UN LUGAR PARA SOÑAR

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puesta de sol en la Alhambra
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sábado, septiembre 08, 2007

La vida Bárbara

Cap. 8 Sofía
Con la llegada del mes de Junio, Sofía empezó a notar algunos cambios en el comportamiento y las actitudes de Bárbara. En las últimas semanas parecía menos abatida, un poco más alegre, más optimista, menos resentida con el mundo y con los que le rodeaban, algo más resuelta y animosa. Eran cambios apenas perceptibles para la mayoría, pero a Sofía aquellos pequeños detalles le recordaban a la joven Bárbara que un día, hacía ya más de seis años, había entrado al estudio con su curriculum bajo el brazo ante el reclamo de un puesto de trabajo.
Desde el primer momento la simpatía de Sofía por su pupila fue notoria, y llegaron a estrechar los lazos de tal manera que la relación que existía entre ambas mujeres iba más allá de lo profesional, se podría decir que Bárbara sentía algo más que admiración por su superiora, a la que intentaba imitar en todos los aspectos, mientras que Sofía llegó a desarrollar un profundo cariño por la muchacha, a la que quería casi como a la hija que nunca tuvo, tanto que hizo lo imposible por llegar a convertirla en parte de su familia.
Durante las fechas posteriores a la muerte de Alberto, Sofía no podía dejar de evocar imágenes de un pasado común en la que la protagonista era Bárbara. Recordaba su bello rostro rebosante de inocencia el día que la entrevistó para el trabajo. Le impresionaron desde el primer momento sus delicados modales y su exquisita educación, la mirada franca y directa, la manera en que se sentó, cruzando las piernas elegantemente hacia la derecha a la altura de los tobillos, su tono de voz suave al tiempo que firme y el entusiasmo con el que le enseñó y explicó algunos de los bocetos que portaba.
A veces, a su memoria llegaban imágenes de los primeros tiempos de relación laboral, cuando Bárbara parecía iluminar con su sola presencia cada rincón, cuando se ruborizaba cada vez que se elogiaba su trabajo o alguna de sus ideas, cuando cada mañana, por muy pronto que Sofía llegara, se la encontraba esperando ante los cierres de la tienda con la mejor de sus sonrisas. Añoraba aquella sensación de frescura, de aire nuevo que durante aquellos días inundó el negocio. En ocasiones, cuando cerraba los ojos volvía a vivir las largas conversaciones ante una taza de café poco antes de marchar a casa, aquellas charlas que cada vez eran más extensas e íntimas y en la que las dos se fueron abriendo lentamente. Sofía escuchaba con avidez los problemas que Bárbara tenía en la relación con sus padres y sus hermanos mayores, su desengaño amoroso y como éste había incidido en las ya de por sí malas relaciones familiares, los pequeños cotilleos, las relaciones con sus amigos, sus planes de futuro, a la vez que se permitía el darle consejos que la muchacha rápidamente ponía en práctica. A cambio, ella encontró una persona a la que poder contar sus problemas diarios, su complicada vida como empresaria, trabajadora, esposa, madre y ante todo mujer en un mundo de y para hombres. En Bárbara halló a alguien que no era sólo su confidente, demostraba ser ante todo una amiga y alguien que la admiraba, un ser al que podía aconsejar e incluso moldear. Cuando Sofía recordaba aquellos momentos sonreía… ¡Qué lejos habían quedado ahora! Sabía que aquella complicidad entre ambas mujeres no podría repetirse ya, no tenía esperanzas de que Bárbara le abriese su corazón para contarle lo que le estaba sucediendo y sabía muy bien el por qué.
Sofía había sido una mujer dedicada por entero a la familia y sobre todo a su trabajo. A lo largo de su vida había conocido a muchas personas, su carácter dicharachero y extrovertido le había procurado una extensísima agenda de conocidos, pero apenas tenía amigos. Con el paso de los años, al ir creciendo los hijos, se fue volcando cada vez más en su empresa, al tiempo que se aislaba de todo lo que no tuviera que ver con su particular universo. Con gran esfuerzo había conseguido sacar adelante sola un viejo negocio de antigüedades heredado, había logrado convertirlo en un exitoso estudio de decoración y tienda de muebles, referente de la nueva clase dirigente madrileña. De pronto, un día se dio cuenta de que estaba muy sola, ni su marido ni sus hijos conseguían ya llenar ese vacío que se había instalado en su alma, y tampoco tenía fuerzas ni ganas para reconquistar aquella parcela de su vida. Su negocio había crecido espectacularmente en detrimento de su vida personal , y fue entonces cuando decidió contratar a alguien que le ayudase en el trabajo, alguien en que poder delegar ciertas tareas con la esperanza de así encontrar un tiempo para recuperar su vida familiar. Ese alguien fue Bárbara.
Durante meses Sofía fue abriendo un hueco en su frío corazón de mujer luchadora e independiente, la tímida e insegura Bárbara había conseguido despertar en Sofía sentimientos que creía dormidos y que ni sus propios hijos le habían sabido provocar. Necesitaba su presencia, su cariño, y sobre todo esa adoración y admiración que Bárbara le transmitía en todo lo que hacía, decía y expresaba. Se había acostumbrado a la muchacha, le resultaba ya indispensable en su vida y no estaba dispuesta ni si quiera a pensar en perderla
Alrededor de la joven fue tejiendo una tela de araña en la que implicó al mediano de sus hijos, Alberto, un hombre frío, poco afectivo, pero siempre deseoso de complacer a su madre. No fue difícil organizar un encuentro casual entre ellos, deseosos como estaban ambos de conocerse tras haber oído las exageradas virtudes y méritos de uno y otro en boca de Sofía. Aquellos encuentros, siempre auspiciados por la misma persona, comenzaron a ser cada vez más frecuentes, y pronto una pequeña chispa prendió entre ambos. Sofía se llevó una gran alegría al comprobar que su estrategia había funcionado, ahora sólo tenía que avivar aquel pequeño fuego, y para ello no dudó en invitar a Nuria a pasar las vacaciones con ellos en su chalet en la costa, le fue introduciendo poco a poco en su círculo de amistades y familiares, le otorgó una pequeña participación en su empresa, y con el tiempo convenció a la pareja de la conveniencia de adquirir una propiedad conjunta en una urbanización a las afueras de Madrid, relativamente cercana a su residencia, e incluso, con astucia maquiavélica, consiguió que un desmotivado Alberto se declarase. Para aquel entonces Sofía ya sabía que Bárbara estaba suficientemente implicada en la familia y deslumbrada ante la posición y las comodidades que la vida junto a Alberto le ofrecían como para negarse a aquella proposición. En aquellos tiempos únicamente hubo un detalle que no satisfizo plenamente a Sofía: la fecha del enlace se pospuso hasta que las obras de la vivienda estuviesen completamente terminadas, casi dos años.
Sofía recordaba ahora como en aquel tiempo la actitud de Bárbara fue cambiando. Su entusiasmo ante todo fue descendiendo, ya no se sorprendía con cualquier detalle, se volvió más retraída, más fría, más interesada, menos comunicativa. Había logrado ganar una hija, pero a cambio estaba perdiendo su amistad.
A medida que la fecha de la boda se iba acercando, la relación entre ambas mujeres iba enfriándose. Aparentemente, nada había cambiado, Sofía le ayudó en la elección del traje, la confección del menú, la lista de invitados y todos los pequeños detalles que rodeaban al gran evento, sin embargo, los silencios cada vez eran mayores y los ojos de Bárbara no transmitían la ilusión esperada. Sofía sabía que Bárbara se encontraba atrapada en una red que no le hacía feliz, y que esa situación estaba distanciándolas irremisiblemente. Se sentía culpable, conocía bien a Bárbara, no sería capaz de renunciar a la complaciente vida que Alberto le ofrecía ni enfrentarse a la mujer que casi todo se lo había proporcionado.
Por eso, ahora que todo había acabado, Sofía, en su fuero interno, no podía dejar de alegrarse al ver los cambios que Bárbara estaba experimentando. Sabía que lo que estaba sintiendo era una aberración, pero no podía dejar de alegrarse ante la perspectiva de volver a recuperar a la Bárbara a la que siempre había querido, aunque para ello hubiera tenido que perder a su hijo. Confiaba en que todo volviera a ser como antes, esperaba que la joven nunca fuera consciente de que ella había sido la promotora de su estrangulamiento emocional, suspiraba porque volviera a acercarse nuevamente a ella, pero no sabía como hacerlo.

martes, agosto 14, 2007

La vida Bárbara

Cap. 7 De Fiesta ( Versión extraída directamente del diario personal de Bárbara )

