UN LUGAR PARA SOÑAR

UN LUGAR PARA SOÑAR
puesta de sol en la Alhambra

viernes, enero 19, 2007

La diosa




Estaba sentada frente al espejo. Desnuda, sin maquillaje e iluminada por los rayos de sol que al atardecer se filtraban entre las cortinas, podían apreciarse las huellas que el paso del tiempo había dejado en su cuerpo . Seguía poseyendo un rostro y un cuerpo de belleza armónica, pero su blanca piel había comenzado a perder su tersura y se había vuelto más flácida; pequeñas arrugas bordeaban los ojos y la boca y finos surcos se marcaban en la frente y el cuello. Sus pechos, antes redondos, duros y erectos, miraban el suelo de reojo. La cintura, que en otro tiempo había sido abarcada holgadamente por unas manos masculinas había aumentado algunos centímetros, y el culo, antes duro y respingón había descendido algunos centímetros pese a los esfuerzos en el gimnasio.


La imagen que se reflejaba en la luna de cristal era la de una atractiva mujer que había perdido su más divino tesoro, su juventud, pero que no aparentaba el medio siglo que estaba próxima a cumplir.


Sobre el tocador le esperaban tarros, botes, pinceles, botellas, lápices, barras de labios... Recogió su mata de pelo rojizo - antes natural, hoy teñido para ocultar algunas canas - y comenzó a ocultar el tiempo tras varias capas de cremas, polvos y afeites. Cuando terminó de maquillarse el espejo le devolvió la imagen de una cara hermosa y jovial sobre un cuerpo cansado.


Se perfumó generosamente en la nuca, en el nacimiento de los senos, alrededor del ombligo, en las ingles, en la cara interna de las rodillas y en las muñecas.


Se levantó despacio y se dirigió a la cama donde una serie de prendas se mostraban como si la colcha fuera un escaparate. Tomó primero un sujetador de raso y encaje negro que se colocó para reafirmar su pecho; continuó con una finísima media de cristal que se adaptó perfectamente a su pierna izquierda e hizo otro tanto con la derecha. Se ajustó después un liguero de encaje negro y finalizó con un tanga a juego: ya estaba vestida por dentro. Tres vestidos seguían exhibiéndose sobre la cama; finalmente optó por embutirse en un vestido negro con mangas hasta los codos y un amplio escote circular que mostraba generosamente su escote y su espalda. Unos zapatos de fino tacón y pulsera al tobillo completaban su atuendo.


Se encaminó de nuevo al tocador, soltó su melena y le dió unos últimos toques. Por último, se adornó con unos pendientes y unas pulseras.


La imagen que el espejo reflejaba ahora tenía al menos quince años menos que la que había visto quince minutos antes.




*******************




José Luís Azuara era un tipo mediocre, un hombre de esos que no destacan por nada y en los que nadie repara, un hombre que había pasado por la vida casi de puntillas, sin hacer apenas ruido, sin hacerse notar. Se había pasado los últimos veinticinco años dedicados únicamente a su trabajo, encerrado en un despacho, viendo números y más números mientras los años pasaban dejando su marca en una calvicie acusada y en un estómago cada vez más abultado.

José Luís era un tipo solitario, un soltero vocacional. Había amado por primera y única vez a los veinte años, con la profundidad que se ama la primera vez y con la intensidad y la pasión que se hace a los veinte años. Eran un solo corazón en dos cuerpos, hasta que un día ella desapareció sin decir adiós, sin dejar un rastro, sin una explicación, y José Luís se quedó con su cuerpo y medio corazón.

