UN LUGAR PARA SOÑAR

UN LUGAR PARA SOÑAR
puesta de sol en la Alhambra

domingo, octubre 14, 2007

Pasadas por agua (LA P... GOTA FRIA)

1ª parte.

Más de 4 meses planeando un fin de semana en la playa con amigas; decidiendo cuál iba a ser el destino, las fechas, las invitadas, qué hacer, cómo ir... está claro, cuanto más lo planifiques peor, las cosas hay que hacerlas sin planificar apenas, porque si no pueden torcerse, y mucho.
La cosa empezó a desviarse un poco cuando a 4 días para la partida aún nos faltaba por confirmar la asistencia de un par de personas, y con una de ellas no podíamos hacernos de ninguna de las maneras. Se ladeó un poco más cuando el hijo de una de mis amigas, a 24 horas para la partida, cae enfermo y no tiene con quién dejarle y se quebró otro poco cuando la hora de partida hubo de cambiarse a las 15:00 horas porque a última hora otra de mis amigas no pudo cambiar la hora de salida del trabajo.
A todo esto, yo he de decir que estaba ya desde hacia varios días en Valencia, disfrutando de buen tiempo, de playa y ultimando los detalles para la llegada de mis amigas
.
Viernes, 19:00 horas, hora de llegada prevista. He cogido mi bolsa de fin de semana, he dejado a mi sobrino con su madre, he cerrado la casa, he hecho la compra, y cargada como una burra me dirijo a la estación de autobuses a recibir a mis amigas. Por el camino comienzan a caer algunas gotas, parece que va a llover.
Viernes, 19:50 horas, por fin llega el autobús con mis amigas. Están desatadas como quinceañeras, sólo piensan en comer golosinas. Salimos de la estación y nos ponemos en contacto con los chicos de la agencia Valencia Holiday (http://www.valencia-holiday.com/ ) y decidimos coger un autobús para dirigirnos a nuestro destino final, una casa en la misma playa de la Malvarrosa (no es que seamos tacañas, es que ningún taxi nos hubiera llevado a las 5 y a nuestro equipaje). Llueve, pero bajo la marquesina de la parada se nota menos.
Viernes, 20:05 horas, por fin en el autobús, destino la playa y un maravilloso fin de semana. Una de mis amigas se acuerda de aquella a la que hemos excluido, y con sorpresa comprueba que le ha llamado. Otra de mis amigas se pone en contacto con su casa y descubre que a ella también le ha llamado. Empieza a cundir el pánico y las más variopintas excusas.
Viernes, 20:55 horas, hemos llegado a nuestro destino. Tan sólo unos metros y un descampado nos separan de nuestra casa en la playa. Está lloviendo con ganas, Pepi , que el día anterior se ha hecho un esguince, va un poco dolorida, pero hay que apretar el paso si no queremos empaparnos. Por cierto, el descampado está embarrado, hay quien lleva tacones, todas vamos cargadas, y las ruedas de las maletas no avanzan por la charca.
Viernes, 21:00 horas, hemos llegado a la dirección indicada. Tocamos el timbre con insistencia, pues los chicos de la agencia deben estar dentro esperándonos. No hay respuesta. La lluvia sigue cayendo, y sólo tenemos en ese momento un paraguas para 5. Llamamos por teléfono a Javier, nuestro contacto con la agencia, pero no hay manera de localizarle. Empiezan las bromas, el nerviosismo, y sobre todo, sigue la lluvia.
Alguien ha visto luces en el piso superior, aporreo la puerta, pero no hay respuesta. A voz en grito y aporreando la puerta conseguimos llamar la atención, y conseguimos que nos abran. ¡Por fin en casa!
Viernes, 21:45 horas, nos hemos despedido de los chicos de la agencia y hemos tomado posesión de la casa. Tenemos a nuestra disposición una primera planta en la que tenemos una habitación con una cama de matrimonio, una especie de salita, un salón, un baño completo, una cocina grande con un gran comedor y una terraza, y una segunda planta con una amplísima habitación diáfana, en la que hemos hecho que nos coloquen las 5 camas, y una terraza con vistas a la playa. No tenemos vecinos a los lados, ni enfrente, por lo que podemos hacer todo el ruido que deseemos. La casa, algo antigua, nos descubre una gran cantidad de secretos guardados en sus armarios, repisas, muebles y recovecos...
Viernes, 22:20 horas, después de una pequeña deliberación hemos decidido salir a dar una vuelta y cenar en alguno de los restaurantes de la zona. Parece que la lluvia nos ha dado una tregua, pero, por si acaso, llevamos el paraguas y un par de chubasqueros.
Paseamos en busca de un restaurante y un intenso olor a gambón a la plancha nos inunda; sale de una casa particular; se nos hace la boca agua y avanzamos rápido, pero para mi sorpresa “La otra vuelta”, el restaurante en el que pensabamos cenar, está cerrado, al igual que la pizzería que había a su lado. Montaña sugiere alguno de los restaurantes que están en pleno paseo marítimo, un poco más adelante, y allá que nos vamos. Empieza de nuevo a llover, y a la altura de nuestra casa, el agua cae ya de tal manera que parece un diluvio. Decidimos cenar en casa con lo que hemos comprado, aunque no tenemos aceite. Menos de 200 metros nos separan de la casa, pero llueve con tal fuerza que nos estamos empapando, y no hay ningún sitio donde guarecerse mínimamente. Yo sólo veo la casa cuartel de la Guardia Civil a 50 metros, pero, por suerte, Teresa, algo más despierta que yo, ve abierto un restaurante justo enfrente de nuestra casa y allí que nos dirigimos.
Realmente, no llevamos pintas para cenar en el restaurante. Yo podría exprimir mi cazadora totalmente regada y no obtendría menos de un par de litros de agua; las perneras de los pantalones de color crudo de Isabel y Montaña están empapadas y salpicadas de barro y arena, y sus cabezas gotean al igual que la mía; Pepi va cubierta con un chubasquero de color amarillo intenso, y entre los vaqueros mojados y su esguince ya no puede dar un paso, y Teresa, cubierta también con un ligero chubasquero azul, va calada hasta los huesos y chorreando por todas partes. Otra vez Teresa demuestra su lucidez al dirigirse al ventanal de la cocina del restaurante para pedir un poco de aceite. No tenemos ni donde llevarlo, pero finalmente nos dan un poco en una botellita de agua, suficiente para poder cenar.
Con el preciado líquido dorado en nuestro poder corremos a la casa esquivando charcos, cuando a Pepi se le antojan patatas fritas. Teresa y yo corremos a abrir la puerta y ponernos a salvo del agua, mientras Montaña y Pepi se quedan ante el ventanal de la cocina pugnando por unas patatas fritas y una barra de pan. Les cuesta más que el aceite, pero finalmente lo consiguen. Ya estamos todas a salvo en casa.
Viernes, 23:30 horas, a cubierto de la lluvia, secas, vestidas con nuestro pijamas y después de haber deshecho nuestro equipaje, cenamos una opípara cena alta en colesterol a base de patatas fritas, huevos fritos, salchichas, san jacobos, pan recién hecho y yogures, amenizada con una charla medianamente escatológica. Desde las terrazas vemos como cae la intensa lluvia como una cortina densa, no llueve, no, jarrea, pero no nos importa, tenemos las endorfinas altas y el buen humor se ha apoderado de todas nosotras. Mientras Teresa, con sus manos mágicas trata el esguince de Pepi, Montaña rebusca por la casa hasta que encuentra una sombrilla, una tabla, un cubo y una pala. Aún pensamos en salir a remojarnos un rato en la playa. Nos reímos, bromeamos, bailamos... estamos de escapada en la playa.
Viernes, 23:55 horas, hemos tenido que recoger en varias ocasiones el agua de la cocina que se cuela por la puerta de la terraza y hemos puesto dos toallas contra la puerta para impedir el paso del agua, aunque mitigan poco la invasión. De pronto, Pepi da la voz de alarma: en la habitación de la primera planta se ha abierto una raja en el techo que está goteando y ha mojado toda la ropa que habíamos colocado sobre la cama para que se extendiera. No encontramos una palangana o un barreño. Montaña vacía uno de los cajones y lo coloca sobre la cama para recoger la gotera. Subimos a la planta alta, y allí comprobamos que no hay goteras, pero que a través de una de las ventanas, cerrada, el agua se ha abierto paso y hay un gran charco ya en el suelo.
Recogemos el agua. Encontramos también un pequeño charco en el salón, pero creemos que es el agua que han escurrido los chubasqueros. Revisamos todo, y comprobamos que la cocina, pese a las toallas y pese a todo, empieza a parecerse a una laguna. Decidimos llamar a Javier para comunicarle el estado de la casa y que nos ofrezca una solución. Por el ruido que se oye al otro lado del teléfono, descubro que está de copas. No parece muy preocupado.
Nuestra indignación va creciendo por minutos. Yo empiezo a perder los nervios. Una nueva brecha se ha abierto en el techo de la habitación de la primera planta. Ya no es una pequeña gotera, son dos grandes rajas por las que el agua cae como de una regadera, sin parar; la mitad del techo de la habitación se ha oscurecido por la humedad y amenaza.
Sábado, 00:15 horas, Javier se pone en contacto con migo para saber qué está pasando. Le explicamos la situación y nos dice que en unos minutos vendrán a verlo. No parece muy alterado, pero nosotras sí lo estamos. Cada vez llueve con más intensidad y el agua sigue penetrando por todos los rincones en la casa.
Sábado, 00:25 horas, Javier y su compañero llegan a la casa. El timbre sigue sin funcionar y además yo no soy capaz de abrir la puerta de acceso a la calle, menos mal que cuento con la inestimable ayuda de Teresa. Al abrir la puerta comprobamos que la calzada es un gran charco y que la intensa lluvia no permite distinguir nada a más de 10 metros. Recibimos a nuestros caseros en pijama, nerviosas, y un poco asustadas al comprobar que el agua sigue avanzando en la habitación y que ya cae con intensidad a través de la lámpara.