Puede decirse que el cumpleaños de Laura, como fiesta, fue todo un éxito. Acudieron a la cita más de una treintena de amigos, compañeros de trabajo y conocidos de la homenajeada, todos portando algún regalo para la anfitriona y la mayoría añadiendo algún licor con alto contenido etílico a la ya de por sí amplia bodega. He de reconocer que la selección musical escogida por Nacho fue del agrado de la mayoría, incluyéndome yo misma entre los adeptos, y que todo el mundo bailó al compás de las melodías seleccionadas. Las ensaladas, canapés y demás viandas preparados por nosotras debieron ser también del gusto de todos los presentes, porque desaparecieron con gran rapidez de las bandejas. El buen ambiente, la diversión y la juerga se prolongaron hasta muy altas horas de la madrugada, cuando el cansancio y el exceso de alcohol hicieron estragos entre nosotros. Pese a todo, hubo quien decidió continuar la juerga por separado en alguno de los locales nocturnos - o más apropiado sería decir diurnos - situados entre la urbanización donde nuestra amiga tenía su chalet y Madrid.
Sería acertado decir que la mayoría de los asistentes se marcharon de la fiesta con un buen sabor de boca, aunque no en el sentido literal, claro.
Sin embargo, yo he de decir que en lo que se refiere a mis planes, la fiesta no cumplió todas las expectativas que yo deseaba.
Es cierto que un considerable número de los invitados eran del sexo masculino, pero hay que tener en cuenta que algunos de ellos se presentaron con sus parejas, lo que los hacía totalmente descartables para mis intenciones. Eliminados los “comprometidos” quedaron un grupo de solteros entre los que encontré a los especimenes más variopintos.
El primero en acercárseme fue un viejo conocido, José Hidalgo. Un grupo de viejas amigas estábamos charlando animadamente sobre algo intranscendental, cuando mi antiguo compañero de Facultad se aproximó para piropearme efusivamente y pedir mi opinión a cerca del original retrato que había regalado a mi amiga Laura. Decidí ser educada y mentí, y tanto pareció complacerle mi respuesta que me invitó a acudir a su estudio para poder realizarme un retrato, a ser posible un desnudo. Tardé mucho tiempo en conseguir quitármelo de encima, tuve que recurrir con miradas de auxilio a la ayuda de mis amigas, pero en toda la noche ya no cesé de notar como su mirada me desnudaba y me colocaba en las más incómodas y extrañas poses.
Con el ánimo todavía muy alto pese a mi paréntesis con Pepito Hidalgo, decidí que era yo quien debía dar el primer paso para acercarme a alguno de los candidatos. El elegido fue un chico que me había impactado desde el primer momento. Tenía un aire un poco ausente, parecía no cuadrar del todo bien en la fiesta, pero resultaba extrañamente atractivo pese a su larga y lacia melena de color pajizo y las gafas redondas, algo pasadas de moda, pero que le daban un aire a medio camino entre intelectual y místico. Aproveché un cambio de música para acercarme a él y hacerle algún comentario nimio sobre la comida. Noté en seguida que pareció sentirse halagado de que alguien como yo hubiera reparado en él, y rápidamente comenzamos a mantener una conversación. Al principio hablamos sobre generalidades, pero muy pronto comencé a aburrirme mientras él me soltaba un tedioso discurso sobre los compromisos sociales, las diferencias de clases y el tercer mundo, un tema por el que yo nunca sentí una especial preocupación y que me parecía totalmente inadecuado para una fiesta. El muchacho al que yo creí un compañero de trabajo de Laura resultaba ser uno de los amigos de Nacho, con una concepción de la vida bastante parecida a la de él, tan diferente de la mía. Creo que ya empezaba a bostezar cuando Laura apareció como un salvavidas con la excusa de presentarme a alguno de sus compañeros de trabajo.
Mi buena amiga se me llevó hacia un pequeño corrillo, estratégicamente situados junto a las bebidas estaban los que resultaron ser sus compañeros de trabajo. Me los fue presentando uno a uno, e hizo especial hincapié en un tal Alfredo, con el que según ella tendría mucho puntos en común ya que las familias de ambos procedían de Santander. He de reconocer que a primera vista Alfredo me gustó. Destacaba un poco entre la multitud, porque era el único que había acudido vistiendo traje y corbata, pero resultaba elegante, con su pelo engominado y oliendo divinamente. Estuvimos hablando un largo rato, y nos intercambiamos los teléfonos, pero de pronto, desapareció de la fiesta, eso sí, él solo, y volví a quedarme como estaba, compuesta y sin novio. El resto de los compañeros de Alicia habían acudido con sus respectivas parejas, algunas de las cuales trabajaban también en la misma empresa, salvo un chico al que todos llamaban “Pi”. El tal “Pi” era el típico gracioso, y verdaderamente, no tenía el menor interés en conocerle en profundidad.
Cuando Alfredo desapareció de la fiesta me quedé un tanto desconcertada, así que para recobrar el ánimo me dirigí al grupo formado por mis viejos amigos. La mayoría están ya casados o a punto de hacerlo, pero pasamos un buen rato recordando viejos tiempos y bailando la música de nuestra adolescencia y juventud, la música de los años `80, que con tanta maestría estaba pinchando Nacho. Estábamos dejándonos llevar por sonidos de grupos ya desaparecidos cuando hizo su entrada al garaje un hombre incapaz de pasar desapercibido en cualquier ambiente. Era un hombre excesivamente alto y corpulento, aunque no era grueso ni estaba deforme. Sus manos, en las que portaba un paquete deliciosamente envuelto eran las más grandes que yo nunca había visto, y su cara se unía al tronco sin dejar distinguir claramente el cuello. Sin embargo, su cara expresaba bondad, tal vez por sus mejillas excesivamente coloradas y la ausencia de toda sombra de barba.
Entró portando el primoroso paquete y una amplia sonrisa y saludó a todos con una voz profunda y grave, una voz que retumbaba. Se dirigió sin vacilar hacia Laura, y le abrazó al tiempo que la elevaba un par de palmos del suelo. Casi todos los presentes nos quedamos petrificados, pensando en que le iba a hacer daño, y de pronto, le estampó un par de ruidosos besos a los que Laura respondió de igual manera. Aquel gigante se echó a reír estrepitosamente, de tal manera que se podían escuchar sus carcajadas desde puntos bastante alejados.
Tras su particular entrada, la fiesta recobró su tono habitual, aunque su voz sonaba por encima de todas las demás. Yo no podía quitarle ojo, me sentía extrañamente hipnotizada por aquel ser descomunal, que sin embargo se movía con bastante gracia en la pista y que parecía conocer a todo el mundo.
Lo reconozco, estaba intrigada. Laura me sacó de dudas. Alejadas de oídos indiscretos en el cuarto de baño de la primera planta de la casa, me explicó, a grandes rasgos, que Pedro, pues ese era el nombre del gigantón, era uno de sus amigos de la infancia, vecino de la urbanización, y resultaba ser además uno de los socios de la compañía para la que mi amiga trabajaba como informática. Pedro, al parecer, era un buen partido, pues además de tener una participación en esta sociedad, era propietario de otras dos empresas y tenía una pequeña ganadería que le rentaba unos buenos beneficios. Y, lo más importante, estaba soltero. Con estos antecedentes, es lógico que insistiese en ser presentada a él, y aunque Laura rezongueó un poco, terminó por acceder a mis deseos, para lo cual, y aprovechando mi estancia en los lavabos me retoqué un poco.
Cuando nuestra común amiga nos presentó alabó todas mis virtudes ante él, haciendo especial mención a mi buen gusto tanto en lo referido a la decoración como al arte. A Pedro esto pareció interesarle, pues no en vano, una de sus empresas se dedicaba a la fabricación y venta de muebles. Estuvimos hablando unos minutos del tema, me pidió mi teléfono y la dirección exacta del estudio de decoración, pero no conseguí retenerle más de diez minutos seguidos, pues parecía ser una persona muy sociable y todos querían contar con su presencia.
En el fondo, me molestó, y tampoco sé muy bien por qué. Realmente no me gustaba, más bien al contrario, su físico llamaba la atención pero no resultaba atractivo, pero, por otra parte me disgustaba su indiferencia hacia mí. ¿Cómo un hombre como aquel podía ser insensible hacia los encantos de una mujer como yo? Además, estaba claro que entre todos los asistentes a la fiesta, este era el que más convenía a mis planes, y por tanto, a mí.
Un poco desilusionada me refugié en un vaso de ron con cola. No fue suficiente, aquel cubata no había conseguido alegrarme, así que lo intenté con un segundo. Hubiera seguido hasta acabar con la botella de no ser por Alicia, que me invitó a unirme de nuevo al grupo de rompepistas.
Las horas iban pasando sin darnos cuenta. Poco a poco la gente fue abandonando el lugar, y cada vez el intercambio de besos y despedidas resultaba un poco más corto. Llegó un momento en que el número de invitados se había reducido a algo menos de la mitad, la fiesta estaba decayendo. Un pequeño grupo aprovechamos para descansar y hablar en un tono más relajado sentados sobre los viejos cojines. La voz de Pedro resonó desde la otra esquina del garaje invitando a tomar una última copa en un lugar diferente, a lo que unos cuantos se apuntaron, y Alicia aprovechó el momento para insinuarse y conquistar al tal “Pi”, objetivo que cumplió sin excesivo esfuerzo. El cansancio, el exceso de alcohol y el sueño terminaron por vencernos, y de ese modo, la fiesta concluyó.
A la mañana siguiente, cuando desperté resacosa descubrí que Alicia no había dormido en la habitación, y que contábamos con una persona más para que nos ayudase a recoger los restos de la fiesta. Al parecer, la única persona que había dormido sola era yo.

sábado, agosto 11, 2007

La vida Bárbara

Cap. 6. Preparando una fiesta
La primera en despertarse fue Bárbara, pero al encontrarse en casa ajena no se atrevió a levantarse. Pasadas las doce del medio día oyó ruido en la cocina y decidió salir de la habitación. Pero, para su sorpresa, no se encontró con la anfitriona, si no con el eterno novio de ésta, Nacho. Se saludaron con frialdad. Nacho le indicó donde podría encontrar lo necesario para prepararse un desayuno y mientras, siguió ordenando las provisiones que había traído del cercano pueblo de cara a la fiesta.
Bárbara estaba sirviéndose una taza de café con leche cuando hizo su aparición en la cocina Laura. Al encontrar en ésta a su novio no pudo disimular su sorpresa ni su alegría, y le dedicó una efusiva bienvenida, tanto que pareció ignorar la presencia de su invitada.
Poco después y con aspecto de gran somnolencia hizo su entrada en la cocina Alicia. Los cuatro juntos se sentaron alrededor de la mesa de la cocina para degustar humeantes tazas de café y tostadas con mermelada, mientras hablaban de los viejos tiempos y de la fiesta que se preparaba.
La presencia de Nacho parecía incomodar bastante a la otrora dicharachera Bárbara. No eran pocas las desavenencias que habían tenido a lo largo de los años. Nacho había acusado en numerosas ocasiones a Bárbara de egocéntrica, malcriada, caprichosa, materialista, superficial, prepotente y engreída, entre otras lindezas. Por contra, ésta le acusaba de ser una persona excesivamente egoísta, inmadura, inestable, soñadora, sin ambiciones ni aspiraciones, fantasiosa, atolondrada, imprudente e irreflexiva, un tarambana oportunista. Sinceramente, la química entre ellos no funcionaba.
Una vez que hubieron terminado de desayunar empezaron con los preparativos de la fiesta. Por común acuerdo habían decidido celebrarla en el sótano, que hacía las veces de garaje y de trastero. El acondicionar el local les llevó varias horas de intenso trabajo, pero una vez que hubieron terminado la tarea comprobaron que el resultado había merecido la pena. Después improvisaron mesas con dos viejas puertas, borriquetas de madera y manteles de papel, colocaron los cojines de un desvencijado sofá en una de las esquinas creando una relajante zona de descanso y cubrieron buena parte del techo con globos de colores. Mientras las chicas se encargaban en la parte superior de preparar aperitivos y ensaladas, Nacho se quedó en el sótano instalando el equipo de música y seleccionado los discos que amenizarían la fiesta.
Prácticamente estaba todo preparado y todavía quedaban varias horas para que llegaran los primeros invitados. Laura y Nacho prefirieron echarse una plácida siesta mientras que Bárbara y Alicia descansaban viendo la televisión en el salón, pero pronto acabó venciéndoles el cansancio y las dos acabaron dormitando en el sofá con el eco de las voces de una vieja película como fondo.
Cuando se despertaron Laura y Nacho ya estaban apropiadamente vestidos y habían comenzado a bajar las botellas y la vajilla de plástico. El tiempo se les estaba echando encima, y ellas empezaron también a arreglarse.
Bajo el chorro de la ducha Bárbara decidió aparcar momentáneamente las diferencias con Nacho para concentrarse en disfrutar de la fiesta y de los amigos. La hora de la verdad estaba llegando, era el momento de enterrar a la deprimida y resentida Bárbara y hacer emerger de nuevo a la joven con ganas de diversión. El cumpleaños de Laura era la excusa idónea para volver a relacionarse con gente de su edad, y tal vez, ¿por qué no? de poner nuevamente en funcionamiento sus armas de seducción.

lunes, julio 30, 2007

La vida Bárbara

Cap. 5 Recordando viejos tiempos.

