UN LUGAR PARA SOÑAR

UN LUGAR PARA SOÑAR
puesta de sol en la Alhambra

lunes, septiembre 11, 2006

Cuentos de colores. Un hombre gris


Cándido Aranguren había llegado a la cincuentena con una marcada calvicie, una prominente barriga y unas importantes bolsas bajo los ojos.
Seguía trabajando en el mismo oscuro taller de artes gráficas después de 32 años; iba todos los días a comer a casa un menú que se repetía semana tras semana, año tras año. Por las tardes, tras la siesta habitual, acompañaba a su madre a dar un paseo por el parque, y todas las tardes terminaban en la cafetería Barahonda tomando un chocolate con churros. Después, ya en casa, mientras doña Bárbara tejía, Cándido devoraba otra de las muchas novelas de misterio que su madre le compraba en una librería de viejo de la calle Relojeros.
Los domingos seguía acompañando rutinariamente a su madre a misa en la iglesia de El Salvador y después, mientras doña Bárbara y las amigas se sentaban en un velador del Café Oriental a tomar el vermú, él se quedaba en la barra tomando una caña de cerveza leyendo el periódico.
Desde hacía más de veinte años, uno, o incluso dos sábados al mes acudía al burdel de Lola para desfogarse con alguna de sus chicas.
Algunos sábados acudía solo al cine, elegía una butaca en la última fila, y, antes de quedarse dormido, se dedicaba a observar a las parejas con cierta envidia.
En verano, cuando llegaban las vacaciones, cogían el tren, un autobús y un taxi para llegar hasta un villorrio donde la vida parecía haberse detenido un siglo atrás, y en el que la máxima distracción consistía en tomar las aguas medicinales de una fuente y sentarse en la plaza a contemplar a las gentes.
Cándido no tenía amigos, algún conocido al que saludaba de camino a misa o en el Café Oriental. Con sus compañeros de trabajo apenas mantenía relación, y las amistades de la infancia y juventud habían desaparecido hacía ya muchos años.
Una vez tuvo un gran amor. Blanca y él fueron novios durante siete largos años, pero doña Bárbara nunca vio con buenos ojos aquella relación. Llegaron a comprometerse y a fijar fecha para la boda, pero no llegó a celebrarse, y Blanca, marcada y avergonzada por la sociedad pacata de una pequeña ciudad de provincias, huyó sin dejar rastro.
La vida de Cándido desde que su madre enviudara, apenas había cambiado nada.
Hasta hacia quince días.
El martes cuando Cándido llegó al domicilio a medio día la mesa no estaba puesta, y la casa no olía a cocido.
Encontró a su madre en la cama, con la boca abierta y la mano derecha estrujando su camisón a la altura del pecho. Según el doctor había fallecido de madrugada de un fulminante ataque al corazón.
Durante unos días Cándido deambuló por la casa sin saber qué hacer. Un día, a la salida del trabajo, se encontró paseando su soledad y hablando solo por el parque; en ese momento decidió que su vida iba a cambiar.
Cuando esa tarde llegó a casa empezó a amontonar ropa y enseres personales de su madre para deshacerse de ellos. Después les tocó el turno a las figuras de porcelana, los jarrones, las fotos, y un montón de cachivaches estratégicamente colocados por cualquier rincón de la casa.
Al día siguiente, al volver del trabajo reanudó la tarea ordenando viejos papeles. Y en el fondo de un cajón encontró seis cartas dirigidas a él sin abrir. Los sobres estaban amarillentos, pero con claridad pudo ver que el remitente era Blanca, su amor.
En aquellas cartas Blanca le decía que siempre le amaría y le pedía que se reuniese con ella en Barcelona, donde lejos de su madre podrían comenzar una nueva vida. En la última carta le escribía que siempre le esperaría.
Aquella noche Cándido no pudo dormir, pero soñó despierto con Blanca. Recordaba el tacto de su suave piel de una transparencia como la porcelana, el aroma de su largo cabello castaño, sus ojos oscuros enmarcados por aquellas largas y espesas pestañas, su boca de fresa que tantas veces le había besado, sus pechos con los pezones siempre erguidos, los lunares de su vientre que dibujaban el mapa hacia un tesoro, sus piernas de carne prieta, sus diminutos pies siempre tan fríos... De repente la cama le pareció más grande que nunca y sintió que su vida estaba completamente vacía.
Aquella misma mañana pidió un permiso en el trabajo; después fue al banco y sacó todos sus ahorros. En la maleta sólo metió un traje y una muda, las cartas y una vieja foto de Blanca. Se despidió de aquellas viejas cuatro paredes sin saber si algún día iba a volver y se encaminó a la estación, donde compró un billete para Barcelona.
Todo el trayecto lo pasó pensando en Blanca, en lo que iba a decirle, cómo se lo iba a decir, cuál sería su reacción. De pronto pensó en la cantidad de años que habían pasado, ¿serían capaces de reconocerse?, ¿seguiría Blanca esperándole?
La llegada a Barcelona le impactó; era la primera vez que viajaba solo y la primera vez que estaba en una gran ciudad. Las dudas volvieron a hacer mella en él de nuevo.
Decidió empezar a buscar a Blanca desde ese mismo momento. En la estación tomó un taxi y le dio la dirección que Blanca apuntaba en su última carta. Después de un recorrido largo y enrevesado llegaron a un barrio modesto a las afueras de la ciudad. En el domicilio indicado en el sobre actualmente vivía una familia marroquí que no pudo darle ninguna indicación a cerca del paradero de Blanca. Preguntó en las viviendas vecinas, pero nadie la recordaba.
En un comercio de la calle una señora mayor reconoció a la joven de la fotografía y le aconsejó que se dirigiera a una fábrica de cartonajes de un polígono vecino donde tal vez podrían darle razón de ella.
En la fábrica casi nadie recordaba a Blanca, pero ante la insistencia de Cándido se ofrecieron para buscar en los archivos su última dirección y quedaron en avisarle un par de días más tarde.
Buscó una pensión en la que alojarse, se compró un teléfono móvil y algo de ropa nueva y se dedicó a pasear por la ciudad escudriñando la cara de todas las mujeres con las que se fue topando.
Buscó su nombre en las guías telefónicas, pero no obtuvo resultado.
Siguió buscando su cara por las calles, en los comercios, en los bancos de los parques, entre las mesas de las terrazas de los cafés, pero no tuvo suerte.
Volvió a la fábrica donde le dieron una nueva dirección, muy cerca del puerto, y allá que se fue con una ilusión renacida. Pero la decepción fue enorme, la casa ya no existía y en su lugar habían levantado un moderno edificio municipal.
Alguien le informó que la mayoría de los vecinos de la zona se había trasladado a Hospitalet y hasta allí se trasladó.
Pasaron otros cinco días de infructuosa búsqueda. Las esperanzas de Cándido cada vez eran menores y Barcelona y Hospitalet cada vez le parecían mayores.
Aquella tarde se encontraba agotado, física y moralmente extenuado. Paseaba solitario por el barrio gótico de Barcelona y sin saber cómo sus pasos le encaminaron hacia un decrépito lupanar.
El local era sórdido, mal iluminado y envuelto en humo y aromas agrios. En la barra una mujer de generosos pechos y abundante maquillaje entretenía a un par de octogenarios; en una mesa otros dos ancianos invitaban a una botella de champán a tres mujeres; un poco más allá una mujer bailaba para una pareja, mientras al fondo del local un grupo de cortesanas escasamente vestidas se contoneaban al compás de la música.
Pidió un cubata; la mujer de los grandes pechos abandonó al par de ajados casanovas y comenzó a hacerle arrumacos a Cándido, que terminó por pedir una habitación y un servicio completo.
Le dieron la llave de la habitación 14 y le asignaron a Cristal.
La habitación tenía las paredes forradas con un desgastado papel con motivos barrocos en tonos amarillo y plata, una cama alta y grande con el cabecero de madera arañada por el paso de los años, una mesilla a juego sobre la cual había una caja de pañuelos de papel y una lámpara con el pie de bronce, un gran espejo, un butacón raído y un perchero completaban la decoración.
Cándido ya se había desprendido de la chaqueta y de los zapatos cuando entró Cristal.
Era una mujer de mediana edad, entrada en carnes, con unos brazos fofos y unos muslos marcados por la celulitis. Su piel era tan blanca que transparentaba sus venas azuladas. Su cabello estaba teñido de un rubio chillón que contrastaba vivamente con sus oscuras cejas. En cuanto a su rostro, tal vez en el pasado había sido una mujer bella, pero los años, las tristezas y la mala vida habían ido marcándose en cada pliegue de su piel.
Sin quitarse la ropa se tumbó sobre la cama y con una voz que él rápidamente reconoció le dijo:
_ “Cándido, amor mío, cuánto has tardado, ¿no me recuerdas? Soy yo, Blanca.”
Algo pasó por su cabeza en aquel momento, un rayo que le nubló la vista y le turbó el conocimiento. Sólo podía oír la risa de aquella mujer y las palabras de desprecio que hacia ella su madre siempre había utilizado.
... .... ...
Cuando la policía llegó encontró a Cándido llorando abrazado al cuerpo inerte de la prostituta. Las paredes y las sábanas estaban salpicadas de sangre, y sobre la cama encontraron la lámpara con el pie de bronce con la que la había golpeado en la cabeza en numerosas ocasiones hasta acabar con ella. No opuso ninguna resistencia cuando se le llevaron esposado y sólo acertó a decir “la he encontrado”
... ... ...
Cuando preguntaron a los vecinos todos coincidieron al decir que no se esperaban algo así de él, que parecía un hombre tranquilo y pacífico. Casi todos dijeron que era un tipo anodino, de esos que no llaman la atención. Una vecina le definió como un hombre gris del que nadie esperaba un acto como aquel.

