UN LUGAR PARA SOÑAR

UN LUGAR PARA SOÑAR
puesta de sol en la Alhambra

jueves, febrero 22, 2007

La vida Bárbara

Cap. 2 El viaje de novia.
El plan de Bárbara era sencillo, de puro sencillo se diría que ridículo. Había decidido que debía de perder su soltería antes de cumplir los treinta y dos , para lo que le faltaban poco más de dieciocho meses, por lo que debía de conseguir un novio dispuesto a casarse en un tiempo récord. La primera parte de su plan consistía en buscar a ese príncipe azul en el crucero que debiera haber sido su luna de miel junto a su esposo. Sólo que yo ocuparía el lugar de Alberto .
No sé cómo logró convencerme, pero siempre lo hace, desde que éramos niñas, siempre consigue salirse con la suya.
Para ella era una manera de matar varios pájaros de un tiro, de este modo no perdería el coste de su viaje, el crucero le permitiría relajarse y “escapar de la dolorosa realidad” y yo le podría ayudar a elegir al mejor candidato entre los numerosos solteros que compartirían la travesía.
Bárbara sabía ser convincente. Además, como ella decía, nada teníamos que perder, sería una buena oportunidad para relajarnos, disfrutar y afianzar más la amistad que ambas compartíamos después de tantos años.
Ante el exultante optimismo de Bárbara, yo me mostraba un poco más realista. Sabía que sería difícil hallar un pretendiente a la medida en el transcurso de un crucero de diez días de duración, máxime cuando sus únicas dos relaciones habían durado tres y cinco años respectivamente, pero me sentí incapaz de desilusionar a la entusiasmada Bárbara.
El lunes fue un día muy ajetreado. Bárbara consiguió cambiar la titularidad de las reservas sin tener que abonar la diferencia, aunque a cambio tendríamos que compartir la cama de matrimonio en un camarote "un poco inferior" al elegido en un principio. A media mañana tuvo también una pequeña reunión con Sofía para solucionar algunos flecos económicos. Sofía no era sólo la madre de Alberto, también era su jefa en el estudio de decoración en el que Bárbara siempre había trabajado.
Sofía siempre había tratado a Bárbara más que como a una empleada como a una hija, incluso antes de que comenzara su relación con Alberto; tal vez por eso en principio no puso ninguna objeción a sus propuestas. El seguro se haría cargo de la parte de la hipoteca que correspondía a Alberto y ningún miembro de la familia le reclamaría cantidad alguna. Las cuentas comunes pasaban así a total disposición de Bárbara, al igual que el coche y el mobiliario y las pertenencias que había ya en la casa. Aprovechó también para pedirle unas pequeñas vacaciones que le ayudasen a “serenar su destrozado ánimo antes de enfrentarse a la rutina diaria en solitario”. La propia Sofía le sugirió la conveniencia de salir de viaje unos días, de aprovechar el crucero para cambiar de aires, incluso le ofreció una estimable cantidad económica para que disfrutara de sus vacaciones.
La tarde la dedicó a hacer las maletas. Consiguió después de grandes esfuerzos meter todo lo que había decidido llevarse en sólo dos enormes maletas y un bolso de mano.
Yo, por mi parte, debía conseguir también esos días libres. No supe que excusa inventar ante mis socios, así que acabé contándoles la verdad. Se mostraron bastante comprensivos con la situación de Bárbara, a la que desde ese momento consideraron más loca que nunca, y finalmente accedieron a que me tomara unos días libres, eso sí, siempre y cuando me acordara de traerles unos cuantos souvenirs. Trabajé en el despacho hasta bien entrada la noche para no dejarles trabajo atrasado, con lo que apenas tuve tiempo para nada más. Cuando terminé de hacer mi maleta era ya de madrugada y caí rendida en la cama.
Al alba me despertó el timbre de la puerta. Era Bárbara parapetada tras sus maletas. Estaba bellísima, nada que ver con la imagen de dos días antes. Tenía un brillo especial en la mirada, como el de una quinceañera enamorada por primera vez. Realmente estaba arrebatadora. Su excitación pronto me contagió y en sólo unos minutos yo también estuve lista.
Al poco tiempo allí estábamos las dos, en el aeropuerto de Barajas, dispuestas a tomar un vuelo que nos condujera a Mallorca, donde nos esperaba un emocionante viaje surcando las aguas del viejo Mediterráneo.
Cuando tomamos tierra en el aeropuerto de Mallorca el cielo ya estaba completamente gris. Oscuros nubarrones amenazaban el inicio de nuestras vacaciones, pero a la optimista y renovada Bárbara ningún presagio podía desanimarla.
Cuando a media tarde embarcamos, la lluvia había dejado de ser una amenaza para convertirse en una realidad. A Bárbara, excitada como una niña pequeña, esto tampoco pareció afectarle. Estaba deseosa de instalarse en su magnífico camarote y conocer todas las opciones que aquel barco podía ofrecernos para el disfrute de nuestro tiempo libre.
Mi decepción fue enorme; Bárbara me había enseñado varias veces el folleto del crucero en el que podían verse varias fotografías de los camarotes y de algunas de las instalaciones. Nuestro camarote no se parecía en absoluto a ninguna de las fotografías, que debían estar tomadas con un gran angular o en un lugar muy diferente a nuestra habitación. Era un habitáculo realmente pequeño, diría que incluso asfixiante, todo el mobiliario se reducía a una gran cama de matrimonio, dos pequeños estantes que hacían las veces de mesillas de noche, un pequeño armario empotrado de puertas correderas y una cómoda bajita con espejo. Al meternos nosotras con nuestro equipaje el espacio libre desapareció por completo.No cabía nada más. Apenas había espacio para abrir la puerta que daba al baño, de reducidísimas dimensiones, y rodear la cama era una difícil tarea. El comentario de Bárbara ante mi mueca de asombro me hizo sonreír:
_” No te preocupes, aquí sólo vamos a estar el tiempo imprescindible, que va a ser más bien poco.” ¡Qué equivocada estaba!
Fue una odisea encontrar un pequeño espacio en el que colocar las maletas, así como el resto de nuestras pertenencias, porque, por supuesto, toda la ropa no entraba en el pequeño armario. Al final, con una gran dosis de imaginación conseguimos resolver nuestro problema de espacio y los cuadros del camarote y la barra de la ducha sirvieron como improvisados colgadores para nuestras prendas.
Una vez solucionado el problema de la ropa y el espacio, decidimos investigar qué podía ofrecernos este hotel flotante. La diversión parecía asegurada. Podíamos elegir entre varios tipos de restaurantes, bares, una discoteca, el casino, la sala de baile con actuaciones en directo, las piscinas, el gimnasio, el minicine…o simplemente tumbarnos a tomar el sol y contemplar el mar.
Pero, lo que realmente más nos preocupaba, el verdadero motivo de nuestro viaje, era la búsqueda de un soltero apetecible dispuesto a contraer nupcias en un tiempo inferior a un año. Pensamos que el mejor lugar para un primer contacto a esas horas sería alguno de los bares. No fue así, los bares que visitamos estaban prácticamente vacíos, y los únicos hombres sin compañía femenina que en ellos encontramos no podían considerarse más que como abuelos de los hipotéticos candidatos.
Con la moral todavía muy alta decidimos arreglarnos para la cena, donde tendríamos ocasión de conocer a la mayor parte de nuestros compañeros de travesía y donde Bárbara tenía puestas todas sus esperanzas. Esa noche mi amiga puso toda la carne en el asador con un traje largo que insinuaba todo lo que su cuerpo podía ofrecer. Yo intenté estar a su altura, pero puedo asegurar que ninguna mujer podría haberle hecho sombra esa noche. Armadas de valor y con nuestras mejores galas hicimos la entrada en el restaurante. Bárbara había visto demasiados capítulos de Vacaciones en el mar, y al igual que en la comedia televisiva, había creído posible encontrar el romance a bordo. Para abrir boca y para poder elegir a nuestras víctimas decidimos previamente tomar un aperitivo en la barra, y allí fue donde la realidad se mostró con toda su crudeza ante los ojos de mi buena amiga Bárbara. El barco estaba copado por parejas en luna de miel y matrimonios que celebraban bodas de diferentes metales preciosos. El empalagoso aroma del amor y el romanticismo lo inundaba todo. Esa noche cenamos rodeadas de parejas que se cogían tiernamente de las manos y se miraban embobadas a los ojos.
Nuestra siguiente escala la hicimos en la discoteca del barco. Hacía mucho tiempo que yo no acudía a una discoteca, pero las recordaba como lugares oscuros en los que sonaba música estridente a todo volumen, idónea para mover el cuerpo a tu propio ritmo, desde luego, nada que ver con la sucesión de temas lentos que se escuchaban a través de los altavoces y que las parejas aprovechaban para bailar en un profundo abrazo. Ante la imposibilidad de salir a bailar a la pista y en espera de algún tema más movido decidimos beber hasta que nos encontramos realmente ebrias. Puedo garantizar que en el largo periodo ningún caballero se acercó a nosotras con la aviesa intención de bailar o intentar ligar con nosotras.
La noche terminó resultando bastante movidita, y no hablo en sentido figurado. La lluvia que nos había recibido esa tarde se había convertido en una tormenta que hacía agitarse el barco. A ello hemos de añadir los efectos del alcohol en nuestros cuerpos, que intensificaban bastante las ya de por sí fuertes sensaciones de movimiento. Pasamos toda la noche y buena parte de la mañana vomitando por turnos en nuestro claustrofóbico cuarto de baño.
Los siguientes días no fueron mucho mejores. El tiempo cada vez era más inestable, lo que no invitaba a salir mucho de la habitación, y nuestro aspecto cada vez más deplorable, pues la sensación de mareo no nos abandonaba ni si quiera cuando tomábamos tierra en algún puerto, de manera que tampoco podía decirse que disfrutásemos de las diferentes ciudades en las que el barco hacía escala.
Por fin, el quinto día el tiempo pareció mejorar y decidimos disfrutar de la piscina. Estando tumbadas sobre las hamacas, dejando que los rayos del tímido sol broncearan nuestros maltratados cuerpos, mi amiga descubrió a dos hombres muy atractivos que nos miraban sin ningún disimulo.
_” No mires, pero ahí hay dos chicos que no nos quitan ojo” _ me soltó mientras me daba un codazo.
_” ¿Dónde, dónde?” _ interrogué al tiempo que giraba mi cabeza en todas las direcciones.
_” Disimula un poco, hija. Ahí, a mi derecha, los dos morenazos atléticos con el daiquiri en la mano.”
Se trataba de dos chicos de catálogo, altos, bronceados, con músculos de gimnasio y guapísimos.
_” ¡Ah, ya! _ contesté con indiferencia _Son una pareja de homosexuales”.
_” ¡Y tú qué sabrás! El del bañador amarillo es monísimo, me encanta, y además no me quita ojo.”
_” Te digo que son pareja, que se entienden, que no tienes nada que hacer.”
Se giró bruscamente hacia mí, estaba enfadada.
_ “Vamos a ver, sabihonda ¿cómo lo sabes?”- me dijo elevando un poco el tono.
_” No te lo sé explicar, eso son cosas que se notan, y yo las noto. Te digo que esos dos son gays. “
Bárbara se quedó unos minutos observándoles intentando adivinar alguna señal oculta . De pronto los dos jóvenes adonis se levantaron y se dirigieron a nuestro encuentro. Bárbara me sacudió otro codazo mientras esgrimía una gran sonrisa de satisfacción. ¡Habíamos ligado por fin!
_”¡ Hola chicas! ¿Podemos sentarnos con vosotras? _ preguntó el del bañador amarillo.
Les invitamos a sentarse con nosotras. Llamamos al camarero y le pedimos cuatro daiquiris.
_” Yo soy Rubén y este es Néstor. Somos de Barcelona, ¿y vosotras?”
_” Mi nombre es Bárbara y mi amiga se llama Alicia. Vivimos en Madrid, y embarcamos en Mallorca.”
Tras las presentaciones de rigor estuvimos charlando animadamente sobre el accidentado viaje y las ciudades visitadas al tiempo que disfrutábamos de nuestras bebidas. De pronto el tal Néstor dijo:
_” Chicas, me parece admirable que nosotros cuatro seamos capaces de hacer gala de nuestra homosexualidad en un entorno tan romántico como éste”
Efectivamente, eran homosexuales. Y habían creído que nosotras también lo éramos. Resultó difícil convencerles de lo contrario, y tuvimos que explicarles nuestra historia, sobre todo el motivo de compartir la cama de matrimonio.
Nuestros nuevos amigos decidieron ayudarnos en la difícil tarea de buscar jóvenes solteros a bordo, pero fue inútil. A parte de un joven imberbe que acompañaba a sus padres y una agrupación de la tercera edad, los pocos solteros del pasaje pertenecían a nuestro propio sexo, al parecer a unas cuantas solteras y otras tantas separadas se les había ocurrido la misma genial idea que a mi amiga. Pese a ello, el resto de nuestro viaje resultó bastante divertido gracias, en parte, a la compañía de esta pareja.
Regresamos a Madrid sin novio para Bárbara, con las maletas llenas de recuerdos para los amigos y familiares, con un ligerísimo bronceado y con un montón de nuevos amigos, todos ellos en pareja, claro.

