros nos separan de la casa, pero llueve con tal fuerza que nos estamos empapando, y no hay ningún sitio donde guarecerse mínimamente. Yo sólo veo la casa cuartel de la Guardia Civil a 50 metros, pero, por suerte, Teresa, algo más despierta que yo, ve abierto un restaurante justo enfrente de nuestra casa y allí que nos dirigimos.
Realmente, no llevamos pintas para cenar en el restaurante. Yo podría exprimir mi cazadora totalmente regada y no obtendría menos de un par de litros de agua; las perneras de los pantalones de color crudo de Isabel y Montaña están empapadas y salpicadas de barro y arena, y sus cabezas gotean al igual que la mía; Pepi va cubierta con un chubasquero de color amarillo intenso, y entre los vaqueros mojados y su esguince ya no puede dar un paso, y Teresa, cubierta también con un ligero chubasquero azul, va calada hasta los huesos y chorreando por todas partes. Otra vez Teresa demuestra su lucidez al dirigirse al ventanal de la cocina del restaurante para pedir un poco de aceite. No tenemos ni donde llevarlo, pero finalmente nos dan un poco en una botellita de agua, suficiente para poder cenar.
Con el preciado líquido dorado en nuestro poder corremos a la casa esquivando charcos, cuando a Pepi se le antojan patatas fritas. Teresa y yo corremos a abrir la puerta y ponernos a salvo del agua, mientras Montaña y Pepi se quedan ante el ventanal de la cocina pugnando por unas patatas fritas y una barra de pan. Les cuesta más que el aceite, pero finalmente lo consiguen. Ya estamos todas a salvo en casa.
Viernes, 23:30 horas, a cubierto de la lluvia, secas, vestidas con nuestro pijamas y después de haber deshecho nuestro equipaje, cenamos una opípara cena alta en colesterol a base de patatas fritas, huevos fritos, salchichas, san jacobos, pan recién hecho y yogures, amenizada con una charla medianamente escatológica. Desde las terrazas vemos como cae la intensa lluvia como una cortina densa, no llueve, no, jarrea, pero no nos importa, tenemos las endorfinas altas y el buen humor se ha apoderado de todas nosotras. Mientras Teresa, con sus manos mágicas trata el esguince de Pepi, Montaña rebusca por la casa hasta que encuentra una sombrilla, una tabla, un cubo y una pala. Aún pensamos en salir a remojarnos un rato en la playa. Nos reímos, bromeamos, bailamos... estamos de escapada en la playa.
Viernes, 23:55 horas, hemos tenido que recoger en varias ocasiones el agua de la cocina que se cuela por la puerta de la terraza y hemos puesto dos toallas contra la puerta para impedir el paso del agua, aunque mitigan poco la invasión. De pronto, Pepi da la voz de alarma: en la habitación de la primera planta se ha abierto una raja en el techo que está goteando y ha mojado toda la ropa que habíamos colocado sobre la cama para que se extendiera. No encontramos una palangana o un barreño. Montaña vacía uno de los cajones y lo coloca sobre la cama para recoger la gotera. Subimos a la planta alta, y allí comprobamos que no hay goteras, pero que a través de una de las ventanas, cerrada, el agua se ha abierto paso y hay un gran charco ya en el suelo.
Recogemos el agua. Encontramos también un pequeño charco en el salón, pero creemos que es el agua que han escurrido los chubasqueros. Revisamos todo, y comprobamos que la cocina, pese a las toallas y pese a todo, empieza a parecerse a una laguna. Decidimos llamar a Javier para comunicarle el estado de la casa y que nos ofrezca una solución. Por el ruido que se oye al otro lado del teléfono, descubro que está de copas. No parece muy preocupado.
Nuestra indignación va creciendo por minutos. Yo empiezo a perder los nervios. Una nueva brecha se ha abierto en el techo de la habitación de la primera planta. Ya no es una pequeña gotera, son dos grandes rajas por las que el agua cae como de una regadera, sin parar; la mitad del techo de la habitación se ha oscurecido por la humedad y amenaza.
Sábado, 00:15 horas, Javier se pone en contacto con migo para saber qué está pasando. Le explicamos la situación y nos dice que en unos minutos vendrán a verlo. No parece muy alterado, pero nosotras sí lo estamos. Cada vez llueve con más intensidad y el agua sigue penetrando por todos los rincones en la casa.