Con ellos descubrimos una nueva gotera en el salón. Deciden que nos van a desalojar de allí y que van a proporcionarnos un nuevo hospedaje, y nos dan a elegir entre dos apartamentos en el mismo edificio en la playa de la Patacona, o un apartamento de lujo en la Torre de Francia, frente al Parque de las Artes y las Ciencias de Valencia. Nos vamos vistiendo a toda prisa, temiendo que el agua haga un cortacircuito o que se hunda el techo del dormitorio. Mientras ellos se marchan a comprobar la disponibilidad de los apartamentos y a acondicionarlos para nuestro realojo, nosotras nos quedamos recogiendo nuestros enseres batiendo todos los récords, preparándonos para trasladarnos y decidiendo que la mejor opción son los apartamentos en la Patacona. Por cierto, mientras soportamos la tensa espera Isabel se hace con un par de rollos de papel higiénico que guarda entre su equipaje, y que en el futuro nos serán muy útiles,y Montaña y Teresa con un par de libros.
Recibimos una nueva llamada de Javier. Las carreteras están inundadas, no se puede acceder a la Patacona y nos van a instalar en un apartamento de la Torre de Francia. Nos mandan un par de taxis para que nos recojan y nos lleven al nuevo destino. Teresa empieza a decir que no es lo mismo y no va a parar fácilmente con la cantinela.
Sábado, 01:00 horas, Teresa, que se ha quedado escaleras abajo, en la puerta, avisa de que ha llegado el primer taxi. Decidimos que sean Pepi e Isabel las que salgan en primer lugar, mientras nosotras tres nos quedamos a la espera del siguiente vehículo. Comprobamos con cierto estupor que pese a la intensa lluvia el taxista no se baja del vehículo para abrir la puerta del maletero y que son Isabel y Pepi las que se han de hacer cargo de meter su equipaje en el maletero.
Sábado, 01:15 horas, llega el segundo taxi seguido de cerca por el coche de nuestros arrendatarios. Cortamos la luz y cerramos la puerta. Mi teléfono empieza a sonar con desesperación, pero no soy capaz de encontrarlo mientras guardo mi bolsa de viaje y me acomodo en el asiento delantero del taxi. El taxista nos pregunta la dirección, nos miramos sorprendidas y, como por arte de magia el coche de los chicos de Valencia Holiday se pone a nuestra altura y le pide al taxista que le siga. Mi móvil sigue sonando. Consigo encontrarlo: es Pepi, el taxista, que es bastante borde, no conoce la dirección a la que debe dirigirse y amenaza con hacerlas bajar del taxi y cobrarles la carrera. Le doy la dirección y les emplazo a vernos en el edificio de la Torre de Francia donde los chicos de la agencia se harán cargo de la carrera.
Sábado, 01:25 horas, las calles están inundadas; la calle de Juan Verdeguer y la calle de la Estación están cortadas, de manera que no podemos acceder a la Avenida de Francia por el camino ordinario; seguimos por el camino de las Moreras, pero a cierta altura también está cortado y no tenemos más remedio que adentrarnos en Nazaret, donde nuestros caseros se hallan perdidos y han de seguir al taxi. Callejeando por Nazaret, buscando calles accesibles terminamos dando un tremendo rodeo a Valencia, cruzando por el nuevo cauce del río hasta aparecer por fin en el puente de Monteolivete , desde donde vislumbramos el edificio, no en vano es el más alto de la ciudad. En ese momento nuestros arrendatarios nos adelantan a toda velocidad y se saltan los semáforos de dos cruces y una glorieta. Seguía lloviendo cuando por fin llegamos y descendimos del taxi, pero nuestra sorpresa fue ver que Isabel y Pepi aún no habían llegado.
Sábado, 01:55 horas, con los nervios de punta por la carrera alocada que hemos realizado y sin la aparición aún de Pepi e Isabel, nos recibe el portero del edificio. Llamo a Pepi y me confirma que están llegando. Javier sale a pagar al taxista y a recoger los enseres de mis amigas. Estamos todos fatigados, empapados y con unas pintas un poco extrañas, no hay más que mirar a la habitualmente elegante Isabel, vestida con un chandal naranja y zapatos de medio tacón o a Pepi cubierta con el chubasquero amarillo. El portero flipa tanto con nosotros que cuando nos ve dirigirnos al ascensor nos recuerda que no cabemos los 7 en un solo elevador.
Por fin hemos llegado a nuestro nuevo hogar. No hay toallas ni papel higiénico, y sigue lloviendo, aunque en la 8ª planta no corremos peligro. Enviamos a Javier y a su compañero a por toallas, papel higiénico y algo para beber que nos haga la noche un poco más relajada, mientras Teresa no para de decir que no es lo mismo y Montaña la secunda. Aún hay que hacer el reparto de habitaciones, deshacer el equipaje y poner la ropa mojada a secar.
Sábado, 02:20 horas, los chicos han aparecido con una botella de coca-cola, un paquete de papel higiénico y un par de toallas. Sigue lloviendo, nos quedamos charlando un rato mientras nos relajamos antes de irnos a dormir. Mañana será otro largo día, pero eso será otra historia.

jueves, octubre 11, 2007

Acoso

Leemos a diario casos de acoso, acoso en el trabajo, acoso en las escuelas, acoso en la vida diaria... pero siempre nos parece algo lejano e incluso un poco irreal; por eso cuando el caso es cercano, cuando atañe a tu círculo, la indignación es enorme.
No podía creerme que en pleno siglo XXI, entre chicos de 15 y 17 años, que se han criado y educado en un ambiente de igualdad, de tolerancia, de democracia, de libertad... pudiese seguir dándose un caso de acoso sexual grave.
Estoy hablando de un chico de 17 años, de un colegio privado mixto, de educación religiosa, de un acosador que en mitad de una clase, se dedica a acosar impunemente y sin tregua a una joven de 16 años, aprovecha cualquier descuido para abalanzarse sobre ella y manosearle y sobarle, y cuando ésta le niega repetidamente, él no tiene otro recurso que insultar, humillar, vejar y amenazar físicamente. Estamos hablando de un maltratador y un violador en potencia. Por supuesto él ahora lo niega todo, y se dedica a propagar infundios sobre la joven.
¿Qué clase de educación ha recibido esa criatura? ¿Acaso nadie le enseñó que cuando alguien te dice NO hay que respetarle?, ¿quién le enseñó que las mujeres pueden ser propiedades que se manejen a su antojo?, ¿no le explicaron lo que es la libertad, la igualdad, la tolerancia, la educación, el respeto, el sentido común? Parece ser que no, e incluso, parece ser que no era la primera vez que el gallito actuaba de esa misma manera, pero se amparaba en el miedo que sentían sus víctimas.
Porque eso es lo peor, el miedo, el sentimiento de culpa, la vergüenza, la sensación de impotencia e indefensión que siente una mujer ante especímenes de este tipo. Sé de lo que hablo porque yo lo viví en mis propias carnes y me lo callé en repetidas ocasiones. Ni todo el agua caliente, el jabón y los restregones con el estropajo logran hacer que dejes de sentirte sucia y culpable. La humillación a la que te ves sometida es tan grande que te paraliza, no te permite reaccionar, y durante días el miedo se apodera de ti. Quisieras desaparecer, volverte invisible.
Las mujeres no tenemos la culpa de que en el mundo haya seres despreciables como este niñato de 17 años, y otros muchos de todas las edades, que se creen que las mujeres somos inferiores a ellos y que podemos convertirnos en objetos, en sumisas esclavas destinadas a satisfacer su ego o sus caprichos. No tenemos la culpa de que no entiendan que no somos una propiedad de nadie, que somos personas con los mismos derechos que ellos, y a veces, muchas, con más inteligencia que ellos. No tenemos la culpa de que no comprendan que tenemos la libertad de rechazar a quien queramos, de decir NO cuantas veces queramos y a quien queramos. Las mujeres no somos culpables de ser hermosas, atractivas, sensuales o seductoras, y sobretodo, no tenemos que avergonzarnos por ser así. Ellos deben de saber controlar sus instintos primitivos, y si no son capaces, que se pongan en tratamiento o se vistan con pieles y se vayan a vivir a una cueva en el bosque, como hace millones de años.
Por suerte M.,a sus 16 años, tiene la cabeza muy bien amueblada y supo reaccionar perfectamente. No se calló, si no que lo denunció, primero a sus padres, después ante la dirección del centro, y los mediadores de la policía. M. lo ha sacado fuera de sí, y aunque aún está asustada, sabe que no tiene que avergonzarse de nada, que no tiene que temer, que no es culpable, que no callándose conseguirá que el chico sea castigado, que nadie va a seguir creyendo sus mentiras, y, que es posible que con su acción haya evitado otros casos.
Ojalá yo también hubiera actuado como ella hace muchos años; ojalá no lo hubiera dejado guardado dentro de mí, ojalá alguien me hubiera dicho que yo no era culpable...en mi caso ya no se puede hacer nada, pero en los futuros sí. Que ninguna mujer se avergüence, que denuncien, que no se dejen avasallar por estos maltratadores, acosadores y violadores, y que vayan por el mundo con la cabeza bien alta y el orgullo de ser mujeres.

jueves, octubre 04, 2007

Otoño, lluvia y depresión

Estamos en otoño, la estación de la melancolía.
Lleva lloviendo toda la semana; apenas he visto el sol desde hace 15 días. Miro al cielo y no veo más que nubarrones negros que amenazan con descargar una fuerte tormenta en cuanto pise la calle.
El cielo se ha oscurecido tanto que parece que la noche repentinamente se haya echado sobre esta tarde, y de repente ha comenzado a llover con tanta fuerza que las gotas al caer al suelo salpican y crean burbujas.
Me gusta la lluvia, me gusta el olor a tierra mojada, pero sobretodo, me gusta que luego salga el sol, necesito el sol, y ahora noto que me hace mucha falta.
Es posible que a los demás no les condicione tanto, pero a mí sí. Está clínicamente demostrado que en otoño, al disminuir la cantidad de luz solar a la que estamos expuestos, los niveles de serotonina, un neurotransmisor a los que algunos llaman "la hormona del placer", descienden, afectando a aquellos que sufren patologías de tipo depresivo. Esta es la razón por la cual el otoño suele ser la estación más propensa a las recaídas. Pero que nadie se alarme, el descenso de luz solar no afecta a todo el mundo, para ello deben de existir de antemano problemas, y, aún así, no a todos los enfermos les afecta de igual manera.
Lo bueno de todo es que antes o después terminará por salir el sol, y que cuando menos me lo espere estará brillando en lo alto del cielo. Mientras tanto, he de intentar que la melancolía no se apodere de mí, y he de recordar que a mi alrededor hay un montón de gente que merece la pena, gente que me quiere y por la que merece la pena intentar sonreír.

domingo, septiembre 30, 2007

Los tontos más listos

El Pedergal era un pequeño pueblo aislado a los pies del monte donde durante siglos la endogamia había sido una práctica común entre sus habitantes, dando como resultado un número importante de seres diferentes, o como muchos llamarían, deficientes. Conocí a algunos de ellos durante una temporada que pasé en un finca cercana al pueblo, y descubrí en ellos a unos seres con un corazón puro, sin ninguna maldad, con una capacidad enorme para la felicidad y, en los que, cuando aprendías a escuchar, descubrías que su inteligencia no era tan escasa... sólo distinta a la nuestra.

Recuerdo con especial cariño a dos hermanas: Dolores y Paquita. Ambas habían superado ampliamente el medio siglo, pero su coquetería les impedía confesar su verdadera edad, y como ellas seguían vistiendo, hablando y comportándose como adolescentes, era muy difícil saber qué edad podrían tener. Vivían solas, y Paquita era la que administraba el dinero, y todos los meses, según me contaron, tenía la misma pelea con el empleado de la Caja Rural, porque Paquita sólo quería cobrar en billetes pequeños, billetes que ella pudiera contar; así que cuando el cajero le daba un billete grande escondido entre el fajo, ella lo distinguía perfectamente y montaba un número en la oficina, porque el valor del billete grande para ella no existía, a ella lo que realmente le importaba era el número total de billetes con el que se marchaba del banco. Y, Paquita, viendo un montón de billetes sobre un mostrador adivinaba la cantidad exacta, confundiéndose en las mínimas ocasiones y por cantidades muy pequeñas. Nunca nadie fue capaz de engañarle en una suma o con el cambio en una compra.

Su hermana Dolores, Lolita, era una mujer coqueta en extremo y adicta a la limpieza, a mí, personalmente, me recordaba a la ratita presumida. Tenía una salud de hierro, hasta que al pueblo llegó un nuevo médico, un joven bien parecido del que Lolita se enamoró como una colegiala. Desde aquel momento no hubo una semana en la que Lolita no sufriera una extraña dolencia que necesitara de las atenciones del doctor, que con infinita paciencia le auscultaba, tomaba la tensión o simplemente escuchaba. Y, cuando alguien intentaba mofarse de ella, Lolita, con su habitual coquetería les narraba como le tomaba la mano (aunque fuera para medir su pulso), escuchaba los latidos de su acelerado corazón o le acariciaba, y, no pocas sentían envidia de como ella era tratada por su amor.

Conocí también a Felisín, un hombre realmente especial. De él tampoco podría decir su edad, aunque supongo que era bastante. Era un hombre para todo: igual hacía recados, que ayudaba al alguacil, que barría las calles, que hacía de arbitro en las peleas de los chicos, que regulaba el tráfico o que ayudaba en la iglesia. Pero, ante todo, Felisín se sentía músico; no había nada que le atrajese más que la música, y cuando una orquesta o una banda llegaba al pueblo, allí estaba él, admirando los instrumentos, haciendo preguntas, intentando codearse con ellos. Y, es que, al fin y al cabo, él era músico, como así se lo hizo saber un día a un trompetista de una orquesta. Cuando el trompetista, incrédulo, le preguntó qué instrumento tocaba, Felisín, muy serio, le contestó que un instrumento de cuerda, y cuando el músico, totalmente intrigado quiso adivinar cuál, Felisín orgulloso le contestó que las campanas. Y era totalmente cierto, pues era el campanero del pueblo. Con los años El Pedregal llegó a tener su propia banda y me contaron que la primera vez que la banda salió con la procesión de la Virgen de Los Montes, a Felisín le otorgaron el honor de dirigir el primer tema.