martes, febrero 20, 2007

Carnaval




¡Carnaval, carnaval, carnaval te quiero....!


Hay que disfrutar del carnaval, salir a tomar la calle, reírse, disfrutar, olvidarse de los problemas diarios, disfrutar, e incluso cometer algún pequeño exceso, que después llegará la Cuaresma y la Semana Santa con sus austeridades y sus penitencias.


Y, es que la vida, como dice la canción, es como un Carnaval, y, cuando llegan los momentos buenos y divertidos, por pequeños que sean, hay que cogerlos y exprimirlos a tope, porque se pasan muy rápidos, y luego llega el día a día con su habitual melancolía.


Cuando a la vida le pones las ganas y te rodeas de buenos amigos, una simple máscara puede hacer que se obre el pequeño milagro y que disfrutes como antes de la vida, sin importarte si haces el ridículo, si te están mirando, las agujetas que vas a tener mañana o el dolor de cabeza que te puede esperar después de una intensa noche de juerga.
El carnaval ha sido sólo una excusa... lo importante es lo que hemos disfrutado, y el saber que podemos volver a hacerlo.

miércoles, febrero 14, 2007

La vida Bárbara

Cap. 1 ¿El mejor día de mi vida?
Después de recibir bajo una fina lluvia las condolencias de todos los asistentes durante más de una hora, Bárbara se dirigió sola hacia el vehículo. Le dio al chófer la dirección y le pidió que la alejara de aquel lugar con la mayor celeridad posible.
Poco después llegó al que a partir de ahora iba a ser su nuevo hogar. Cerró con gran violencia la puerta, echó la llave y el pestillo interior, no quería ser sorprendida por nadie. En el salón todavía había un montón de cajas sin abrir, las estanterías todavía presentaban numerosos huecos y las sillas aún tenían los plásticos protectores. Allí estaba, en su nueva casa, en una casa en la que hubiera tenido que instalarse unas semanas más tarde.
Bárbara se quitó los zapatos, los dejó en medio el pasillo y descalza se dirigió al vestidor de su dormitorio. Abrió una de las puertas del armario y se quedó fijamente mirando uno de los vestidos. Durante varios minutos parecía estar absorta. Cerró nuevamente la puerta con suavidad y se dirigió al otro extremo de la habitación. Abrió otra de las puertas y con tremenda furia sacó todas la ropa que encontró en su interior; los trajes, pantalones, camisas y demás prendas pronto formaron un buen montón que Bárbara arrastró por el pasillo y el salón hasta llegar a la cristalera que daba al pequeño jardín. Salió al exterior llevando un pequeño fardo entre las manos; notó el césped mojado bajo sus pies, lo que le hizo retroceder hacia el interior de la vivienda. Dando patadas consiguió llevar la pila de ropa hasta la chimenea del salón. Unos minutos después había conseguido encender un fuego en el que fue quemando una por una todas aquellas prendas. La operación debió de llevarle varías horas, porque cuando oyó la musiquilla del teléfono móvil la noche ya había caído y del exterior no entraba ninguna luz. Guiada por el resplandor del fuego que ardía en la chimenea se dirigió hasta el teléfono.
_”Dígame” - respondió secamente.
_”Barbara, soy yo ,Sofía, sólo quería saber como te encontrabas”.
_”¿Cómo quieres que esté? Estoy rabiosa, estoy muy enfadada. Eso es, estoy muy enfadada”.
_”Tal vez no haya sido buena idea dejarte sola. Si quieres puedes venirte a pasar la noche con nosotros... O si lo prefieres, podemos ir a buscarte en un momento”.
_”No, quiero quedarme aquí. Pero gracias de todos modos”. Colgó el teléfono sin dar tiempo a su interlocutora a hacer ninguna otra pregunta o sugerencia.
Apagó el teléfono, lo dejó nuevamente sobre la mesa del salón y se dirigió nuevamente al vestidor. Abrió la puerta del armario y sacó el largo vestido blanco; después de extenderlo sobre la cama, sacó una gran caja blanca y una caja de zapatos que colocó al lado del vestido. De un cajón del tocador sacó varias joyas que dejó sobre el vestido. Por último de un cajón de la cómoda extrajo varias prendas de lencería y las depositó a los pies de la cama. Empezó a desnudarse: primero se quitó el jersey de cuello alto y manga corta de color negro y lo arrojó con ira al suelo. Se desabrochó la falda y la dejó caer al suelo para después darle una patada. Mientras se quitaba el resto de la ropa interior comenzó a hablar sola y en voz alta.
_” Lo que me faltaba, tener que aguantar a tu querida familia. Tener que sentir la lástima y la compasión de tu querida mamá. Tener que aparentar dolor y tristeza ante ellos, cuando lo único que siento es rabia y odio. Te odio, te odio.”
Mientras había comenzado a vestirse con todas las prendas que había ido colocando sobre la cama. Empezó por unas preciosas braguitas blancas a juego con un corsé de encaje y seda sin hombreras y con ligueros; se colocó después las medias blancas y los zapatos, unos preciosos escarpines blancos de seda de medio tacón. Se colocó el largo vestido blanco y luchó contra la cremallera, ganando finalmente el pulso. Por último de la larga caja blanca sacó un velo rematado en un fino encaje. Se dirigió hacia el espejo del tocador e hizo diferentes pruebas hasta que quedó conforme. Volvió ahora al vestidor. Las paredes forradas de espejos de la habitación le devolvieron la imagen de una novia lista para subir al altar.
_” Hacerme esto a mí. No se lo pienso perdonar nunca. Llevo treinta años soñando con este día, concentrándome en este día, para que en sólo unos minutos él lo haya estropeado todo. Se tenía que morir justo ahora, no podía haberse esperado unos días, sólo cuatro o cinco días. No tampoco, porque me hubiera fastidiado la luna de miel. ¡Oh no, la luna de miel! Mañana sin falta he de hablar con la agencia de viajes. Seguramente ya no podré cancelarlo, y no creo que me devuelvan el dinero…Mierda, mierda, mierda. No podía haberse esperado unos días más”
Dio un par de vueltas sobre sí misma y ensayó diferentes posturas ante los espejos.
_”¿Ves lo que te has perdido , estúpido?. Lo has hecho adrede, te has muerto a propósito sólo dos días antes de la boda para fastidiarme mi gran día, el día más importante de mi vida. Estarás contento allá donde estés. ¿ Para eso me he tirado yo cinco meses a régimen, para que tú dos días antes de la boda decidas ir a jugar un partido de tenis con los amigos y te mueras de un infarto? ¿Y que hago yo ahora con los regalos, con el restaurante, con la floristería… con mi maravilloso traje de novia?”_
Se dirigió nuevamente al salón. Abrió el mueble bar y desprecintó una botella de licor. De la vitrina del mueble sacó un vaso; le limpió el polvo con uno de los extremos del velo y echó una generosa cantidad de bebida en él. Con la botella en una mano y el vaso en otra se dejó caer sobre uno de los butacones. Empezó a beber. Entre trago y trago siguió su soliloquio.
_”Hoy era el día de mi boda, el día para el que yo llevo preparándome toda mi vida, la protagonista debía haber sido yo, pero no, el señor decidió que el protagonista debía ser él. Me he cansado de escuchar los interminables discursos a tu persona que han realizado tus amigos, tu familia y el cura. Tú has sido durante todo el día el centro de atención. Si querías fastidiarme, lo has conseguido. Has logrado hacer del que hubiera sido el día más feliz de mi vida tu gran día.”_
Siguió bebiendo durante un rato más. Las brasas de la chimenea se apagaron finalmente y Bárbara se quedó dormida sobre el butacón agarrada a la botella recordando que esa debía haber sido su noche de bodas.
El timbre de la puerta sonaba insistentemente. Cuando Bárbara abrió los ojos la luz del día inundaba todo el salón. Tenía un espantoso dolor de cabeza, y no acertaba a reconocer donde estaba ni que ruido era el que le había despertado. Poco a poco las ideas se fueron aclarando en su cabeza. El timbre seguía sonando. Se puso en pie, la botella se resbaló cayendo al suelo. Fue entonces cuando se dio cuenta de que llevaba puesto todavía su vestido de novia. Ahora habían comenzado a aporrear la puerta y decidió apaciguar la insistencia del visitante.
Cuando llegó ante la puerta miró por la mirilla. La persona que golpeaba con los nudillos la puerta era su mejor amiga, Alicia. Bárbara se estiró el vestido, se echó el velo para atrás y descorrió los cerrojos hasta abrir la puerta.
La cara de Alicia ante la visión de Bárbara fue una mezcla entre sorpresa, susto y duda. Estalló en una violenta carcajada, a la vez que empujaba a su amiga hacia adentro y cerraba la puerta.
_”Pero, Barbarita, ¿Tú has visto la pinta que tienes?_ Le espetó mientras la abrazaba.
_”Por favor, no me chilles, me duele horrores la cabeza. He pasado una noche espantosa. Debí de bebérmela toda yo sola _ dijo señalando la botella que seguía a los pies de la butaca_ y me quedé dormida aquí mismo. ¿Tienes un cigarro? “_