Sábado, 00:25 horas, Javier y su compañero llegan a la casa. El timbre sigue sin funcionar y además yo no soy capaz de abrir la puerta de acceso a la calle, menos mal que cuento con la inestimable ayuda de Teresa. Al abrir la puerta comprobamos que la calzada es un gran charco y que la intensa lluvia no permite distinguir nada a más de 10 metros. Recibimos a nuestros caseros en pijama, nerviosas, y un poco asustadas al comprobar que el agua sigue avanzando en la habitación y que ya cae con intensidad a través de la lámpara.

Con ellos descubrimos una nueva gotera en el salón. Deciden que nos van a desalojar de allí y que van a proporcionarnos un nuevo hospedaje, y nos dan a elegir entre dos apartamentos en el mismo edificio en la playa de la Patacona, o un apartamento de lujo en la Torre de Francia, frente al Parque de las Artes y las Ciencias de Valencia. Nos vamos vistiendo a toda prisa, temiendo que el agua haga un cortacircuito o que se hunda el techo del dormitorio. Mientras ellos se marchan a comprobar la disponibilidad de los apartamentos y a acondicionarlos para nuestro realojo, nosotras nos quedamos recogiendo nuestros enseres batiendo todos los récords, preparándonos para trasladarnos y decidiendo que la mejor opción son los apartamentos en la Patacona. Por cierto, mientras soportamos la tensa espera Isabel se hace con un par de rollos de papel higiénico que guarda entre su equipaje, y que en el futuro nos serán muy útiles,y Montaña y Teresa con un par de libros.
Recibimos una nueva llamada de Javier. Las carreteras están inundadas, no se puede acceder a la Patacona y nos van a instalar en un apartamento de la Torre de Francia. Nos mandan un par de taxis para que nos recojan y nos lleven al nuevo destino. Teresa empieza a decir que no es lo mismo y no va a parar fácilmente con la cantinela.
Sábado, 01:00 horas, Teresa, que se ha quedado escaleras abajo, en la puerta, avisa de que ha llegado el primer taxi. Decidimos que sean Pepi e Isabel las que salgan en primer lugar, mientras nosotras tres nos quedamos a la espera del siguiente vehículo. Comprobamos con cierto estupor que pese a la intensa lluvia el taxista no se baja del vehículo para abrir la puerta del maletero y que son Isabel y Pepi las que se han de hacer cargo de meter su equipaje en el maletero.
Sábado, 01:15 horas, llega el segundo taxi seguido de cerca por el coche de nuestros arrendatarios. Cortamos la luz y cerramos la puerta. Mi teléfono empieza a sonar con desesperación, pero no soy capaz de encontrarlo mientras guardo mi bolsa de viaje y me acomodo en el asiento delantero del taxi. El taxista nos pregunta la dirección, nos miramos sorprendidas y, como por arte de magia el coche de los chicos de Valencia Holiday se pone a nuestra altura y le pide al taxista que le siga. Mi móvil sigue sonando. Consigo encontrarlo: es Pepi, el taxista, que es bastante borde, no conoce la dirección a la que debe dirigirse y amenaza con hacerlas bajar del taxi y cobrarles la carrera. Le doy la dirección y les emplazo a vernos en el edificio de la Torre de Francia donde los chicos de la agencia se harán cargo de la carrera.
Sábado, 01:25 horas, las calles están inundadas; la calle de Juan Verdeguer y la calle de la Estación están cortadas, de manera que no podemos acceder a la Avenida de Francia por el camino ordinario; seguimos por el camino de las Moreras, pero a cierta altura también está cortado y no tenemos más remedio que adentrarnos en Nazaret, donde nuestros caseros se hallan perdidos y han de seguir al taxi. Callejeando por Nazaret, buscando calles accesibles terminamos dando un tremendo rodeo a Valencia, cruzando por el nuevo cauce del río hasta aparecer por fin en el puente de Monteolivete , desde donde vislumbramos el edificio, no en vano es el más alto de la ciudad. En ese momento nuestros arrendatarios nos adelantan a toda velocidad y se saltan los semáforos de dos cruces y una glorieta. Seguía lloviendo cuando por fin llegamos y descendimos del taxi, pero nuestra sorpresa fue ver que Isabel y Pepi aún no habían llegado.
Sábado, 01:55 horas, con los nervios de punta por la carrera alocada que hemos realizado y sin la aparición aún de Pepi e Isabel, nos recibe el portero del edificio. Llamo a Pepi y me confirma que están llegando. Javier sale a pagar al taxista y a recoger los enseres de mis amigas. Estamos todos fatigados, empapados y con unas pintas un poco extrañas, no hay más que mirar a la habitualmente elegante Isabel, vestida con un chandal naranja y zapatos de medio tacón o a Pepi cubierta con el chubasquero amarillo. El portero flipa tanto con nosotros que cuando nos ve dirigirnos al ascensor nos recuerda que no cabemos los 7 en un solo elevador.