miércoles, septiembre 06, 2006

Nos estamos volviendo locos

Aviso desde el principio: este post no va a ser políticamente correcto.
Hoy he conocido 2 noticias que me tienen bastante indignada, por no decir otra cosa:

Kate Moss cobra actualmente 4 veces más que antes del affaire cocaína.

Pero, ¿en qué mundo vivimos? Me pareció injusto en su momento que un tabloide publicara unas fotos de su intimidad en las que se veía a la señorita Kate consumiendo droga para intentar destrozarla; me pareció cínica la actitud de las marcas que retiraron sus campañas con Moss o las que anularon los contratos, cuando de antemano sabían que era consumidora; me pareció de un gran oportunismo aquellos que se sirvieron del escándalo para, a través de la modelo, publicitar su marca... pero esto ya me parece intolerable.
¿Qué motivos han llevado a Kate Moss a cuadriplicar su caché convirtiéndola en la modelo mejor pagada del momento? ¿Cuáles son sus meritos?
El único mérito que yo le encuentro es ser el escándalo en persona. Se está premiando a una mujer por ser toxicómana, novia de un gamberro poli toxicómano, extravagante, poco glamorosa... ¿hay quién dé más? Pero, visto lo visto, esa imagen vende, y, en el mundo occidental la ley de la oferta y la demanda es la que manda.
En una época en la que reverenciamos el culto al cuerpo y a la vida sana, la imagen mejor pagada es una modelo enfermiza, esquelética, ojerosa y drogadicta.
Hay quien encuentra muy sexy a esta mujercita y su lado salvaje, pero, si quitamos las luces, el photoshop, los kilos de maquillaje y antiojeras, la lencería sensual, el relleno del sujetador, las extensiones de pelo,... ¿qué nos queda?
Después las campañas gubernamentales se quejan del incremento de casos de anorexia fomentados por la imagen de las modelos. ¿Y qué fomenta Kate Moss, además de la anorexia?
Ya está bien de cinismo.
Y aquí viene la otra perla del día
El bailaor Farruquito podría finalmente eludir la prisión.
Ayer, la audiencia de Sevilla condenó a Farruquito a tres años de cárcel, en vez de los 16 meses impuestos inicialmente, por el atropello mortal que cometió contra Benjamín Olalla, demostrando así que la Justicia en nuestro país existe, y funciona, tarde, sí, pero funciona. Pues bien, cuando ya estaba convencida de que la justicia existe y que nadie, por famoso, artista o gitano que sea, puede escapar de ella, me entero de que el abogado del bailaor, Benito Saldaña, aunque no va a recurrir la sentencia ante el Tribunal Constitucional, intentará que el artista no entre en prisión a través de varias vías legales. La primera posibilidad es solicitar el indulto, pero me parecería totalmente escandaloso que el mismo Gobierno que nos machaca día a día con las campañas de tráfico, el carné por puntos y la seguridad vial, indultara a un señor que conducía sin carné, sin seguro obligatorio, a excesiva velocidad, atropelló a un ciudadano en un paso de cebra causándole la muerte y se dio a la fuga sin detenerse a socorrer a la víctima. La segunda posibilidad que se baraja es la de cumplir la sentencia de un año de prisión por omisión del deber de socorro durante los fines de semana. De este modo, y una vez cumplida la pena, sólo quedarían por cumplir 2 años de prisión por el delito de homicidio imprudente en concurso con un delito contra la seguridad en el tráfico, pero, al no tener antecedentes, y siendo un periodo menor, no tendría que volver a pisar la cárcel. Vamos, que lo que el abogado pretende es que el señor Fernández Montoya tenga una segunda residencia para los fines de semana, en la que se lo den todo hecho, y durante el resto del año siga viviendo su vida normal, y, después, si te he visto no me acuerdo. Y eso después de haber cometido un montón de delitos, todos ellos probados y sentenciados. Pero claro, Juan Manuel Fernández Montoya, Farruquito, es artista, es famoso y es gitano. Después nos reímos de la Justicia americana y de los Stella Awards