Salieron a fumarse el cigarrillo al jardín. Nuria se sentó sobre el balancín, Bárbara colocó una de las sillas de mimbre frente a ella. El almohadón todavía estaba húmedo tras la lluvia del día anterior, pero hoy el sol brillaba dejando notar su calor.
_” Bien, supongo que tendrás ganas de hablar, de desahogarte. Ayer saliste corriendo, te llamé al móvil pero lo tenías desconectado. _”
_” Sí, me llamó Sofía. No tenía ningunas ganas de hablar con ella , le dije que estaría bien sola. Ni si quiera le dije que me pensaba quedar aquí, pero al fin y al cabo, esta es ya mi casa, ¿no crees?. _”
_”Supongo que sí, pero no creo que sea eso lo que realmente te preocupe. ¿Qué haces con el traje de novia puesto? Lo vas a estropear ._”
Se echó a reír. _”Debía ser mi noche de bodas, ¿lo recuerdas?_ Apuro el cigarro y pisó la colilla con la punta de su zapato blanco.- ¿Qué más da si se estropea?.-”
Se quitó el velo, suspiró hondo, se deshizo lo que quedaba del moño y siguió:
_” Me fastidió mi gran día, ¿me entiendes? Desde que empecé a salir con él llevaba soñando con este gran día, él lo sabía. Cinco años, cinco años soñando con mi boda, con mi gran día para nada, para que con sólo una llamada de teléfono todo se haya ido al traste. Es la segunda vez que me pasa, ¿por qué tengo tan mala suerte? ._”
_”Por favor, no compares esto con lo del desgraciado de Charly. Alberto no pensaba dejarte tirada, Alberto ha fallecido, creo que él lo lamentará más que nadie. Él pensaba casarse contigo. Lo de Charly sí fue una jugarreta, dejarte plantada unos días antes de la boda… creía que ya lo tenías superado.-“
_”¿Superado? _ Se puso de pie y empezó a caminar de un lado para otro _ Desde que era sólo una niña he soñado con casarme de blanco , en una basílica llena de flores, rodeada por mucha gente elegantemente vestida pendiente de mí. Siempre he soñado con hacer mi entrada triunfal por el pasillo alfombrado de la iglesia a los sones de la marcha nupcial, o del Ave María o de un Adaggio…Colocarme ante el altar, frente al sacerdote, decir sí quiero, y que un apuesto joven me retire el velo de la cara mientras que el cura dice os declaro marido y mujer. ¿Superado?. He cumplido treinta años, llevo dos intentos frustrados y tú me preguntas que si lo he superado.”
_”Lo siento Bárbara, no puedo entender esa extraña obsesión. ¿Qué crees que tiene de especial? ¿Qué le encuentras de mágico?. Me parece absurda esa idea que nos venden de que es el día más feliz en la vida de cualquier mujer. No te engañes, no lo es, cualquier mujer puede tener días mucho más felices sin necesidad de tanto alarde, sin tanto boato.”
Bárbara volvió a sentarse, encendió un nuevo pitillo. Aspiró profundamente y se quedó unos minutos mirando a su amiga.
_ “Explícame entonces por qué te casaste tú”
_ “Creo que lo hemos hablado ya muchas veces .Mis motivos eran completamente diferentes. Me casé por convencionalismo social, por el disgusto a mis padres, por el follón que se había liado, por puro interés económico y sobre todo, por evitar un escándalo mayor del que ya se había producido; y reconocerás que se trató de una ceremonia bastante atípica, porque ninguno de los dos creíamos en aquello. Bárbara, querida , una boda no es más que un acto en el que reunes a todos los familiares y amigos para decirles: no os escandalicéis, pero a partir de ahora este señor y yo nos vamos a acostar juntos todas las noches y vamos a practicar sexo, y para que os vayáis más conformes, os invitamos a comer. Eso es una boda, que nada tiene que ver con un matrimonio o con la pareja...”
_ “¡ Qué burra eres, hija! Lo siento, Alicia, te quiero mucho, siempre has sido mi mejor amiga, pero hay temas en los que discrepo profundamente contigo. No entiendo como puedes tener una visión tan poco romántica de las cosas. Además, no vas a lograr convencerme. Quiero casarme, ¿me entiendes? Sé el cómo, el dónde y el cuándo, pero no sé con quién. Quiero casarme, no creo que eso sea tan difícil, hay miles de mujeres que se casan todas las semanas, ¿por qué yo he de tener tan mala suerte? El uno me planta escasos días antes de la boda y el otro se muere a menos de cuarenta y ocho horas de mi gran día. Reconócelo, es injusto. Liz Taylor se ha casado siete veces, Isabel Preysler ha realizado tres bodas, Joan Collins ha pasado cinco veces por la vicaria…”
Alicia se echó a reír.
_ “Bárbara, hija, pareces los ecos de sociedad de una revista. Vale, vale, te entiendo. Vamos dentro, te cambias de ropa y nos vamos a desayunar. Y lávate bien la cara, que la llevas llena de churretes de rímel.”
Entraron dentro de la casa. Bárbara siguió los consejos de su amiga, se quitó el vestido, volvió a colocarlo con mimo dentro del armario y se dio una buena ducha. El agua consiguió despejarle un poco, pero la cabeza le seguía doliendo. Se vistió de modo informal, camisa blanca y pantalones vaqueros. Se calzó unas botas de tacón alto, cogió un bolso y metió en él todo lo que creía que podía necesitar. De pronto, pareció recordar algo. Volvió a entrar en la alcoba, abrió varios de los cajones del tocador. No parecía que estuviese allí lo que buscaba. Se dirigió a una de las mesillas de noche, extrajo el cajón, lo vació sobre la cama y con nerviosismo empezó a rebuscar. Finalmente, encontró el gran sobre blanco, lo apretó contra su pecho y después lo metió en el bolso.
Unos minutos más tarde las dos amigas salían de la casa. Se dirigieron dando un paseo hasta el cercano centro comercial. Por el camino encontraron a familias disfrutando de una soleada mañana de domingo, niños corriendo con las bicicletas, padres leyendo el periódico, jóvenes parejas empujando un carrito de bebé. Entraron en una de las cafeterías y se dispusieron a disfrutar de un copioso desayuno. El local, al ser día festivo, estaba prácticamente vacío, sólo otras dos mesas estaban ocupadas. Únicamente se oían los murmullos de la conversación de la pareja de la mesa junto al ventanal y el ruido de las cucharillas removiendo el café, cuando sonó la musiquilla del teléfono de Bárbara. Miró la pantalla.
_” Es Sofía, ¿qué hago?” _ preguntó en voz baja.
_”¿Y qué quieres hacer?, descuelga y habla con ella.”
Bárbara tragó saliva y contestó el teléfono.
_” Buenos días Sofía, ¿qué tal estás?”
_…………………………………………………………………………………………………………………….
_”Sí, bueno, estoy mejor que ayer, gracias. No, no te preocupes, no estoy sola, Alicia está conmigo, de todos modos, muchas gracias.”
_……………………………………………………………………………………………………………………
_”Lo siento Sofía, no estoy preparada para eso. ¿Por qué no os reunís con mis padres y lo solucionáis entre los cuatro?. Yo no podría hacerlo, era mi boda.”
Alicia le miró con los ojos muy abiertos y empezó a hacer toda clase de gestos con las manos.
_”Entiéndeme, ya sé que tú has perdido a tu hijo, pero a ti te quedan otros dos hijos. Yo he perdido a mi novio, al hombre que hoy tenía que ser mi esposo. - Su voz sonaba ahora mucho más enérgica - A mí no me queda nada, y me estás pidiendo que vaya al restaurante a solucionar los problemas económicos. Lo siento Sofía, no tengo fuerzas ni ganas para enfrentarme a ello, ni para devolver los regalos de boda, ni para escribir tarjetas de agradecimiento. Habla si quieres con mis padres o hazlo tú sola. Yo quiero desconectar, olvidar esta pesadilla de la boda”
_………………………………………………………………………………………………………………………..
_”Gracias. Ya hablaremos más adelante. Gracias”
Colgó el teléfono. El silencio reinaba en el local. Nuria le miraba con expresión de inquietud.
_”Era Sofía, la madre de Alberto”- dijo como para justificarse.
_”Ya lo sé. ¿Qué quería?”
_”Mis padres y ella van a ir al restaurante para solucionar los temas económicos referidos al convite, a ese que se debía haber celebrado ayer y que nunca se celebrará. También quería que le ayudara a devolver los regalos que nos habían enviado. Como ves, no hay manera de que me olvide por un minuto de mi estúpida boda.”
_” Permíteme una pregunta - La expresión de Alicia se había vuelto seria - Sé completamente sincera, ¿Qué te ha dolido más la muerte de Alberto o la cancelación de tu boda?
Bárbara bajó la cabeza, se quedó fijamente mirando la espuma de su café; no fue capaz de emitir contestación alguna, aunque tanto ella como su amiga conocían bien la respuesta.
Terminaron tranquilamente el desayuno. El silencio se había apoderado de ellas. Alicia se levantó para pagar la consumición. Abandonaron la cafetería y se dirigieron en silencio nuevamente hacia la vivienda de Bárbara. A escasos metros de la entrada, Bárbara se quedó parada. Alicia, al darse cuenta se giró y le preguntó algo asustada qué era lo que le ocurría.
_”Ali, tengo un plan - sacó de su bolso el sobre blanco y se lo entregó a su amiga - ¿Qué vas a hacer la próxima semana?”