Por fin hemos llegado a nuestro nuevo hogar. No hay toallas ni papel higiénico, y sigue lloviendo, aunque en la 8ª planta no corremos peligro. Enviamos a Javier y a su compañero a por toallas, papel higiénico y algo para beber que nos haga la noche un poco más relajada, mientras Teresa no para de decir que no es lo mismo y Montaña la secunda. Aún hay que hacer el reparto de habitaciones, deshacer el equipaje y poner la ropa mojada a secar.
Sábado, 02:20 horas, los chicos han aparecido con una botella de coca-cola, un paquete de papel higiénico y un par de toallas. Sigue lloviendo, nos quedamos charlando un rato mientras nos relajamos antes de irnos a dormir. Mañana será otro largo día, pero eso será otra historia.

lunes, abril 16, 2007

Escapadas : Valencia (3ª parte)

Ocio en Valencia y alrededores.
Bien, ya conocemos la ciudad y casi todo lo que ésta puede ofrecernos, pero si aún te quedan fuerzas y ganas de disfrutar de la noche, Valencia tiene mucho que ofrecerte.
Hubo un tiempo en que Valencia fue conocida por muchos jóvenes por la ruta del bacalao. Desde estas líneas revindico otras zonas de ocio nocturno (y también diurno) un poco menos “kañeras” pero de gran tradición y donde la diversión y el buen ambiente están garantizados.

La zona del barrio del Carmen: en pleno casco antiguo de la ciudad se encuentra el barrio del Carmen, actualmente finalizando su proceso de remodelación. Este es un barrio de lo más variopinto, de día conviven viejos comercios con tiendas a la última y donde encontrarás a los más bohemios, los más vanguardistas, los más alternativos, aunque también encontrarás tranquilas terrazas y acogedores cafés donde degustar un buen agua de Valencia. Los locales, en general son pequeños y de lo más variopinto en esta zona, en las que algunas de sus calles son peatonales.
Los alrededores de la Plaza de Cánovas siguen, después de más de un cuarto de siglo, concentrando a una población que busca un ambiente un poco más selecto. En horario infantil la zona se llena de jovencitos con ropa de marca, y por la noche el público se diferencia esencialmente por la edad, pero sigue contando con terrazas estupendas, y sus alrededores tienen restaurantes de todo tipo.
Entre Juan Llorens y Xúquer la marcha juvenil está garantizada de jueves a domingo, donde se reúnen sobre todo estudiantes universitarios.
En los alrededores del Mestalla, en las avenidas de Blasco Ibáñez y avenida de Aragón hay también numerosos pubs y locales de copas, últimamente muchos de ellos dedicados a los ritmos caribeños. El público que se concentra en esta zona suele ser también muy joven.
Y, por su puesto no podía dejarme la zona de los alrededores de la playa de la Malvarrosa. De día no hay nada como disfrutar de su playa, su paseo marítimo, y sus restaurantes tradicionales, donde pidas el arroz que pidas siempre vas a acertar. Por la tarde y por la noche descubrirás numerosos locales dedicados al ocio, algunos con terrazas, otros con actuaciones en directo y todos para un público diverso y de cualquier edad. Además, en verano, algunos de estos locales tienen discoteca en el jardín, lo que aún anima más a visitarlos.
Como ya he dicho antes, lo de la ruta del bacalao está prácticamente agotado, aunque siguen existiendo algunas de aquellas míticas discotecas entre Pinedo y el Perelló. Si ese tipo de ambiente no es el tuyo, pero buscas discotecas, aún puedes encontrar alguna en los alrededores de Viveros, en Blasco Ibáñez y en Primado Reig.
Si la noche no es lo tuyo, o vas con niños, no puedes dejar de tomar una buena horchata natural con fartons, y para eso nada mejor que acudir a Alboraya, cuna de esta refrescante bebida y donde además podrás degustar helados artesanales. Si lo que prefieres es una bebida caliente para reponer fuerzas, las chocolaterías de Santa Catalina son lo que vas buscando. Por cierto, si la bollería y el dulce es lo tuyo, cualquiera de los hornos y pastelerías valencianas te sorprenderá por su inmensa oferta, tanto en dulce como en salado: déjate llevar, no vas a arrepentirte.