La semana pasó muy rápida para Bárbara, el viernes llegó y con él el mes de Junio. Las temperaturas habían subido considerablemente y la proximidad del verano podía respirarse ya en Madrid. Ante la perspectiva de las vacaciones, el trabajo en el estudio había descendido notablemente, por lo que no hubo ningún problema para que pudiese tomarse la tarde libre. Después de comer algo en un restaurante de comida rápida se encaminó dando un paseo hacia unos grandes almacenes para comprar un regalo para Laura. Estuvo dudando durante bastante tiempo, curioseando en una sección y en otra. Finalmente se decidió por el último libro de Cohelo, autor que sabía del agrado de la homenajeada. Aprovechó también para realizar unas compras de última hora en el supermercado, y no pudo evitar la tentación de adquirir un perfume para sí misma.
Regresó a su vivienda con el tiempo justo de darse una buena ducha, cambiarse de ropa y meter lo imprescindible en el bolso de viaje. Laura, al saber que Bárbara acudiría a su fiesta de cumpleaños, les había invitado a pasar todo el fin de semana. Las tres eran amigas desde los tiempos del colegio, y aunque en los últimos años el contacto había sido limitado, nunca habían perdido la buena relación de camaradería que siempre había existido.
A las siete y media, con puntualidad casi británica, Alicia pasó a recoger a Bárbara. Cargaron el bolso en el maletero y se encaminaron, plano en mano, hacia el chalet de Alicia. Cuando llegaron a la N-II el atasco era de grandes proporciones, al coincidir el viernes con el comienzo del mes y un tiempo espléndido. La noche prácticamente se les había echado encima cuando llegaron a la urbanización que Laura les había indicado. Les costó mucho dar con el chalet en cuestión, pero por fin lo hallaron. Una expectante Laura les estaba esperando en la puerta. Cuando se bajaron del vehículo las tres se fundieron en un gran abrazo.
Volvían a ser las tres niñas de siempre, sólo que con bastantes años más.
Una vez instaladas comenzaron a hablar. Las tres tenían muchas preguntas, muchas cosas que contarse para ponerse al día.
En un determinado momento la conversación se volvió algo más nostálgica y se descubrieron hablando de una niñez común.
_ "¿Recordáis? - dijo Laura - Cuando éramos niñas nos imaginábamos que a esta edad seríamos las tres amas de casa, viviríamos en la misma urbanización, estaríamos casadas, nuestros maridos trabajarían juntos y tendríamos cada una un par de hijos.”
_” Sí, y aquí estamos, a punto de cumplir la treintena, las tres solteras y viviendo cada una en una punta.” - respondió Bárbara.
_” Nuestra idea de futuro en aquel entonces era realmente patética.” añadió Alicia.
_ “¿Patética?, ¿por qué patética? - inquirió Bárbara - A mí me encantaría estar casada, tener un hogar, un par de hijos,…”
_” Vamos, ser la clásica ama de casa de clase media española ,- le contestó Alicia - que abandona su carrera profesional, su trabajo y su vida en aras de la familia. Eso estaba muy bien hace veinte años, pero ahora..."
_ “¿Pero ahora qué?, ¿ qué tiene eso de malo?” - preguntó Bárbara.
_ “ A lo que me estaba refiriendo es a lo diferente que se ve la vida según pasan los años - medió Laura - Cuando éramos pequeñas, el modelo a imitar eran nuestras madres, soñábamos con llevar una vida como la suya mientras jugábamos a las casitas. No existían las complicaciones, todo era idílico. Y según vas creciendo, vas cambiando tus ilusiones. En la adolescencia sueñas con romances exóticos, descubres el primer amor y el primer desengaño; durante la época universitaria pretendes cambiar el mundo, hacerlo más humano , nadie te comprende y te llaman idealista… y de pronto, un día te levantas, descubres que ya eres adulto, que estás llevando una vida totalmente convencional, que ni tu trabajo ni lo que te rodea te llena y que no se parece nada a lo que un día soñaste.”
Durante unos segundos se hizo el silencio, la conversación había tomado ahora un tono mucho más serio.
_ “ Laura, ¿te encuentras bien? - preguntó Alicia - ¿Qué es lo que realmente has querido decir?”
_ “ No sé, tal vez sea un pequeño bache emocional ante la perspectiva de entrar en la treintena, pero siento que mi vida no está bien, que no he cumplido ninguno de mis sueños, que voy por una larga carretera que no sé hacía dónde conduce sin poder apearme en ninguno de los caminos atractivos que pasan ante mí, sin que yo lo pueda controlar y que lo único que hago es vivir, vivir sin dejar apenas huecos para disfrutar. En sueños voy caminando por un largo pasillo, a izquierda y derechas hay puertas que se van cerrando a mi paso sin dejarme descubrir que hay tras ellas, y yo sigo avanzando, avanzando sin saber hasta donde voy a llegar, y las puertas siguen cerrándose a mi paso, y el pasillo parece no tener fin”
_ “Yo te entiendo, de verdad. A mí me pasa algo parecido. Mi sueño es casarme, formar un hogar, tener hijos… y el destino me lo quiere impedir, cuando estoy a punto de lograrlo, me dejan plantada en el altar, delante de todos los invitados.. Paso una vergüenza tremenda.”
Alicia la interrumpió en seco con un áspero gesto que indicaba una total desaprobación. Laura siguió hablando.
_” Tengo prácticamente treinta años y no he viajado a todos los lugares que me hubiera gustado ver, no he conocido las culturas que más me atraían, no he leído todos los libros que hubiera deseado leer, no he aprendido a tocar ningún instrumento, no hablo apenas idiomas, no he hecho nada de provecho para la sociedad, no he escrito ningún libro, no tengo un hijo al que educar y enseñar… Lo único que sé hacer es trabajar un montón de horas, cuidar de mis padres y sentarme ante el televisor. A veces pienso en dejarlo todo, salir corriendo y dedicarme a la aventura, o a la vida contemplativa, o a una vida más productiva para los demás… no sé, quiero apearme de la vorágine en la que vivo, disfrutar un poco más, replantearme las cosas, mi vida.”
_ “ ¿Y por qué no lo haces? - preguntó Alicia - ¿ Por qué no te tomas un año sabático, haces las maletas y te vas con Nacho a descubrir mundo? "
_ “ Nacho, ya salió Nacho. - Bárbara se levantó y empezó a gesticular al tiempo que elevaba el tono de voz - Eso es lo que a ti te pasa, toda la culpa la tiene él. Te ha comido el coco con sus fantasías. ¿Sabes lo que te digo? Nacho es un desgraciado, un don nadie, un vividor que lleva chuleándote casi diez años. Aparece y desaparece cuando le da la gana, sin darte explicaciones, y mientras, tú aquí como una Penélope griega esperándole, desaprovechando todas las oportunidades que pasan ante ti. No sé cómo puedes seguir con una persona como él, aprendiz de todo y maestro de nada. Estoy segura de que ahora mismo ni si quiera sabes dónde está.”
_ “Te equivocas, a estas horas seguramente estará llegando a España, y seguramente le veré muy pronto.”
_ “Estupendo. Entonces aprovecha para darle un ultimátum, o su vida inconstante o tú. - Bárbara parecía fuera de sí - No permitas que siga jugando contigo, si de verdad te quiere no le importará quedarse a tu lado, trabajar como hace todo el mundo, ganar un sueldo, llevar una vida ordenada y decente, casarse contigo, vivir contigo, fundar un hogar.”
_ “ Pero, ¿quién te ha dicho que eso sea lo que yo quiero? Entérate, yo no soy como tú, no busco un hombre que me quiera convertir en su esposa, no quiero ser una mujer florero, un ama de casa mantenida por su marido. Yo no quiero cambiar a Nacho, ni cambiar mi relación con él.”
La conversación iba subiendo de tono mientras Alicia, en silencio, parecía asistir a un partido de tenis en el que las raquetas devolviesen con fuerza las palabras y las acusaciones.
_ “¿Relación?, pero ¿de qué relación hablas? Tú estás enamorada de un fantasma que aparece cuando le viene en gana, cuando se queda sin dinero, cuando está cansado, entonces emerge, se pega a ti como una sombra, te exprime, te saca todo el jugo, y desaparece en el momento en que se cansa o se aburre de ti. ¿A eso es a lo que tú llamas relación?”
_ “ Estás muy equivocada. Tú no le conoces ni le entiendes, nunca lo has intentado. Es cierto que Nacho ha empezado muchas cosas y no ha acabado casi ninguna, es verdad que se entusiasma mucho y que a medida que pasa el tiempo se va desmotivando, no negaré que es incapaz de mantenerse mucho tiempo en un mismo sitio. - A medida que iba hablando, Laura parecía ir calmándose, su tono de voz iba descendiendo e incluso se adivinaban matices de nostalgia - Pero en todo este tiempo hay algo que no ha cambiado, su amor por mí .Él necesita conocer nuevos mundos, vivir diferentes experiencias, hacer cada día algo nuevo, pero al final siempre regresa a mí, yo soy lo único que se mantiene constante en su vida, soy su único vínculo con su pasado, con su vida real. Cuando él regresa de cualquiera de sus viajes, yo soy la primera persona a la que va a ver, soy la primera persona a la que le cuenta lo que ha visto, lo que ha hecho y lo que ha sentido. Se refugia en mi abrazo, me transmite todas sus experiencias y en ese momento yo me siento la mujer más feliz del mundo porque sé que me necesita, que yo soy para él lo más importante, que necesita de mi aprobación, que soy su público. - Ahora Laura hablaba muy despacio, como si estuviese intentando convencerse a sí misma. - Esa sensación no la cambio por nada del mundo, y sé que si algún día le obligara a cambiar le haría el ser más infeliz de la tierra, y yo también lo sería.”
_” No te entiendo, de verdad que no te entiendo, creo que eres una masoquista, ¿cómo puedes hablar así?” - le preguntó Bárbara con gesto de desesperación.
Alicia, que se había mantenido expectante en todo momento, intervino por fin en la conversación.
_ “ Tal vez no la entiendas porque tú no concibes el amor como lo hace Laura. Ella ama entregándose por completo al otro, vive para y por él. Cuando te enamoras de alguien, como lo está Laura, le quieres realmente como es, no quieres cambiar nada, y mucho menos su personalidad. Le quieres con sus defectos, con sus virtudes, le quieres por encima de todas las cosas, por encima del dinero, de los convencionalismos, de la familia y de los que te rodean, y lo único que te importa es él, su felicidad y la felicidad que te proporciona. Eso es el verdadero amor, la entrega total al otro, incluso el sacrificio en aras del beneficio del otro.”
Ahora Laura asentía con satisfacción, con la complacencia de los que se saben en posesión de algo único, de una pieza exclusiva que se exhibe por vez primera, mientras que Bárbara en el otro sillón notaba que estaba sola en aquella batalla y que había dejado al descubierto sus cartas.
_ “ No voy a seguir discutiendo sobre este tema, tal vez tengáis razón. A lo mejor yo nunca me he enamorado y tampoco voy buscando el amor, o al menos ese tipo de amor. Yo no estoy dispuesta a sufrir por nadie, no sería capaz de renunciar a nada, ni de hacer sacrificios ni todas esas cosas que se cantan en las canciones románticas.”
_ “ No te preocupes, - contestó Laura - cuando de verdad te enamoras los sacrificios y las renuncias no cuestan ningún esfuerzo, al contrario, se realizan con placer .”
_ “Pero, - Bárbara volvió a subir el tono mientras se revolvía en su sillón - ¿Tú la estás oyendo?, ¿Estás de acuerdo con ella?”
_ “ Claro que la estoy oyendo. El amor es algo muy subjetivo, cada persona lo siente de una manera distinta, e incluso la misma persona ama de una manera distinta de una época a otra, de un amor a otro. Puedo estar de acuerdo o en desacuerdo con vosotras, pero en cualquier caso yo no soy quién para juzgaros. Sinceramente, lo único que a mí me preocupa es vuestra felicidad, y si Laura es realmente feliz amando tan desesperadamente a Nacho, que siga adelante. Y lo mismo digo de ti, si tu felicidad consiste en una bonita boda, nos complaceremos en conseguirte la mejor de las bodas.”
Bárbara y Alicia se quedaron perplejas mirando a Alicia. Escudriñaron su rostro en busca de alguna evidencia que les hiciera sentir que las palabras de Alicia contenían un mensaje cómico,o alguna ironía, pero su faz no denotó nada.
_“ ¿Te estás riendo de nosotras, verdad ? Te lo estás tomando a cachondeo, y para nosotras es algo muy serio.”
_ “ No, hablo completamente en serio. Cada una de nosotras tiene una opinión muy diferente sobre el amor, los hombres y las relaciones. Por suerte para nuestra amistad a cada una de nosotras le gusta un tipo de hombre completamente diferente, y cada una de nosotras vemos la vida de un modo distinto. Tú Laura, buscas a alguien a quien proteger, de quien cuidar, alguien que te necesite y que te lo esté recordando permanentemente. En cambio, tú buscas lo contrario, alguien que se ocupe de ti, que te dirija, que te cuide y que esté invariablemente a tu servicio, y que a la vez te consienta todo. Seguro que vosotras tampoco estáis de acuerdo con mis elecciones y mi modo de vivir, pero no por eso vamos a discutir. Yo no os voy a cambiar a vosotras y vosotras no podéis cambiarme a mí. Puestas así las cosas ¿qué nos queda? La única solución es intentar comprendernos, desearnos lo mejor y alegrarnos de la felicidad de las otras.- Cambió el tono de voz.- Y vamos a dejar ya este tema, porque nos hemos exaltado todas un poco y porque nos estamos poniendo excesivamente serías, y esta era una reunión para pasarlo lo mejor posible.”
Volvieron a hablar de la infancia, de esa maravillosa época que habían compartido juntas y que se les había escapado ya de las manos sin darse apenas cuenta. Rememoraron viejas travesuras, antiguos profesores y compañeros de colegio, anécdotas en las que las tres habían sido protagonistas y que ahora, sin saber muy bien por qué aparecían nítidas en la memoria de cada una de ellas, y que las hacían reír y pisarse las palabras unas a otras.
El amanecer les sorprendió cuando ya casi no les quedaba tabaco. Agotadas y casi afónicas decidieron acostarse para afrontar con renovadas energías el largo sábado que les esperaba.