Ella desapareció, pero su recuerdo nunca lo hizo, al contrario, con el paso del tiempo creció hasta convertirse en la idolatración por una diosa. Por esta razón José Luís nunca pudo amar a otra mujer, todo su amor iba destinado a su diosa, la mujer perfecta e incomparable, y por ello desahogaba sus apetencias sexuales con mujeres públicas a las que podía comprar para gozar de sus cuerpos y humillar por unas monedas, volcando en ellas todas sus miserias y decepciones.
Para celebrar sus veinticinco años en la empresa José Luís fue recompensado con el ascenso con el que tanto había soñado y por el que tanto había peleado. Ya era uno de ellos, un directivo, un hombre importante al que todos reconocerían y temerían. Y no fue ese su único premio, sus nuevos socios le habían preparado una fiesta en uno de los clubs más discretos, elegantes y perversos de toda la ciudad.
Estaba situado a las afueras de la población. Una altísima valla rodeaba todo el perímetro evitando la vista a los curiosos. En la puerta principal un portero les solicitó una clave, y tras cruzar la puerta se encontraron con un jardín perfectamente cuidado y al final del camino una casa de estilo modernista de tres plantas. Al acceder al interior de la mansión José Luis quedó impresionado por el lujo y los detalles de buen gusto que pudo apreciar en la decoración. Accedieron a una inmensa sala circular con los suelos de mármol, ventanales cubiertos con magníficas vidrieras coloristas, muebles de ébano y lámparas de cristal tallado. Una chica jovencísima tocaba desnuda una pieza de Chopín en un gran piano de cola; algunos hombres fumaban y bebían cómodamente reclinados en butacones mientras algunas bellezas semidesnudas les atendían con caricias y mimos. Una valquiria vestida únicamente con una máscara de cuero y unas botas de altísimo tacón humillaba con un látigo a dos conocidísimos políticos oponentes en la vida pública. Mirara dónde mirara José Luis veía mujeres ligeras de ropa, sexo y lujuria.
Nunca había visto nada semejante a aquello, ni si quiera se había atrevido a soñarlo, pero no podía negar que estaba realmente cautivado. De repente, por la escalinata de mármol blanco vio descender la figura de una pelirroja embutida en un seductor traje negro. La dama avanzaba hacia ellos seguida de una cohorte de seductoras beldades, pero José Luís ya no fue capaz de apreciar nada más, porque sus ojos no podían dejar de contemplar a la mujer vestida de negro.
La observó petrificado, de arriba a abajo: contempló su pelo rojizo y rizado, sus cejas, sus felinos ojos verdes velados por aquellas magníficas pestañas, sus pómulos, aquella sensual boca pintada de rojo, su largo y blanco cuello y su escote, adivinando un lunar en el seno izquierdo, sus amorosos brazos, su pequeña cintura, sus caderas, sus esculturales piernas, sus tobillos...eran idénticos a los de su diosa, la mujer a la que amó y poseyó por primera vez cuando sólo tenían veinte años. Creyó viajar en un instante al pasado, volver a tener sólo veinte años, ser nuevamente un estudiante envidiado por media Universidad que estaba enamorada de la bella pelirroja que sólo condecía sus favores al joven Azuara. Creyó pasear nuevamente cogido de su mano, besarse en cada esquina y hacer el amor a escondidas en un 600 a muchos kilómetros de miradas y censuras, donde ayer sólo había campo y hoy se alzaban nuevas urbanizaciones. Durante sólo unos segundos evocó el sabor de sus besos, el olor de su cuerpo, el placer de la carne. Creyó estar soñando, pero las voces le volvieron a la realidad, al presente, él tenía casi cincuenta años y ella poco más de veinte, él era un hombre gris y ella una mujer reluciente.
No, no podía ser ella, era alguien que se parecía mucho a ella, tal vez su hija, ¿su hija?, no, no podía ser, ¿quién era?
José Luís sintió que la estancia daba vueltas a una velocidad vertiginosa y lo último que vio antes de percibir sólo la oscuridad fue a su diosa avanzando hacia él con su espléndida sonrisa.
Cuando despertó se encontró tumbado sobre una cama extraña; alguien le tenía tomada la mano y le acariciaba: en aquel momento supo que era ella. Y supo también que su diosa, la mujer idolatrada, había sido una mujer pública a la que cualquier hombre había podido comprar con dinero para verter en ella todas sus frustraciones. Se intercambiaron miradas llenas de preguntas y reproches mudos. José Luís no podía dejar de preguntarse cuántos hombres habrían pasado por su vida, cuántos habrían comprado su cuerpo, sus caricias, sus besos, a cuántos hombres habría amado, por qué desapareció de su vida sin una explicación, sin un adiós...
Ella odiaba en aquel momento a José Luís por haberle devuelto a la realidad, por hacerle recuperar treinta años de golpe, por hacerla envejecer de ese modo, por presentarle de modo tan crudo la realidad que ella supuso varios lustros atrás, cuando comprendió que la vida junto a José Luís sería gris y monótona, muy alejada del lujo y la opulencia con los que ella soñaba.
José Luís quiso hablar, pero ella le puso su dedo índice en la boca. Para él resultaba todo muy absurdo y ridículo, tenía ganas de golpearla, de estrangularla, pero sin saber cómo, comenzó a lamer aquel dedo. Se miraron, comenzaron a besarse y poco a poco las manos de él se deslizaron por el cuerpo de ella hasta encontrar la cremallera del vestido. Se desnudaron mutuamente, sin prisas, e hicieron el amor como años atrás, sintiendo, amando, despacio.
Desnudos, extasiados y aún con el olor y el sabor del uno en el otro, ella se levantó y cubriendo su desnudez con la sábana se giró hacia José Luís y en tono tajante le dijo:
- “ Tienes diez minutos para salir de aquí, salir de mi vida para no regresar nunca más. La mujer que tú conociste dejó de existir hace mucho tiempo, esa que tú amabas está muerta y enterrada, sólo vive en ti. Yo soy otra, y esta otra no te conviene, no te quiere, sólo quiere tu dinero. Olvídate de mí, olvídala como yo la olvidé.”