Por su puesto, no puedes estar en Valencia sin degustar alguno de sus maravillosos arroces, porque no sólo de paella vive el valenciano; el arroz a banda, el arroz negro, el arroz al horno, el arroz con fesols y naps, la fideuá... son maravillosas alternativas a la tradicional paella (mixta, de verduras, de marisco, con bogavante...). Si quieres disfrutar de la auténtica cocina valenciana y de un lugar único, me recomendación es que acudas a El Palmar, el pequeño pueblo de la Albufera, donde reconocerás los escenarios que Blasco Ibáñez narró en algunas de sus novelas, además de poder contemplar auténticas barracas valencianas. El pueblo, a sólo 11 kilómetros de Valencia, tiene una gran oferta de restaurantes y en la carta de todos ellos encontrarás además de arroces otro plato muy típico, el all i pebre, un plato tradicional a base de anguila local, ajo y guindilla. También es posible degustar algún plato a base de pato, pero, si lo que quieres es disfrutar de sabor autentico pero con menos calorías, atrévete con una parrillada de verduras o con una ensalada de la huerta valenciana.
Si has llegado hasta El Palmar, no te puedes marchar sin disfrutar de la albufera; para ello nada mejor que un paseo en barca por los alrededores de este lago, y si puedes hacerlo al atardecer, aún mejor.
Entre el Parque Natural de la Albufera y el mar se encuentra la Dehesa del Saler, formada por una extensa pinada y un mar de antiguas dunas, y una playa no urbanizada de aguas claras y arena fina En este entorno se encuentra el centro de interpretación Racó de l`Olla, que ayuda a conocer este parque; también se puede disfrutar de los senderos que conducen a la pinada o al antiguo lago de Pujol, o de paseos entre dunas, y, si eres un amante del golf, de unos cuantos hoyos en un campo entre el mar y el parque natural.
Es posible que me haya dejado algo en el tintero... pero eso es mejor que lo descubras in situ. ¿A qué esperas?

Escapadas: Valencia (2ª parte)

El Jardín del Turia y sus puentes
Ahora que ya conocemos los principales monumentos de la ciudad estamos preparados para conocer el Turia, con sus puentes, sus jardines, sus lugares de ocio y sus completas instalaciones deportivas. Podemos comenzar la visita por el Parque de Cabecera, ubicado en el lecho histórico del río Turia, prolonga el gran cinturón verde del antiguo cauce y se presenta como nexo con el cauce nuevo; 35 hectáreas recrean el paisaje original del Turia, dando protagonismo al agua, que con su discurrir nos va presentando la vegetación, la topografía, los recorridos y los diferentes equipamientos del parque. Actualmente cuenta con diversas instalaciones, como un auditorio o un embarcadero, y en el futuro está previsto que se instale en él el nuevo zoo de Valencia y un parque de atracciones.
Desde este parque, y ya en el cauce antiguo del río, el primer puente que nos encontramos es el Puente del 9 de Octubre, obra de Santiago Calatrava. Es una estructura de acero desde la que puede contemplarse una interesante perspectiva del cauce. Le siguen el Puente de Campanar y el Puente de Ademuz, construcciones ambas del siglo XX que unen los nuevos barrios de la ciudad. Bajo el tramo comprendido entre estos 3 puentes se encuentran un campo de fútbol, dos pistas polideportivas y una completísima pista de atletismo, así como un circuito para la práctica del bicicross, mesas para el tenis de mesa, senderos para la práctica del footing o del ciclismo y diversas zonas de juegos infantiles. Bajo el puente de Ademuz hay un gran estanque circular recorrido por caminos irregulares, donde tres grandes chorros de agua se distinguen desde lejos, recortados entre palmeras.
A continuación, entre frondosa vegetación, nos encontraremos con uno de los puentes más modernos de la ciudad, el Puente de las Artes, llamado así por estar situado junto al IVAM y el Centro Cultural de la Beneficencia. Entre este puente y el de San José se halla un campo de rugby, y por su puesto, varias zonas de juegos para los más pequeños. El Puente de San José es uno de los puentes antiguos de la ciudad y el que mejor resistió los embates del agua en la riada de 1957. Su reconstrucción en piedra data del siglo XVII. En la actualidad se puede admirar una imagen de San José con el niño. Desde este puente y hasta el siguiente encontraremos entre los jardines un campo de béisbol, 5 campos de fútbol y una pista de patinaje.
El siguiente puente es el de Serranos; su nombre, así como el de las Torres, se debe a los serranos que acompañaron a Jaime I en la conquista de la ciudad. Es el puente más antiguo, aunque su aspecto actual data “sólo” del siglo XVI. Está formado por nueve arcos y tiene una rampa de piedra desde la que se accede al cauce.