martes, septiembre 05, 2006

Cuents de colores.La bicicleta


Como todas las niñas de posguerra María era una niña flaca que soñaba con chocolate y juguetes que nunca tendría.
María vivía en la portería de un edificio de nuevos ricos con una abuela a la que llamaba madre, una tía a la que llamaba hermana, un tío al que llamaba José y dos parientes de la abuela que vinieron a pasar un par de días para buscar trabajo y ya llevan casi tres años en la portería.
A María le gustaba correr, y jugar con sus amigos en las cercanas huertas y por las calles de un barrio que está creciendo día a día.
Nuevos vecinos llegaron al barrio, esta vez familias con hijos, niños que desde el primer día mostraron su desprecio por aquel grupo de niños flacos de piel aceitunada. Niñas con grandes lazos de raso en la cabeza que jugaban con muñecas caras y con carritos de paseo y niños de rodillas limpias y pantalones sin remiendos que cambiaban cromos y canicas.
De pronto la vio. Era la cosa más bonita que jamás había visto: una reluciente bicicleta azul, con un brillante manillar elevado acabado en sendas empuñaduras de color blanco. Entre los ejes de la rueda delantera brillaban dos triángulos de un color naranja vivo, y sobre la rueda trasera un portaequipajes cargaba con unos cuantos libros atados con una cinta.
María había visto otras bicicletas, la del cartero, o la del chico de los recados del mercado, pero nada que ver con esta preciosidad, y sintió unos deseos irrefrenables de tocarla, de montarla, de poseerla. Por primera vez supo lo que era la envidia.
Desde aquel día María se acostó cada noche con la misma obsesión, la bicicleta.
Cuando estaban jugando en la calle y veía pasar aquella bicicleta se quedaba embobada siguiéndola con la mirada hasta que la bicicleta y su dueño se perdían tras tomar la curva en la Avenida de Aragón. Un día María decidió seguirles a la carrera. Varias veces creyó perderles de vista, pero finalmente vio como el muchacho ataba la bicicleta a la barandilla de unas escaleras con una gruesa cadena, cogía los libros atados en el portaequipajes y entraba en el vetusto edificio de la Facultad de Medicina.
Hizo el recorrido muchos días más, siempre con la vana esperanza de poder montar en aquella bicicleta.
Las Navidades llegaron y María con todas sus fuerzas pidió una bicicleta como recompensa por todas sus buenas acciones y buen comportamiento de todo el año. La decepción fue enorme cuando la mañana del 6 de Enero sólo encontró junto a los zapatos una bolsa de caramelos de naranja, unas muñecas recortables y unos calcetines nuevos.
El tiempo pasaba, María seguía pensando en aquella bicicleta, de cuando en cuando volvía a la Facultad sólo para poder verla un rato, y otras veces, la seguía corriendo hasta que se cansaba.
Las Navidades siguientes, y las siguientes, y las siguientes, María volvió a pedir la bicicleta como regalo, pero siempre se encontraba con el inevitable paquete de caramelos de naranja, la tira de recortables y los calcetines. Sin embargo, este año se ha encontrado con una sorpresa: junto al paquete de caramelos, envuelto en un fino papel de seda le esperaba un sujetador y un par de medias de espuma. Su abuela y las tías se han abrazado a ella y le han recordado que ya ha cumplido 15 años y que es toda una señorita, que ya no es tiempo de calcetines para ella y que el momento de jugar en la calle se ha acabado ya.
Desde ese momento María supo que nunca poseería aquella bicicleta.
El día en que cumplía 16 años su tía le regaló su primer par de zapatos de tacón, y, además, para celebrarlo, prometió llevarle al baile que se celebraba esa misma tarde en la plaza del Ángel.
Caminaba muy despacio con aquel vestido heredado, al que habían forrado con enaguas, y sus nuevos zapatitos de tacón. Al paso que iba, tardaría tanto en recorrer la avenida que llegaría tarde a la cita que tenía con su tía. De pronto, la vio y la reconoció al instante. Allí estaba, junto a una farola frente al escaparate de una bombonería.
No lo dudó ni un instante, la cogió por el manillar, metió uno de los pies en el calapiés y salió corriendo a lo largo de toda la avenida.
Unos zapatos de tacón no son lo mejor para montar en bicicleta, y ni que decir tiene que una falda acampanada y un par de refajos no son el vestuario apropiado, pero a ella pareció darle lo mismo que la gente le mirase y señalase desde las aceras y que los conductores que circulaban a esa hora por la avenida le soltasen toda serie de improperios. Ni si quiera le importó que un atractivo joven saliese de la bombonería corriendo tras ella al grito de “al ladrón, al ladrón”.
Su aventura acabó pronto, cuando la puntilla de la enagua se enganchó primero con un pedal y después con la cadena. Perdió el equilibrio y cayó al suelo. El muchacho que la seguía no tardó en llegar, sudoroso y jadeante. Se reconocieron al instante.
Unos minutos después un corrillo de gentes les rodeaban; la mayoría estaba más preocupada por saber del robo que por preguntar por el estado de la joven.
El dijo que había sido todo una confusión, la ayudó a levantarse y se disolvió aquel hato de curiosos.
Estaba turbadísima; no por el hecho de la caída, ni si quiera por el robo; era algo inexplicable pero sabía que sus mejillas se habían encendido y que si intentaba hablar la voz no saldría de su garganta.
El se ofreció a acompañarla hasta donde ella tuviera que ir. Anduvieron durante un buen rato el uno junto al otro, él empujando la bicicleta. Dieron un buen rodeo hasta llegar a su barrio. Cuando ya se despedían él le ofreció un bombón que había comprado para celebrar su cumpleaños y a cambio ella le dio dos besos y le confesó que también era el suyo.
Su tía se enojó mucho con ella por haberla dejado plantada en el baile, pero la abuela la disculpó alegando su timidez, aunque luego se enfadó al comprobar el estado en que había quedado su ropa interior.
Esa noche María volvió a soñar con la bicicleta, pero también soñó con él, y con besos, besos dulces como el chocolate que tanto le gustaba.
Desde ese día, cuando María salía a la calle se aseguraba de estar radiante por si se encontraba con Carlos. Si coincidían, él se bajaba de la bicicleta y se iban paseando muy despacio hablando de mil cosas, y cuando llegaban al camino de las huertas él le dejaba la bicicleta para que ella diera un paseo.
Hoy ya han cumplido sus bodas de oro, tienen 6 hijos y 11 nietos, 7 bicicletas, 3 triciclos, 2 coches a pedales, y una motocicleta de alta cilindrada. Y todas, todas las tardes salen con sus bicicletas a dar un paseo por lo que antes eran caminos de tierra y huertas.

lunes, septiembre 04, 2006

Banda Sonora de tu vida

Circula por la red un sencillo y divertido cuestionario. Para completarlo has de hacerlo con títulos de canciones, y, algunos, para hacerlo más complicado, lo hacen con el nombre de un solo cantante o grupo. Yo, no me atrevo a tanto, primero porque es difícil, y después porque hay demasiadas canciones buenas.
Os propongo un reto: cambia tu nombre por el mío y completa tú también el cuestionario, verás que es divertido, pero un poco complicado.

Banda o grupo : He escogido varios entre mis favoritos, Sabina, Presuntos Implicados, Michel Bublé...

  1. ¿Eres hombre o mujer? Aquí dudo entre dos temas "Mujer fatal" de Burning o "Princesa" de Sabina, de la primera me convence más la letra, de la segunda el título.
  2. Descríbete. "El joven aprendiz de pintor" de Sabina
  3. ¿Qué sienten las personas cerca de ti? "Sunny" (o eso espero) en versión Paul Carrack
  4. ¿Cómo te sientes tú? "Calle Melancolia", de Sabina
  5. ¿Cómo describirías tu anterior relación sentimental? "En la oscuridad" de Presuntos Implicados.
  6. Describe tu actual relación con tu pareja "Rebajas de Enero" de Sabina retrata a la perfección mi relación desde el principio.
  7. ¿Dónde quieres estar ahora? "Mediterráneo" de Serrat
  8. ¿Cómo eres respecto al amor? "My way" de Frank Sinatra
  9. ¿Cómo es tu vida? "The great pretender" de Freddie Mercury
  10. ¿Qué pedirías si tuvieras un solo deseo? "Feeling good" en versión Michel Bublé
  11. Escribe una cita, una frase que te haya impactado de alguna canción "If you love somebody send them free", Police
  12. Ahora, despídete " Ain´t no montain high enough"

¿Qué os parece el test? Si a alguien se le ocurre alguna pregunta más (y su consecuente respuesta) puede incluirla.

Tratamiento de belleza

Las vacaciones de verano han llegado a su fin para la mayoría, y lo bueno que tiene eso es que vuelves a reencontrarte con las amistades, y todos tenemos un montón de cosas que contar.
Ayer estuve con mi amiga Vespa y la encontré más guapa que nunca, con un brillito especial en la mirada, lo que se dice con el guapo subido, y no era sólo por el bronceado.
Nuestra amiga Susana siempre dice que hay dos cosas que no se pueden ocultar: la felicidad y el dinero. La felicidad sale a la cara por los ojos, por la piel y por la sonrisa. Así tras una mínima insistencia me confesó su tratamiento de belleza: durante las vacaciones se ha reencontrado con un viejo amor de juventud y está ilusionadísima. Ella me dice que es algo platónico, que sabe que no va a ocurrir mucho más, al menos por ahora, pero que el simple hecho de pensar en ello, de recordar los días pasados y de imaginar encuentros futuros, bastante improbables, por cierto, le hacen ser feliz.
Cuando me contaba que vuelve a sentir mariposas en el estómago, que se encuentra sonriendo por todo y que se pasa el día pendiente de una llamada, un mensaje o un correo y que eso le da felicidad, me dio cierta envidia. Todos hemos pasado por esa situación, y reconocemos lo maravillosa que es, pero también sabemos lo efímera que puede ser.
Conociéndala como la conozco me da miedo que se ilusione más de la cuenta y un día despierte de su sueño con el corazón otra vez roto y vuelva a caer en la desidia. Entonces me tendrá a mí y al resto de sus amigas para hacerle sonreir... y, que narices ¡ mientras pueda que disfrute de la sensación de estar enamorada otra vez como cuando tenía 15 años, que le sienta divinamente!