José Luís se levantó, se vistió y se marchó dejando antes un billete sobre la mesilla. Ya en su coche sintió que alguien le había robado muchos años de su vida, notó que le habían quitado el pasado, que era un hombre sin pasado, sin vida, sin historia. Se adentró en las entrañas de la ciudad y buscó un bar abierto donde poder beber para olvidar, olvidar su pasado, su amor, su diosa, su vida.
El sol empezaba ya a librar su batalla contra la oscuridad cuando totalmente embriagado abandonó el bar; en una esquina una mujer entrada en años esperaba cazar algún cliente rezagado. Llevaba una peluca tipo Cleopatra y más pintura en la cara de la que en su vida utilizó la famosa emperatriz. Su escotado suéter y su corta falda dejaban al descubierto una sobredosis de grasa, pero a José Luís le pareció sumamente hermosa y decidió comprar su cuerpo para inventar después un pasado consagrado a esta nueva diosa.

sábado, enero 13, 2007

Física y química

¿No te ha ocurrido nunca que entres en un lugar, veas por primera vez a una persona y sientas una gran atracción hacía ella?, ¿no has sentido nunca un flechazo a primera vista?, o al contrario, ¿no has sentido en alguna ocasión un antagonismo total con una persona a la que acababas de conocer?

¿Por qué se producen estas reacciones tan, aparentemente, sin sentido? ¿Qué mecanismos hacen que una persona nos atraiga o nos repele aun sin conocerla? La explicación parece sencilla si nos referimos únicamente a la cuestión física: la belleza nos atrae y la fealdad nos repulsa, y belleza y fealdad son conceptos tan sumamente subjetivos que lo que para mí puede ser bello, para otro puede ser todo lo contrario. En nuestra memoria genética se han grabado una serie de condiciones que hacen que un ser nos resulte atractivo o que rehuyamos de las personas con una característica física común. Antropológicamente está demostrado que a los hombres occidentales instintivamente les atrae una mujer con las caderas anchas y los pechos grandes porque es un síntoma de que será una buena madre que podrá parir y amamantar hijos con facilidad, mientras que para las mujeres occidentales un hombre sano con un cuerpo atlético y un cierto parecido a su progenitor le garantiza que se hará cargo de los hijos y la familia. Pero la visión antropológica y la memoria genética no son suficientes a la hora de explicar una atracción física, influye, y mucho, el concepto de belleza de la sociedad en la que vivimos, los medios de comunicación, la moda, el entorno sociocultural, la educación, e infinidad de pequeños detalles.

Pero todo ello por sí sólo tampoco explica nada. Hay una atracción más poderosa, más sutil y más interesante: la química.
Siempre se ha oído decir eso de que entre dos personas hay química, o que entre dos personas ha surgido la chispa, y, ahora va a resultar que la sabiduría popular, como casi siempre, tenía razón.
Según los científicos el ser humano a través de manifestaciones anatómicas y ecuaciones bioquímicas elabora determinados procesos químicos para establecer relaciones. Al parecer, los humanos liberamos continuamente por los millones de poros de nuestra piel feromonas, una sustancia química muy volátil, que, de manera inconsciente, envía señales a los que nos rodean mostrando interés sexual, aviso de peligro, rechazo...
El proceso más estudiado hasta ahora en los laboratorios y las universidades es el amor. Al parecer, una vez que nuestras feromonas han comunicado al otro nuestra atracción el cerebro produce grandes cantidades de serotonina, y descienden sustancialmente los niveles de endorfinas, dando como resultado un conjunto de reacciones de todo el organismo. En esta primera etapa del enamoramiento se elevan los niveles de testosterona, dopamina y norepirefina, sustancias químicas elaboradas por nuestro cerebro y que tienen mucho que ver con la lujuria, el deseo y la atracción. Pasada la etapa inicial, nuestro cerebro deja de producir estos elementos y fabrica ocitocina y vasopresina, más relacionadas con el vínculo y el cariño que con la pasión. Y, esto último, con suerte, porque lo habitual suele ser que el cerebro en muy poco tiempo desarrolle feniletilamina, un componente que hace que el estado de excitación y euforia disminuya y por tanto se acabe el amor.
Así que ya sabéis, todo en las relaciones es cuestión de química, y ante eso, yo que soy de letras, no tengo nada que decir, ¿o sí?