jueves, mayo 17, 2007

La vida Bárbara

Cap. 4. Vuelta a la rutina
Tras el funeral por Alberto, la rutina se había instalado de nuevo en la vida de Bárbara. Las mañanas empezaban con interminables atascos en el centro de Madrid, a los que seguían una dura guerra por ocupar un puesto de aparcamiento. Las horas en el trabajo se sucedían monótonas ante la mirada triste y a la vez complaciente de Sofía. Las tardes decidió ocuparlas en la decoración de su nuevo hogar. Alguna visita a sus padres, una cena con amigos un fin de semana, y algunas compras fueron los únicos alicientes durante aquellas largas semanas.
Le gustaba la sensación de protección que parecían brindarle todos los que le rodeaban, incluso se sentía complacida, tanto que a veces exageraba su sentimiento de abatimiento sólo para notar la reacción que producía, especialmente en el trabajo. Pero cuando llegaba a su hogar y cerraba la puerta parecía que un mundo nuevo se abriera ante sus ojos al quitarse la máscara del dolor y fantaseaba con una vida muy diferente a la suya, en la que provocaba sentimientos de envidia entre las mujeres y de deseo entre los hombres, una ilusión en la que el éxito y ella eran la pareja protagonista. Había una persona a la que no podía engañar, a Alicia, a la que durante unos días intentó mantener alejada. Pero ambas sabían que esta situación duraría poco tiempo, al fin y al cabo Alicia no era sólo su mejor amiga, era sobretodo, la persona que mejor la conocía, incluso más que su propia familia.
Aquel sábado por la mañana el sol de primavera calentaba con fuerza. Alicia había llamado y se había autoinvitado a un ligero almuerzo en su casa. Decidió esperarla en el jardín aprovechando para tomar el sol. Extendió la toalla sobre el césped y se tumbó. Se sentía protegida de los extraños por la valla cubierta de alibustre . Notaba una gran paz en su pequeño jardín, en su casa, en su soledad, donde no tenía que fingir ni aparentar.
Me encanta esta sensación. Tengo casi todo lo que puedo desear, tengo una buena situación económica, buena salud y buen humor, una casa que me encanta, un trabajo que me gusta y libertad. Por fin estoy haciendo lo que me da la gana sin tener que dar explicaciones y sin tener que pedir permiso a nadie, ni a mis padres, ni a un hombre. Soy independiente, no necesito a nadie y me gusta. Nunca antes me había sentido así. Puedo hacer lo que quiera con mi tiempo libre, con mi dinero, con mi vida. La felicidad debe ser algo muy parecido a esta situación. ¿Quién lo hubiera dicho? Siempre pensé que el día en que saliera de la casa de mis padres lo haría ya casada y para irme a vivir con un señor, ni si quiera me había planteado en sueños el vivir yo sola. No sé como mis padres han podido aceptar esta situación, ni si quiera han puesto la más pequeña objeción. Pensarán que pronto me aburriré y decidiré volver a casa con ellos, pero no saben lo equivocados que están. Me encanta esta situación, soy libre, me siento libre. ”
Estaba absorta en sus pensamientos cuando sonó el timbre. Se cubrió con un pareo, atravesó el salón y abrió la puerta. Allí estaba Alicia.
_” Dichosos los ojos. Parecía como si me hubieras estado evitando todo este tiempo. ¿Me invitas a pasar o vamos a comer aquí, en la puerta?”
Le invitó a pasar con la mejor de sus sonrisas. Se fundieron en un largo abrazo. Una vez dentro Alicia admiró los cambios decorativos que Bárbara había realizado en el domicilio, alabó su buen gusto a la hora de combinar colores y elogió la elección de las tapicerías. En el jardín se quedó extasiada ante la explosión de color de los bulbos plantados sobre un parterre. Bárbara se sentía halagada, algo que, indudablemente, le encantaba.
Almorzaron en el jardín una ensalada de pulpo a la vinagreta y un poco de pastel frío de carne. El sol seguía brillando con fuerza a esas alturas del mes de Mayo, y después del almuerzo, las dos decidieron tomar el sol, para lo que Bárbara tuvo que prestarle uno de sus bikinis.
Todo estaba tranquilo, apenas se oían ruidos, si acaso el eco lejano de algunas risas infantiles provenientes de otro chalet, a veces, a lo lejos, el ruido del motor de algún vehículo. Era el momento propicio para conversaciones más intimas.
_”¿Me vas a contar qué ha pasado todos estos días o esperas que lo adivine? _Preguntó Alicia al tiempo que sacaba de la pitillera dos cigarrillos y le ofrecía uno a Bárbara.
_” Realmente no ha pasado nada. Durante unas semanas me he dejado llevar, me he comportado como todo el mundo esperaba que lo hiciese, como una joven viuda desgarrada por el dolor.”
Alicia le interrumpió.
_” ¿Qué dolor? Bárbara, bonita, estás hablando conmigo, no te hace falta el teatro.”
_” Déjame terminar. Te decía que me estaba dejando llevar, que estaba fingiendo, lo reconozco. Pero, ¡es tan agradable que todo el mundo esté pendiente de ti para mimarte, para satisfacer todos tus deseos! Durante todo este tiempo me he sentido como entre algodones, y eso me encanta. Todo el mundo preocupado por mí, todos pendientes de lo que pudiera necesitar…”
_” Eso, querida, se llama autocomplacencia, y es ruin y bajo. Has estado jugando con los sentimientos de todos los que te quieren.”_ Le dijo con un sonrisa y en tono de irónico reproche.
_”Ya lo sé. ¿Y qué querías que hiciese?, que les dijese: no sintáis pena de mí, si no estaba enamorada, si me encuentro muy bien sin él. La verdad es que me encanta vivir sola, me gusta la independencia, sobre todo porque yo siempre había pensado que saldría de la casa de mis padres para irme a la de mi marido. Deberías alegrarte por mí; en el fondo, su muerte ha supuesto mi liberación; tú sabías que yo nunca hubiera sido capaz de romper el compromiso, ni mucho menos de decir no ante el altar y que toda la vida habría vivido la gran mentira. Pero confesar todo esto, como tú me sugerías, hubiera sido un cataclismo. Además, tú no me puedes entender, no eres como yo, tú siempre has hecho lo que tú has querido, sin importarte el qué dirán, aunque tuvieras que ir contracorriente.”
_”No, no siempre, de sobras sabes que, en el pasado, yo también yo he hecho lo que los demás esperaban de mí.”
_” Y de todos modos, sí que estoy dolida, no por él, no por su ausencia, estoy dolida por mí. Siento que ese día por su culpa hice el más espantoso de los ridículos. Cancelé mi gran boda por él, ,me vestí de negro cuando tenía que haberme vestido de blanco, aparecí sin maquillar y con aspecto desmejorado y le cedí todo el protagonismo a él en el que era mi día. Estoy dolida, sigo furiosa y no se me ocurre ninguna forma de venganza.”
_” No te enfades, pero tú lo que estás es de siquiatra. ¿Te parece poca venganza quedarte libre y con su casa, su coche y su dinero?”
Se echaron las dos a reír. Una ligera brisa se empezó a levantar y decidieron meterse nuevamente en casa. Bárbara preparó café en la cocina mientras Nuria escogía música entre la colección de CD colocados sobre una original estantería colgante.
Se sentaron una frente a la otra con los pies cruzados descalzos sobre el sofá.
_”Alicia, mi plan sigue en pie, sigo buscando un hombre para casarme antes de cumplir los treintaidos.”
_” Pero, ¿ qué estas diciendo? ¿cómo puedes seguir con esa manía? Has conseguido lo que deseabas, acabas de confesarme que te encanta estar sola, que te gusta ser independiente, y ahora me hablas de casarte. A ti no hay quien te entienda.”
_” No tiene nada que ver, ya lo hemos discutido otras veces. La independencia ya la he probado, sé lo que es y me gusta, pero no pienso renunciar por ella a mi gran ilusión. Quiero una gran boda, de blanco, de largo, en la Basílica, con muchas fotos y muchos invitados, con un gran banquete, una buena orquesta…quiero un anillo con una fecha por dentro, quiero ser la señora de, quiero mi boda.”
_” ¿Y crees que eso te hará sentir más feliz?”
_” No lo sé, pero ese ha sido siempre mi sueño, y ya sabes que yo lo que quiero lo consigo. Además, si no sale bien siempre puedo dar marcha atrás. Quiero casarme, tengo sobrada experiencia en organizar mis bodas, sólo he de encontrar a un hombre para ese gran día y tú eres la persona que me ha de ayudar, eres la más adecuada.”
_”Tu postura me parece muy cómoda; quieres casarte, necesitas un novio y quieres que yo te lo busque, pero ¿de qué vas?.”
_”Tú tienes experiencia con los hombres.”
_”Te recuerdo que mi matrimonio no llegó a durar tres años y que las relaciones sentimentales posteriores no han llegado a tanto. Hace varios años que en mi cuarto de baño no hay más que un cepillo de dientes. No sé cómo quieres que te ayude.”
_ “¿Y rollitos, no has tenido rollitos en estos últimos años?”
_” Si, claro. Pero mis rollitos, como tú los llamas, no son hombres dispuestos, al menos por el momento y mientras existamos chicas como yo, a pasar por la vicaría. Los hombres, lo que quieren es sexo, huyen de cualquier tipo de compromiso, y mucho más del matrimonio. Te voy a dar un consejo, si buscas un hombre para que te lleve al altar, enamórale, pero niégale el sexo hasta después de la boda.”
_” Buen consejo _ sonrió y le guiñó un ojo_ tomo nota, maestra.”
_” De verdad, yo no puedo ayudarte, eres tú la que debes salir, conocer gente, volver a relacionarte. Y si eso no te funciona siempre puedes poner un anuncio en la sección de contactos, o probar con internet.”
_” ¡Ni loca! Estoy muy necesitada, pero no tanto como para publicarlo. Siempre he pensado que los que utilizaban las secciones de contactos debían de ser tarados mentales o adefesios. Recurro a ti porque al menos tú estás en activo, estás en el mercado, te sabes mover, sabes donde encontrarles. Yo llevo mucho tiempo fuera de circulación, retirada del negocio del ligoteo una eternidad, no recuerdo ni como se seducía a un chico. A ver, ¿de dónde has sacado tus últimos ligues?”
_” ¿El último? A ver, déjame que piense. ¡Ah, sí! Fue un cliente, hace un par de meses.”
Bárbara le miró con los ojos muy abiertos, después se echó a reír, tan fuerte que se atragantó con el café.
_”Pero, de qué te ríes? ¡No haber preguntado!”
_” No, si no me río de ti. _ La voz se le entrecortaba, no podía parar de reír _ Me río pensando en la cara que pondrían Sofía y sus hijos si me pusiese a ligar con alguno de nuestros clientes. Se me acabaría el chollo de golpe.”
Ahora se reían las dos. La risa de Bárbara era histérica y contagiosa. Alicia cogió un cojín y se lo tiró a la cara. Empezaron una guerra de cojines. De pronto estaban las dos corriendo por toda la casa como un par de niñas pequeñas intentando esquivar los golpes. Las carcajadas y los gritos ahogaban la música. Tardaron un rato en recobrar la compostura. Se dejaron caer sobre el sofá nuevamente, ahora extenuadas.
Bárbara tomó nuevamente la palabra.
_”Lo cierto es que tú conoces a mucha más gente que yo. En los últimos años mi vida social ha sido un desastre, prácticamente nula. La verdad es que Alberto era bastante absorbente, apenas tenía amigos y no le gustaban los míos.”- dijo con aire melancólico.
_” Pero, ¿qué dices? Si te pasabas el tiempo alternando de fiesta en fiesta, si la familia de tu novio tiene más teléfonos en la agenda que el propio Jesús Mariñas. Aunque hay que reconocer que Alberto era un poco “sieso” .La verdad es que durante todos estos años nos has tenido a todos un poco abandonados, raras han sido las ocasiones en que hemos salido con vosotros. ¡ Si para vernos tú y yo casi teníamos que hacerlo a escondidas de Alberto !”
_ “ Te doy la razón. Eramos una pandilla numerosa y yo he perdido el contacto con prácticamente todo el mundo. Me gustaría mucho recuperar las viejas amistades.”
_” ¿Sabes? El día del funeral de Alberto,cuando nos quedamos solas Laura y yo me comentó que estaba preparando una fiesta para celebrar su cumpleaños y que, por supuesto, contaba con nosotras. Será el próximo fin de semana en su chalet de la sierra, ¿te apuntas?”
_ “No sé si debería, además no me ha invitado.”
_”¡ Pareces tonta! Estará encantada, si no te dijo nada era porque el funeral no parecía el lugar más adecuado, además cuando me dijo que podía ir acompañada ya le dije que vendrías conmigo. Será una gran oportunidad, estarán los viejos amigos, y los compañeros de trabajo de Laura y entre ellos hay mucho soltero…”
_” Visto así no parece mal plan, puede ser una buena ocasión para conocer chicos. ¿Piensas que alguno podría ser el adecuado para mi plan?”
_” Sigo diciendo que estás de siquiatra. Espera, se me ocurre uno, José Antonio Hidalgo, en la Facultad estaba loco por ti.”
_” ¿Qué dices? Ni loca, es un pirado, está desequilibrado, de cuando en cuando todavía me llama y me invita alguna de sus exposiciones. ¿Has visto alguna de sus pinturas?. Está obsesionado con las muertes y las mutilaciones.”
_” De acuerdo, lo tachamos de la lista, buscaremos otro.”
_ ” A mí se me ocurre otro, tu hermano Lolo.”
_” Descartado.” - respondió Alicia con tono enérgico.
_” ¿Descartado, por qué? Es un encanto de persona, tiene un buen trabajo, un buen sueldo, es simpatiquísimo, está como un tren y además está soltero.”
_” Ya, y es un golfo, y un mujeriego, y un vividor y una persona que huye de los compromisos… A tu madre le daría un síncope. Además, que tú no eres su tipo, Lolo y los de su calaña no te convienen . Y tampoco te quiero como cuñada, ya te sufro bastante como amiga como para que pases a formar parte de la familia. Lolo no, tú necesitas otro tipo de hombres, más románticos, más formales, alguien por ejemplo como Arturo.”
_”¿ Arturo?,¿nuestro Arturo? Pero si tiene novia."
_” Ya, ¡ pero es tan dulce, tan guapo y besa tan bien!”
Bárbara dejó escapar un pequeño grito fingiendo estar escandalizada.
_” No me irás a decir que tú y él… Cuenta, cuenta.”
Siguieron durante horas hablando de hombres. El sol de la tarde fue cayendo lentamente hasta que en el exterior la oscuridad lo cubrió todo. Era ya entrada la noche cuando se despidieron.
Tumbada sobre la cama Bárbara recordó a sus viejos amigos. No podía dormir, se sentía expectante ante el reencuentro, y ,¿por qué no decirlo?, ante la idea de conocer a nuevas personas. Tal vez entre ellas encontrara la que estaba buscando.