Y no quisiera olvidarme de Manolito, con el que pasé algunos ratos inolvidables. Manolito era un ser excepcional, con una memoria prodigiosa y unas costumbres algo atípicas. Era capaz de recitar de memoria pasajes enteros de varios libros, se sabía infinidad de poesías, imitaba las voces de cualquiera de los vecinos, multitud de sonidos y las voces de muchos animales. Sus predicciones meteorológicas tenían fama en toda la comarca y por las noches sabía guiarse por las estrellas. Según me contaron su infancia, a diferencia de los otros, fue dura, y, al volver del servicio militar, Manolito se encontró más sólo y desprotegido que de costumbre y empezó a refugiarse en el alcohol.

A Manolito le gustaba viajar, pero no se fiaba de los transportes. Me recordaba que cuando estuvo en Madrid solía transportar en una bicicleta paquetes de su cuartel al edificio de Correos, y, que en una ocasión, en plena Castellana, se vio rodeado de automoviles (pocos debían ser, porque me hablaba de tiempos pretéritos). El caso, es que tuvo un pequeño percance, y se asustó tanto que abandonó la bicicleta y salió corriendo con los paquetes en la mano. Desde ese día decidió que lo más práctico era ir a todas partes corriendo, y, sin importarle las distancias, de esa manera hacía sus desplazamientos.

Manolito contaba historias verdaderamente divertidas, sobretodo si le animabas la lengua con una copita de anís, y entonces recordaba con nitidez anécdotas casi inverosímiles que formaban un corrillo de parroquianos a su alrededor.

Pero lo que más le gustaba a Manolito era la radio, más que el anís. Lo más habitual era ver a Manolito por la calle con la mano izquierda sobre su oreja retransmitiendo un partido de fútbol, un noticiario, una corrida de toros o cualquiera de las coplas de Rafael Farina o Miguel Molina. Sí, he dicho retransmitiendo, porque Manolito no tenía transistor; en una ocasión, uno de sus parientes le trajo de la capital el último modelo, y Manolito no cabía en sí de gozo. Pocos días más tarde, aquel familiar vio que Manolito había vuelto a su costumbre, y al preguntarle, le contestó que ya no le gustaba, porque no decían lo que el quería oír ni cantaban lo que él quería, así que prefería su radio. Así se las gastaba Manolito.

Hace poco volví a El Pedregal. Ya no vive ninguno de ellos, y les recordé con nostalgia e inmenso cariño. Desde aquí mi pequeño homenaje para ellos.

miércoles, septiembre 26, 2007

Las noticias de mi semana

He estado una semana de vacaciones (un poco pasadas por agua, pero ajetreadas), pero que nadie piense que por ello iba a olvidarme de mi resumen semanal de noticias.


La semana anterior dejé a la Selección Española de Baloncesto jugando la final contra Rusia; mientras yo escribía mi crónica ellos luchaban canasta a canasta, pero al final, y con un resultado ajustadísimo la victoria fue a parar a manos de Rusia y los Campeones del mundo se tuvieron que conformar con un segundo puesto que ha sabido a poco. Por cierto, mucho "vip" se vio en las gradas esa tarde, más de uno con la sola intención de salir en la foto y sin saber distinguir pasos de faltas.


Y, mientras en Madrid la Selección Española perdía al baloncesto ante Rusia, en Moscú la Selección Española de Voleibol ganaba la medalla de oro frente a Rusia, toda una paradoja. Por desgracia, el voleibol sigue siendo un deporte muy minoritario, y si no llega a ser por esta victoria, el campeonato de Europa habría pasado desapercibido entre las noticias deportivas, las manos aseguradas de Casillas, la polémica de McLaren y Alonso, los problemas del vestuario del Barça, las primeras victorias del Atlético de Madrid y otras banalidades.


Vamos a cosas serias, que las hay; volvemos al tema de la precampaña electoral. La última, como siempre en vivienda, ha sido la "nueva" propuesta social de Carmen Chacón y su ministerio, de subvencionar el alquiler a los jóvenes de entre 22 y 30 años, con una ayuda de 210 € mensuales, a los que se añadirán 600€ para fianza y un aval. La idea está integramente copiada de su antecesora en el cargo, Trujillo, y, además de no aportar nada nuevo, va a conseguir que algunos avispados suban el alquiler de sus viviendas, y, que los que ya han pasado de los 30 se pillen un cabreo monumental; pero eso sí, la presentación fue espectacular, y la lluvia de críticas de un lado y otro, ni digamos. Y, como gato panza arriba se defendió la Ministra, que además se sacó otro as de la manga, con nuevas medidas que agilicen los desahucios en caso de impago. Según ella, con esto debería bastar para sacar a alquiler las múltiples viviendas cerradas que hay en nuestro país y solucionar el problema de la vivienda.
Y, mientras, el pocero inauguraba en Seseña su macrourbanización y prometía construir otro millón de viviendas, aunque sin especificar dónde. Lo que es cierto es que las viviendas de este constructor han salido a la venta por un precio inferior a la media, aunque, saltándose a la torera todo lo que ha podido y en mitad de la nada. Compadezco a esos ilusos que van a tener que tragarse más de dos horas diarias de carretera para poder acceder al trabajo.
Y, dejando el tema de la vivienda, pero sin salir de nuestro país, sigue la quema de imágenes del rey en Cataluña. Estos radicales nacionalistas me recuerdan bastante a los inquisidores de la Edad Media, que cuando no disponían del reo quemaban su imagen en la plaza pública. Aquellos dementes, incultos y fanáticos religiosos al menos celebraban juicios, estos, desde la Universidad, sede del conocimiento, simplemente gritan, queman e insultan. ¡Qué poco han avanzado algunos en quinientos años!
Y en esta España nuestra de pandereta, dos noticias relacionadas con los juzgados han sido titulares. Por una parte, la Audiencia de Barcelona aprueba definitivamente la excarcelación del violador de la Valle d`Hebrón, pese a que los psicólogos han reconocido que no está reinsertado, y que es muy probable que vuelva a reincidir. Y por otra parte, el preso más famoso de España, Julián Muñoz, podría abandonar proximamente la cárcel ya que el nuevo juez del caso Malaya ha decretado su libertad bajo fianza de 50.000 €.
Y por último, decir que el otoño ha entrado de golpe colándose en forma de gota fría, aguando el fin de semana, en especial a los que estábamos en Valencia intentando disfrutar de las playas; pero a mal tiempo buena cara, y la semana que viene más.

La lluvia llegó














Ya está aquí, ya llegó; adiós sombrilla, hola paraguas; hasta el próximo verano sandalias, toca sacar la gabardina del ropero; cambio bronceador por gorro de lluvia.

Después de tres días consecutivos de chaparrón, con la humedad calándome hasta los huesos y el pañuelo siempre a mano sólo puedo decir bienvenido otoño.

(En breve os contaré un divertido fin de semana pasadísimo por agua...)

sábado, septiembre 15, 2007

Las noticias de mi semana

Por desgracia esta semana he de abrir mi resumen con noticias que siguen acaparando titulares, especialmente las referidas a la desaparición de Maddie McCann; pocas novedades sobre este caso, muchas contradicciones y la sospecha cada vez más cerca de la madre de la niña. Parece ser, según algunos periódicos portugueses, que la señora McCann administraba habitualmente sedantes a su hija de tres años, una práctica bastante dudosa, como madre y como médico. Mientras en Portugal la policía intenta averiguar el paradero del cuerpo de la niña, en Gran Bretaña los padres se reunen con dos multimillonarios para buscar ayudas para su defensa. Por cierto, ¿qué ha sido de los 1,4 millones de euros recaudados ? Algo huele a podrido en toda esta historia, en especial cuando unos padres parecen más preocupados por recaudar fondos que por desenterrar la verdad.
En nuestro país también tenemos nuestros desaparecidos. Las familias de los pescadores desaparecidos en el naufragio del Nueva Pepita Aurora se han echado a la calle para protestar por la ineficacia y lentitud, después de una semana, del sistema del rescate, y esperan con impaciencia el momento de poder despedirse por fin de sus seres queridos. Mientras en Jaén se buscan los cuerpos de dos desaparecidos como consecuencia de una riada.
En España es cierto el dicho que nunca llueve a gusto de todos; en menos de cuatro horas una gota fría inundó numerosas poblaciones de Jaén, Murcia, Albacete, Alicante y Valencia. En algunos lugares, durante el temporal cayó más agua de la que se registra en condiciones normales en todo un año. Y, esta vez, por desgracia, además de las pérdidas materiales, hay que lamentar 3 víctimas mortales.
Sin salir de nuestro país, otras noticias acaparan titulares, en especial en política. No voy a hacer comentario alguno sobre la quema de la fotografía de los Reyes por parte de un grupo de radicales en Cataluña, pero no puedo reprimirme ante las noticias de discrepancias entre los proyectos de diferentes ministerios y el de Economía. Sigo pensando que en el gobierno del señor Zapatero, si alguien tiene la cabeza bien puesta, y los pies en la tierra, uno de ellos es el señor Solbes, que últimamente tiene que luchar contra todo y contra todos, y, al que al final, incluso desautoriza el Presidente. Sinceramente, me parece más honesta y creíble la postura de Solbes que la de Zapatero y el resto de sus ministros, que no sé si nos intentan engañar, o realmente se creen sus propuestas.
Y, hablando de economía... "cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar".
En Inglaterra el quinto banco de la nación ha entrado en crisis, sus acciones han caído en más de un 30% y los clientes hacen colas para retirar sus ahorros de la entidad; incluso el Banco de Inglaterra excepcionalmente ha tenido que echar mano de sus reservas para ayudar al Nothern Bank, un banco especialista en préstamos hipotecarios. La crisis de Estados Unidos ya ha saltado a Inglaterra, ¿deberíamos tomar alguna medida en España?
Es hora de relajarnos un poco con temas un poco menos serios, hablemos de deportes. Mientras en fútbol la selección española sigue haciendo el ridículo, la de Baloncesto nos anima venciendo y convenciendo. Cuando escribo esto estamos a punto de llegar a la semifinal del Europeo, y da gusto ver jugar a un equipo tan bien compenetrado y con tantas ganas. Nada que ver con la selección española de fútbol y, especialmente con Luis Aragonés, un tipo malhumorado y siempre agriado, que ahora ha decidido no volver a dar una rueda de prensa, y que tampoco permite a los seguidores del equipo que vean los entrenamientos. Habría que recordarle al señor Aragonés que hace mucho tiempo prometió que si no cumplía dimitiría: entonces no cumplió y ahora tampoco. Pero, en este país nunca cambia nada, y menos en la Federación de Fútbol, donde cuando se accede a un puesto no se abandona por nada del mundo.
Y, mientras, la guerra del fútbol sigue en televisión: la Sexta y Sogecable siguen sin llegar a un acuerdo, por lo que seguirá el baile de partidos y el espectador no sabrá hasta unos minutos antes qué partido va a ver ese día. Vamos, lo normal en televisión, donde el cambio de programación es una constante y donde la saturación publicitaria llega a cotas cada vez mayores. Veremos las sorpresas que a partir de la próxima semana nos depara la nueva programación.
Y, hablando de televisión, y antes de decir hasta la semana que viene, un recuerdo para la actriz Jane Wyman, la inolvidable Angela Chaning que tantas sobremesas me alegró.