domingo, septiembre 03, 2006

Este verano, y a través de una llamada de teléfono, he recuperado a una persona que fue muy importante en mi vida, una amiga con la que compartí casa, amigos, estudios, alegrías y desengaños y sobre todo muchos momentos únicos.
Durante años ella fue la persona que más sabía de mí, y, seguramente yo de ella. Cuando pienso en mi etapa universitaria, inevitablemente tengo que pensar en ella, porque está íntimamente vinculada a todo ese periodo.
Después, la vida, las circunstancias, nos fueron alejando a la una de la otra. Cada vez nos costaba más quedar, buscar un hueco para vernos; después las llamadas telefónicas se fueron distanciando; llegó un momento en que incluso se nos olvidó felicitarnos por nuestros cumpleaños, simplemente nadie volvió a dar el paso.
Y como decía al principio, este verano me llamó por teléfono para felicitarme por mi cumpleaños, y durante un rato nos pusimos al día: ¡la de cosas que pueden cambiar en la vida de las personas en dos o tres años!
Casualidades de la vida, íbamos a veranear casi en las mismas fechas y prácticamente en el mismo sitio, así que quedamos en vernos allí.
Fue maravilloso, realmente fue como si el tiempo que hemos estado sin tener contacto hubiera sido mínimo, como si nunca hubiéramos dejado de vernos.
El día que pasamos juntos fue uno de los mejores de las vacaciones, así que repetimos, y lo pasamos genial.
¡ He recuperado una buena amiga a la que había perdido por hacer algo tan nimio como no hacer una llamada de teléfono!
Y, como la vida es tan caprichosa, poco después, e igualmente a través del teléfono, una persona que fue parte importante de mi vida hace casi veinte años se puso en contacto conmigo. Le abrí la puerta y ahora tengo un buen amigo con el que hablar de miles de cosas, incluso del pasado.
Soy una persona muy afortunada, lo sé, en poco tiempo he recuperado dos personas muy importantes para mí, dos verdaderos amigos, y en el momento que más falta me hacían.
Ahora voy a molestarme un poco más en cuidar a los amigos, la compañía telefónica de turno se va a poner las botas conmigo, pero creo que merece la pena cultivar la amistad.

A partir de ahora mi puerta está abierta.

La niña que no aprendió a decir no

La niña aprendió desde muy pequeña que si obedecía siempre la vida era mucho más fácil, y empezó a hacer siempre lo que le pedían.
Más tarde supo que si era capaz de interpretar los deseos de los demás y cumplirlos antes de que se lo pidieran, todavía era todo mucho más cómodo.
Era una niña educada, obediente, responsable, muy buena estudiante, hacendosa, cariñosa, siempre dispuesta a sacrificarse, la niña perfecta... y a los mayores les encantaba. Les gustaba tanto aquella niña que no se plantearon que ella pudiera tener otras necesidades, las suyas propias. Es más, cada vez esperaban más de ella, y la niña, dotada de una gran inteligencia, fue rápidamente consciente de ello, y antes de que un adulto pudiera quedar
mínimamente defraudado, ella se esforzaba más y más.
La niña quería jugar, y quería decir no, y negarse a comerse la sopa o las verduras, y trasnochar, y revolcarse y ensuciarse, y no tener que cuidar de los hermanitos, ni de los amigos de los hermanitos, ni a los vecinitos, ni... pero no podía hacerlo, porque eso defraudaría a los que la rodeaban y ya no la iban a querer tanto.
La niña fue creciendo y se convirtió en una adolescente súper responsable, una magnifica estudiante, una jovencita nada rebelde, nada caprichosa, educada... la hija, la hermana, la nieta, la sobrina y la prima que toda familia hubiera deseado.
Y aprendió que se debía agradar no sólo a los adultos para que la vida fuera más cómoda, también a los niños que la rodeaban. Así, en el colegio se convirtió en una de las alumnas más aplicadas, más participativas en clase y también en el recreo porque sabía como ganarse a los compañeros, haciéndoles los deberes, dándoles clases, y haciendo siempre lo que agradara a los demás.
Se puso un cartel invisible que decía “estoy aquí para servirte, úsame”, todo con tal de no defraudar a nadie.
Y hubo quienes se aprovecharon de la circunstancia, porque sabían que ella no diría nada para no herir a nadie; y aparecieron la vergüenza y la culpa.
La adolescente empezó a olvidar como decir NO en una época en la que lo normal es negarse y rebelarse.
A veces, la vocecita interna que vivía en su cabeza le invitaba a rebelarse, y entonces todos se enfadaban, se sentían defraudados y la hacían sentir culpable.
Pero, pronto aprendió un nuevo truco: podía ser como la vocecita quería siempre y cuando nadie se enterase. Así, cuando no estaba rodeada por los habituales se colocaba una máscara y se convertía en otra persona.
Lo único malo de esta nueva situación era que para que nadie se enterase había que mentir, pero pronto empezó a dominar también el arte de la mentira; incluso llegaba a mentirse a sí misma o a creerse sus propias mentiras. Llegó a ser tan buena que cuando alguien descubría alguna de sus otras mentiras y máscaras no tenía más que poner su cara de angelito bueno y negarlo todo para que el mundo le volviera a sonreír.
La adolescente siguió creciendo nadando entre dos mares. Para el mundo que la rodeaba era como una princesita, bella e inalcanzable, la chica que todo el mundo quería como amiga de sus hijas y como novia de sus hijos. Era adorable.
Siempre había tenido una cara muy bella, y en el momento álgido de su adolescencia, la naturaleza, generosa con ella, le convirtió en una joven muy atractiva que gustaba bastante a los chicos, lo cual generaba tensiones y envidias en su círculo más próximo, así que asimiló una nueva idea, si era menos bella que las demás, o más grande, o menos atractiva o se arreglaba menos, el problema dejaría de existir. Y, como dio resultado, empezó a creerse menos agraciada que las demás y cuando alguien le recordaba que tenía una cara muy bonita, automáticamente se buscaba un defecto que lo compensara.
Sólo quería que la quisieran por sí misma, por lo que en realidad era, pero sólo le querían cuando era lo que los demás querían.
Cada vez se encontraba más asfixiada en los mundos que se había creado, porque llegó un momento que era muy difícil complacer a los adultos, a los amigos y a la vocecita. De cuando en cuando, dejaba que alguno venciera sobre los demás y entonces se desataba la tormenta y volvía la culpa como única compañera.
Un día, alguien le dijo “te quiero” y el mundo pareció volverse de color rosa, aunque en realidad casi nada había cambiado; pronto se dio cuenta de que amar a alguien significaba no dedicarse tanto a los demás, y eso volvía a generar conflictos.
La culpa cada vez estaba más presente en su vida. Si seguía haciendo lo que hasta ahora había hecho la voz la iba a volver loca, y si hacía lo que la voz le pedía conseguiría que los demás se sintieran decepcionados. No era capaz de complacer siempre a la familia, a los otros adultos, a los profesores, a los amigos, al amor y a sí misma.
Las cosas cada vez se complicaban más y sólo encontró una solución. Empezó a trazar un plan de huida. Si se alejaba de su entorno tal vez podría empezar de nuevo.
Lejos de su ambiente dejó salir a la propietaria de la vocecita rebelde, que se manifestó como alguien inexperto que tampoco sabía lo que quería ni como lo quería. Además, fuera del círculo no era nadie, tenía que demostrarlo todo, y nunca hasta ese momento se había sentido ignorada por nadie.
Empezaron a caer golpes por todas partes. De un lado, de otro y de otro. Y ella solo buscaba que alguien la quisiera un poco.
Se inventó dos o tres personalidades más, pero ninguna era capaz de sobrevivir, porque ella sólo buscaba un poco de aceptación, algo de cariño, y la única manera que conocía para ello era complacer siempre a los demás, olvidarse de sus propios deseos y necesidades para servir a los demás.
Siguió buscando quién la quisiera por sí misma, pero tardó demasiado en volver a escuchar de unos labios un “te quiero”.
Los golpes siguieron cayendo y ella siguió levantándose del suelo, una y otra vez, pero las fuerzas cada vez le flaqueaban más. Cuando ya estuvo tan débil que supo que no aguantaría otro golpe más se encerró. Ya no tenía nada que ofrecer, ya no le quedaban fuerzas para complacer a nadie, ya no le importaba si conseguía un poco del cariño y la aceptación que tanto necesitaba, porque ya no era capaz ni de quererse a sí misma.
Durante mucho tiempo su sonrisa ha estado congelada y sus ojos me han mirado sin brillo. Aún le falta mucho por conseguir, pero está empezando a aprender a decir no.