¿Por qué no son todos los días San Valentín?


Buenos días... hoy es el día de los enamorados, el único día del año en que puedes ver por la calle a cientos de hombres cargados con un ramo de flores y sin esconderse por ello, el día del año en el que se practica más sexo, el día en el que más veces se dice te quiero, el día en que las mujeres son más piropeadas, mimadas y consentidas... ¡coño! ¿por qué no son todos los días San Valentín?

martes, febrero 13, 2007

Bárbara


Quiero presentaros a Bárbara, alguien de quien a partir de ahora vais a poder leer muchas cosas. Bárbara es sólo un personaje de mi creación, alguien a quien le ocurren cientos de cosas en su desesperada búsqueda de un marido. Sí, ese es el objetivo en la vida de Bárbara, la búsqueda de un marido que le permita ser una mujer florero, un ama de casa ociosa, alguien o más parecido a Isabel Preysler o Mar Flores. Pero, por lo que iréis viendo, ella no tiene tanta suerte. En su discurrir conoceréis también a sus mejores amigas, Alicia, una mujer independiente, nada convencional pero muy práctica, Laura, eternamente enamorada de un novio con fobia al compromiso y a la estabilidad, y por último a Merche, lo más parecido a lo que a Bárbara le gustaría ser, esposa ejemplar, madre de tres criaturas, pero aburrida hasta la saciedad de su papel.

Aviso ya de antemano, cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia, ninguna de mis amigas se parece ni remotamente a Bárbara o a sus amigas, y por su puesto, tampoco tienen nada que ver conmigo.

Sólo espero que disfrutéis leyendo de cuando en cuando sus aventuras, e incluso que os cause un poco de intriga como acabará todo, así que, si os apetece, acepto sugerencias, críticas o cualquier comentario.

lunes, febrero 12, 2007

Burocracia = incompetencia médica

Me han dado el alta, sí, mi nuevo médico de cabecera ha decidido que en esta última visita me ha visto muy bien y que por tanto me daba el alta médica para que me incorporara a una "vida activa y normal", eso sí, sin dejar de tomar la nueva medicación, y sin dejar de asistir a ninguna de las sesiones semanales de la terapia de grupo ni de la terapia individual con la psicóloga.
Y yo me pregunto, ¿eso es una vida normal?, ¿alguna empresa va a consentir que uno de sus empleados falte sistemáticamente dos mañanas a la semana para acudir a las sesiones con un terapeuta?, ¿alguien con crisis ansiógenas, cogniciones negativistas bloqueantes, bajo estado de ánimo, alta labilidad emocional, descontrol alimentario, alteraciones del sueño, indefensión cognitiva (son los términos que aparecen en los últimos informes de mi psiquiatra, mi psicólogo y el médico de la mutua) puede hacer una vida plena y normal?, ¿alguien puede decir que yo he recobrado mi salud?
Todo esto viene porque el sistema médico de la Seguridad Social cada vez funciona peor y la burocracia de la Seguridad Social es incompetente, tardía e inoperante.
Resulta que el sistema de la Seguridad Social contempla que un enfermo no puede, o no debe, estar más de un año de baja, sea por la situación que sea, y en todo caso, se puede prolongar hasta los 18 meses, momento en el que el enfermo deberá pasar por un tribunal que dictaminará si es apto para trabajar o no. Bien, hasta aquí todo está claro, aunque habría que añadir que las bajas por el mismo motivo, aunque no sean seguidas, si son acumulativas.
Pongámonos en el caso, como es el mío, que el diagnóstico no es acertado en un primer momento y que, además, se medica al paciente con una medicación que, lejos de mejorar el problema, lo acentúa. Digamos también, como ocurrió en mi caso, que el médico de cabecera que te está tratando y con el que tienes total confianza cae enfermo y por su consulta en un periodo de seis meses pasan más de una docena de facultativos que no se preocupan más que de entregarte un parte de baja y como mucho extender alguna receta. Añadamos a todo esto que la burocracia hace que el que ha sido tu psiquiatra en ocasiones anteriores, especialista del centro de salud mental de tu distrito, no te corresponda, pese a que tenga todo tu historial médico, porque para tu centro de salud acaban de designar un especialista, único para todos los pacentes de ese centro, que no dispone de historial previo, y no sólo eso, en cualquier especialidad puede pedirse el cambio de especialista salvo en psiquiatría, que debe ser aprobada por la secretaría general del área de psiquiatría del área 4.
Con todo eso y alguna cosa más tuve yo que enfrentarme durante varios meses, sin tener fuerzas ni ganas de nada. Finalmente, tras seis meses y un montón de escollos salvados, logré que me viera mi antiguo psiquiatra y que ajustara mi medicación.
A todo esto, mi médico de cabecera, por motivos en los que no voy a entrar, es despedido del centro de salud y llega una nueva señorita, la doctora María del Mar Garrido
Picazo, que el primer día, sin conocerme de nada, empieza por faltarme el respeto, insultarme, provocarme una crisis de ansiedad en su consulta y varias cosas más. Como es lógico, yo no me quedo quieta, y, además de pedir el cambio de médico, escribo una reclamación contra esta doctora.
Ironías del destino: no puedo cambiarme de médico de cabecera mientras esté en proceso de baja y sea éste el que esté siguiendo mi proceso (irónico, cuando en los últimos meses lo habían "seguido" un montón de médicos.) Y, no sólo eso, la inspección, una vez recibida la reclamación pide informes a la doctora Garrido de qué es lo que ha sucedido, por lo que las versiones son completamente contradictorias.
Acudir a la consulta de esta señora se convirtió cada semana en un tormento; con el mayor de los cinismos me recibía cuando ya se había pasado mi turno, o se saltaba mi nombre, o se equivocaba al hacerme un parte o una receta... vamos, lo idóneo para una enferma psicológica.
Tras varias reclamaciones conseguí que desde la dirección me asignaran un nuevo médico, la persona más seca y estirada que existe en el centro de salud (y no lo digo yo, es una realidad).
Esta nueva médica, la doctora Pilar Hernández Sánchez, solicita informes de todos mis médicos, según ella, porque ha recibido una reclamación desde la Inspección médica. Consigo todos los informes, del psiquiatra del hospital, de mi psiquiatra, de mi psicóloga, del médico de la mutua, informes en los que se desaconseja que se me dé el alta y en los que claramente se habla de la necesidad de seguir la evolución muy de cerca, debido a las múltiples recaídas que he tenido, y de lo complejo del proceso. Y pese a todo, la doctora Hernández, una mujer que me ha visto en cuatro ocasiones, decide que mi mejoría es muy notoria y que por tanto ha de darme de alta.
Por cierto, la doctora Hernández, debe ser un genio, porque sin preguntarte nada y pese a los informes de los especialistas, ella sabe más que nadie, sabe cómo me encuentro, qué me conviene y no sé cuantas cosas más. Por su puesto que estoy mucho mejor que hace un año, aunque no esté curada, pero es gracias a mi terapeuta, a la medicación controlada por mi psiquiatra desde hace un mes y medio y sobre todo a mis ganas de salir adelante, no debo nada a ningún médico de mi centro de salud, y sobre todo no le debo nada a la doctora Hernández.
Ante la nueva situación recurrí a la mutua, al psicólogo y a la psiquiatra. Ninguno de ellos tenían potestad sobre mi médico de cabecera, sus diagnósticos e informes nada podían hacer contra la opinión de mi médico de cabecera, que repito, sólo me ha visto en cuatro ocasiones en el último mes.
Indignada por la situación me dirigí a la última instancia a la que yo puedo llegar, la Inspección médica. Por cierto, sólo atienden a los pacientes de 9:00 a 10:30. Bien, la subinspectora después de escucharme me reiteró lo que los demás ya me habían dicho, el médico de cabecera es el único que tiene potestad para dar las altas médicas, y si lo cree conveniente puede hacerlo en cualquier momento, pese a los informes de los especialistas. Claro, que cuando la subinspectora leyó algunos de los informes me preguntó si yo estaba segura de que la doctora Hernández había leído tales informes.
La única opción que me queda es escribir una reclamación. Es el recurso del pataleo, pero, están obligados a leerla y a contestarla, y, aunque mi situación nada va a cambiar, por lo menos habré
dejado constancia de la incompetencia de este sistema que es capaz de dar un alta médica a un enfermo sin haberle resuelto su problema o conceder una pensión de invalidez a la madre de la Campanario y no es capaz de hacerlo con una persona con cinco hernias y en una silla de ruedas.
PD.: Al día siguiente de que me dieran el alta falleció Erika Ortiz Rocasolano por suicidio; diariamente se calcula que unas cinco personas en la Comunidad de Madrid toman esta decisión como única salida, y, muchas veces, es consecuencia de un mal diagnóstico, o de la falta de él, o incluso de la manera en que un médico trate tu patología. Es muy fácil lamentarse después, pero a lo mejor, se podía haber hecho mucho antes.

domingo, febrero 11, 2007

Regalos de San Valentín

Quedan pocos días para el consabido 14 de febrero, San Valentín, esa fecha que todos decimos que es un producto inventado por el Corte Inglés, pero, en la que al final casi todos hacemos o recibimos algún regalo.
Están las socorridas, y abultadas de precio, flores, en especial las rosas rojas, símbolo de la pasión; los dulces bombones envueltos en cajas con forma de corazón, los peluches de las más diversas formas y maneras con corazones y mensajes; alguna joyita con forma de corazón también suele ser un detalle socorrido; recurrir a las perfumerías también es un recurso bastante utilizado, y como no, la cena en un restaurante romántico.
Todo esto está muy bien, pero un poco visto, ¿no podamos ser más originales?
Yo propongo una serie de detalles especiales que, tal vez, sean de ayuda a alguien, o que al menos son los que a mí me gustan.

Empecemos por algo sencillo, siempre he dicho que en el cajón de una mujer no deben faltar al menos un par de pijamas o camisones de seda natural. Uno de los mayores placeres que conozco es dejarte acariciar el cuerpo por la seda, y en invierno, bien tapadita con la manta o el edredón la caricia de la seda es muy excitante. Claro, que a lo mejor prefieres regalar ropa interior, que la vas a disfrutar tú más, está bien, pero sé práctico, entérate bien de su talla.