viernes, septiembre 14, 2007

Cuentos de colores: Azul

Asomada desde mi ventana, una mañana más contemplo el mar, este viejo y tranquilo Mediterráneo, e intento divisar en el horizonte una tierra lejana y añorada, pero no veo más que azul, una tenue línea que separa el mar del cielo azul.
Protegida en mi pequeño refugio intento olvidar, sin éxito alguno, porque todo me recuerda a ti; sé que esta última ola que me ha salpicado viene desde el otro lado, y me pregunto si no habrá jugado antes contigo; los rayos de sol que doran mi piel son los mismos que a cientos de kilómetros de aquí te están iluminando a ti; pienso que esta brisa con olor a yodo antes te habrá refrescado a ti, y no puedo dejar de recordar los momentos que pasamos juntos, al otro lado de ese horizonte azul, abrazados en la arena, contemplando este mar mientras nos amábamos.
Está atardeciendo. El sol va en tu búsqueda y posa sus últimos rayos, como suaves besos, sobre la superficie de nuestro mar, y las nubes, celosas, se tiñen de un color carmesí haciendo de esta puesta de sol un espectáculo único y maravilloso, y yo no puedo dejar de pensar que tal vez tú estés contemplando esta misma visión crepuscular y estés recordando los ocasos que contemplamos juntos mientras vivimos nuestros días de amor.
Otro día más la noche ha llegado; la luna, tan solitaria como yo, brilla en el cielo y se refleja plateada en el agua; seguro que tú también la estás viendo. A lo lejos, en el horizonte pequeños puntos de luz refulgen, barcos de pescadores que tal
vez se guíen por el potente foco del faro de mi isla, como tú, si un día decides venirme a buscar. He pintado la puerta y las contraventanas de un intenso añil para que desde la lejanía puedas distinguir mi refugio, aunque pocas esperanzas me quedan ya.
En mi corazón sigue viviendo tu recuerdo mientras en mi vientre crece una criatura fruto de aquellos días de pasión. Ya queda poco para poderla tener entre mis brazos, y sólo espero que tenga los ojos tan azules como su padre, tan azules como el mar que cada mañana contemplo desde mi ventana.

sábado, septiembre 08, 2007

La vida Bárbara

Cap. 8 Sofía
Con la llegada del mes de Junio, Sofía empezó a notar algunos cambios en el comportamiento y las actitudes de Bárbara. En las últimas semanas parecía menos abatida, un poco más alegre, más optimista, menos resentida con el mundo y con los que le rodeaban, algo más resuelta y animosa. Eran cambios apenas perceptibles para la mayoría, pero a Sofía aquellos pequeños detalles le recordaban a la joven Bárbara que un día, hacía ya más de seis años, había entrado al estudio con su curriculum bajo el brazo ante el reclamo de un puesto de trabajo.
Desde el primer momento la simpatía de Sofía por su pupila fue notoria, y llegaron a estrechar los lazos de tal manera que la relación que existía entre ambas mujeres iba más allá de lo profesional, se podría decir que Bárbara sentía algo más que admiración por su superiora, a la que intentaba imitar en todos los aspectos, mientras que Sofía llegó a desarrollar un profundo cariño por la muchacha, a la que quería casi como a la hija que nunca tuvo, tanto que hizo lo imposible por llegar a convertirla en parte de su familia.
Durante las fechas posteriores a la muerte de Alberto, Sofía no podía dejar de evocar imágenes de un pasado común en la que la protagonista era Bárbara. Recordaba su bello rostro rebosante de inocencia el día que la entrevistó para el trabajo. Le impresionaron desde el primer momento sus delicados modales y su exquisita educación, la mirada franca y directa, la manera en que se sentó, cruzando las piernas elegantemente hacia la derecha a la altura de los tobillos, su tono de voz suave al tiempo que firme y el entusiasmo con el que le enseñó y explicó algunos de los bocetos que portaba.
A veces, a su memoria llegaban imágenes de los primeros tiempos de relación laboral, cuando Bárbara parecía iluminar con su sola presencia cada rincón, cuando se ruborizaba cada vez que se elogiaba su trabajo o alguna de sus ideas, cuando cada mañana, por muy pronto que Sofía llegara, se la encontraba esperando ante los cierres de la tienda con la mejor de sus sonrisas. Añoraba aquella sensación de frescura, de aire nuevo que durante aquellos días inundó el negocio. En ocasiones, cuando cerraba los ojos volvía a vivir las largas conversaciones ante una taza de café poco antes de marchar a casa, aquellas charlas que cada vez eran más extensas e íntimas y en la que las dos se fueron abriendo lentamente. Sofía escuchaba con avidez los problemas que Bárbara tenía en la relación con sus padres y sus hermanos mayores, su desengaño amoroso y como éste había incidido en las ya de por sí malas relaciones familiares, los pequeños cotilleos, las relaciones con sus amigos, sus planes de futuro, a la vez que se permitía el darle consejos que la muchacha rápidamente ponía en práctica. A cambio, ella encontró una persona a la que poder contar sus problemas diarios, su complicada vida como empresaria, trabajadora, esposa, madre y ante todo mujer en un mundo de y para hombres. En Bárbara halló a alguien que no era sólo su confidente, demostraba ser ante todo una amiga y alguien que la admiraba, un ser al que podía aconsejar e incluso moldear. Cuando Sofía recordaba aquellos momentos sonreía… ¡Qué lejos habían quedado ahora! Sabía que aquella complicidad entre ambas mujeres no podría repetirse ya, no tenía esperanzas de que Bárbara le abriese su corazón para contarle lo que le estaba sucediendo y sabía muy bien el por qué.
Sofía había sido una mujer dedicada por entero a la familia y sobre todo a su trabajo. A lo largo de su vida había conocido a muchas personas, su carácter dicharachero y extrovertido le había procurado una extensísima agenda de conocidos, pero apenas tenía amigos. Con el paso de los años, al ir creciendo los hijos, se fue volcando cada vez más en su empresa, al tiempo que se aislaba de todo lo que no tuviera que ver con su particular universo. Con gran esfuerzo había conseguido sacar adelante sola un viejo negocio de antigüedades heredado, había logrado convertirlo en un exitoso estudio de decoración y tienda de muebles, referente de la nueva clase dirigente madrileña. De pronto, un día se dio cuenta de que estaba muy sola, ni su marido ni sus hijos conseguían ya llenar ese vacío que se había instalado en su alma, y tampoco tenía fuerzas ni ganas para reconquistar aquella parcela de su vida. Su negocio había crecido espectacularmente en detrimento de su vida personal , y fue entonces cuando decidió contratar a alguien que le ayudase en el trabajo, alguien en que poder delegar ciertas tareas con la esperanza de así encontrar un tiempo para recuperar su vida familiar. Ese alguien fue Bárbara.
Durante meses Sofía fue abriendo un hueco en su frío corazón de mujer luchadora e independiente, la tímida e insegura Bárbara había conseguido despertar en Sofía sentimientos que creía dormidos y que ni sus propios hijos le habían sabido provocar. Necesitaba su presencia, su cariño, y sobre todo esa adoración y admiración que Bárbara le transmitía en todo lo que hacía, decía y expresaba. Se había acostumbrado a la muchacha, le resultaba ya indispensable en su vida y no estaba dispuesta ni si quiera a pensar en perderla
Alrededor de la joven fue tejiendo una tela de araña en la que implicó al mediano de sus hijos, Alberto, un hombre frío, poco afectivo, pero siempre deseoso de complacer a su madre. No fue difícil organizar un encuentro casual entre ellos, deseosos como estaban ambos de conocerse tras haber oído las exageradas virtudes y méritos de uno y otro en boca de Sofía. Aquellos encuentros, siempre auspiciados por la misma persona, comenzaron a ser cada vez más frecuentes, y pronto una pequeña chispa prendió entre ambos. Sofía se llevó una gran alegría al comprobar que su estrategia había funcionado, ahora sólo tenía que avivar aquel pequeño fuego, y para ello no dudó en invitar a Nuria a pasar las vacaciones con ellos en su chalet en la costa, le fue introduciendo poco a poco en su círculo de amistades y familiares, le otorgó una pequeña participación en su empresa, y con el tiempo convenció a la pareja de la conveniencia de adquirir una propiedad conjunta en una urbanización a las afueras de Madrid, relativamente cercana a su residencia, e incluso, con astucia maquiavélica, consiguió que un desmotivado Alberto se declarase. Para aquel entonces Sofía ya sabía que Bárbara estaba suficientemente implicada en la familia y deslumbrada ante la posición y las comodidades que la vida junto a Alberto le ofrecían como para negarse a aquella proposición. En aquellos tiempos únicamente hubo un detalle que no satisfizo plenamente a Sofía: la fecha del enlace se pospuso hasta que las obras de la vivienda estuviesen completamente terminadas, casi dos años.
Sofía recordaba ahora como en aquel tiempo la actitud de Bárbara fue cambiando. Su entusiasmo ante todo fue descendiendo, ya no se sorprendía con cualquier detalle, se volvió más retraída, más fría, más interesada, menos comunicativa. Había logrado ganar una hija, pero a cambio estaba perdiendo su amistad.
A medida que la fecha de la boda se iba acercando, la relación entre ambas mujeres iba enfriándose. Aparentemente, nada había cambiado, Sofía le ayudó en la elección del traje, la confección del menú, la lista de invitados y todos los pequeños detalles que rodeaban al gran evento, sin embargo, los silencios cada vez eran mayores y los ojos de Bárbara no transmitían la ilusión esperada. Sofía sabía que Bárbara se encontraba atrapada en una red que no le hacía feliz, y que esa situación estaba distanciándolas irremisiblemente. Se sentía culpable, conocía bien a Bárbara, no sería capaz de renunciar a la complaciente vida que Alberto le ofrecía ni enfrentarse a la mujer que casi todo se lo había proporcionado.
Por eso, ahora que todo había acabado, Sofía, en su fuero interno, no podía dejar de alegrarse al ver los cambios que Bárbara estaba experimentando. Sabía que lo que estaba sintiendo era una aberración, pero no podía dejar de alegrarse ante la perspectiva de volver a recuperar a la Bárbara a la que siempre había querido, aunque para ello hubiera tenido que perder a su hijo. Confiaba en que todo volviera a ser como antes, esperaba que la joven nunca fuera consciente de que ella había sido la promotora de su estrangulamiento emocional, suspiraba porque volviera a acercarse nuevamente a ella, pero no sabía como hacerlo.

viernes, septiembre 07, 2007

Mis noticias de la semana

Ha empezado el mes de septiembre, y con él un nuevo curso; y, yo también quiero empezar algo nuevo en este blog(siempre hay que estrenar, que sienta muy bien), así que he decidido comenzar una nueva sección semanal, un particular resumen de las noticias de la semana, las que han merecido mi atención. Y, esta semana viene bien cargadita...