miércoles, abril 04, 2007

La vida Bárbara

Cap. 3 El funeral
Habían pasado pocos días desde que Bárbara y Alicia habían regresado del crucero cuando Sofía decidió celebrar un multitudinario funeral en memoria de Alberto.
La iglesia del colegio Calasancio estaba abarrotada de familiares, amistades de la familia, compañeros de estudios y trabajo de Alberto y un sinfín de compromisos varios de la familia.
Bárbara volvía a vestirse de negro, color que estaba empezando a aborrecer. En los bancos de atrás vio sentadas a Alicia, Laura y Merche, sus mejores amigas desde la infancia, y deseó fervientemente estar sentada entre ellas, haciendo comentarios sobre el vestuario de las asistentes, criticando a unas y a otras y comentando aquella absurda situación.
En vez de eso Bárbara se hallaba sentada en primera fila, flanqueada en el lado izquierdo por los hermanos de Alberto y fuertemente asida de la mano derecha por Sofía. Justo en el banco de atrás notaba la escrutadora mirada de su madre, acompañada en esta ocasión por su hermano mayor y la esposa de éste.
La celebración se hizo larga y tediosa. Algunos amigos de Alberto subieron a leer unas palabras sobre el difunto, y Bárbara tuvo que hacer un soberano esfuerzo para aparentar una tristeza que no sentía e incluso derramar alguna lágrima, ¡qué buena actriz se estaba perdiendo el mundo!
De cuando en cuando miraba hacia atrás buscando con la vista la mirada cómplice de sus amigos, pero notaba como la mano de Sofía se agarraba más fuertemente a su mano. Quería escapar, salir huyendo de aquel templo abarrotado de gente a la que apenas conocía, irse con sus amigas, reír y disfrutar de una tarde primaveral, pero Alberto, y sobre todo Sofía la retenían.
Finalizado el funeral aún quedaban los pésames de los asistentes. Sofía se asió fuertemente del brazo de Bárbara, como si de su muleta se tratase, y recibió palabras de consuelo de casi todos los asistentes; Bárbara estaba destrozada, los zapatos le hacían un daño terrible, lo que confería a su cara un rictus de dolor muy apropiado con el momento.
Cuando la noche ya había caído, los últimos asistentes se despedían y los pies de Bárbara parecía que iban a estallar dentro de los zapatos, Bárbara se despidió entre lloros y aspamientos de la que debía ser su nuera y se marchó en su coche acompañada de su esposo y de uno de sus hijos. Por fin Bárbara era libre.
Apoyadas en las rejas exteriores de la parroquia estaban sus amigas esperándola. Las cuatro se fundieron en un profundo y reconfortante abrazo que duró varios minutos. Cuando se soltaron, lo primero que hizo Bárbara fue pedir un cigarrillo, quitarse los zapatos y piropear a unas y a otras.
Descalza y del brazo de sus amigas se dirigieron las cuatro juntas a la cafetería más cercana, donde se sentaron en una mesa y pidieron cuatro cañas.
-" No os podéis hacer una idea de cómo me alegro de estar aquí, con vosotras tres, las cuatro amigas solas, como en los viejos tiempos" - exclamó Bárbara al tiempo que alzó su caña para brindar.
-" ¡Por nosotras!" - gritó
- " ¡Por nosotras!" - corearon.
Tras el brindis el espumoso líquido amarillo fue tomado de un solo trago. Pidieron una segunda ronda.
- " ¿Realmente estás bien, Bárbara, o sólo lo haces para disimular ante nosotras?" -preguntó la siempre dulce Mercedes.
- " Estoy bien, algo cansada y con un fuerte dolor de pies, pero estoy bien, y más ahora que os tengo a vosotras a mi lado, sobre todo a ti, que eres tan cara de ver. No nos veíamos desde... ¿desde cuándo? "
- " Desde el nacimiento de mi pequeña Elena, hace ya casi cuatro meses"
- " No, eso no cuenta, eso fue en el Hospital, recién parida, con una habitación llena de flores y visitas y durante poco más de diez minutos. No, me refiero a vernos así, como ahora, nosotras, nosotras solas, para charlar, para reír..."
- " Mujer - interrumpió Laura- yo no diría que este momento es el más indicado para reír."
- " Me has entendido perfectamente, y, además, estaba hablando con Mercedes; no sabes como te envidio, tú con tu maravillosa casa, tu perfecto marido, tus tres hijos, guapísimos...chica, lo tienes todo"
Mercedes dejó escapar un suspiro y durante unos segundos Alicia y Laura captaron un cambio en su mirada, algo que Bárbara no notó.
- " Te garantizo que no es tan envidiable. Mi preciosa casa está en mitad de la nada, aislada, y cada día me parece más una cárcel, eso sí, con toda clase de lujos, pero cárcel al fin y al cabo; a mi marido apenas le veo, él no para de viajar y de trabajar y yo... yo tengo bastante con los niños y llevar la casa."
- " Te quejas de vicio. Cualquiera de nosotras daría cualquier cosa por una casa como esa"
- "Yo no
-replicó Alicia- a menos que la casa estuviera en el centro de Madrid; y, aún así, sería demasiada casa para mí, necesitaría mucha ayuda. Por cierto, Merche, ¿a cuántas personas tienes trabajando en ese casuplón?
- "Chicas, chicas, dejémoslo
-Laura era siempre la mediadora entre Alicia y Mercedes - hoy no es momento para sacar a relucir vuestras pequeñas diferencias, disfrutemos las cuatro como antes y dejémonos de tonterías, por favor."
Aún cayó una tercera ronda antes de que Mercedes se despidiera de ellas con la firme promesa de intentar quedar nuevamente en un corto espacio de tiempo. Bárbara aguantó aún una cuarta caña de cerveza, pero el cansancio del funeral y los pies la estaban matando por lo que se despidió también dejando solas a Laura y Alicia.
- "He encontrado muy bien a Bárbara, me imaginaba que estaría más destrozada" - comentó Laura.
- " No, no está destrozada, está un poco loca pero nada más. Ella no quería a Alberto, y durante unos días estuvo rabiosa por lo de la boda, pero nada más. Al fin y al cabo, con toda esa historia ha salido ganando; ha dejado la casa de sus padres, se ha encontrado con un adosado monísimo casi regalado, en su trabajo es considerada como un miembro más de la familia, no tiene que aguantar las rarezas y manías de Alberto...no me mires así, si lo piensas bien son todo ventajas para ella."
- " ¡Qué bruta eres a veces! Seguramente tendrás razón, pero tanta sinceridad por tu parte en ocasiones duele. A la que he encontrado mal es a Mercedes, ¿tú qué piensas?"
- " Que tienes razón, que a la señora marquesa su perfecta vida se le empieza a hacer cuesta arriba
- Alicia no podía disimular una cierta ironía en su tono ni en sus palabras- que se aburre soberanamente en ese caserón de nuevos ricos, que está cansada de traer niños al mundo puntualmente cada treinta meses y que piensa que su marido la engaña. "
Laura la miró boquiabierta.
- " ¿Y todo eso lo has sabido hoy, con tan sólo unos minutos de charla intrascendente?"
- "No, todo eso lo sé porque desde que nació su hija pequeña me ha llamado en varias ocasiones, para desahogarse, para llorar y para que yo sea su consuelo. "
- "Pero, pero
- balbuceó Laura- si vosotras sois como el perro y el gato, como el agua y el aceite..., si ella siempre recurría a Bárbara o a mí, no entiendo nada."
- "En el fondo, la que mejor la comprende en estos momentos soy yo; además, que cuando nosotras discutimos lo hacemos como de pequeñas, por costumbre, porque en temas de política y sociedad tenemos dos puntos de vista muy diferentes, pero nada más."
Siguieron la conversación en el coche de Laura.
Cuando Alicia llegó a casa el contestador parpadeaba. Tenía tres mensajes, uno de Bárbara otro de Mercedes y otro de su madre. Decidió llamar sólo a esta última y acostarse cuanto antes.