sábado, septiembre 02, 2006

Autoretratos

Me gusta mucho esta foto. Me encanta mi pelo secándose al aire.
Me encanta este traje. Me gustan estas sandalias y el color de la piel de mis piernas este verano.
No me gusta mi cuerpo



viernes, septiembre 01, 2006

Una al precio de dos

Esta tarde he ido al cine a ver “Piratas del Caribe. El cofre del hombre muerto”.
Me apetecía ver un buen espectáculo, una película divertida, con excelentes efectos especiales y con una fotografía y unos paisajes idílicos y en ese aspecto mis expectativas se han cumplido con creces.
Pero he salido del cine indignada, ¿los estudios de cine y los publicistas nos toman por tontos?
No pienso hacer aquí una crítica de la película, ni contar el argumento, ni revelar ninguna de las tramas, pero, ¿ me puede explicar alguien por qué he pagado una entrada de cine para ver la mitad de una película siendo que ya está rodada la continuación de ésta?, ¿es que nadie más se ha quedado con cara de imbécil cuando han aparecido los títulos de crédito dejando todas las tramas sin resolver? ¿pretenden que esperemos otro año o X meses para terminar de ver la película?
Y encima nos vendían la moto de que ya estaba rodada la tercera parte...Que no es la tercera, que es el final de la misma película que yo hoy he ido a ver, sólo que por una lógica continuidad del guión se desarrolla en un tercer escenario.
Insisto, he pagado una entrada de cine para ver una película completa y me siento estafada.
Señores productores, directivos de los grandes estudios: no se quejen si después de esto el público no acude en masa a ver la “tercera” parte de los Piratas del Caribe y nos dedicamos todos a “piratearla” porque ya hemos pagado la entrada, y de tontos sería hacerlo dos veces.

jueves, agosto 31, 2006

De ruta por Extremadura ( 3 )

En mi anterior post proponía una alternativa al trayecto Plasencia - Cáceres, con muchos más kilómetros, pero merece la pena salir de la Autovía para conocer algunos de los rincones más bellos y con más historia de Extremadura y acercarse a La Raya, nombre que recibe la extensa área que de norte a sur y a ambos lados de la frontera hispanoportuguesa se extiende compartiendo un medio natural común, unos paisajes de gran belleza y sobre todo una rica y antiquísima historia de la que nos han llegado numerosos testimonios.
Desde Plasencia nos dirigimos a Galisteo; desde la misma carretera la población llamará tu atención porque se halla en lo alto de un pequeño cerro coronada por una torre de forma piramidal y porque está totalmente rodeada por una muralla de aspecto original y magnificamente conservada. Una vez en Galisteo comprobarás que la originalidad de la muralla reside en que está totalmente realizada con cantos de rio unidos con argamasa, y que es lo que más merece la pena, ya que de su antiguo castillo sólo queda el arco de entrada y la Torre de la Picota, y por cierto, también en mal estado.
Desde Galisteo, atravesando el valle del Alagón, nos dirigimos a Coria, una magnífica ciudad que hay que visitar para admirar su muralla romana, las torres y puertas árabes añadidas, el castillo y sobre todo la catedral, un majestuoso edificio del gótico tardío.

Si la catedral está abierta, no dejéis pasar la oportunidad de verla por dentro para contemplar
el espléndido coro con sillería realizada en madera de nogal y el retablo del altar mayor.
Salimos de Coria para dirigirnos a uno de los puntos clave del viaje y motivo principal de esta nueva ruta: Alcántara.
Desde la primera vez que vi una imagen del Puente de Alcántara he soñado con conocerlo, con verlo con mis propios ojos y con pasear por él. Cuando me terminé de leer El Puente de Alcántara, de Frank Baer, el deseo aún se acrecentó más. (Un inciso: bendita literatura y benditas novelas que nos hacen viajar sin movernos del sitio y recorrer y descubrir lugares únicos.)
Como decía, por fin iba a ver cumplido uno de mis sueños (hay otros lugares con los que también sueño como la Petra de los Nabateos o Santa Sofía de Estambul, pero están un poco más lejanos)
y puedo decir que en absoluto me sentí decepcionada. Es una magnífica obra de ingeniería civil, seguramente el puente romano más relevante de los que quedan en el mundo. Hablamos de un puente construido en el siglo I d.c. que salva una distancia de 194 metros con sus 6 arcos de diferente tamaño, y una altura aproximada de 71 metros y por cuya calzada, de 8 metros de anchura, siguen pasando a diario todo tipo de vehículos, pues el puente sigue siendo el único acceso a Alcántara y a muchas de las poblaciones de la vecina Portugal.
El puente de Alcántara es todo un conjunto monumental, pues además del propio puente hay que admirar también el arco de triunfo que se levanta en el centro de su calzada y en el que todavía, en la parte superior, se encuentra una placa de mármol dedicada a Trajano; cruzando el puente nos encontramos con un templo dedicado al arquitecto de la obra Cayo Julio Lácer, y a este lado del puente existe otra obra, que si bien no forma parte del conjunto romano, sí lo es del conjunto monumental, la Torre del Oro, de la época de Carlos III.
Ni que decir tiene que el puente lo crucé a pie, y no una, sino varias veces, deteniéndome a contemplar el río, la presa, el arco, las inscripciones de las lápidas e incluso las piedras. Lamentablemente sólo con palabras no sé explicar las sensaciones que me inundaban, pero entiendo que este post no trata de ello.
Bien, una vez aquí, y ya cruzado el puente, hay que dirigirse a Alcántara.
Para acceder al casco antiguo hay que atravesar el arco de la Concepción, resto mejor conservado de la muralla. Dentro de la población nos llamó especialmente la atención la Convento o Conventual de San Benito, que fue la casa prioral de la Orden de Alcántara. Consta de un edificio religioso de corte militar que contrasta con el bellísimo claustro gótico; junto a éste se ha edificado un amplio auditorio, de manera que desde la grada se contempla un escenario único, que, al parecer, acoge todos los veranos un festival de teatro.
Destaca también la iglesia de Santa María de Almocóvar, con una fachada románica y la estatua de San Pedro de Alcántara frente a ella.
Bien, hay que continuar el camino hacia Cáceres antes de que caiga el sol. De camino a la ciudad y a ambos lados de la carretera podemos observar numerosos embalses y lagunas, y poco antes de llegar a Cáceres, en Malpartida, entramos en los Barruecos. Merece la pena detenerse un rato, observar algunas aves en las charcas, admirar el antiguo lavadero de lanas junto al que se ubica el Museo Vostell, disfrutar de un bello paisaje y de una puesta de sol única.
Y, estando aquí, rodeada de inmensas moles de piedra, de miles de aves, de agua, me pregunto, ¿por qué tenemos una concepción de Extremadura como de una tierra seca, árida y pobre ? Por ahora sólo puedo hablaros de paisajes maravillosos, de ciudades y pueblos preciosos y de una riqueza medioambiental sorprendente.
Y ya con la luna brillando en el cielo llegamos a Cáceres, donde nos esperaba un baño de burbujas y una cómoda cama, siempre que fuéramos capaces de encontrar nuestro céntrico hotel y un lugar donde aparcar, pero esa historia la dejo para otro post.

miércoles, agosto 30, 2006

¡ Lo que no me pase a mí...!