El puente de la Trinidad, sobre el que podemos ver el Convento de la Trinidad, del que toma su nombre, y el Museo San Carlos, es el de más antigua factura, ya que se construyó hacia el siglo XIV. Tiene diez arcos y se adorna con las figuras de San Luís Beltrán y Santo Tomás de Villanueva. Le sigue el Puente del Real; en sus inicios se trataba de un puente de madera que daba servicio al convento de Santo Domingo, pero su realización en piedra se fecha a finales del siglo XVI, aunque fue ampliado a mediados del siglo XX. En este tramo del parque se encuentra un campo de fútbol de hierba artificial que es utilizado en ocasiones por los jugadores del Levante para sus entrenamientos. En esta zona del río se ubicaban con anterioridad las instalaciones de los Viveros Forestales Municipales, por lo que la vegetación sigue siendo abundante y frondosa.
El Puente de la Exposición, conocido popularmente como “La Peineta” es obra de Santiago Calatrava, y se ha convertido en uno de los nuevos símbolos de la ciudad. Muy cerca de éste encontramos el Puente de las Flores, que se construyó ya en el siglo XXI. Tiene una anchura de 24 metros, de los cuales la mitad se dedican a zona peatonal y a jardín de flores, centenares de flores que se cambian periódicamente dando a este puente un aspecto colorista y diferente en cada ocasión. El siguiente puente que nos encontramos es el Puente del Mar, un puente peatonal que se empezó a edificar a finales del XVI. Está adornado en la zona central con dos casalicios triangulares que albergan las figuras de la Virgen y San Pascual. Bajo sus arcos hoy se encuentra una pequeña laguna de forma circular que invita a la relajación con su contemplación.
El Puente de Aragón debe su nombre a la antigua estación de ferrocarril de Aragón, hoy desaparecida. Se construyó a principios del siglo XX, y prolonga la clásica y burguesa Gran Vía Marqués del Turia hacia el puerto, convirtiendo el bulevar de la primera en un seto central. En este tramo del cauce, diseñado por Ricardo Bofill, sobre el que se encuentra el Palau de la Música, se halla una fuente en forma de estanque de la que surgen varios chorros, así como jardines de ordenación simétrica y pórticos columnados, lo que dota a todo el conjunto de gran belleza y elegancia. Muy cerca de éste se encuentra el Puente del Ángel Custodio, construido también en la primera mitad del pasado siglo; actualmente se adorna con farolas de hierro fundido de marcado estilo parisino del siglo XIX, lo que dota al puente de una gran elegancia. Y a continuación encontraremos el Puente del Reino, inaugurado en 1999, es obra de Rafael Monleón, y combina a la perfección el arte tradicional con el art decó. De este puente destacan los guardianes del puente, cuatro figuras con alas y cabeza de felino que representan al ángel caído, y 126 gárgolas con cabeza de águila. El tramo entre este puente y el de Monteolivete se conoce como el Gulliver; se trata de una original zona de juegos en la que encontramos una gigantesca representación del personaje creado por Jonathan Swift, tendido y atado al suelo. Sus brazos y piernas son enormes toboganes, su pelo y los pliegues de su ropa son también atracciones lúdicas para niños y para no tan niños.
Además la zona se complementa con otras instalaciones como un mini golf, un tablero de ajedrez gigante, pistas de monopatín, patinaje y petanca.
El puente de Monteolivete, realizado en el siglo XX, es tal vez el más sencillo de los puentes, quizás para no robar ni un ápice de protagonismo al entorno ya que nos hallamos en la Ciudad de las Artes y las Ciencias. El recorrido finaliza en el Puente de Astilleros o de Nazaret, construido en el primer tercio del siglo XX en hormigón armado y piedra artificial con barandas de hierro fundido.
Desde aquí, sólo nos queda dirigirnos a la playa o al puerto, o volver nuestros pasos hacia atrás y descansar a la sombra de cualquier árbol o tomar el sol mientras reposamos en alguna de las numerosas praderas.

Otros parques y jardines históricos:
El jardín botánico: es uno de los más antiguos de la ciudad. En él se conservan interesantes y completas colecciones vegetales procedentes de todo el mundo.
Jardines de Monforte: Es un jardín de estilo neoclásico de mediados del siglo XIX y cuenta con varias estatuas de mármol de la mitología clásica.
Jardines del Real: conocidos popularmente como Jardines de Viveros, este bello lugar posee numerosos paseos, amplia zona ajardinada, rosaledas, palmeras, pinares, un pequeño zoo, y algunas fuentes de gran belleza. Cuenta, además, con una gran explanada en la que se celebran conciertos.