Como decía, el nuevo curso ha comenzado, y eso lo saben bien los políticos de nuestro país, que, tras un verano repleto de incidentes, han dado dado su particular pistoletazo de salida a la campaña preelectoral, y, en esa carrera ha destacado por encima de todos Cholves que se ha sacado de la manga un proyecto de ley de la vivienda por la que la administración garantiza a todos los andaluces con unos ingresos inferiores a 3.000 € el acceso a la compra de una vivienda digna invirtiendo como máximo el 30% de la renta, o un 25% en caso de alquiler. ¡ Toma ya! Para una vez que Carme Chacón no había abierto la boca y no tenía que hacer ningún desmentido o aclaración desde su ministerio, llega la Junta de Andalucía a echarle una manita, precisamente desde Andalucía, donde se especula como en ningún otro sitio con las viviendas en todo su litoral. ¿De dónde va a sacar los recursos la Junta de Andalucía para seguir pagando el PER a miles de ciudadanos, las operaciones de cambio de sexo y ahora también las viviendas? Promesas, promesas, ya veremos en qué quedan. Menos mal que en el gobierno hay algún miembro aún con la cabeza bien amueblada, como Solbes, que ya ha mostrado sus discrepancias ante este anteproyecto.
Estoy segura que de aquí al mes de marzo tendremos que escuchar, por parte de los dos partidos principales, muchas propuestas maravillosas y utópicas que a la hora de la verdad se quedarán en papel mojado.
Lo que sí que espero y deseo, y creo que casi todos estaremos de acuerdo, es que ambos partidos se pongan de acuerdo en las estrategias para luchar contra los terroristas de ETA. Estoy cansada de oír decir que ya no les quedan fuerzas, que están prácticamente acabados, que son los últimos coletazos desesperados, pero a la hora de la verdad resulta que siguen atacando, cometiendo actos como el de Durango y Castellón, mostrando vídeos de cómo preparar bombas y proclamando la voluntad de atentar de forma intensa. Es de desear que el golpe dado por la policía francesa en Cahors haya dañado realmente a la banda, y que el enfrentarse a una cadena perpetua, lejos de sus hogares haya hecho mella en los terroristas. Tal vez sea el momento de que en España también nos planteemos el endurecer las penas y derrocar todos los privilegios que a lo largo de estos años se han concedido a los etarras y que no han servido para casi nada.
Pero no todo va a ser política, también habrá que hablar de otras noticias que lo han sido esta semana. En el panorama internacional, la que más revuelo ha causado es la referida a Maddie, la niña británica que desapareció el 3 de mayo en un complejo hotelero de la costa portuguesa; sus padres han pasado de ser víctimas a sospechosos, y la indignación crece al pensar en la posible farsa urdida por los padres en colaboración con los medios de prensa británicos y los asesores del partido laborista. Miles de personas se involucraron en la búsqueda de esta niña, se recaudaron más de un millón de euros en donaciones, algunos famosos, políticos, e incluso el Papa prestaron su imagen para esta causa... ¿cómo acabará todo?. Lo único cierto es que Maddie no está y que la policía lusa sigue intentando desenmarañar un caso complicado.
En nuestro país otro suceso nos ha abierto los ojos a la amarga realidad, el naufragio de un pesquero frente a las costas de Barbate. El viento de Levante se llevó la vida de 3 marineros y cinco siguen desaparecidos, aunque sin esperanzas de encontrarlos con vida. Los habitantes de Barbate, como otras muchas poblaciones costeras dedicadas a la pesca, que durante meses se vieron condenados a no poder realizar su trabajo por las presiones marroquíes, han recordado con dolor la cara más amarga de un mar traicionero y una profesión peligrosa.
Y, mientras, el mundo entero llora la desaparición de uno de los grandes divos del bel canto. El tenor Luciano Pavarotti ha fallecido en su amada Módena a los 71 años víctima de un cáncer de páncreas.
Pero, no todo ha sido negativo en esta semana. El deporte también nos da alegrías, por lo menos en baloncesto, donde los campeones del mundo siguen demostrando porque lograron el pasado año este título en Japón. El partido contra Croacia, emocionante hasta el último segundo, pareció ser sólo un pequeño despiste, y frente a la Grecia campeona de Europa los españoles dominaron
un encuentro que se saldó con una ventaja de 18 puntos. A ver si los chicos de Luís Aragonés son capaces de contagiarse del espíritu de los de Pepu y este fin de semana ante Islandia, y el próximo miércoles ante Letonia, son capaces de darnos alegrías.
Y, por esta semana es todo. Ha habido mucho más, ya lo sé, pero yo he destacado esto. Y, la próxima semana, más.

jueves, agosto 30, 2007

Superando retos

" DOS TRIATLETAS VALENCIANOS CULMINAN CON ÉXITO LA TRAVESÍA A NADO DEL ESTRECHO DE GIBRALTAR"
http://www.valencianoticias.com/search/node/dos+triatletas+valencianos
http://www.europasur.com/149444_ESN_HTML.htm


Es la primera vez que en este blog me remito a una noticia, pero en esta ocasión es por un motivo de peso, y, es que el protagonista de la noticia no es, ni más ni menos, que mi hermano Apolo.

Mi hermano Apolo es un ser excepcional, bueno, mis cuatro hermanos lo son, pero sus continuos retos hacen que él sea el que más destaque, aunque, como ya he dicho antes, tengo cuatro tesoros de hermanos de los que me siento muy orgullosa, y por ende, de mis padres, que han conseguido hacer de todos nosotros muy buena gente.


Bueno, vuelvo a mi hermano Apolo. Para él, este reto ha sido una vuelta de tuerca, un más difícil todavía, pero, costase lo que costase tenía que lograrlo. Él siempre ha sido deportista y siempre superándose a sí mismo; en el instituto, a pesar de su estatura, destacó jugando al baloncesto. Después empezó su afición a la bicicleta, especialmente a la de montaña, y cada barranco tenía que ser más pronunciado, cada ascenso más elevado. Después se pasó al triatlón, y, no se conformó sólo con realizar alguna prueba de vez en cuando, además participó en el Ironman de Austria en el 2004, una de las pruebas más duras a las que alguien puede someterse, y logró finalizarlo. Hace rutas por España en bicicleta (la ruta del Cid, la ruta del Quijote...) y siempre está buscando un nuevo reto personal, una nueva meta que batir, y con su entusiasmo consigue contagiar a los demás, incluyendo patrocinadores que cubren la mayor parte de sus gastos.

Como decía, en esta ocasión, era, si cabe, un desafío mayor que los demás, porque el mar no es el elemento en el que mi hermano se encuentra más a gusto. Hace 10 años, uno de sus mejores amigos, Nacho, al que ha dedicado esta travesía, murió desangrado en sus brazos, mientras practicaban buceo en el Mediterráneo, víctima de un insensato que no respetó la boya ni la velocidad. Desde aquel momento, el mar y mi hermano terminaron su relación.

Por eso esta ocasión era tan especial. En poco menos de tres meses decidió su nuevo desafío, se preparó un par de pruebas en el mar, se buscó un patrocinador y un acompañante y... culminó con éxito, aunque extenuado, una travesía complicada.

Por desgracia, esta gesta ha pasado casi inadvertida para la prensa al coincidir prácticamente con la hazaña del nadador paraolímpico Dani Vidal, al que no voy a quitar ningún mérito, pero Dani tenía mucha más preparación que Apolo y ha copado todas las reseñas deportivas.
Como he dicho al principio, mi hermano siempre ha estado en una continua lucha, superando obstáculos, y no sólo en el deporte, también en la vida ordinaria. En el colegio todos decían que no valía para estudiar, que siempre estaba en las nubes (o en la Luna, como su nombre indicaba), que no merecía la pena que siguiese... pero él continuó. No se veía capacitado para hacer una carrera, y optó por estudiar un ciclo de formación profesional. Pero, descubrió que tenía una facilidad extraordinaria para los idiomas, y se marchó a estudiar fuera. Consiguió varios trabajos, y prosperó hasta llegar a ser director de exportaciones de una empresa, para lo que sacó tiempo y fuerzas de donde no había y estudió y se preparó a conciencia.

Hoy en día Apolo es Director Ejecutivo en una empresa, viaja por el mundo entero, sigue practicando triatlón, está estudiando la carrera que siempre soñó, tiene una mujer y una niña maravillosas, una buena casa, muchos amigos, una familia numerosa con la que le gusta reunirse... y miles de ideas en la cabeza que antes o después llevará a cabo.

No es un supermán, es sólo un hombre, una persona con una fe ciega en si mismo que se crece ante las adversidades.

Creo que mi hermano Apolo es un buen ejemplo; hay que luchar por lo que uno quiere y en lo que uno cree, da igual el tiempo que tardes, da lo mismo no ser el primero, lo que importa es hacerlo, y terminarlo, y buscar siempre nuevos retos que cumplir, porque en eso, también consiste la felicidad.

lunes, agosto 20, 2007

Decálogo para ser una mujer feliz


Apréndete bien este decálogo, ponlo en práctica, y te aseguro que serás un poco más feliz. Si no lo ves correctamente, pincha sobre la imagen para que te aparezca ampliado. Y recuerda, quiérete a ti misma por encima de todas las cosas.

martes, agosto 14, 2007

La vida Bárbara

Cap. 7 De Fiesta ( Versión extraída directamente del diario personal de Bárbara )