A las chicas nos encanta que nos mimen, nos masajeen y nos pongan guapas, ¿qué tal un bono de belleza en un spa o en un centro de estética? Por experiencia recomiendo un programa de fin de semana de salud y belleza en un balneario o spa, lo podéis compartir, y no sabes cómo te lo va a agradecer.

La música puede ser otro buen regalo, pero sé original, nada de regalarle un CD. Cuando yo era jovencita, el chico que estaba por ti te regalaba una cinta con la música que más le gustaba, hoy todo ha evolucionado un poco más, y le puedes regalar un MP3 o un Ipod con la música que te guste a ti o con la que sepas que le gusta a ella. También hay otro recurso musical un poco más económico y que es original y puede gustar mucho, ya sabéis que a las chicas se nos conquista por el oído, y que te canten despacito y al oído tu canción favorita puede obrar maravillas; sólo un comentario, si no sois buenos cantantes, es preferible no hacerlo o recurrir a un profesional.
¿Qué tal una salida al teatro? Seguro que no lo habías pensado, pero es un buen regalo, y actualmente hay un gran número de espectáculos en cartel. Además, puede que la experiencia os guste, os aficionéis y repitáis en más de una ocasión.

Por su puesto, si vuestro presupuesto os lo permite, lo mejor es una escapada a un lugar romántico, París, Venecia o Praga son destinos maravillosos, pero también lo son Granada, Teruel o una casita rural en cualquier lugar con buenas vistas, y sale un poco más económico.

Si lo que tenías pensado era una cena romántica, adelante, atrévete a cocinar tú, pero sobre todo, deja la cocina perfectamente recogida y limpia. El éxito de tu menú no puedo garantizártelo, pero, si lo dejas todo perfectamente recogido ella sabrá agradecer el esfuerzo. Y recuerda, unas velas en la mesa, nada de televisión, una música suave de fondo...
Lo de las tarjetas y las poesías está muy bien, pero por favor, ser originales, no recurráis a las que venden en cualquier papelería o centro comercial, y en cuanto a los poemas, ¿no merece la chica de vuestros sueños que os lo curréis un poco pensando en ella?
Y si aún así lo que a ti y a ella son los corazones y las cosas tradicionales, ¿ porque o te lo curras un poco más y le haces una presentación o un e-mail cargadito de corazones, flores y mensajes románticos?

Si todas estas propuestas se escapan de tu presupuesto, te queda un último recurso, regálate a ti mismo. Sí, sé tú su regalo especial, sólo necesitas unos cuantos metros de cinta para regalo, preferiblemente roja, desnúdate, hazte un buen lazo alrededor de todo tu cuerpo y entrégate. El éxito está casi garantizado, porque una de las cosas que más nos gustan a las chicas es que nos sorprendan y nos hagan reír.

miércoles, febrero 07, 2007

Faldas al suelo

La pasada semana paseaba por una céntrica calle de Valencia empujando el carrito de mi sobrina a esa hora de la mañana en la que todo el mundo parece estar en la calle. Se me había ocurrido la brillante idea de ponerme unos pantys, prenda antilujuria donde las haya, y que odio bastante, bajo mi falda lápiz elástica. Y, al pasar por un escaparate sucedió, la falda se deslizó en un santiamén hasta mis tobillos dejando al aire mis piernas, e incluso lo que no eran mis piernas. Los dos jovencitos que andaban detrás de mí debieron quedarse encantados con el espectáculo, porque, no es por nada, pero tengo unas piernas bastante estupendas, sin gota de celulitis.
En esos momentos, lo único que puedes hacer es dar la menor importancia a la situación, y con gran dignidad agacharte y volver a colocar la falda en su sitio.
Por cierto, poco después tuve que entrar a la tienda ante la que había ocurrido el percance, y el dependiente me atendió con una cortesía inusual.

lunes, enero 29, 2007

Confusión entre seguros

Hace mucho que nos contaba una anécdota, y esta no tiene desperdicio.
La protagonista de la historia estaba luchando para que sus dos hijos pequeños dejaran de juguetear e hicieran de una vez los deberes. Lo que empezó como una broma habitual de cada tarde, en esta ocasión acabó en desgracia, con un buen chichón en la cabeza de uno de sus hijos, un pequeño corte en la mano de ella y el cristal de la mesa hecho añicos.
Inmediatamente ella llamó a su compañía de seguros para que cuanto antes acudiesen a reparar la tapa de cristal, pero, verdaderamente, con la confusión, los llantos de los niños y los nervios de ella, no comprendía muy bien las preguntas que la telefonista le estaba realizando.
Al día siguiente, a primera hora de la mañana se presentaron en su casa dos operarios de la funeraria que venían a tomar las medidas para realizar la tapa de cristal del ataúd.
Y os aseguro que es completamente verídica.

domingo, enero 21, 2007

Mirar atrás


Tengo una amigo que me dice que no hay que mirar atrás, que el pasado sólo es pasado y que hay que vivir el presente pensando en el futuro. De acuerdo, pero ¿qué hay de malo en mirar el pasado cuando el presente no te gusta y el futuro se presenta con pocas esperanzas y muchas incertidumbres?
A veces, echar la vista atrás es bueno, nos recuerda quién fuimos, qué queríamos ser, dónde queríamos llegar. También nos recuerda de dónde veníamos y a dónde hemos llegado, qué hemos alcanzado y qué hemos dejado por el camino.

Recordar el pasado sirve para descubrir aquellos errores que no queremos volver a cometer, y, también para comprobar que hubo aciertos que merecen la pena volver a lograrse.

Todos tenemos un pasado, y de ese, por mucho que queramos, no podemos, escapar; somos producto de las elecciones que hicimos ayer. Nuestro presente y el futuro están marcados por él, así que no te arrepientas nunca de lo vivido antes, asúmelo y aprende de ello.

Y, si tu pasado fue bueno, nada hay de malo en refugiarse en él de cuando en cuando.

viernes, enero 19, 2007

La diosa




Estaba sentada frente al espejo. Desnuda, sin maquillaje e iluminada por los rayos de sol que al atardecer se filtraban entre las cortinas, podían apreciarse las huellas que el paso del tiempo había dejado en su cuerpo . Seguía poseyendo un rostro y un cuerpo de belleza armónica, pero su blanca piel había comenzado a perder su tersura y se había vuelto más flácida; pequeñas arrugas bordeaban los ojos y la boca y finos surcos se marcaban en la frente y el cuello. Sus pechos, antes redondos, duros y erectos, miraban el suelo de reojo. La cintura, que en otro tiempo había sido abarcada holgadamente por unas manos masculinas había aumentado algunos centímetros, y el culo, antes duro y respingón había descendido algunos centímetros pese a los esfuerzos en el gimnasio.


La imagen que se reflejaba en la luna de cristal era la de una atractiva mujer que había perdido su más divino tesoro, su juventud, pero que no aparentaba el medio siglo que estaba próxima a cumplir.


Sobre el tocador le esperaban tarros, botes, pinceles, botellas, lápices, barras de labios... Recogió su mata de pelo rojizo - antes natural, hoy teñido para ocultar algunas canas - y comenzó a ocultar el tiempo tras varias capas de cremas, polvos y afeites. Cuando terminó de maquillarse el espejo le devolvió la imagen de una cara hermosa y jovial sobre un cuerpo cansado.


Se perfumó generosamente en la nuca, en el nacimiento de los senos, alrededor del ombligo, en las ingles, en la cara interna de las rodillas y en las muñecas.


Se levantó despacio y se dirigió a la cama donde una serie de prendas se mostraban como si la colcha fuera un escaparate. Tomó primero un sujetador de raso y encaje negro que se colocó para reafirmar su pecho; continuó con una finísima media de cristal que se adaptó perfectamente a su pierna izquierda e hizo otro tanto con la derecha. Se ajustó después un liguero de encaje negro y finalizó con un tanga a juego: ya estaba vestida por dentro. Tres vestidos seguían exhibiéndose sobre la cama; finalmente optó por embutirse en un vestido negro con mangas hasta los codos y un amplio escote circular que mostraba generosamente su escote y su espalda. Unos zapatos de fino tacón y pulsera al tobillo completaban su atuendo.


Se encaminó de nuevo al tocador, soltó su melena y le dió unos últimos toques. Por último, se adornó con unos pendientes y unas pulseras.


La imagen que el espejo reflejaba ahora tenía al menos quince años menos que la que había visto quince minutos antes.




*******************




José Luís Azuara era un tipo mediocre, un hombre de esos que no destacan por nada y en los que nadie repara, un hombre que había pasado por la vida casi de puntillas, sin hacer apenas ruido, sin hacerse notar. Se había pasado los últimos veinticinco años dedicados únicamente a su trabajo, encerrado en un despacho, viendo números y más números mientras los años pasaban dejando su marca en una calvicie acusada y en un estómago cada vez más abultado.

José Luís era un tipo solitario, un soltero vocacional. Había amado por primera y única vez a los veinte años, con la profundidad que se ama la primera vez y con la intensidad y la pasión que se hace a los veinte años. Eran un solo corazón en dos cuerpos, hasta que un día ella desapareció sin decir adiós, sin dejar un rastro, sin una explicación, y José Luís se quedó con su cuerpo y medio corazón.