jueves, febrero 22, 2007

La vida Bárbara

Cap. 2 El viaje de novia.
El plan de Bárbara era sencillo, de puro sencillo se diría que ridículo. Había decidido que debía de perder su soltería antes de cumplir los treinta y dos , para lo que le faltaban poco más de dieciocho meses, por lo que debía de conseguir un novio dispuesto a casarse en un tiempo récord. La primera parte de su plan consistía en buscar a ese príncipe azul en el crucero que debiera haber sido su luna de miel junto a su esposo. Sólo que yo ocuparía el lugar de Alberto .
No sé cómo logró convencerme, pero siempre lo hace, desde que éramos niñas, siempre consigue salirse con la suya.
Para ella era una manera de matar varios pájaros de un tiro, de este modo no perdería el coste de su viaje, el crucero le permitiría relajarse y “escapar de la dolorosa realidad” y yo le podría ayudar a elegir al mejor candidato entre los numerosos solteros que compartirían la travesía.
Bárbara sabía ser convincente. Además, como ella decía, nada teníamos que perder, sería una buena oportunidad para relajarnos, disfrutar y afianzar más la amistad que ambas compartíamos después de tantos años.
Ante el exultante optimismo de Bárbara, yo me mostraba un poco más realista. Sabía que sería difícil hallar un pretendiente a la medida en el transcurso de un crucero de diez días de duración, máxime cuando sus únicas dos relaciones habían durado tres y cinco años respectivamente, pero me sentí incapaz de desilusionar a la entusiasmada Bárbara.
El lunes fue un día muy ajetreado. Bárbara consiguió cambiar la titularidad de las reservas sin tener que abonar la diferencia, aunque a cambio tendríamos que compartir la cama de matrimonio en un camarote "un poco inferior" al elegido en un principio. A media mañana tuvo también una pequeña reunión con Sofía para solucionar algunos flecos económicos. Sofía no era sólo la madre de Alberto, también era su jefa en el estudio de decoración en el que Bárbara siempre había trabajado.
Sofía siempre había tratado a Bárbara más que como a una empleada como a una hija, incluso antes de que comenzara su relación con Alberto; tal vez por eso en principio no puso ninguna objeción a sus propuestas. El seguro se haría cargo de la parte de la hipoteca que correspondía a Alberto y ningún miembro de la familia le reclamaría cantidad alguna. Las cuentas comunes pasaban así a total disposición de Bárbara, al igual que el coche y el mobiliario y las pertenencias que había ya en la casa. Aprovechó también para pedirle unas pequeñas vacaciones que le ayudasen a “serenar su destrozado ánimo antes de enfrentarse a la rutina diaria en solitario”. La propia Sofía le sugirió la conveniencia de salir de viaje unos días, de aprovechar el crucero para cambiar de aires, incluso le ofreció una estimable cantidad económica para que disfrutara de sus vacaciones.
La tarde la dedicó a hacer las maletas. Consiguió después de grandes esfuerzos meter todo lo que había decidido llevarse en sólo dos enormes maletas y un bolso de mano.
Yo, por mi parte, debía conseguir también esos días libres. No supe que excusa inventar ante mis socios, así que acabé contándoles la verdad. Se mostraron bastante comprensivos con la situación de Bárbara, a la que desde ese momento consideraron más loca que nunca, y finalmente accedieron a que me tomara unos días libres, eso sí, siempre y cuando me acordara de traerles unos cuantos souvenirs. Trabajé en el despacho hasta bien entrada la noche para no dejarles trabajo atrasado, con lo que apenas tuve tiempo para nada más. Cuando terminé de hacer mi maleta era ya de madrugada y caí rendida en la cama.
Al alba me despertó el timbre de la puerta. Era Bárbara parapetada tras sus maletas. Estaba bellísima, nada que ver con la imagen de dos días antes. Tenía un brillo especial en la mirada, como el de una quinceañera enamorada por primera vez. Realmente estaba arrebatadora. Su excitación pronto me contagió y en sólo unos minutos yo también estuve lista.
Al poco tiempo allí estábamos las dos, en el aeropuerto de Barajas, dispuestas a tomar un vuelo que nos condujera a Mallorca, donde nos esperaba un emocionante viaje surcando las aguas del viejo Mediterráneo.
Cuando tomamos tierra en el aeropuerto de Mallorca el cielo ya estaba completamente gris. Oscuros nubarrones amenazaban el inicio de nuestras vacaciones, pero a la optimista y renovada Bárbara ningún presagio podía desanimarla.
Cuando a media tarde embarcamos, la lluvia había dejado de ser una amenaza para convertirse en una realidad. A Bárbara, excitada como una niña pequeña, esto tampoco pareció afectarle. Estaba deseosa de instalarse en su magnífico camarote y conocer todas las opciones que aquel barco podía ofrecernos para el disfrute de nuestro tiempo libre.
Mi decepción fue enorme; Bárbara me había enseñado varias veces el folleto del crucero en el que podían verse varias fotografías de los camarotes y de algunas de las instalaciones. Nuestro camarote no se parecía en absoluto a ninguna de las fotografías, que debían estar tomadas con un gran angular o en un lugar muy diferente a nuestra habitación. Era un habitáculo realmente pequeño, diría que incluso asfixiante, todo el mobiliario se reducía a una gran cama de matrimonio, dos pequeños estantes que hacían las veces de mesillas de noche, un pequeño armario empotrado de puertas correderas y una cómoda bajita con espejo. Al meternos nosotras con nuestro equipaje el espacio libre desapareció por completo.No cabía nada más. Apenas había espacio para abrir la puerta que daba al baño, de reducidísimas dimensiones, y rodear la cama era una difícil tarea. El comentario de Bárbara ante mi mueca de asombro me hizo sonreír:
_” No te preocupes, aquí sólo vamos a estar el tiempo imprescindible, que va a ser más bien poco.” ¡Qué equivocada estaba!
Fue una odisea encontrar un pequeño espacio en el que colocar las maletas, así como el resto de nuestras pertenencias, porque, por supuesto, toda la ropa no entraba en el pequeño armario. Al final, con una gran dosis de imaginación conseguimos resolver nuestro problema de espacio y los cuadros del camarote y la barra de la ducha sirvieron como improvisados colgadores para nuestras prendas.
Una vez solucionado el problema de la ropa y el espacio, decidimos investigar qué podía ofrecernos este hotel flotante. La diversión parecía asegurada. Podíamos elegir entre varios tipos de restaurantes, bares, una discoteca, el casino, la sala de baile con actuaciones en directo, las piscinas, el gimnasio, el minicine…o simplemente tumbarnos a tomar el sol y contemplar el mar.
Pero, lo que realmente más nos preocupaba, el verdadero motivo de nuestro viaje, era la búsqueda de un soltero apetecible dispuesto a contraer nupcias en un tiempo inferior a un año. Pensamos que el mejor lugar para un primer contacto a esas horas sería alguno de los bares. No fue así, los bares que visitamos estaban prácticamente vacíos, y los únicos hombres sin compañía femenina que en ellos encontramos no podían considerarse más que como abuelos de los hipotéticos candidatos.
Con la moral todavía muy alta decidimos arreglarnos para la cena, donde tendríamos ocasión de conocer a la mayor parte de nuestros compañeros de travesía y donde Bárbara tenía puestas todas sus esperanzas. Esa noche mi amiga puso toda la carne en el asador con un traje largo que insinuaba todo lo que su cuerpo podía ofrecer. Yo intenté estar a su altura, pero puedo asegurar que ninguna mujer podría haberle hecho sombra esa noche. Armadas de valor y con nuestras mejores galas hicimos la entrada en el restaurante. Bárbara había visto demasiados capítulos de Vacaciones en el mar, y al igual que en la comedia televisiva, había creído posible encontrar el romance a bordo. Para abrir boca y para poder elegir a nuestras víctimas decidimos previamente tomar un aperitivo en la barra, y allí fue donde la realidad se mostró con toda su crudeza ante los ojos de mi buena amiga Bárbara. El barco estaba copado por parejas en luna de miel y matrimonios que celebraban bodas de diferentes metales preciosos. El empalagoso aroma del amor y el romanticismo lo inundaba todo. Esa noche cenamos rodeadas de parejas que se cogían tiernamente de las manos y se miraban embobadas a los ojos.
Nuestra siguiente escala la hicimos en la discoteca del barco. Hacía mucho tiempo que yo no acudía a una discoteca, pero las recordaba como lugares oscuros en los que sonaba música estridente a todo volumen, idónea para mover el cuerpo a tu propio ritmo, desde luego, nada que ver con la sucesión de temas lentos que se escuchaban a través de los altavoces y que las parejas aprovechaban para bailar en un profundo abrazo. Ante la imposibilidad de salir a bailar a la pista y en espera de algún tema más movido decidimos beber hasta que nos encontramos realmente ebrias. Puedo garantizar que en el largo periodo ningún caballero se acercó a nosotras con la aviesa intención de bailar o intentar ligar con nosotras.
La noche terminó resultando bastante movidita, y no hablo en sentido figurado. La lluvia que nos había recibido esa tarde se había convertido en una tormenta que hacía agitarse el barco. A ello hemos de añadir los efectos del alcohol en nuestros cuerpos, que intensificaban bastante las ya de por sí fuertes sensaciones de movimiento. Pasamos toda la noche y buena parte de la mañana vomitando por turnos en nuestro claustrofóbico cuarto de baño.
Los siguientes días no fueron mucho mejores. El tiempo cada vez era más inestable, lo que no invitaba a salir mucho de la habitación, y nuestro aspecto cada vez más deplorable, pues la sensación de mareo no nos abandonaba ni si quiera cuando tomábamos tierra en algún puerto, de manera que tampoco podía decirse que disfrutásemos de las diferentes ciudades en las que el barco hacía escala.
Por fin, el quinto día el tiempo pareció mejorar y decidimos disfrutar de la piscina. Estando tumbadas sobre las hamacas, dejando que los rayos del tímido sol broncearan nuestros maltratados cuerpos, mi amiga descubrió a dos hombres muy atractivos que nos miraban sin ningún disimulo.
_” No mires, pero ahí hay dos chicos que no nos quitan ojo” _ me soltó mientras me daba un codazo.
_” ¿Dónde, dónde?” _ interrogué al tiempo que giraba mi cabeza en todas las direcciones.
_” Disimula un poco, hija. Ahí, a mi derecha, los dos morenazos atléticos con el daiquiri en la mano.”
Se trataba de dos chicos de catálogo, altos, bronceados, con músculos de gimnasio y guapísimos.
_” ¡Ah, ya! _ contesté con indiferencia _Son una pareja de homosexuales”.
_” ¡Y tú qué sabrás! El del bañador amarillo es monísimo, me encanta, y además no me quita ojo.”
_” Te digo que son pareja, que se entienden, que no tienes nada que hacer.”
Se giró bruscamente hacia mí, estaba enfadada.
_ “Vamos a ver, sabihonda ¿cómo lo sabes?”- me dijo elevando un poco el tono.
_” No te lo sé explicar, eso son cosas que se notan, y yo las noto. Te digo que esos dos son gays. “
Bárbara se quedó unos minutos observándoles intentando adivinar alguna señal oculta . De pronto los dos jóvenes adonis se levantaron y se dirigieron a nuestro encuentro. Bárbara me sacudió otro codazo mientras esgrimía una gran sonrisa de satisfacción. ¡Habíamos ligado por fin!
_”¡ Hola chicas! ¿Podemos sentarnos con vosotras? _ preguntó el del bañador amarillo.
Les invitamos a sentarse con nosotras. Llamamos al camarero y le pedimos cuatro daiquiris.
_” Yo soy Rubén y este es Néstor. Somos de Barcelona, ¿y vosotras?”
_” Mi nombre es Bárbara y mi amiga se llama Alicia. Vivimos en Madrid, y embarcamos en Mallorca.”
Tras las presentaciones de rigor estuvimos charlando animadamente sobre el accidentado viaje y las ciudades visitadas al tiempo que disfrutábamos de nuestras bebidas. De pronto el tal Néstor dijo:
_” Chicas, me parece admirable que nosotros cuatro seamos capaces de hacer gala de nuestra homosexualidad en un entorno tan romántico como éste”
Efectivamente, eran homosexuales. Y habían creído que nosotras también lo éramos. Resultó difícil convencerles de lo contrario, y tuvimos que explicarles nuestra historia, sobre todo el motivo de compartir la cama de matrimonio.
Nuestros nuevos amigos decidieron ayudarnos en la difícil tarea de buscar jóvenes solteros a bordo, pero fue inútil. A parte de un joven imberbe que acompañaba a sus padres y una agrupación de la tercera edad, los pocos solteros del pasaje pertenecían a nuestro propio sexo, al parecer a unas cuantas solteras y otras tantas separadas se les había ocurrido la misma genial idea que a mi amiga. Pese a ello, el resto de nuestro viaje resultó bastante divertido gracias, en parte, a la compañía de esta pareja.
Regresamos a Madrid sin novio para Bárbara, con las maletas llenas de recuerdos para los amigos y familiares, con un ligerísimo bronceado y con un montón de nuevos amigos, todos ellos en pareja, claro.