Puede decirse que el cumpleaños de Laura, como fiesta, fue todo un éxito. Acudieron a la cita más de una treintena de amigos, compañeros de trabajo y conocidos de la homenajeada, todos portando algún regalo para la anfitriona y la mayoría añadiendo algún licor con alto contenido etílico a la ya de por sí amplia bodega. He de reconocer que la selección musical escogida por Nacho fue del agrado de la mayoría, incluyéndome yo misma entre los adeptos, y que todo el mundo bailó al compás de las melodías seleccionadas. Las ensaladas, canapés y demás viandas preparados por nosotras debieron ser también del gusto de todos los presentes, porque desaparecieron con gran rapidez de las bandejas. El buen ambiente, la diversión y la juerga se prolongaron hasta muy altas horas de la madrugada, cuando el cansancio y el exceso de alcohol hicieron estragos entre nosotros. Pese a todo, hubo quien decidió continuar la juerga por separado en alguno de los locales nocturnos - o más apropiado sería decir diurnos - situados entre la urbanización donde nuestra amiga tenía su chalet y Madrid.
Sería acertado decir que la mayoría de los asistentes se marcharon de la fiesta con un buen sabor de boca, aunque no en el sentido literal, claro.
Sin embargo, yo he de decir que en lo que se refiere a mis planes, la fiesta no cumplió todas las expectativas que yo deseaba.
Es cierto que un considerable número de los invitados eran del sexo masculino, pero hay que tener en cuenta que algunos de ellos se presentaron con sus parejas, lo que los hacía totalmente descartables para mis intenciones. Eliminados los “comprometidos” quedaron un grupo de solteros entre los que encontré a los especimenes más variopintos.
El primero en acercárseme fue un viejo conocido, José Hidalgo. Un grupo de viejas amigas estábamos charlando animadamente sobre algo intranscendental, cuando mi antiguo compañero de Facultad se aproximó para piropearme efusivamente y pedir mi opinión a cerca del original retrato que había regalado a mi amiga Laura. Decidí ser educada y mentí, y tanto pareció complacerle mi respuesta que me invitó a acudir a su estudio para poder realizarme un retrato, a ser posible un desnudo. Tardé mucho tiempo en conseguir quitármelo de encima, tuve que recurrir con miradas de auxilio a la ayuda de mis amigas, pero en toda la noche ya no cesé de notar como su mirada me desnudaba y me colocaba en las más incómodas y extrañas poses.
Con el ánimo todavía muy alto pese a mi paréntesis con Pepito Hidalgo, decidí que era yo quien debía dar el primer paso para acercarme a alguno de los candidatos. El elegido fue un chico que me había impactado desde el primer momento. Tenía un aire un poco ausente, parecía no cuadrar del todo bien en la fiesta, pero resultaba extrañamente atractivo pese a su larga y lacia melena de color pajizo y las gafas redondas, algo pasadas de moda, pero que le daban un aire a medio camino entre intelectual y místico. Aproveché un cambio de música para acercarme a él y hacerle algún comentario nimio sobre la comida. Noté en seguida que pareció sentirse halagado de que alguien como yo hubiera reparado en él, y rápidamente comenzamos a mantener una conversación. Al principio hablamos sobre generalidades, pero muy pronto comencé a aburrirme mientras él me soltaba un tedioso discurso sobre los compromisos sociales, las diferencias de clases y el tercer mundo, un tema por el que yo nunca sentí una especial preocupación y que me parecía totalmente inadecuado para una fiesta. El muchacho al que yo creí un compañero de trabajo de Laura resultaba ser uno de los amigos de Nacho, con una concepción de la vida bastante parecida a la de él, tan diferente de la mía. Creo que ya empezaba a bostezar cuando Laura apareció como un salvavidas con la excusa de presentarme a alguno de sus compañeros de trabajo.
Mi buena amiga se me llevó hacia un pequeño corrillo, estratégicamente situados junto a las bebidas estaban los que resultaron ser sus compañeros de trabajo. Me los fue presentando uno a uno, e hizo especial hincapié en un tal Alfredo, con el que según ella tendría mucho puntos en común ya que las familias de ambos procedían de Santander. He de reconocer que a primera vista Alfredo me gustó. Destacaba un poco entre la multitud, porque era el único que había acudido vistiendo traje y corbata, pero resultaba elegante, con su pelo engominado y oliendo divinamente. Estuvimos hablando un largo rato, y nos intercambiamos los teléfonos, pero de pronto, desapareció de la fiesta, eso sí, él solo, y volví a quedarme como estaba, compuesta y sin novio. El resto de los compañeros de Alicia habían acudido con sus respectivas parejas, algunas de las cuales trabajaban también en la misma empresa, salvo un chico al que todos llamaban “Pi”. El tal “Pi” era el típico gracioso, y verdaderamente, no tenía el menor interés en conocerle en profundidad.
Cuando Alfredo desapareció de la fiesta me quedé un tanto desconcertada, así que para recobrar el ánimo me dirigí al grupo formado por mis viejos amigos. La mayoría están ya casados o a punto de hacerlo, pero pasamos un buen rato recordando viejos tiempos y bailando la música de nuestra adolescencia y juventud, la música de los años `80, que con tanta maestría estaba pinchando Nacho. Estábamos dejándonos llevar por sonidos de grupos ya desaparecidos cuando hizo su entrada al garaje un hombre incapaz de pasar desapercibido en cualquier ambiente. Era un hombre excesivamente alto y corpulento, aunque no era grueso ni estaba deforme. Sus manos, en las que portaba un paquete deliciosamente envuelto eran las más grandes que yo nunca había visto, y su cara se unía al tronco sin dejar distinguir claramente el cuello. Sin embargo, su cara expresaba bondad, tal vez por sus mejillas excesivamente coloradas y la ausencia de toda sombra de barba.
Entró portando el primoroso paquete y una amplia sonrisa y saludó a todos con una voz profunda y grave, una voz que retumbaba. Se dirigió sin vacilar hacia Laura, y le abrazó al tiempo que la elevaba un par de palmos del suelo. Casi todos los presentes nos quedamos petrificados, pensando en que le iba a hacer daño, y de pronto, le estampó un par de ruidosos besos a los que Laura respondió de igual manera. Aquel gigante se echó a reír estrepitosamente, de tal manera que se podían escuchar sus carcajadas desde puntos bastante alejados.
Tras su particular entrada, la fiesta recobró su tono habitual, aunque su voz sonaba por encima de todas las demás. Yo no podía quitarle ojo, me sentía extrañamente hipnotizada por aquel ser descomunal, que sin embargo se movía con bastante gracia en la pista y que parecía conocer a todo el mundo.
Lo reconozco, estaba intrigada. Laura me sacó de dudas. Alejadas de oídos indiscretos en el cuarto de baño de la primera planta de la casa, me explicó, a grandes rasgos, que Pedro, pues ese era el nombre del gigantón, era uno de sus amigos de la infancia, vecino de la urbanización, y resultaba ser además uno de los socios de la compañía para la que mi amiga trabajaba como informática. Pedro, al parecer, era un buen partido, pues además de tener una participación en esta sociedad, era propietario de otras dos empresas y tenía una pequeña ganadería que le rentaba unos buenos beneficios. Y, lo más importante, estaba soltero. Con estos antecedentes, es lógico que insistiese en ser presentada a él, y aunque Laura rezongueó un poco, terminó por acceder a mis deseos, para lo cual, y aprovechando mi estancia en los lavabos me retoqué un poco.
Cuando nuestra común amiga nos presentó alabó todas mis virtudes ante él, haciendo especial mención a mi buen gusto tanto en lo referido a la decoración como al arte. A Pedro esto pareció interesarle, pues no en vano, una de sus empresas se dedicaba a la fabricación y venta de muebles. Estuvimos hablando unos minutos del tema, me pidió mi teléfono y la dirección exacta del estudio de decoración, pero no conseguí retenerle más de diez minutos seguidos, pues parecía ser una persona muy sociable y todos querían contar con su presencia.
En el fondo, me molestó, y tampoco sé muy bien por qué. Realmente no me gustaba, más bien al contrario, su físico llamaba la atención pero no resultaba atractivo, pero, por otra parte me disgustaba su indiferencia hacia mí. ¿Cómo un hombre como aquel podía ser insensible hacia los encantos de una mujer como yo? Además, estaba claro que entre todos los asistentes a la fiesta, este era el que más convenía a mis planes, y por tanto, a mí.
Un poco desilusionada me refugié en un vaso de ron con cola. No fue suficiente, aquel cubata no había conseguido alegrarme, así que lo intenté con un segundo. Hubiera seguido hasta acabar con la botella de no ser por Alicia, que me invitó a unirme de nuevo al grupo de rompepistas.
Las horas iban pasando sin darnos cuenta. Poco a poco la gente fue abandonando el lugar, y cada vez el intercambio de besos y despedidas resultaba un poco más corto. Llegó un momento en que el número de invitados se había reducido a algo menos de la mitad, la fiesta estaba decayendo. Un pequeño grupo aprovechamos para descansar y hablar en un tono más relajado sentados sobre los viejos cojines. La voz de Pedro resonó desde la otra esquina del garaje invitando a tomar una última copa en un lugar diferente, a lo que unos cuantos se apuntaron, y Alicia aprovechó el momento para insinuarse y conquistar al tal “Pi”, objetivo que cumplió sin excesivo esfuerzo. El cansancio, el exceso de alcohol y el sueño terminaron por vencernos, y de ese modo, la fiesta concluyó.
A la mañana siguiente, cuando desperté resacosa descubrí que Alicia no había dormido en la habitación, y que contábamos con una persona más para que nos ayudase a recoger los restos de la fiesta. Al parecer, la única persona que había dormido sola era yo.

sábado, agosto 11, 2007

El abuelo

El abuelo tenía la costumbre de finalizar sus frases con un sentenciador ¡coño! para remarcar con énfasis cualquiera de sus afirmaciones. Cuando algo le sorprendía o le llamaba la atención, simplemente dejaba escapar un ¡coño! y con eso tenía bastante. Y, cuando quería que algo quedara bien claro empezaba la perorata con un ¡coño! que llamaba la atención de su interlocutor.

Con el tiempo, el abuelo cada vez hablaba menos, pues menos tenía que decir, pero cada vez utilizaba más la dichosa palabrita, y dependiendo de la entonación que le diera significaba una u otra cosa, lo que indignaba bastante a su hija, quien le había recibido como herencia muchos años atrás.

Aquel día su hija acababa de servirle la sopa de cocido, y, el abuelo, sin esperar, se llevó a la boca una colmada cuchara de fideos y humeante caldo, quemándose los labios, la lengua y el paladar, por lo que exclamó

- "¡Coooooooño!"

- " Padre, ¡ deje usted de utilizar la dichosa palabrita para todo, que un día se va a morir con el coño en la boca!"

Y el abuelo, que hacía más de cuarenta años que había enviudado, suspiró profundamente, y en voz baja musitó

- " ¡Qué más quisiera yo, hija mía, que más quisiera yo!"

La vida Bárbara

Cap. 6. Preparando una fiesta
La primera en despertarse fue Bárbara, pero al encontrarse en casa ajena no se atrevió a levantarse. Pasadas las doce del medio día oyó ruido en la cocina y decidió salir de la habitación. Pero, para su sorpresa, no se encontró con la anfitriona, si no con el eterno novio de ésta, Nacho. Se saludaron con frialdad. Nacho le indicó donde podría encontrar lo necesario para prepararse un desayuno y mientras, siguió ordenando las provisiones que había traído del cercano pueblo de cara a la fiesta.
Bárbara estaba sirviéndose una taza de café con leche cuando hizo su aparición en la cocina Laura. Al encontrar en ésta a su novio no pudo disimular su sorpresa ni su alegría, y le dedicó una efusiva bienvenida, tanto que pareció ignorar la presencia de su invitada.
Poco después y con aspecto de gran somnolencia hizo su entrada en la cocina Alicia. Los cuatro juntos se sentaron alrededor de la mesa de la cocina para degustar humeantes tazas de café y tostadas con mermelada, mientras hablaban de los viejos tiempos y de la fiesta que se preparaba.
La presencia de Nacho parecía incomodar bastante a la otrora dicharachera Bárbara. No eran pocas las desavenencias que habían tenido a lo largo de los años. Nacho había acusado en numerosas ocasiones a Bárbara de egocéntrica, malcriada, caprichosa, materialista, superficial, prepotente y engreída, entre otras lindezas. Por contra, ésta le acusaba de ser una persona excesivamente egoísta, inmadura, inestable, soñadora, sin ambiciones ni aspiraciones, fantasiosa, atolondrada, imprudente e irreflexiva, un tarambana oportunista. Sinceramente, la química entre ellos no funcionaba.
Una vez que hubieron terminado de desayunar empezaron con los preparativos de la fiesta. Por común acuerdo habían decidido celebrarla en el sótano, que hacía las veces de garaje y de trastero. El acondicionar el local les llevó varias horas de intenso trabajo, pero una vez que hubieron terminado la tarea comprobaron que el resultado había merecido la pena. Después improvisaron mesas con dos viejas puertas, borriquetas de madera y manteles de papel, colocaron los cojines de un desvencijado sofá en una de las esquinas creando una relajante zona de descanso y cubrieron buena parte del techo con globos de colores. Mientras las chicas se encargaban en la parte superior de preparar aperitivos y ensaladas, Nacho se quedó en el sótano instalando el equipo de música y seleccionado los discos que amenizarían la fiesta.
Prácticamente estaba todo preparado y todavía quedaban varias horas para que llegaran los primeros invitados. Laura y Nacho prefirieron echarse una plácida siesta mientras que Bárbara y Alicia descansaban viendo la televisión en el salón, pero pronto acabó venciéndoles el cansancio y las dos acabaron dormitando en el sofá con el eco de las voces de una vieja película como fondo.
Cuando se despertaron Laura y Nacho ya estaban apropiadamente vestidos y habían comenzado a bajar las botellas y la vajilla de plástico. El tiempo se les estaba echando encima, y ellas empezaron también a arreglarse.
Bajo el chorro de la ducha Bárbara decidió aparcar momentáneamente las diferencias con Nacho para concentrarse en disfrutar de la fiesta y de los amigos. La hora de la verdad estaba llegando, era el momento de enterrar a la deprimida y resentida Bárbara y hacer emerger de nuevo a la joven con ganas de diversión. El cumpleaños de Laura era la excusa idónea para volver a relacionarse con gente de su edad, y tal vez, ¿por qué no? de poner nuevamente en funcionamiento sus armas de seducción.

martes, agosto 07, 2007

¿Quién acudirá al funeral de la turista española fallecida en Egipto?