Esta noche venía de hacer mi caminata habitual por el Juan Carlos y el anillo verde; todo iba bien hasta que he llegado a Silvano y el semáforo se ha puesto en rojo. No podía pararme o me enfriaría y aún me quedaba la cuesta hasta mi casa, así que me he agarrado a la farola y he empezado a hacer ejercicios de estiramiento y pequeños saltitos, vamos, lo normal.
En ese momento, a través de los auriculares, Freddie Mercury me ha cantado Crazy little thing called love y a mí se me han empezado a ir los pies; primero tímidamente, después, no sé cómo, me he encontrado bailando rock con la farola como pareja.
No lo he debido de hacer tan mal, porque desde uno de los coches (sí, el semáforo se había puesto verde y yo no me había dado cuenta) me han aplaudido.
¡ Lo que no me pase a mí...!

lunes, agosto 28, 2006

Es de buena educación saludar

Unos conocidos míos han sido robados, y tras el susto y aún en estado de shock, no paraban de repetir que los atracadores habían sido muy amables y educados. Eso me ha recordado algo que me sucedió hace muchos años, en mi primer año en la Universidad.
En aquel entonces yo compartía un piso con otras dos compañeras de la Facultad: Alicia, bastante mayor que yo, trabajaba por las mañanas en un laboratorio y por las tardes acudía a la facultad un curso por encima del mío y Linda, sólo un año mayor que yo, un curso por encima del mío pero en otra especialidad, que acudía a clase por la mañana siempre que se levantase a tiempo (casi nunca). Por cierto, yo estaba en 1º, estudiaba en turno de tarde y por la mañana trabajaba temporalmente.
Era viernes, el otoño ya estaba avanzado, pero hacía un día maravilloso, de esos que invitan a salir al campo o a un parque a pasear, así que llamé a Pauli y quedamos para esa tarde. Por un viernes que hiciera "pellas" tampoco iba a pasar nada, nadie tenía por qué enterarse. Además, Linda tampoco iba a estar en casa porque había quedado para comer en casa de su hermano y marcharse después al pueblo juntos y Alicia... ella sólo aparecía por casa para dormir o para "dormir" en compañía de alguien que no fuera su novio.
La casa sería mía, sólo mía, y el cuarto de baño, un viernes, también será sólo para mí.
Comí cualquier cosa mientras se llenaba la bañera, a la que añadí espuma, aceite, sales y todo lo que encontré; encendí velas, y en el radiocasette me puse la cinta más tranquila de las que teníamos. Me sumergí en el agua caliente, y allí me quedé, mimándome hasta que el agua se enfrió.
Terminé de enjuagarme, me sequé, masajee mi cuerpo con crema, envolví mi cabello en una toalla y cubrí mi cuerpo con otra y salí hacia mi habitación cruzando por el salón.
Y de pronto, allí, apoyado contra el lateral del sofá, ante la puerta de nuestra terraza, había un hombre. Me quedé momentáneamente parada, intenté cubrirme mejor con la toalla y acerté a
decirle:
_ Buenas tardes.
Hice un gesto como queriendo decir que iba de camino al dormitorio para vestirme y contestó:
_ Tranquila, no se preocupe. Adios, buenas tardes.
Mientras cerraba la puerta de la habitación pensando si era el hermano de Linda o algún amigo de Alicia, mi confuso cerebro se iluminó: si yo estaba sola en casa, si ninguna de mis compañeras tenía que venir a casa, si la puerta del balcón estaba abierta cuando yo la había dejado cerrada, si yo conocía al hermano de Linda y no era ése, ni tampoco ninguno de los novios de Alicia... ¿quién demonios era ese ?
Me entró el pánico y empecé a mover la cómoda contra la puerta, y encima de ella coloqué los libros más pesados. Abrí el armario, me subí a la cajonera y me quedé allí hecha un cuatro escuchando ruídos y voces fuera y temblando, y no de frío.
Pasaron unos minutos que se me hicieron eternos. De pronto se hizo el silencio; en algún momento debería salir del armario, pero ¿y si estaban esperándome?
Cuando pasados unos minutos las piernas empezaron a hormiguear me planteé salir del ropero, con más miedo que otra cosa, e intentar averiguar si ya se habían marchado.
Seguía sin oir ruido alguno dentro de casa, pero no me atrevía a quitar la cómoda contra la puerta. Me asomé a la ventana cuidadosamente y mi alegría fue inmensa al ver abajo dos coches de policia.
Quité los libros y el mueble que me habían servido de defensa y abrí la puerta de mi habitación con una alegría que no sé explicar. ¡Era libre!
Unos minutos despues estaba hablando con la policia. Al parecer los ladrones (eran 3) tenían controlado nuestro edificio desde hacía tiempo y sabían quién vivía en cada piso y sus hábitos. Habían decidido robar una vivienda del último piso ocupada por una viuda y su hija que estaban de vacaciones, y suponiendo que en nuestra casa no habría nadie hasta la noche, descargaban el botín en nuestro piso para sacarlo después directamente a un camión por nuestra terraza. Pero
alguna vecina cotilla vio algo sospechoso y avisó a la policia.
Cuando el agente me pidió que le contara lo que supiera del robo o del ladrón, sólo acerté a decirle:
_Era muy amable, educadamente me dio las buenas tardes.

La anécdota es totalmente real.

viernes, agosto 25, 2006

Estoy enferma

Coff, coff
Estoy malita, tengo fiebre, mucha tos, y me encuentro mal. Y todo ello de cara al fin de semana.
Encima, no tengo ni quién me dé mimos: mi chico trabajará todo el fin de semana, lo mismo que Chelo; Vicki se vuelve a Lanzarote hoy mismo, mi hermana la pequeña acaba de llegar a Ibiza, los otros agotan sus últimos días de vacaciones al igual que la mayoría de mis amigos... y no tengo perrito que me ladre.
Coff, coff, coff (ataque de tos).
¡ Quiero mimitos !

jueves, agosto 24, 2006

DESHOJANDO MARGARITAS


Tengo la casa llena de pétalos de margarita, pero sigo igual. Cada margarita me dice una cosa diferente. Si le pregunto si me quiere, una me dice sí y la otra me dice no; si le pregunto si quiero yo, una me dice sí y la otra también; si pregunto si puedo querer, la margarita me contesta que no, insisto y me dice que sí, vuelvo a insistir y me dice que no.
Las margaritas tampoco me han solucionado el dilema, mi cabeza sigue caliente y no es lo único que echa humo.Tengo las neuronas, las hormonas y las feromonas totalmente revolucionadas, pero como si nada. Hay quien pasa de todo y no se entera y quien hace como que no se entera; quien puede no quiere, quien quiero no puede.
Tendré que pedir más ayuda... pero las margaritas no me han servido de nada.

Subidón

Esta noche íbamos mi amiga Chelo y yo paseando por Concha Espina en busca de un autobús; la calle estaba cortada por el partido de fútbol entre el Real Madrid y el Anderlecht y estábamos maravilladas de comprobar que andábamos solas por una avenida siempre tan congestionada.
Nadie por delante, ni por detrás, ni en la acera de enfrente... así que nos hemos relajado y nos hemos puesto a contarnos en voz alta nuestros mejores polvos (sí, las chicas también hablamos de eso)
Estaba yo en ese momento contándole a mi amiga un momento álgido que alcancé en el pasado con alguien de mi pasado, cuando, y en el mejor momento... más de 50.000 personas han rugido a la vez desde el vecino Santiago Bernabeu.
Seguro que ha sido por un gol del Madrid, pero a mí me ha dado un subidón que ni te cuento.