Ella desapareció, pero su recuerdo nunca lo hizo, al contrario, con el paso del tiempo creció hasta convertirse en la idolatración por una diosa. Por esta razón José Luís nunca pudo amar a otra mujer, todo su amor iba destinado a su diosa, la mujer perfecta e incomparable, y por ello desahogaba sus apetencias sexuales con mujeres públicas a las que podía comprar para gozar de sus cuerpos y humillar por unas monedas, volcando en ellas todas sus miserias y decepciones.
Para celebrar sus veinticinco años en la empresa José Luís fue recompensado con el ascenso con el que tanto había soñado y por el que tanto había peleado. Ya era uno de ellos, un directivo, un hombre importante al que todos reconocerían y temerían. Y no fue ese su único premio, sus nuevos socios le habían preparado una fiesta en uno de los clubs más discretos, elegantes y perversos de toda la ciudad.
Estaba situado a las afueras de la población. Una altísima valla rodeaba todo el perímetro evitando la vista a los curiosos. En la puerta principal un portero les solicitó una clave, y tras cruzar la puerta se encontraron con un jardín perfectamente cuidado y al final del camino una casa de estilo modernista de tres plantas. Al acceder al interior de la mansión José Luis quedó impresionado por el lujo y los detalles de buen gusto que pudo apreciar en la decoración. Accedieron a una inmensa sala circular con los suelos de mármol, ventanales cubiertos con magníficas vidrieras coloristas, muebles de ébano y lámparas de cristal tallado. Una chica jovencísima tocaba desnuda una pieza de Chopín en un gran piano de cola; algunos hombres fumaban y bebían cómodamente reclinados en butacones mientras algunas bellezas semidesnudas les atendían con caricias y mimos. Una valquiria vestida únicamente con una máscara de cuero y unas botas de altísimo tacón humillaba con un látigo a dos conocidísimos políticos oponentes en la vida pública. Mirara dónde mirara José Luis veía mujeres ligeras de ropa, sexo y lujuria.
Nunca había visto nada semejante a aquello, ni si quiera se había atrevido a soñarlo, pero no podía negar que estaba realmente cautivado. De repente, por la escalinata de mármol blanco vio descender la figura de una pelirroja embutida en un seductor traje negro. La dama avanzaba hacia ellos seguida de una cohorte de seductoras beldades, pero José Luís ya no fue capaz de apreciar nada más, porque sus ojos no podían dejar de contemplar a la mujer vestida de negro.
La observó petrificado, de arriba a abajo: contempló su pelo rojizo y rizado, sus cejas, sus felinos ojos verdes velados por aquellas magníficas pestañas, sus pómulos, aquella sensual boca pintada de rojo, su largo y blanco cuello y su escote, adivinando un lunar en el seno izquierdo, sus amorosos brazos, su pequeña cintura, sus caderas, sus esculturales piernas, sus tobillos...eran idénticos a los de su diosa, la mujer a la que amó y poseyó por primera vez cuando sólo tenían veinte años. Creyó viajar en un instante al pasado, volver a tener sólo veinte años, ser nuevamente un estudiante envidiado por media Universidad que estaba enamorada de la bella pelirroja que sólo condecía sus favores al joven Azuara. Creyó pasear nuevamente cogido de su mano, besarse en cada esquina y hacer el amor a escondidas en un 600 a muchos kilómetros de miradas y censuras, donde ayer sólo había campo y hoy se alzaban nuevas urbanizaciones. Durante sólo unos segundos evocó el sabor de sus besos, el olor de su cuerpo, el placer de la carne. Creyó estar soñando, pero las voces le volvieron a la realidad, al presente, él tenía casi cincuenta años y ella poco más de veinte, él era un hombre gris y ella una mujer reluciente.
No, no podía ser ella, era alguien que se parecía mucho a ella, tal vez su hija, ¿su hija?, no, no podía ser, ¿quién era?
José Luís sintió que la estancia daba vueltas a una velocidad vertiginosa y lo último que vio antes de percibir sólo la oscuridad fue a su diosa avanzando hacia él con su espléndida sonrisa.
Cuando despertó se encontró tumbado sobre una cama extraña; alguien le tenía tomada la mano y le acariciaba: en aquel momento supo que era ella. Y supo también que su diosa, la mujer idolatrada, había sido una mujer pública a la que cualquier hombre había podido comprar con dinero para verter en ella todas sus frustraciones. Se intercambiaron miradas llenas de preguntas y reproches mudos. José Luís no podía dejar de preguntarse cuántos hombres habrían pasado por su vida, cuántos habrían comprado su cuerpo, sus caricias, sus besos, a cuántos hombres habría amado, por qué desapareció de su vida sin una explicación, sin un adiós...
Ella odiaba en aquel momento a José Luís por haberle devuelto a la realidad, por hacerle recuperar treinta años de golpe, por hacerla envejecer de ese modo, por presentarle de modo tan crudo la realidad que ella supuso varios lustros atrás, cuando comprendió que la vida junto a José Luís sería gris y monótona, muy alejada del lujo y la opulencia con los que ella soñaba.
José Luís quiso hablar, pero ella le puso su dedo índice en la boca. Para él resultaba todo muy absurdo y ridículo, tenía ganas de golpearla, de estrangularla, pero sin saber cómo, comenzó a lamer aquel dedo. Se miraron, comenzaron a besarse y poco a poco las manos de él se deslizaron por el cuerpo de ella hasta encontrar la cremallera del vestido. Se desnudaron mutuamente, sin prisas, e hicieron el amor como años atrás, sintiendo, amando, despacio.
Desnudos, extasiados y aún con el olor y el sabor del uno en el otro, ella se levantó y cubriendo su desnudez con la sábana se giró hacia José Luís y en tono tajante le dijo:
- “ Tienes diez minutos para salir de aquí, salir de mi vida para no regresar nunca más. La mujer que tú conociste dejó de existir hace mucho tiempo, esa que tú amabas está muerta y enterrada, sólo vive en ti. Yo soy otra, y esta otra no te conviene, no te quiere, sólo quiere tu dinero. Olvídate de mí, olvídala como yo la olvidé.”

José Luís se levantó, se vistió y se marchó dejando antes un billete sobre la mesilla. Ya en su coche sintió que alguien le había robado muchos años de su vida, notó que le habían quitado el pasado, que era un hombre sin pasado, sin vida, sin historia. Se adentró en las entrañas de la ciudad y buscó un bar abierto donde poder beber para olvidar, olvidar su pasado, su amor, su diosa, su vida.
El sol empezaba ya a librar su batalla contra la oscuridad cuando totalmente embriagado abandonó el bar; en una esquina una mujer entrada en años esperaba cazar algún cliente rezagado. Llevaba una peluca tipo Cleopatra y más pintura en la cara de la que en su vida utilizó la famosa emperatriz. Su escotado suéter y su corta falda dejaban al descubierto una sobredosis de grasa, pero a José Luís le pareció sumamente hermosa y decidió comprar su cuerpo para inventar después un pasado consagrado a esta nueva diosa.

sábado, enero 13, 2007

Física y química

¿No te ha ocurrido nunca que entres en un lugar, veas por primera vez a una persona y sientas una gran atracción hacía ella?, ¿no has sentido nunca un flechazo a primera vista?, o al contrario, ¿no has sentido en alguna ocasión un antagonismo total con una persona a la que acababas de conocer?

¿Por qué se producen estas reacciones tan, aparentemente, sin sentido? ¿Qué mecanismos hacen que una persona nos atraiga o nos repele aun sin conocerla? La explicación parece sencilla si nos referimos únicamente a la cuestión física: la belleza nos atrae y la fealdad nos repulsa, y belleza y fealdad son conceptos tan sumamente subjetivos que lo que para mí puede ser bello, para otro puede ser todo lo contrario. En nuestra memoria genética se han grabado una serie de condiciones que hacen que un ser nos resulte atractivo o que rehuyamos de las personas con una característica física común. Antropológicamente está demostrado que a los hombres occidentales instintivamente les atrae una mujer con las caderas anchas y los pechos grandes porque es un síntoma de que será una buena madre que podrá parir y amamantar hijos con facilidad, mientras que para las mujeres occidentales un hombre sano con un cuerpo atlético y un cierto parecido a su progenitor le garantiza que se hará cargo de los hijos y la familia. Pero la visión antropológica y la memoria genética no son suficientes a la hora de explicar una atracción física, influye, y mucho, el concepto de belleza de la sociedad en la que vivimos, los medios de comunicación, la moda, el entorno sociocultural, la educación, e infinidad de pequeños detalles.

Pero todo ello por sí sólo tampoco explica nada. Hay una atracción más poderosa, más sutil y más interesante: la química.
Siempre se ha oído decir eso de que entre dos personas hay química, o que entre dos personas ha surgido la chispa, y, ahora va a resultar que la sabiduría popular, como casi siempre, tenía razón.
Según los científicos el ser humano a través de manifestaciones anatómicas y ecuaciones bioquímicas elabora determinados procesos químicos para establecer relaciones. Al parecer, los humanos liberamos continuamente por los millones de poros de nuestra piel feromonas, una sustancia química muy volátil, que, de manera inconsciente, envía señales a los que nos rodean mostrando interés sexual, aviso de peligro, rechazo...
El proceso más estudiado hasta ahora en los laboratorios y las universidades es el amor. Al parecer, una vez que nuestras feromonas han comunicado al otro nuestra atracción el cerebro produce grandes cantidades de serotonina, y descienden sustancialmente los niveles de endorfinas, dando como resultado un conjunto de reacciones de todo el organismo. En esta primera etapa del enamoramiento se elevan los niveles de testosterona, dopamina y norepirefina, sustancias químicas elaboradas por nuestro cerebro y que tienen mucho que ver con la lujuria, el deseo y la atracción. Pasada la etapa inicial, nuestro cerebro deja de producir estos elementos y fabrica ocitocina y vasopresina, más relacionadas con el vínculo y el cariño que con la pasión. Y, esto último, con suerte, porque lo habitual suele ser que el cerebro en muy poco tiempo desarrolle feniletilamina, un componente que hace que el estado de excitación y euforia disminuya y por tanto se acabe el amor.
Así que ya sabéis, todo en las relaciones es cuestión de química, y ante eso, yo que soy de letras, no tengo nada que decir, ¿o sí?

Una última reflexión, ¿qué ocurrirá con los seres humanos el día que en un laboratorio sean capaces de producir y modificar a su antojo todas estas sustancias?

jueves, enero 11, 2007

Mis creaciones de bisutería


Creo que ya he comentado en alguna ocasión que soy bastante polifacética y creativa. Este es otro aspecto de mi creatividad, me gusta diseñar y elaborar piezas de bisutería con diferentes materiales. Hasta ahora me daba un poco de "vergüenza" (yo soy así de rara) mostrar mis creaciones, pero creo que ya ha llegado el momento.

Os presento una pequeña selección de algunas de las piezas que he realizado ultimamente.

miércoles, enero 10, 2007

Preguntas sin respuesta


¿Dónde se esconden las parejas de los calcetines?

¿Por qué cuesta tan poco engordar y tanto adelgazar?

¿A dónde van los besos que no damos?

¿Por qué el agua moja?

¿Dónde está el carro de Manolo Escobar?
¿Con qué sueñan los bebés?

¿Cuántas lágrimas puede verter una persona?

¿Existe alguna gran fortuna que se haya hecho de manera totalmente ética y legal?

¿De qué color es el aire?

¿Por qué elevamos la voz cuando hablamos con alguien que no entiende nuestro idioma?

¿Por qué dicen que las prostitutas son mujeres de vida fácil?

¿Quién y por qué decidió que lo bueno es cojonudo y lo malo un coñazo?

¿Por qué el arco iris tiene forma semicircular?