Leía ayer en el periódico que regresaban a España 14 de los turistas españoles que sufrieron un accidente de tráfico en Egipto, y que hoy será repatriado el cadáver de la única víctima mortal, una mujer de 59 años madre de cuatro hijos, y abuela de dos nietas, y me preguntaba si los Príncipes de Asturias, Felipe y Letizia, serían capaces de interrumpir su descanso vacacional en Palma para acudir a consolar a los familiares de esta mujer, Mª Dolores Sali, como hicieron hace un mes cuando acudieron a dar el pésame a los familiares de los turistas fallecidos en Yemen.
Que sí, que ya sé que más de uno me dirá que no hay punto de comparación entre un suceso y otro, que lo de Yemen se trataba de un atentado terrorista con un coche bomba y que lo de Egipto ha sido un desafortunado accidente de tráfico en el que el conductor de un camión, (sin motivo aparente, a lo mejor también era un suicida), se cambió de carril y chocó frontalmente con el autobús ocupado por turistas.
Pero, eso que se lo expliquen a los familiares y amigos de Mª Dolores, a la que, por cierto, nadie desde España le recomendó que viajara con escolta militar, como era preceptivo en Yemen, a la que, seguramente, nadie la tachó de insensata por querer viajar a Egipto a conocer las monumentales pirámides.
Yemen está considerado por nuestro Ministerio de Asuntos Exteriores un destino poco seguro, las regiones de Sada y Al Jawf deben evitarse a toda costa , y las regiones de Mareb -donde se produjo el atentado- y Shabwa no resultaban recomendables y en caso de viajar hasta ellas es imprescindible el acompañamiento de un guía local y escolta militar; además Yemen es un destino con escasas infraestructuras hoteleras, al que se recomienda viajar vacunado de hepatitis, tifus, polio y malaria. Sin embargo, el Ministerio no tiene ningún tipo de alertas de este tipo sobre Egipto, por cierto, uno de los destinos internacionales más solicitados.
No tenía por qué pasar, pero, los turistas que se dirigieron a Yemen sabían que estaban realizando un viaje plagado de peligros, una aventura de alto riesgo. Digan lo que digan, sabían sobradamente a lo que se estaban exponiendo.
Por supuesto, los accidentes ocurren, y el peligro acecha en cualquier lugar, también ha habido fallecidos este verano en las tranquilas aguas del Mediterráneo, y en cientos de carreteras de todo nuestro país, y que yo sepa, los príncipes no han acudido al entierro de ninguna de esas personas.
En España no hay ciudadanos de segunda y de tercera, todos somos de primera, y, personalmente, si una de las víctimas de un accidente en el extranjero fuera familiar mío, a mí me molestaría mucho que se hicieran distinciones, y que no se me malinterprete, no estoy pidiendo a Felipe y Letizia que acudan a todos los funerales, muy al contrario, lo hicieron mal acudiendo a uno, porque pienso que no es esa su misión, que bastante tenemos con tenerlos como Relaciones Públicas internacionales. Mientras no nos quede otra, que cumplan con su agenda, y que a los españolitos de a pié nos dejen en paz.

jueves, agosto 02, 2007

La fama a cualquier precio


Andy Warhol, el maestro del pop-art, dijo que en el futuro todo el mundo tendría derecho a sus quince minutos de fama, lo que no dijo es que consecuencias podrían acarrear esa efímera fama.

Hace un par de meses yo disfruté de algo más de 15 minutos de protagonismo en un programa de televisión, en concreto, en el concurso "1 contra 100". Cuando me dijeron cuando se iba a emitir el programa, y sabiendo ya el resultado, avisé a los íntimos, la familia y algunos amigos. No pensé que nadie más fuera a verlo, y máxime cuando el mismo día en horario similar y en diferentes canales televisaban el final de la Liga de fútbol y una carrera de Alonso. ¡Qué ilusa! Aún hoy, dos meses después de la emisión, me dicen "te vimos el otro día en televisión; hay que ver qué lástima, con lo bien que lo estabas haciendo y al final... lo perdiste todo". Y, el de hoy no ha sido de los crueles, porque los hay que directamente te dicen " ¿eras tú, verdad? Y ¿cómo se te ocurrió perder quedándote un comodín? ¡Qué tonta!" y tú, claro, aguantas estoicamente y respondes con toda la educación que un buen colegio de pago te ha otorgado que pecaste de ingenua e inexperta. Claro, que peor fue lo de mi madre, a la que en plena cola de la caja del supermercado, y mientras educadamente estaba respondiendo a una conocida que, casualmente, había visto el programa, se le arrimó una señora con unos pabellones auditivos que para sí los quisieran los espías rusos, y sin más le dijo "¿La de la camisa rosa era su hija?, pues hay que ver que tonta fue, con lo fácil que lo tenía, lo que debía haber hecho es utilizar el comodín y así por lo menos hubiera ganado algo". ¡Toma ya! Por el hecho de haber visto el programa, se permite el lujo de asaltar a una desconocida e interrumpir una conversación para insultar a su hija.

Que no quiero yo ni pensar lo que hubiese ocurrido si, en vez de participar en un inocente concurso de televisión, me hubieran relacionado con un famosete de estos de tres al cuarto. Porque ese es el problema, todo el mundo quiere tener derecho a sus quince minutos de fama efímera al precio que sea, preferiblemente vendiendo sus intimidades y miserias a cualquier postor. Todo vale, desde inventarse una relación con el hijo de una famosa, insultar a una hija que un día fue famosa, hablar sobre las miserias de un muerto, reclamar una paternidad, airear un calentón de verano con un torero o ser el hijo del criminal más buscado del país. Y, después, se agregan los familiares y conocidos del famosillo de turno: desde la madre hasta el abuelo pasando por un compañero de trabajo o uno que dice llamarse amigo.

Recientemente leí que una psicóloga había realizado un trabajo de campo con niños de primaria y estos a la pregunta de ¿qué quieres ser de mayor? en su gran mayoría habían contestado famoso; no habían dicho tenista, ni futbolista, ni actriz, ni cantante, habían dicho famoso. ¡Qué triste! Porque los niños de hoy en día no son tontos, ser famoso por méritos propios es un trabajo arduo, muy laborioso, y, si realmente no eres bueno, no te garantiza la fama, pero aparecer en un programa de televisión en prime time es algo al alcance de casi todos, y, con suma facilidad se embolsan cantidades económicas nada despreciables, de esas que tú y yo, en una jornada de trabajo habitual no ganamos.

Es vergonzoso, pero es lo que estamos creando: monstruos de usar y tirar, capaces de venderse por unas semanas de fama y un dinero fácil, seres sin escrúpulos, juguetes rotos que una vez que prueban la luz de las cámaras y el olor de la celebridad necesitan de ella y son capaces de cualquier cosa por volver a aparecer en una pantalla o en una hoja de papel cuché. No hace falta que ponga ejemplos, son demasiado numerosos, basta con ver cualquiera de los llamados "programas del corazón" y preguntarse, ¿y este, qué ha hecho para estar ahí?.

Al final, los responsables últimos somos nosotros, los espectadores, porque, aunque todos digamos que no vemos esos programas, ¿quién puede decir que no sabe quién es Antonio David, o Paquirrín o Nuria Bermúdez?

miércoles, agosto 01, 2007

Contra el fuego


Otro verano más, la noticia que abre los telediarios son los incendios, los malditos y devastadores incendios que, poco a poco, están desertizando nuestro país. Quemada ya gran parte de Galicia, casi todo el litoral catalán, amplias zonas del Levante y numerosas extensiones castellanas, este año parece que el turno le ha tocado a Canarias.
¿Cómo puede considerarse ser humano un tipo que prende fuego de manera intencionada a un bosque, una pinada o, simplemente un monte? No hay nada más destructivo ni más incontrolable que un incendio en el monte, no sólo acaba con miles de plantas y árboles, destruye la tierra, que queda calcinada e inservible por mucho tiempo, acaba con animales, cultivos, casas,
la vida, los sacrificios e ilusiones de muchas personas, el oxígeno que respiramos, pero sobre todo, acaba lentamente con nuestro futuro.
Lo más terrible de todo es que el pirómano de Gran Canaria ha resultado ser un empleado forestal que finalizaba su contrato en el mes de Octubre. Una persona para vigilar que nada ocurriese en los montes ha acabado con miles de hectáreas, arrasando pinares, matorral, casas, pueblos y todo lo que el fuego ha encontrado a su paso.
¡Qué paradoja! Aquel que debe prevenir los incendios ha sido el causante del mayor fuego en Canarias, y, alega que lo hizo para que le renovaran un contrato laboral. Señor mío, esas no son formas, no ha dejado usted ya nada que vigilar, ni a partir de octubre, ni el año que viene, ni en mucho tiempo, y no sólo no ha defendido su trabajo, sino que ha acabado con el de muchísimas otras personas, y lo peor, ha marchitado las ilusiones de miles de vecinos, y, a todos, nos ha acortado un poco más la vida.
Canarias seguirá siendo un paraíso, se repondrá de este incendio y su principal fuente de riqueza, el turismo costero, no se verá afectado, pero, el que ha recorrido el interior de Gran Canaria y se ha topado con sus pinares, con las verdes cumbres de Tirajana, con los paisajes de sus barrancos, a partir de ahora echará de menos toda esa exuberante vegetación.
Este post está acompañado de algunas imágenes de algo que me temo que el fuego ya ha extinguido.

Ojalá no demos cuenta de que de verdad cuando el bosque se quema algo nuestro se quema, y llegue un verano en el que los incendios no sean el pan nuestro de cada telediario.

lunes, julio 30, 2007

La vida Bárbara

Cap. 5 Recordando viejos tiempos.