miércoles, febrero 14, 2007

La vida Bárbara

Cap. 1 ¿El mejor día de mi vida?
Después de recibir bajo una fina lluvia las condolencias de todos los asistentes durante más de una hora, Bárbara se dirigió sola hacia el vehículo. Le dio al chófer la dirección y le pidió que la alejara de aquel lugar con la mayor celeridad posible.
Poco después llegó al que a partir de ahora iba a ser su nuevo hogar. Cerró con gran violencia la puerta, echó la llave y el pestillo interior, no quería ser sorprendida por nadie. En el salón todavía había un montón de cajas sin abrir, las estanterías todavía presentaban numerosos huecos y las sillas aún tenían los plásticos protectores. Allí estaba, en su nueva casa, en una casa en la que hubiera tenido que instalarse unas semanas más tarde.
Bárbara se quitó los zapatos, los dejó en medio el pasillo y descalza se dirigió al vestidor de su dormitorio. Abrió una de las puertas del armario y se quedó fijamente mirando uno de los vestidos. Durante varios minutos parecía estar absorta. Cerró nuevamente la puerta con suavidad y se dirigió al otro extremo de la habitación. Abrió otra de las puertas y con tremenda furia sacó todas la ropa que encontró en su interior; los trajes, pantalones, camisas y demás prendas pronto formaron un buen montón que Bárbara arrastró por el pasillo y el salón hasta llegar a la cristalera que daba al pequeño jardín. Salió al exterior llevando un pequeño fardo entre las manos; notó el césped mojado bajo sus pies, lo que le hizo retroceder hacia el interior de la vivienda. Dando patadas consiguió llevar la pila de ropa hasta la chimenea del salón. Unos minutos después había conseguido encender un fuego en el que fue quemando una por una todas aquellas prendas. La operación debió de llevarle varías horas, porque cuando oyó la musiquilla del teléfono móvil la noche ya había caído y del exterior no entraba ninguna luz. Guiada por el resplandor del fuego que ardía en la chimenea se dirigió hasta el teléfono.
_”Dígame” - respondió secamente.
_”Barbara, soy yo ,Sofía, sólo quería saber como te encontrabas”.
_”¿Cómo quieres que esté? Estoy rabiosa, estoy muy enfadada. Eso es, estoy muy enfadada”.
_”Tal vez no haya sido buena idea dejarte sola. Si quieres puedes venirte a pasar la noche con nosotros... O si lo prefieres, podemos ir a buscarte en un momento”.
_”No, quiero quedarme aquí. Pero gracias de todos modos”. Colgó el teléfono sin dar tiempo a su interlocutora a hacer ninguna otra pregunta o sugerencia.
Apagó el teléfono, lo dejó nuevamente sobre la mesa del salón y se dirigió nuevamente al vestidor. Abrió la puerta del armario y sacó el largo vestido blanco; después de extenderlo sobre la cama, sacó una gran caja blanca y una caja de zapatos que colocó al lado del vestido. De un cajón del tocador sacó varias joyas que dejó sobre el vestido. Por último de un cajón de la cómoda extrajo varias prendas de lencería y las depositó a los pies de la cama. Empezó a desnudarse: primero se quitó el jersey de cuello alto y manga corta de color negro y lo arrojó con ira al suelo. Se desabrochó la falda y la dejó caer al suelo para después darle una patada. Mientras se quitaba el resto de la ropa interior comenzó a hablar sola y en voz alta.
_” Lo que me faltaba, tener que aguantar a tu querida familia. Tener que sentir la lástima y la compasión de tu querida mamá. Tener que aparentar dolor y tristeza ante ellos, cuando lo único que siento es rabia y odio. Te odio, te odio.”
Mientras había comenzado a vestirse con todas las prendas que había ido colocando sobre la cama. Empezó por unas preciosas braguitas blancas a juego con un corsé de encaje y seda sin hombreras y con ligueros; se colocó después las medias blancas y los zapatos, unos preciosos escarpines blancos de seda de medio tacón. Se colocó el largo vestido blanco y luchó contra la cremallera, ganando finalmente el pulso. Por último de la larga caja blanca sacó un velo rematado en un fino encaje. Se dirigió hacia el espejo del tocador e hizo diferentes pruebas hasta que quedó conforme. Volvió ahora al vestidor. Las paredes forradas de espejos de la habitación le devolvieron la imagen de una novia lista para subir al altar.
_” Hacerme esto a mí. No se lo pienso perdonar nunca. Llevo treinta años soñando con este día, concentrándome en este día, para que en sólo unos minutos él lo haya estropeado todo. Se tenía que morir justo ahora, no podía haberse esperado unos días, sólo cuatro o cinco días. No tampoco, porque me hubiera fastidiado la luna de miel. ¡Oh no, la luna de miel! Mañana sin falta he de hablar con la agencia de viajes. Seguramente ya no podré cancelarlo, y no creo que me devuelvan el dinero…Mierda, mierda, mierda. No podía haberse esperado unos días más”
Dio un par de vueltas sobre sí misma y ensayó diferentes posturas ante los espejos.
_”¿Ves lo que te has perdido , estúpido?. Lo has hecho adrede, te has muerto a propósito sólo dos días antes de la boda para fastidiarme mi gran día, el día más importante de mi vida. Estarás contento allá donde estés. ¿ Para eso me he tirado yo cinco meses a régimen, para que tú dos días antes de la boda decidas ir a jugar un partido de tenis con los amigos y te mueras de un infarto? ¿Y que hago yo ahora con los regalos, con el restaurante, con la floristería… con mi maravilloso traje de novia?”_
Se dirigió nuevamente al salón. Abrió el mueble bar y desprecintó una botella de licor. De la vitrina del mueble sacó un vaso; le limpió el polvo con uno de los extremos del velo y echó una generosa cantidad de bebida en él. Con la botella en una mano y el vaso en otra se dejó caer sobre uno de los butacones. Empezó a beber. Entre trago y trago siguió su soliloquio.
_”Hoy era el día de mi boda, el día para el que yo llevo preparándome toda mi vida, la protagonista debía haber sido yo, pero no, el señor decidió que el protagonista debía ser él. Me he cansado de escuchar los interminables discursos a tu persona que han realizado tus amigos, tu familia y el cura. Tú has sido durante todo el día el centro de atención. Si querías fastidiarme, lo has conseguido. Has logrado hacer del que hubiera sido el día más feliz de mi vida tu gran día.”_
Siguió bebiendo durante un rato más. Las brasas de la chimenea se apagaron finalmente y Bárbara se quedó dormida sobre el butacón agarrada a la botella recordando que esa debía haber sido su noche de bodas.
El timbre de la puerta sonaba insistentemente. Cuando Bárbara abrió los ojos la luz del día inundaba todo el salón. Tenía un espantoso dolor de cabeza, y no acertaba a reconocer donde estaba ni que ruido era el que le había despertado. Poco a poco las ideas se fueron aclarando en su cabeza. El timbre seguía sonando. Se puso en pie, la botella se resbaló cayendo al suelo. Fue entonces cuando se dio cuenta de que llevaba puesto todavía su vestido de novia. Ahora habían comenzado a aporrear la puerta y decidió apaciguar la insistencia del visitante.
Cuando llegó ante la puerta miró por la mirilla. La persona que golpeaba con los nudillos la puerta era su mejor amiga, Alicia. Bárbara se estiró el vestido, se echó el velo para atrás y descorrió los cerrojos hasta abrir la puerta.
La cara de Alicia ante la visión de Bárbara fue una mezcla entre sorpresa, susto y duda. Estalló en una violenta carcajada, a la vez que empujaba a su amiga hacia adentro y cerraba la puerta.
_”Pero, Barbarita, ¿Tú has visto la pinta que tienes?_ Le espetó mientras la abrazaba.
_”Por favor, no me chilles, me duele horrores la cabeza. He pasado una noche espantosa. Debí de bebérmela toda yo sola _ dijo señalando la botella que seguía a los pies de la butaca_ y me quedé dormida aquí mismo. ¿Tienes un cigarro? “_
Salieron a fumarse el cigarrillo al jardín. Nuria se sentó sobre el balancín, Bárbara colocó una de las sillas de mimbre frente a ella. El almohadón todavía estaba húmedo tras la lluvia del día anterior, pero hoy el sol brillaba dejando notar su calor.
_” Bien, supongo que tendrás ganas de hablar, de desahogarte. Ayer saliste corriendo, te llamé al móvil pero lo tenías desconectado. _”
_” Sí, me llamó Sofía. No tenía ningunas ganas de hablar con ella , le dije que estaría bien sola. Ni si quiera le dije que me pensaba quedar aquí, pero al fin y al cabo, esta es ya mi casa, ¿no crees?. _”
_”Supongo que sí, pero no creo que sea eso lo que realmente te preocupe. ¿Qué haces con el traje de novia puesto? Lo vas a estropear ._”
Se echó a reír. _”Debía ser mi noche de bodas, ¿lo recuerdas?_ Apuro el cigarro y pisó la colilla con la punta de su zapato blanco.- ¿Qué más da si se estropea?.-”
Se quitó el velo, suspiró hondo, se deshizo lo que quedaba del moño y siguió:
_” Me fastidió mi gran día, ¿me entiendes? Desde que empecé a salir con él llevaba soñando con este gran día, él lo sabía. Cinco años, cinco años soñando con mi boda, con mi gran día para nada, para que con sólo una llamada de teléfono todo se haya ido al traste. Es la segunda vez que me pasa, ¿por qué tengo tan mala suerte? ._”