¿Por qué encoje mi jersey de pura lana al lavarlo, incluso con agua fría, si la oveja no encoje cuando se moja?

¿Por qué se contagian los bostezos?

¿Existe la nada, existe el silencio?

¿En qué medida se miden los sentimientos?

lunes, enero 08, 2007

Adicción a las compras.

Ya se han acabado las fiestas navideñas, por fin muchos podrán respirar aliviados, volver a la rutina habitual.
Tengo una conocida que define las Navidades como quince días en los que se pasa el día comprando, cocinando,comprando, comiendo, comprando y engordando y además con la casa siempre llena de gente.

Y, ¿adivináis que es lo primero que hizo el lunes? Pues sí, se fue de compras a las rebajas.

Ella dice que no, pero yo le digo que está enganchada, que es una adicta al "shoping", y debe ser una adicción muy difícil de controlar en un mundo tan materialista y tan consumista como el nuestro.

El caso es que esta adicción o comportamiento cada vez es más común en nuestra sociedad. Hoy en día cualquier cosa puede comprarse, todo aquello con lo que se sueña está a nuestro alcance, y en la mayoría de las ocasiones por un precio que podemos permitirnos. En un país como el nuestro ya no existe una clase media que no pueda permitirse adquirir todo aquello que ve en un escaparate, en una publicidad, en televisión... Hemos llenado nuestros hogares de trastos inservibles, de aparatos inútiles pero bellos, de objetos que no necesitabamos pero que un día cubrieron un hueco mucho más profundo, una necesidad más escondida, algo que normalmente no se puede comprar con moneda de curso legal.

Cuando nuestro mundo era un poco más pobre era mucho más rico en ilusiones, en conversaciones, en amigos, en sueños. Tal vez habría que volver a plantearse el recuperar un poco de lo perdido, sin tener que renunciar por ello a la riqueza material, simplemente, seamos consecuentes, a veces un abrazo no vale dinero y calienta más que un abrigo.

jueves, enero 04, 2007

Felicitaciones Navideñas a través de SMS

De unos años a esta parte se ha puesto de moda recibir mensajes SMS a través del teléfono móvil para felicitarte el Año Nuevo... atrás va quedándose la típica postal navideña con su sobre y su sello. De hecho, este año a través del correo ordinario sólo recibí la consabida felicitación de El Corte Inglés, de dos firmas comerciales más y de mi amiga Ana, mientras que mi teléfono móvil no paraba de avisar de la llegada de nuevos mensajes felicitándome las fiestas.
Entre esos mensajes ha habido de todo, aunque debo decir que visto lo visto, muy pocos han sido originales y de corazón, y que la mayoría han sido pasados de un teléfono a otro hasta llegar al mío y seguramente pensados por la mente de un publicitario al que la empresa de telefonía habrá pagado una pasta... pero da igual, lo importante al final es la cantidad de gente que se acuerda de ti en estos días. (Y ver la cara de envidia que se le pone a algunos de los que están cerca de ti y no reciben ni la cuarta parte, je, je, je)
Mensajes ha habido de todos los gustos, algunos más divertidos, otros más irónicos, otros un poco cursis, otros de dudoso gusto... He hecho una selección de algunos de ellos que deseo compartir con todos; espero que os gusten u os hagan sonreír, pero sobre todo recordar ¡Feliz Año 2007!
Entre los de estilo clásico y de buen gusto destaco estos:
._Dijo un sabio que la riqueza de un ser humano se mide por la cantidad y calidad de los amigos que tiene. Gracias por ser parte de mi fortuna. Feliz Navidad
._Que vuestros deseos se cumplan ,que la Navidad os traiga todo lo bueno de la vida, el amor y la felicidad
._Tres personas preguntaron por ti. No les di tu número de teléfono, les di tu dirección y prometieron visitarte pronto. Se llaman Salud, Paz y Amor.
._Hoy te mando un gran sobre, su contenido es 365 besos, 365 achuchones, y 365 sonrisas, desde hoy disfruta distribuyendo una día a día todo el año, por si se me olvida dártelas a diario.
._Para el año que viene te deseo todo y nada; todo lo que te haga feliz y nada que te haga sufrir
._Hay pocas cosas que decir cuando parece que está todo dicho. Yo quiero añadir gracias y felicitarte de corazón
Los había un poco más empalagosos, como estos y que se han repetido por todos los teléfonos
._Que la lluvia de felicidad te pille con el paraguas roto. Te inunde, te empape y salpique a todos los que están a tu alrededor
._Abre la mano... ahora ciérrala... Ahora acércatela a la mejilla... Vuelve a abrir la mano. ¿No lo has notado? Es el beso que te doy para desearte lo mejor en este nuevo año.
También los hubo con buen humor y buen gusto, aunque parezca contradictorio
._Cuando un deseo se cumple, un pequeño duende esboza una sonrisa. Que este año el tuyo se descojone
._12 uvas...6€, botella de cava ...16€, langostinos... 20€, tanga rojo... 20€. Que te felicite tu amigo la Navidad... no tiene precio.
Y luego están todos esos un poco más subidos de tono, más groseros o simplemente más salvajes, que hacen que te rías mucho y que circulan de móvil a móvil repitiéndose hasta la saciedad.
._Carta de un extraterrestre: Querido terrícola, soy un extraterrestre de una galaxia muy lejana donde podemos adoptar cualquier forma. En estos momentos me he convertido en este SMS y, a través de tus pupilas, te estoy metiendo un dedo en el culo. Sé que te está gustando porque estás sonriendo. Por favor, envíame a otras personas porque en verdad ando buscando más culos. Y deja de reírte que se van a dar cuenta.
._Feliz Año. Sé que es demasiado pronto pero conozco a tanta gente guapa, rica y sexy que empiezo por los pobres, desgraciados, putones alcohólicos y degenerados.
._Para este año te deseo que vivas como un cepillo de dientes: que tengas mucha pasta, que tengas un buen mango y que se te cepillen tres veces al día.
._Feliz Semana Santa de parte de la Asociación de enfermos de Alzheimer y nuestros mejores deseos para 1984. No me acuerdo de tu nombre, pero creo que me caes bien.
._Ojala las pulgas de mil camellos egipcios infecten el culo de quien intente joderte el 2007 y que sus brazos sean tan cortos que no pueda rascarse. Salud y suerte".
._Este año Papá Noel me dio a elegir entre un gran pene o una gran memoria y ahora no recuerdo si te he felicitado el año nuevo
._La policía busca a una persona guapa, sexy, carismática e increíblemente buena en la cama. Tú, claro, estás a salvo, pero yo, ¿dónde me escondo? Feliz 2007
._Soy Melchor. Estoy de copas y de putas con los otros dos. La cosa se nos ha ido de las manos, así que no esperes regalos esta Navidad. ¡Felices fiestas!
._Movistar le desea Feliz Navidad y le regala una noche de sexo. Envie un sms con la palabra SEXO al 069, ponga el móvil en modo vibración, métaselo por el culo y nosotros le iremos llamando
._"Hola, soy Sadam ¿Hacéis algo en Nochevieja? Es que estoy colgado".
._San José, la Virgen María, la mula, el buey, la asociación protectora de animales de Galilea, los pastores, la asociación de vecinos de Belén, el niño, los Reyes Magos, los pajes, los camellos, su puta madre, mi suegra, mi perra, la parienta, los niños, y yo, te deseamos muchas felicidades.

Pero sin duda, entre mis favoritos están estos dos. El primero ya lo recibí el pasado año, y el segundo no tiene desperdicio
._Aviso a toda la población: el simulacro de paz y amor ha finalizado. Guarden los langostinos, insulten a sus cuñados y disuélvanse.
._Consejo Inversor para el año 2007: Tatúese un Euro en el pene y disfrute de 5 ventajas:
1.- Verá crecer su inversión
2._ Disfrutará moviendo su dinero
3.- No le importará que su mujer se coma sus ahorros
4.- Solo usted decide como proteger su inversión.
5.- Solo usted decide donde colocarlo. Siempre pensando en usted, le saluda su asesor de inversiones. Feliz Año Nuevo

viernes, diciembre 29, 2006

Pequeño resumen del 2006

Ya faltan muy pocas horas para que el año 2006 llegue a su fin, y creo que sería oportuno hacer un pequeño resumen de este año.
No puede decirse que en el plano personal haya sido un buen año: llevo ya un exactamente un año de baja por enfermedad y sigo sin encontrarme bien del todo, me despidieron de mi trabajo, he engordado otro poco y he llorado mucho... pero como dice mi amiga Susana, algo bueno tendrá el día, o en este caso, el año.
Y sí, este año también ha tenido muchas cosas buenas, aunque me haya costado un poquito verlas. Este año he redescubierto a los amigos, a la familia, a toda esa gente que me quiere y para la que soy alguien importante, y desde luego, puedo sentirme muy afortunada, porque debo decir que hay mucha gente que me quiere, y me quiere mucho, así que debo decir que en ese aspecto el 2006 ha sido un año muy bueno, un año de mucho amor y cariño... y por cierto, si me quieren será porque yo me lo merezco ¿no?
Además el 2006 trajo a dos nuevas personitas a la familia, mis dos maravillosas sobrinas, María y Sofía, que son una preciosidad y una alegría.
El año también me trajo este blog en el que cuento muchas de las cosas que se me pasan por la cabeza, y que espero que sirvan minimamente a alguien más, aunque sólo sea para pasar un rato, este cuaderno que espero que me acompañe mucho tiempo más.
Resumiendo, que el año 2006 tampoco ha sido tan malo, que al fin y al cabo aún estamos aquí para contarlo, y que estoy segura qe el 2007 va a ser mucho mejor, aunque sólo sea porque lo que tuvo de bueno este lo voy a mantener el que viene.
Mucha salud y mucho amor para el nuevo año que está a punto de comenzar.

viernes, diciembre 22, 2006

Pequeños placeres

Lo confieso, soy una hedonista. Actualmente mi vida gira en torno a la búsqueda y la consecución del placer y la eliminación del dolor de mi vida, no sólo del dolor físico, sino, y principalmente, del dolor del alma y el espíritu, de esas heridas que una vez abiertas son tan difíciles de cicatrizar por más que el tiempo pase.
Desde que he recuperado el interés por volver a disfrutar gozo con pequeñas cosas que provocan satisfacción a mis sentidos, pequeños placeres a los que me entrego y que recomiendo a todos aquellos que quieran disfrutar del deleite.
Voy a aprovechar mi blog para hablaros de algunos de esos placeres que espero que también adoptéis y os produzcan el mismo grado de satisfacción que a mí.
Hoy sólo voy a destacar 5, uno para cada sentido.