miércoles, agosto 23, 2006

Los chicos y la televisión


Anoche, como todos los martes por la noche, me quedé viendo Queer as folk, como siempe sola; hoy lo he comentado con las chicas y todas hemos coincidido: la serie nos encanta, es muy dinámica, las tramas están muy bien elaboradas, los protagonistas resultan muy atractivos, es una serie bastante escandalosa pero con la suficiente elegancia y buen gusto como para no caer en la chabacanería y habla de temas universales que a todo el mundo le pueden interesar.
¿A todo el mundo? No, todas hemos coincidido, todas la vemos solas, nuestras parejas no se quedan a ver esta serie, y no sólo porque se emita en horario casi de madrugada.
Pero, ¿ qué les pasa a los tíos? En cuanto se enteran mínimamente del argumento o ven a un par de chicos enrollándose huyen despavoridos, te dicen "es una serie para gays" y no quieren saber más.
Yo no estoy de acuerdo, y las audiencias tampoco, a no ser que en España la comunidad gay sea más numerosa aún de lo que se dice o que la serie sólo sea vista por homosexuales y mujeres heterosexuales.
Intento comprender a los chicos, pero no puedo. Una serie como Queer as folk no puede ser sólo para homosexuales, porque está muy bien hecha y trata temas universales como el amor, la amistad, las relaciones familiares,el sexo, las drogas, la crisis de los treintañeros, la búsqueda del amor... pero sus protagonistas lo buscan en alguien del mismo sexo. ¿Y qué ?
Tengo una teoría: vosotros pensais que si la veis y admitís que os gusta vamos a empezar a dudar de vuestra hombría, ¿a qué sí?. ¿No seréis vosotros los que tenéis dudas?
Sé de más de uno y más de dos a los que les pasó lo mismo con Sexo en Nueva York. Se sintieron muy atraídos por el título, y fueron capaces de ver uno o dos capítulos enteros esperando ver cuerpos desnudos y escenas de sexo, y cuando se dieron cuenta de qué iba la serie, la catalogaron como " programa para chicas" y nunca más quisieron saber de ella. Incluso más de uno tachó a la serie como romántica y ñoña y a sus protagonistas como poco atractivas, ¿qué sabrán ellos?
Y, a todo esto, uno al que conozco bien me cuenta que La Sexta ha adquirido los derechos de la Liga de Fútbol, por si no tenían bastante con el Mundial de Fútbol y el de Baloncesto. Está encantado con este nuevo canal porque le ofrece todo lo que a él le interesa "muchos programas de deporte, futbol, y programas de humor y nada de informativos".
¡ Oh cielos! Acabo de descubrirlo: la Sexta es una televisión para hombres y Cuatro está pensada para mujeres y gays. No teníamos bastante con tener una televisión para cada grupo político, ahora nos la van a dividir también por sexos.
Por cierto, ¿y para cuándo una televisión con una buena programación infantil y juvenil?

Seguimos de ruta por Extremadura







La última vez que había hablado de Extremadura me había quedado en lo alto del Puerto de Honduras, con una altitud cercana a los 1500 metros, contemplando desde lo alto la vista maravillosa que ofrecía el Valle del Ambroz, con Hervás a sus piés, e incluso desde donde se puede divisar el embalse de Gabriel y Galán.
Si hasta aquí la carretera había resultado difícil, ¿qué decir de la bajada?, por que la misma altura que habíamos ascendido, debíamos descenderla para llegar al valle del Jerte... ¡ qué hartura de curvas y de pisar freno! ¡ qué precipicios!
Pero todo mereció la pena. El valle del Jerte es un paraíso frondoso, un valle estrecho del que se apoderan miles de cerezos a ambos lados del rio, un rio de aguas cristalinas y cantarinas que discurre paralelo a la carretera y que atraviesa un buen número de pequeñas y encantadoras poblaciones que viven de la cereza y el turismo.
En Mayo ya no es posible ver el espectáculo de los cerezos en flor que atrae a tantísimos turistas, lo cual también tiene su parte buena.
La primera consecuencia del descenso del número de turistas la obtuvimos en nuestro alojamiento, la Hosteria del Jerte, www.jertehotel.com una antigua almazara convertida en un hotel de cuatro estrellas ubicado sobre el mismo rio. Nos dieron una habitación en la primera planta cuya ventana daba directamente sobre un salto de agua del rio, ¿ puede haber mejor banda sonora para pasar la noche en Jerte que la canción del agua sobre los cantos rodados ?.
Hay dos cosas que no puedes perderte si llegas hasta aquí: los cerezos y una excursión a pie por la Garganta de los Infiernos

Desde el centro de interpretación del parque salen senderos que ascienden paralelos al rio y que conducen hasta la chorrera de la Virgen; pero te pararás mucho antes, a unas dos horas, cuando llegues a los pilones del Jerte, unas piscinas naturales que la fuerza del agua ha ido excavando en plena roca, que en verano están bastante concurridas pero que en esta época, siendo un poco valiente, también invitan al baño.
De vuelta al pueblo, antes de cenar, hay que aprovechar para dar un paseo por sus calles, bueno decir sus calles es algo pretencioso, pues Jerte es una población larga pero muy estrecha y además atravesada por la carretera. En cualquier caso, pasear por la Plaza de la Independencia o por la calleja de Ramón Cepeda dará buena idea de la arquitectura típica del lugar, y después se puede imitar a las lugareñas saliendo a pasear por el prado hasta el parque para ver ponerse el sol.
En cuanto a la gastronomía, como en toda Extremadura es excepcional, pero aquí tiene dos productos estrella: las cerezas y la trucha. Recomiendo abrir boca con una gazpacho de cereza, sí, de cereza, probar las patatas escabechadas, la trucha jerteña, los quesos del Casar y como plato fuerte la caldereta de cordero extremeña. En cuanto a postres, todos son apetecibles.
A la mañana siguiente, despues de un magnífico desayuno en la terraza de la hospedería continuamos viaje por la carretera que discurre paralela al Jerte atravesando el valle y sus distintas poblaciones. No corráis, bajad las ventanillas e id disfrutando del paisaje, los sonidos y los aromas.
Y, de pronto, cuando menos te lo esperas, te encuentras frente a Plasencia, una ciudad apretada, abrazada por el rio, en la que destacan principalmente los pináculos y torres de la Catedral. Una vez en Plasencia merece dar una vuelta por la ciudad, adentrarse por sus calles, acudir a la Plaza Mayor para ver al abuelo Mayorga dar las horas, visitar los palacios de los Monroy y de Mirabel y recorrer la muralla, primero desde el suelo y luego por arriba para contemplar el conjunto de la ciudad y su paisaje.
Desde Plasencia se puede seguir la ruta hacia el sur directamente hasta Cáceres, pero yo propongo una ruta alternativa.

Continuará....

martes, agosto 22, 2006

Mamá, yo no sé lo que es querer


Un día mi madre se encontró a mi hermana pequeña llorando a moco tendido en su habitación. La pequeña, con poco más de 3 años parecía no tener consuelo.
Mi madre le preguntó qué era lo que le pasaba, por qué motivo lloraba tan amargamente y mi hermana entre lágrimas, mocos e hipos le contestó:
_ " Mamá, yo no sé lo que es querer... y si no lo sé a lo mejor yo no te quiero, o a lo mejor no te quiero bien"
Desde luego, la anécdota demuestra que mi hermana desde pequeña ha sido un ser muy especial con una inteligencia muy desarrollada y con una capacidad filosófica muy madura, impropia de una niña pequeña.
Ultimamente me estoy sintiendo como cuando mi hermana era pequeña; a lo mejor no sé querer o a lo mejor sólo es que no me quieren como yo quiero que me quieran, o a lo mejor no quiero bien, o... que sé yo. Mejor me compro una docena de margaritas y me dedico a deshojarlas.