La semana pasó muy rápida para Bárbara, el viernes llegó y con él el mes de Junio. Las temperaturas habían subido considerablemente y la proximidad del verano podía respirarse ya en Madrid. Ante la perspectiva de las vacaciones, el trabajo en el estudio había descendido notablemente, por lo que no hubo ningún problema para que pudiese tomarse la tarde libre. Después de comer algo en un restaurante de comida rápida se encaminó dando un paseo hacia unos grandes almacenes para comprar un regalo para Laura. Estuvo dudando durante bastante tiempo, curioseando en una sección y en otra. Finalmente se decidió por el último libro de Cohelo, autor que sabía del agrado de la homenajeada. Aprovechó también para realizar unas compras de última hora en el supermercado, y no pudo evitar la tentación de adquirir un perfume para sí misma.
Regresó a su vivienda con el tiempo justo de darse una buena ducha, cambiarse de ropa y meter lo imprescindible en el bolso de viaje. Laura, al saber que Bárbara acudiría a su fiesta de cumpleaños, les había invitado a pasar todo el fin de semana. Las tres eran amigas desde los tiempos del colegio, y aunque en los últimos años el contacto había sido limitado, nunca habían perdido la buena relación de camaradería que siempre había existido.
A las siete y media, con puntualidad casi británica, Alicia pasó a recoger a Bárbara. Cargaron el bolso en el maletero y se encaminaron, plano en mano, hacia el chalet de Alicia. Cuando llegaron a la N-II el atasco era de grandes proporciones, al coincidir el viernes con el comienzo del mes y un tiempo espléndido. La noche prácticamente se les había echado encima cuando llegaron a la urbanización que Laura les había indicado. Les costó mucho dar con el chalet en cuestión, pero por fin lo hallaron. Una expectante Laura les estaba esperando en la puerta. Cuando se bajaron del vehículo las tres se fundieron en un gran abrazo.
Volvían a ser las tres niñas de siempre, sólo que con bastantes años más.
Una vez instaladas comenzaron a hablar. Las tres tenían muchas preguntas, muchas cosas que contarse para ponerse al día.
En un determinado momento la conversación se volvió algo más nostálgica y se descubrieron hablando de una niñez común.
_ "¿Recordáis? - dijo Laura - Cuando éramos niñas nos imaginábamos que a esta edad seríamos las tres amas de casa, viviríamos en la misma urbanización, estaríamos casadas, nuestros maridos trabajarían juntos y tendríamos cada una un par de hijos.”
_” Sí, y aquí estamos, a punto de cumplir la treintena, las tres solteras y viviendo cada una en una punta.” - respondió Bárbara.
_” Nuestra idea de futuro en aquel entonces era realmente patética.” añadió Alicia.
_ “¿Patética?, ¿por qué patética? - inquirió Bárbara - A mí me encantaría estar casada, tener un hogar, un par de hijos,…”
_” Vamos, ser la clásica ama de casa de clase media española ,- le contestó Alicia - que abandona su carrera profesional, su trabajo y su vida en aras de la familia. Eso estaba muy bien hace veinte años, pero ahora..."
_ “¿Pero ahora qué?, ¿ qué tiene eso de malo?” - preguntó Bárbara.
_ “ A lo que me estaba refiriendo es a lo diferente que se ve la vida según pasan los años - medió Laura - Cuando éramos pequeñas, el modelo a imitar eran nuestras madres, soñábamos con llevar una vida como la suya mientras jugábamos a las casitas. No existían las complicaciones, todo era idílico. Y según vas creciendo, vas cambiando tus ilusiones. En la adolescencia sueñas con romances exóticos, descubres el primer amor y el primer desengaño; durante la época universitaria pretendes cambiar el mundo, hacerlo más humano , nadie te comprende y te llaman idealista… y de pronto, un día te levantas, descubres que ya eres adulto, que estás llevando una vida totalmente convencional, que ni tu trabajo ni lo que te rodea te llena y que no se parece nada a lo que un día soñaste.”
Durante unos segundos se hizo el silencio, la conversación había tomado ahora un tono mucho más serio.
_ “ Laura, ¿te encuentras bien? - preguntó Alicia - ¿Qué es lo que realmente has querido decir?”
_ “ No sé, tal vez sea un pequeño bache emocional ante la perspectiva de entrar en la treintena, pero siento que mi vida no está bien, que no he cumplido ninguno de mis sueños, que voy por una larga carretera que no sé hacía dónde conduce sin poder apearme en ninguno de los caminos atractivos que pasan ante mí, sin que yo lo pueda controlar y que lo único que hago es vivir, vivir sin dejar apenas huecos para disfrutar. En sueños voy caminando por un largo pasillo, a izquierda y derechas hay puertas que se van cerrando a mi paso sin dejarme descubrir que hay tras ellas, y yo sigo avanzando, avanzando sin saber hasta donde voy a llegar, y las puertas siguen cerrándose a mi paso, y el pasillo parece no tener fin”
_ “Yo te entiendo, de verdad. A mí me pasa algo parecido. Mi sueño es casarme, formar un hogar, tener hijos… y el destino me lo quiere impedir, cuando estoy a punto de lograrlo, me dejan plantada en el altar, delante de todos los invitados.. Paso una vergüenza tremenda.”
Alicia la interrumpió en seco con un áspero gesto que indicaba una total desaprobación. Laura siguió hablando.
_” Tengo prácticamente treinta años y no he viajado a todos los lugares que me hubiera gustado ver, no he conocido las culturas que más me atraían, no he leído todos los libros que hubiera deseado leer, no he aprendido a tocar ningún instrumento, no hablo apenas idiomas, no he hecho nada de provecho para la sociedad, no he escrito ningún libro, no tengo un hijo al que educar y enseñar… Lo único que sé hacer es trabajar un montón de horas, cuidar de mis padres y sentarme ante el televisor. A veces pienso en dejarlo todo, salir corriendo y dedicarme a la aventura, o a la vida contemplativa, o a una vida más productiva para los demás… no sé, quiero apearme de la vorágine en la que vivo, disfrutar un poco más, replantearme las cosas, mi vida.”
_ “ ¿Y por qué no lo haces? - preguntó Alicia - ¿ Por qué no te tomas un año sabático, haces las maletas y te vas con Nacho a descubrir mundo? "
_ “ Nacho, ya salió Nacho. - Bárbara se levantó y empezó a gesticular al tiempo que elevaba el tono de voz - Eso es lo que a ti te pasa, toda la culpa la tiene él. Te ha comido el coco con sus fantasías. ¿Sabes lo que te digo? Nacho es un desgraciado, un don nadie, un vividor que lleva chuleándote casi diez años. Aparece y desaparece cuando le da la gana, sin darte explicaciones, y mientras, tú aquí como una Penélope griega esperándole, desaprovechando todas las oportunidades que pasan ante ti. No sé cómo puedes seguir con una persona como él, aprendiz de todo y maestro de nada. Estoy segura de que ahora mismo ni si quiera sabes dónde está.”
_ “Te equivocas, a estas horas seguramente estará llegando a España, y seguramente le veré muy pronto.”
_ “Estupendo. Entonces aprovecha para darle un ultimátum, o su vida inconstante o tú. - Bárbara parecía fuera de sí - No permitas que siga jugando contigo, si de verdad te quiere no le importará quedarse a tu lado, trabajar como hace todo el mundo, ganar un sueldo, llevar una vida ordenada y decente, casarse contigo, vivir contigo, fundar un hogar.”
_ “ Pero, ¿quién te ha dicho que eso sea lo que yo quiero? Entérate, yo no soy como tú, no busco un hombre que me quiera convertir en su esposa, no quiero ser una mujer florero, un ama de casa mantenida por su marido. Yo no quiero cambiar a Nacho, ni cambiar mi relación con él.”
La conversación iba subiendo de tono mientras Alicia, en silencio, parecía asistir a un partido de tenis en el que las raquetas devolviesen con fuerza las palabras y las acusaciones.
_ “¿Relación?, pero ¿de qué relación hablas? Tú estás enamorada de un fantasma que aparece cuando le viene en gana, cuando se queda sin dinero, cuando está cansado, entonces emerge, se pega a ti como una sombra, te exprime, te saca todo el jugo, y desaparece en el momento en que se cansa o se aburre de ti. ¿A eso es a lo que tú llamas relación?”
_ “ Estás muy equivocada. Tú no le conoces ni le entiendes, nunca lo has intentado. Es cierto que Nacho ha empezado muchas cosas y no ha acabado casi ninguna, es verdad que se entusiasma mucho y que a medida que pasa el tiempo se va desmotivando, no negaré que es incapaz de mantenerse mucho tiempo en un mismo sitio. - A medida que iba hablando, Laura parecía ir calmándose, su tono de voz iba descendiendo e incluso se adivinaban matices de nostalgia - Pero en todo este tiempo hay algo que no ha cambiado, su amor por mí .Él necesita conocer nuevos mundos, vivir diferentes experiencias, hacer cada día algo nuevo, pero al final siempre regresa a mí, yo soy lo único que se mantiene constante en su vida, soy su único vínculo con su pasado, con su vida real. Cuando él regresa de cualquiera de sus viajes, yo soy la primera persona a la que va a ver, soy la primera persona a la que le cuenta lo que ha visto, lo que ha hecho y lo que ha sentido. Se refugia en mi abrazo, me transmite todas sus experiencias y en ese momento yo me siento la mujer más feliz del mundo porque sé que me necesita, que yo soy para él lo más importante, que necesita de mi aprobación, que soy su público. - Ahora Laura hablaba muy despacio, como si estuviese intentando convencerse a sí misma. - Esa sensación no la cambio por nada del mundo, y sé que si algún día le obligara a cambiar le haría el ser más infeliz de la tierra, y yo también lo sería.”
_” No te entiendo, de verdad que no te entiendo, creo que eres una masoquista, ¿cómo puedes hablar así?” - le preguntó Bárbara con gesto de desesperación.
Alicia, que se había mantenido expectante en todo momento, intervino por fin en la conversación.
_ “ Tal vez no la entiendas porque tú no concibes el amor como lo hace Laura. Ella ama entregándose por completo al otro, vive para y por él. Cuando te enamoras de alguien, como lo está Laura, le quieres realmente como es, no quieres cambiar nada, y mucho menos su personalidad. Le quieres con sus defectos, con sus virtudes, le quieres por encima de todas las cosas, por encima del dinero, de los convencionalismos, de la familia y de los que te rodean, y lo único que te importa es él, su felicidad y la felicidad que te proporciona. Eso es el verdadero amor, la entrega total al otro, incluso el sacrificio en aras del beneficio del otro.”
Ahora Laura asentía con satisfacción, con la complacencia de los que se saben en posesión de algo único, de una pieza exclusiva que se exhibe por vez primera, mientras que Bárbara en el otro sillón notaba que estaba sola en aquella batalla y que había dejado al descubierto sus cartas.
_ “ No voy a seguir discutiendo sobre este tema, tal vez tengáis razón. A lo mejor yo nunca me he enamorado y tampoco voy buscando el amor, o al menos ese tipo de amor. Yo no estoy dispuesta a sufrir por nadie, no sería capaz de renunciar a nada, ni de hacer sacrificios ni todas esas cosas que se cantan en las canciones románticas.”
_ “ No te preocupes, - contestó Laura - cuando de verdad te enamoras los sacrificios y las renuncias no cuestan ningún esfuerzo, al contrario, se realizan con placer .”
_ “Pero, - Bárbara volvió a subir el tono mientras se revolvía en su sillón - ¿Tú la estás oyendo?, ¿Estás de acuerdo con ella?”
_ “ Claro que la estoy oyendo. El amor es algo muy subjetivo, cada persona lo siente de una manera distinta, e incluso la misma persona ama de una manera distinta de una época a otra, de un amor a otro. Puedo estar de acuerdo o en desacuerdo con vosotras, pero en cualquier caso yo no soy quién para juzgaros. Sinceramente, lo único que a mí me preocupa es vuestra felicidad, y si Laura es realmente feliz amando tan desesperadamente a Nacho, que siga adelante. Y lo mismo digo de ti, si tu felicidad consiste en una bonita boda, nos complaceremos en conseguirte la mejor de las bodas.”
Bárbara y Alicia se quedaron perplejas mirando a Alicia. Escudriñaron su rostro en busca de alguna evidencia que les hiciera sentir que las palabras de Alicia contenían un mensaje cómico,o alguna ironía, pero su faz no denotó nada.
_“ ¿Te estás riendo de nosotras, verdad ? Te lo estás tomando a cachondeo, y para nosotras es algo muy serio.”
_ “ No, hablo completamente en serio. Cada una de nosotras tiene una opinión muy diferente sobre el amor, los hombres y las relaciones. Por suerte para nuestra amistad a cada una de nosotras le gusta un tipo de hombre completamente diferente, y cada una de nosotras vemos la vida de un modo distinto. Tú Laura, buscas a alguien a quien proteger, de quien cuidar, alguien que te necesite y que te lo esté recordando permanentemente. En cambio, tú buscas lo contrario, alguien que se ocupe de ti, que te dirija, que te cuide y que esté invariablemente a tu servicio, y que a la vez te consienta todo. Seguro que vosotras tampoco estáis de acuerdo con mis elecciones y mi modo de vivir, pero no por eso vamos a discutir. Yo no os voy a cambiar a vosotras y vosotras no podéis cambiarme a mí. Puestas así las cosas ¿qué nos queda? La única solución es intentar comprendernos, desearnos lo mejor y alegrarnos de la felicidad de las otras.- Cambió el tono de voz.- Y vamos a dejar ya este tema, porque nos hemos exaltado todas un poco y porque nos estamos poniendo excesivamente serías, y esta era una reunión para pasarlo lo mejor posible.”
Volvieron a hablar de la infancia, de esa maravillosa época que habían compartido juntas y que se les había escapado ya de las manos sin darse apenas cuenta. Rememoraron viejas travesuras, antiguos profesores y compañeros de colegio, anécdotas en las que las tres habían sido protagonistas y que ahora, sin saber muy bien por qué aparecían nítidas en la memoria de cada una de ellas, y que las hacían reír y pisarse las palabras unas a otras.
El amanecer les sorprendió cuando ya casi no les quedaba tabaco. Agotadas y casi afónicas decidieron acostarse para afrontar con renovadas energías el largo sábado que les esperaba.

A vueltas con el verano

Verano, 30 de Julio. Unos que vienen, otros que se van...


Yo he estado ausente demasiado tiempo, pero ya estoy de nuevo aquí, en mi blog, para poder escribir muchas cosas, nuevas historias, otras reflexiones, ideas que rondan por mi cerebro, anécdotas, excusiones y viajes...


Los que veraneamos en Julio, veraneamos dos veces: las playas no están tan masificadas, y da gusto pasear y tomar el sol en ellas, y el agua tiene una temperatura ideal que invita al baño, sin tener que esquivar a doscientos bañistas apelotonados en cuatro metros cuadrados de orilla de playa; y, por otra parte, cuando volvemos a la ciudad la encontramos más tranquila y relajada que nunca, apenas hay atascos, los centros públicos funcionan casi correctamente por primera vez en mucho tiempo, puedes aparcar con comodidad en la puerta de tu casa y de tu trabajo, descansas dos meses de tus jefes y esos compañeros que menos te agradan, apenas hay ruidos en la calle y las vecinas chismosas han huido a sus pueblos, donde ahora se cuecen más salsas que en mi comunidad. ¡ Toda una delicia!, sobretodo, si tienes aire acondicionado.


Bueno, para los que os acerquéis a este blog, hoy os regalo una foto de una preciosa luna llena de verano de intenso color naranja reflejándose sobre el Mediterráneo... una imagen que espero que os guste y os relaje, y, a los que todavía no os habéis marchado, os anime, y a los que habéis vuelto os reconforte.