_”Por favor, no compares esto con lo del desgraciado de Charly. Alberto no pensaba dejarte tirada, Alberto ha fallecido, creo que él lo lamentará más que nadie. Él pensaba casarse contigo. Lo de Charly sí fue una jugarreta, dejarte plantada unos días antes de la boda… creía que ya lo tenías superado.-“
_”¿Superado? _ Se puso de pie y empezó a caminar de un lado para otro _ Desde que era sólo una niña he soñado con casarme de blanco , en una basílica llena de flores, rodeada por mucha gente elegantemente vestida pendiente de mí. Siempre he soñado con hacer mi entrada triunfal por el pasillo alfombrado de la iglesia a los sones de la marcha nupcial, o del Ave María o de un Adaggio…Colocarme ante el altar, frente al sacerdote, decir sí quiero, y que un apuesto joven me retire el velo de la cara mientras que el cura dice os declaro marido y mujer. ¿Superado?. He cumplido treinta años, llevo dos intentos frustrados y tú me preguntas que si lo he superado.”
_”Lo siento Bárbara, no puedo entender esa extraña obsesión. ¿Qué crees que tiene de especial? ¿Qué le encuentras de mágico?. Me parece absurda esa idea que nos venden de que es el día más feliz en la vida de cualquier mujer. No te engañes, no lo es, cualquier mujer puede tener días mucho más felices sin necesidad de tanto alarde, sin tanto boato.”
Bárbara volvió a sentarse, encendió un nuevo pitillo. Aspiró profundamente y se quedó unos minutos mirando a su amiga.
_ “Explícame entonces por qué te casaste tú”
_ “Creo que lo hemos hablado ya muchas veces .Mis motivos eran completamente diferentes. Me casé por convencionalismo social, por el disgusto a mis padres, por el follón que se había liado, por puro interés económico y sobre todo, por evitar un escándalo mayor del que ya se había producido; y reconocerás que se trató de una ceremonia bastante atípica, porque ninguno de los dos creíamos en aquello. Bárbara, querida , una boda no es más que un acto en el que reunes a todos los familiares y amigos para decirles: no os escandalicéis, pero a partir de ahora este señor y yo nos vamos a acostar juntos todas las noches y vamos a practicar sexo, y para que os vayáis más conformes, os invitamos a comer. Eso es una boda, que nada tiene que ver con un matrimonio o con la pareja...”
_ “¡ Qué burra eres, hija! Lo siento, Alicia, te quiero mucho, siempre has sido mi mejor amiga, pero hay temas en los que discrepo profundamente contigo. No entiendo como puedes tener una visión tan poco romántica de las cosas. Además, no vas a lograr convencerme. Quiero casarme, ¿me entiendes? Sé el cómo, el dónde y el cuándo, pero no sé con quién. Quiero casarme, no creo que eso sea tan difícil, hay miles de mujeres que se casan todas las semanas, ¿por qué yo he de tener tan mala suerte? El uno me planta escasos días antes de la boda y el otro se muere a menos de cuarenta y ocho horas de mi gran día. Reconócelo, es injusto. Liz Taylor se ha casado siete veces, Isabel Preysler ha realizado tres bodas, Joan Collins ha pasado cinco veces por la vicaria…”
Alicia se echó a reír.
_ “Bárbara, hija, pareces los ecos de sociedad de una revista. Vale, vale, te entiendo. Vamos dentro, te cambias de ropa y nos vamos a desayunar. Y lávate bien la cara, que la llevas llena de churretes de rímel.”
Entraron dentro de la casa. Bárbara siguió los consejos de su amiga, se quitó el vestido, volvió a colocarlo con mimo dentro del armario y se dio una buena ducha. El agua consiguió despejarle un poco, pero la cabeza le seguía doliendo. Se vistió de modo informal, camisa blanca y pantalones vaqueros. Se calzó unas botas de tacón alto, cogió un bolso y metió en él todo lo que creía que podía necesitar. De pronto, pareció recordar algo. Volvió a entrar en la alcoba, abrió varios de los cajones del tocador. No parecía que estuviese allí lo que buscaba. Se dirigió a una de las mesillas de noche, extrajo el cajón, lo vació sobre la cama y con nerviosismo empezó a rebuscar. Finalmente, encontró el gran sobre blanco, lo apretó contra su pecho y después lo metió en el bolso.
Unos minutos más tarde las dos amigas salían de la casa. Se dirigieron dando un paseo hasta el cercano centro comercial. Por el camino encontraron a familias disfrutando de una soleada mañana de domingo, niños corriendo con las bicicletas, padres leyendo el periódico, jóvenes parejas empujando un carrito de bebé. Entraron en una de las cafeterías y se dispusieron a disfrutar de un copioso desayuno. El local, al ser día festivo, estaba prácticamente vacío, sólo otras dos mesas estaban ocupadas. Únicamente se oían los murmullos de la conversación de la pareja de la mesa junto al ventanal y el ruido de las cucharillas removiendo el café, cuando sonó la musiquilla del teléfono de Bárbara. Miró la pantalla.
_” Es Sofía, ¿qué hago?” _ preguntó en voz baja.
_”¿Y qué quieres hacer?, descuelga y habla con ella.”
Bárbara tragó saliva y contestó el teléfono.
_” Buenos días Sofía, ¿qué tal estás?”
_…………………………………………………………………………………………………………………….
_”Sí, bueno, estoy mejor que ayer, gracias. No, no te preocupes, no estoy sola, Alicia está conmigo, de todos modos, muchas gracias.”
_……………………………………………………………………………………………………………………
_”Lo siento Sofía, no estoy preparada para eso. ¿Por qué no os reunís con mis padres y lo solucionáis entre los cuatro?. Yo no podría hacerlo, era mi boda.”
Alicia le miró con los ojos muy abiertos y empezó a hacer toda clase de gestos con las manos.
_”Entiéndeme, ya sé que tú has perdido a tu hijo, pero a ti te quedan otros dos hijos. Yo he perdido a mi novio, al hombre que hoy tenía que ser mi esposo. - Su voz sonaba ahora mucho más enérgica - A mí no me queda nada, y me estás pidiendo que vaya al restaurante a solucionar los problemas económicos. Lo siento Sofía, no tengo fuerzas ni ganas para enfrentarme a ello, ni para devolver los regalos de boda, ni para escribir tarjetas de agradecimiento. Habla si quieres con mis padres o hazlo tú sola. Yo quiero desconectar, olvidar esta pesadilla de la boda”
_………………………………………………………………………………………………………………………..
_”Gracias. Ya hablaremos más adelante. Gracias”
Colgó el teléfono. El silencio reinaba en el local. Nuria le miraba con expresión de inquietud.
_”Era Sofía, la madre de Alberto”- dijo como para justificarse.
_”Ya lo sé. ¿Qué quería?”
_”Mis padres y ella van a ir al restaurante para solucionar los temas económicos referidos al convite, a ese que se debía haber celebrado ayer y que nunca se celebrará. También quería que le ayudara a devolver los regalos que nos habían enviado. Como ves, no hay manera de que me olvide por un minuto de mi estúpida boda.”
_” Permíteme una pregunta - La expresión de Alicia se había vuelto seria - Sé completamente sincera, ¿Qué te ha dolido más la muerte de Alberto o la cancelación de tu boda?
Bárbara bajó la cabeza, se quedó fijamente mirando la espuma de su café; no fue capaz de emitir contestación alguna, aunque tanto ella como su amiga conocían bien la respuesta.
Terminaron tranquilamente el desayuno. El silencio se había apoderado de ellas. Alicia se levantó para pagar la consumición. Abandonaron la cafetería y se dirigieron en silencio nuevamente hacia la vivienda de Bárbara. A escasos metros de la entrada, Bárbara se quedó parada. Alicia, al darse cuenta se giró y le preguntó algo asustada qué era lo que le ocurría.
_”Ali, tengo un plan - sacó de su bolso el sobre blanco y se lo entregó a su amiga - ¿Qué vas a hacer la próxima semana?”

martes, febrero 13, 2007

Bárbara


Quiero presentaros a Bárbara, alguien de quien a partir de ahora vais a poder leer muchas cosas. Bárbara es sólo un personaje de mi creación, alguien a quien le ocurren cientos de cosas en su desesperada búsqueda de un marido. Sí, ese es el objetivo en la vida de Bárbara, la búsqueda de un marido que le permita ser una mujer florero, un ama de casa ociosa, alguien o más parecido a Isabel Preysler o Mar Flores. Pero, por lo que iréis viendo, ella no tiene tanta suerte. En su discurrir conoceréis también a sus mejores amigas, Alicia, una mujer independiente, nada convencional pero muy práctica, Laura, eternamente enamorada de un novio con fobia al compromiso y a la estabilidad, y por último a Merche, lo más parecido a lo que a Bárbara le gustaría ser, esposa ejemplar, madre de tres criaturas, pero aburrida hasta la saciedad de su papel.

Aviso ya de antemano, cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia, ninguna de mis amigas se parece ni remotamente a Bárbara o a sus amigas, y por su puesto, tampoco tienen nada que ver conmigo.

Sólo espero que disfrutéis leyendo de cuando en cuando sus aventuras, e incluso que os cause un poco de intriga como acabará todo, así que, si os apetece, acepto sugerencias, críticas o cualquier comentario.