La vista.
Si te rodeas de cosas bonitas, agradables a la vista, todo parece más bonito. Por eso siempre voy con mi cámara en el bolsillo, para poder captar y retener cualquier imagen que me parezca bella, para poder fotografiar todo aquello que me excita. Siempre hay un momento para disfrutar contemplando una puesta de sol, un cielo tintado de rojo, una luna llena brillante, un reflejo en un charco, una mirada, una sonrisa, un jardín, una playa, un edificio interesante... y a través de las fotografías siempre hay tiempo para recordarlo evocando las sensaciones de aquel momento.
Por cierto, invito a dedicar alguna tarde a pasear por el centro de la ciudad mirando hacia arriba: se descubren balcones modernistas, cariátides voluptuosas, celosías y ventanas de inspiración mudéjar o decoraciones insólitas donde uno menos se lo espera.
El olfato.
¿Hay algo más evocador que un aroma?, ¿existe algo más excitante que un olor?
Una amiga me dio un truco: hacer que mi aseo diario se convirtiera en una experiencia aromática simplemente utilizando barritas de incienso durante la ducha. Yo os doy otro truco más, también para la ducha o el baño: llena tu cuarto de baño de velas aromáticas, enciéndelas, apaga las luces y dúchate sólo con la luz de las velas y envuelto por su aroma... experimenta redescubriendo tu cuerpo.
El tacto.
Los masajes no son sólo un capricho, son una necesidad. Ten siempre a mano un frasco de aceite para masajes y compártelo con tu pareja. Haz que te dé suaves masajes en cualquier zona de tu cuerpo, sólo con las yemas de los dedos, con toda la mano, con la lengua, con una pluma... con lo que os pida la imaginación. ¡Ah!, debe ser recíproco, pues también dando masajes se obtiene gran placer.
Y por supuesto, al menos una vez al mes, es recomendable recibir un masaje de manos de un profesional. Es menos sensual, pero merece la pena.
El oído.
El silencio no existe, no te engañes, y las ciudades son cada vez más ruidosas. Contra esto nada puedes hacer, así que yo te recomiendo que desempolves aquellos viejos discos que tanto te gustaba escuchar, aquellos que te traen recuerdos de una época pasada, de un viejo amor, de momentos divertidos. Busca un sofá cómodo, una buena postura, apaga la luz y disfruta por unos momentos de esa música. Y si el cuerpo te pide bailar, no lo reprimas, nadie te está mirando.
*(Recuerda que puedes disponer de esos viejos discos a través de Internet en formato mp3...)
El gusto.
Para disfrutar con el gusto tienes que olvidarte del sentimiento de culpa y del pecado de la gula, sólo de esa manera podrás gozar. En cualquier caso recuerda que cualquier alimento se disfruta antes con los otros cuatro sentidos, y que en nuestra boca el paladar y sobre todo la lengua están llenas de terminaciones nerviosas conectadas directamente con el centro de placer de nuestro cerebro.
Prueba con tu postre favorito: toma una cucharada, acércatela a los labios y prueba sólo una pizca con la punta de la lengua. Recorre tus labios con la lengua. Ahora estás preparado para llevarte la cucharada completa a la boca. Déjala que se deshaga en tu lengua, cierra los ojos y déjate llevar por las sensaciones que ese dulce bocado provoca entre tu lengua y tu paladar. Saborea, descubre los componentes, la textura...No hay prisa, y si tienes que masticar recerca que no hay prisa.
Si te ha gustado con un dulce prueba a hacerlo también con tu plato de comida favorito.
Si te atreves a más, no utilices como soporte un plato, prueba a comer sobre el cuerpo de tu pareja sin cubiertos, y a ser posible, sin manos.

La próxima vez, os descubriré más pequeños placeres, aunque no hay nada que satisfaga más que quererse uno mismo, mimarse y complacerse

jueves, diciembre 14, 2006

Tan lejos...tan cerca


¿Qué tendrán las curvas que son tan bellas?

Gracias por el apoyo.

Los que me ya me conocen saben que desde hace ya algún tiempo sufro uno de los males de este tiempo, lo que los médicos llaman depresión ansiógina, y que un buen amigo mío llama melancolía. Esta es una enfermedad cada día más común, hay que tomársela en serio, pero, por suerte, se puede salir de ella poniendo mucho empeño, con un buen diagnóstico, un correcto tratamiento y mucha ayuda.

Para mí, aparte de la medicación y del esfuerzo personal, hay dos factores que me están ayudando enormemente: una terapia con una profesional idónea y el apoyo de mi familia y amigos.

Hace ya varios meses que comencé una terapia con una psicóloga, Sonsoles; ella, en la soledad de su despacho o con la colaboración del grupo de terapia que creó, me ha ayudado en gran manera a conocerme mucho mejor, a comprenderme, y a quererme un poquito más. Sonsoles siempre me dice que tengo que hablarme con más cariño, que tengo que quererme más, que tengo que quitarme las máscaras y corazas que me he ido poniendo a lo largo del tiempo, abrirme a los demás y dejar que conozcan, dejarme querer, y en ello estoy.

En las últimas sesiones creo que he avanzado mucho, o al menos yo así lo siento, y sobre todo, he llegado a entender una parte de mí que he comprendido que me está afectando muchísimo: yo fui una niña superresponsable que apenas disfrutó de su niñez por su forma de ser, y sobre todo, una chica a la que no le dejaron disfrutar de la adolescencia.

Es todo muy contradictorio. Siendo niña desarrollé unas capacidades de responsabilidad, formalidad, comportamiento... propias de un ser adulto y viví una infancia en la que yo misma, inconscientemente, reprimí el comportamiento propio de una niña de mi edad. Pero, cuando llegué a la adolescencia, mi entorno, en especial mi familia, quiso sobreprotegerme de tal manera que tampoco me permitieron comportarme como una adolescente; esto generó un conflicto muy grande en mí, y de cuando en cuando, me rebelaba, pero no como lo haría una joven normal, sólo contra mis padres o mis mayores, si no sobre todo contra mí, haciéndome daño a mí misma, viviendo siempre en un permanente conflicto conmigo, en una dualidad que a punto ha estado de costarme mi salud mental.

Como digo, la terapia con la psicóloga, tanto la individual como la colectiva, están siendo de gran ayuda, y aunque soy consciente de que aún queda un trayecto por recorrer, ahora sé que estoy en el buen camino, poco a poco vuelvo a tener ganas de disfrutar, de sonreír, de salir... aunque me cueste esfuerzo y me lo tenga que repetir a diario.

Y, desde luego, sin el apoyo de los que me rodean, esto nunca hubiera sido posible. Mi recuperación también tengo que agradecérsela a mi familia, en especial a mi madre, a mi pareja, a mis amigos, especialmente a Chelo, a Javi, a Mari, a mis nuevos amigos del grupo de terapia, a los que me han dado su apoyo y su comprensión, y a este blog que me permite verter casi todo aquello que llevo dentro.

¡ Muchas gracias !


miércoles, diciembre 13, 2006

El primer beso



Hace unos días, durante una amena conversación sobre las primeras veces, un amigo me preguntó por mi primer beso, ese primer beso que por más tiempo que pase nunca se olvida y que siempre se recuerda con un cariño especial.

Fue durante unas vacaciones de Semana Santa, en el pueblo. Esa noche el chico que me gustaba y yo nos perdimos del resto de la pandilla, y paseando por las calles más solitarias llegamos hasta la ermita. Recuerdo que hacía muchísimo frío, y para resguardarnos del gélido viento nos refugiamos al abrigo de un contrafuerte; con la excusa del frío cada vez nos acercábamos más el uno al otro, y de pronto, su boca se acercó a la mía y me besó. ¡Qué chasco! No escuché violines, ni trompetas, ni el suelo tembló bajo mis pies, ni nada de nada, y lo peor, él se dio cuenta de que no sabía besar; por suerte me dio unas ligeras explicaciones y repetimos la jugada. Tengo que decir que aunque mejoré un poco, mi segundo beso no fue nada del otro mundo. Pero el chico estaba por la labor, y repetimos una tercera vez... y entonces sí, entonces noté como una ola de calor subía hacia mis mejillas, como el vello de mi cuerpo se erizaba y como durante unos segundos una pequeña sacudida eléctrica recorría mi cuerpo haciéndome conocer una sensación de placer hasta ese momento desconocida. Mi boca ansiaba su boca, su lengua, su contacto, y era recíproco.
No sé cuánto tiempo estuvimos besándonos, porque los dos perdimos la noción del tiempo, sólo sé que de vuelta a casa iba flotando, como en una nube, que ya no sentía el frío, y que no podía quitarme una sonrisa de felicidad de la cara.
Esa noche dormí como una bendita, soñando con los dulces besos del chico de los ojos verdes.
A la mañana siguiente una ola de vergüenza me invadió: no podía dejar de pensar que todo el mundo me miraba, especialmente mi madre, y que adivinaban lo que había pasado, que algún cambio físico se había producido en mí, porque yo me sentía diferente, para mí aquel beso significó el paso definitivo de la niñez a la adolescencia.
Durante aquella Semana Santa hubo más besos, besos con olor a hierba y sabor a pan, pero los otros no los recuerdo, como tampoco recuerdo los de las vacaciones siguientes, ni la mayoría de los que vendrían después.
Sin embargo, hubo otros primeros besos que también fueron especiales y cuyo recuerdo sigue emocionándome.
Con especial cariño recuerdo un beso casi robado que le di a un chico en las escaleras. El chico me gustaba a rabiar, pero él no se decidía y yo tampoco. Se estaba haciendo tarde, me tenía que marchar a casa, y decidí lanzarme de cabeza a la piscina. Si salía mal iba a hacer el ridículo más espantoso, pero con no volvernos a ver, todo solucionado; pero, si salía bien...y salió bien. Escuché violines, orquesta, coros, fuegos artificiales y no sé cuantas cosas más, y por lo visto, él también. Aquel beso “robado”, pero compartido en las escaleras significó el comienzo de una bonita relación, en la que hubo muchos más besos, largos, dulces,cálidos, húmedos y sensuales.
Después besé a muchas ranas y sapos, lo confieso, hasta que encontré a un príncipe. También en esta ocasión tuve yo que lanzarme a besarle, porque el chico no se arrancaba. Tiempo después me confesó que aquel primer beso que le di no le gustó excesivamente, pero dio igual, porque ya estaba enamorado. Pero esa es otra historia que nada tiene que ver con los primeros besos.