Constructores

En la vieja Europa hubo un tiempo, durante la Edad Media, en el que los constructores eran considerados seres especiales que tras un largo periodo de iniciación y muchos años como aprendices accedían al cargo de Maestro Constructor. Los secretos profesionales del arte de la construcción eran numerosos; realmente debían ser verdaderos genios aquellos que, sin apenas equipamiento técnico, sin modernas tecnologías, con recursos muy limitados y con penosas condiciones de vida, eran capaces de erigir palacios, iglesias y catedrales de monumentales dimensiones que perduran a través de los siglos.
En un periodo en el que el saber se hallaba sólo en manos de unos pocos, algunos elegidos entre los eclesiásticos, y en el que la escritura era cosa sólo de monásticos, el gremio de los constructores manejaba conocimientos y secretos antiguos, casi mágicos, que se transmitían de modo oral y rodeados de un gran hermetismo.
Cuando un aprendiz llegaba a Gran Maestro se le entregaban las "armas" y el conocimiento especial para ser capaces de realizar en la tierra obras que fueran reflejos del cielo o, al menos, que intentaran acercar a los hombres a alcanzarlo;
no en vano, los constructores en la antigüedad identificaban a Dios como el gran Arqitecto del Universo y, por tanto, al Maestro Constructor como a un discípulo directo de Este.
Todo ese encanto, todo ese misterio hoy en día prácticamente se ha perdido.
Las "armas" de los antiguos constructores están ahora en poder de grupos secretos y cerrados conocidos como masones (palabra que en origen significa constructor o albañil)que nada tienen que ver con aquellos.
Ya no hay saberes ocultos, las matemáticas han dejado de ser casi mágicas, todo está al alcance de cualquiera.
Hoy en día los constructores son tipos normalmente zafios, nuevos ricos, más preocupados por atesorar riquezas que conocimientos, capaces de sobornos, cohechos y todo tipo de delitos con tal de levantar en cualquier sitio una urbanización o un complejo residencial con el que enriquecerse y con el que convertir el paisaje en un buen reflejo del infierno.

viernes, agosto 18, 2006

Depresión.

Todos los que me conocen te dirán que soy muy alegre, optimista, extrovertida, dicharachera, emprendedora, lanzada, valiente, abierta, que siempre tengo un rato para ellos y que siempre estoy dispuesta.
Cuando preguntes por mí casi nadie te hablará de tristeza, de lágrimas, de melancolía, de soledad, de dolor o de miedo, sólo yo.
Desde hace años sufro depresión y ansiedad; desde hace casi seis meses recibo tratamiento y ayuda psicológica; desde hace unas semanas le hablo a la gente de mi trastorno psicológico.
Reconocer que tengo un problema me ha liberado y me está ayudando muchísimo. Sigo escondiéndome para llorar y no salgo el día que la melancolía se apodera de mí. Mi casa y la soledad siguen siendo el refugio, pero ahora soy capaz de contarle a los que me rodean que estoy mal, que a veces tengo mucho miedo y que lloro, que ya no puedo seguir disfrazándome y que ahora soy yo la que necesito de los demás.
Ya no me da vergüenza reconocerlo, el miedo y la tristeza también son parte de mí.
El temor y la ansiedad muchas veces me atenazan y me paralizan, pero sé que se pasa y que un abrazo y una voz amiga ayudan a continuar.
No sé cuánto tiempo más tendré que luchar contra ella, desconozco cuántas más lágrimas tendré que verter antes de que mis ojos vuelvan a sonreir como antes, pero sé que ya estoy en el buen camino.

El espíritu de Leonardo se aloja en mí


Ya sé que no soy un genio, que no poseo ni su brillantísima inteligencia ni su exquisita sensibilidad, y que no domino múltiples artes, pero al igual que él, aunque en menor medida, soy polifacética, supercreativa, intuitiva, imaginativa, muy perfeccionista, enamorada de la belleza, con ansias de todo tipo de conocimientos... pero muy inconstante.
Mi curiosidad no tiene límites, como tampoco tenía la suya y mi imaginación siempre está creando algo nuevo, algo más atractivo que lo que hasta ese momento tenía entre manos, lo que me hace abandonar momentaneamente ese proyecto para dedicarme a otro.
Cada nuevo descubrimiento que hago me apasiona y me absorve de tal manera que abandono todo lo anterior.
En más de una ocasión a Leonardo le obligaron a finalizar alguno de sus trabajos, a mí también. Por suerte a menudo aparece alguien que me obliga a terminar alguna cosa, y que me recuerda que la perfección no existe.
Nunca seré la mejor novelista, ni la mejor fotografa, ni la mejor guinista, ni la mejor dibujante, ni la mejor diseñadora de joyas o de ropa, ni la mejor crítico de cine, ni la mejor cocinera, ni la mejor bordadora, ni la mejor diseñadora gráfica, ni ....... nunca seré Leonardo.
Le he hecho una promesa a alguien. Espero ser capaz de cumplirla, espero no obsesionarme por la perfección y ser capaz de atreverme a compartirlo y a aceptar las críticas.

viernes, agosto 11, 2006

Extremadura:mi gran descubrimiento

Uno de mis grandes descubrimientos de este último año ha sido Extremadura, un paisaje lleno de contrastes, de naturaleza, de historia, de cultura, de gastronomía y buenas gentes.
Realizar un viaje por Extremadura, en principio, encierra un pequeño problema... ¿qué ver y qué descartar? ¿por dónde empezar la ruta y cuándo concluirla?. Os prometo que para nosotros ése fue el mayor problema, porque hay mucho donde elegir: Las Hurdes, la Sierra de Gata, el Valle del Jerte o el del Ambroz, la Vera, el Parque Monfragüe, el Campo Arañuelo, la Raya, la meseta trujillano cacereña, la tierra de Barros, las Vegas del Guadiana, la Siberia, la ruta de los embalses, Tentudía y la Sierra Sur...diferentes comarcas, todas ellas con algo especial y lleno de encanto.
Nosostros, finalmente, nos decidimos por realizar una interpretación bastante abierta de la famosa Vía de la Plata combinada con la ruta de la Raya, un recorrido que permite gozar de la naturaleza, de monumentos prehistóricos, ruínas y grandes monumentos romanos, fortalezas árabes, barrios judíos, castillos cristianos, catedrales, ciudades medievales...
Espero que a través de estas líneas os animeis a hacer un viaje como este y lo disfruteis tanto como nosotros.
Para nuestro viaje elegimos el mes de Mayo: la temperatura es ideal para recorrer tanto el campo como la ciudad, la naturaleza está en su máximo esplendor, hay pocos turistas, las carreteras están bastante tranquilas y los días comienzan a alargarse.
Salimos de Madrid de buena mañana el domingo 7 de Mayo y, atención, primer descubrimiento: el fin de semana de entrepuentes la carretera de La Coruña está vacía, ¡ lo prometo !, durante 240 kilómetros viajamos prácticamente solos, fue increíble.
Nuestra primera parada fue Hervás, en pleno corazón del Valle del Ambroz. Casi todo el mundo ha oído hablar de la histórica judería de Hervás, y realmente merece la pena ser vista y recorrida, pero lo que a mí más me llamó la atención fue el constante sonido del agua recorriendo las calles de esta parte de la villa; la judería no sería tan mágica sin esa incesante banda sonora, que se escucha no sólo en las proximidades del río, también en las callejuelas más empinadas y estrechas de la judería.
Para contemplar la mejor vista y hacerse una verdadera idea del conjunto lo mejor es subir las empinadas calles hasta la iglesia de Santa María y rodear la parte que queda de su antigua muralla medieval, y una vez recobrado el aliento, volverlo a perder contemplando el exuberante paisaje de bosques de castaños y pinos que se extiende sobre la población, los abigarrados tejados de la sinuosa judería que se amontonan a los pies de la muralla llegando hasta el rio, o el trazado de calles más nuevas y amplias con cuidados jardines.
Un detalle más si visitas Hervás: te invito a que encuentres los restos de unas columnas templarias que hoy en día se encuentran sujetando un balcón junto a la Policia Municipal.
Desde el Valle del Ambroz nos desplazamos al Valle del Jerte y para ello no tuvimos más remedio que atravesar el sinuoso puerto de Honduras; son poco más de 30 kilómetros de incesantes curvas, por una carretera estrecha, sin arcén, sin quitamiedos y con pendientes de un 20-25%.
Si consigues no marearte podrás disfrutar del paisaje y de los caballos salvajes que pueblan la montaña.
Te recomiendo que cuando llegues arriba te detengas para contemplar el paisaje.