Una última reflexión, ¿qué ocurrirá con los seres humanos el día que en un laboratorio sean capaces de producir y modificar a su antojo todas estas sustancias?

jueves, enero 11, 2007

Mis creaciones de bisutería


Creo que ya he comentado en alguna ocasión que soy bastante polifacética y creativa. Este es otro aspecto de mi creatividad, me gusta diseñar y elaborar piezas de bisutería con diferentes materiales. Hasta ahora me daba un poco de "vergüenza" (yo soy así de rara) mostrar mis creaciones, pero creo que ya ha llegado el momento.

Os presento una pequeña selección de algunas de las piezas que he realizado ultimamente.

miércoles, enero 10, 2007

Preguntas sin respuesta


¿Dónde se esconden las parejas de los calcetines?

¿Por qué cuesta tan poco engordar y tanto adelgazar?

¿A dónde van los besos que no damos?

¿Por qué el agua moja?

¿Dónde está el carro de Manolo Escobar?
¿Con qué sueñan los bebés?

¿Cuántas lágrimas puede verter una persona?

¿Existe alguna gran fortuna que se haya hecho de manera totalmente ética y legal?

¿De qué color es el aire?

¿Por qué elevamos la voz cuando hablamos con alguien que no entiende nuestro idioma?

¿Por qué dicen que las prostitutas son mujeres de vida fácil?

¿Quién y por qué decidió que lo bueno es cojonudo y lo malo un coñazo?

¿Por qué el arco iris tiene forma semicircular?

¿Por qué encoje mi jersey de pura lana al lavarlo, incluso con agua fría, si la oveja no encoje cuando se moja?

¿Por qué se contagian los bostezos?

¿Existe la nada, existe el silencio?

¿En qué medida se miden los sentimientos?

lunes, enero 08, 2007

Adicción a las compras.

Ya se han acabado las fiestas navideñas, por fin muchos podrán respirar aliviados, volver a la rutina habitual.
Tengo una conocida que define las Navidades como quince días en los que se pasa el día comprando, cocinando,comprando, comiendo, comprando y engordando y además con la casa siempre llena de gente.

Y, ¿adivináis que es lo primero que hizo el lunes? Pues sí, se fue de compras a las rebajas.

Ella dice que no, pero yo le digo que está enganchada, que es una adicta al "shoping", y debe ser una adicción muy difícil de controlar en un mundo tan materialista y tan consumista como el nuestro.

El caso es que esta adicción o comportamiento cada vez es más común en nuestra sociedad. Hoy en día cualquier cosa puede comprarse, todo aquello con lo que se sueña está a nuestro alcance, y en la mayoría de las ocasiones por un precio que podemos permitirnos. En un país como el nuestro ya no existe una clase media que no pueda permitirse adquirir todo aquello que ve en un escaparate, en una publicidad, en televisión... Hemos llenado nuestros hogares de trastos inservibles, de aparatos inútiles pero bellos, de objetos que no necesitabamos pero que un día cubrieron un hueco mucho más profundo, una necesidad más escondida, algo que normalmente no se puede comprar con moneda de curso legal.

Cuando nuestro mundo era un poco más pobre era mucho más rico en ilusiones, en conversaciones, en amigos, en sueños. Tal vez habría que volver a plantearse el recuperar un poco de lo perdido, sin tener que renunciar por ello a la riqueza material, simplemente, seamos consecuentes, a veces un abrazo no vale dinero y calienta más que un abrigo.

jueves, enero 04, 2007

Felicitaciones Navideñas a través de SMS

De unos años a esta parte se ha puesto de moda recibir mensajes SMS a través del teléfono móvil para felicitarte el Año Nuevo... atrás va quedándose la típica postal navideña con su sobre y su sello. De hecho, este año a través del correo ordinario sólo recibí la consabida felicitación de El Corte Inglés, de dos firmas comerciales más y de mi amiga Ana, mientras que mi teléfono móvil no paraba de avisar de la llegada de nuevos mensajes felicitándome las fiestas.
Entre esos mensajes ha habido de todo, aunque debo decir que visto lo visto, muy pocos han sido originales y de corazón, y que la mayoría han sido pasados de un teléfono a otro hasta llegar al mío y seguramente pensados por la mente de un publicitario al que la empresa de telefonía habrá pagado una pasta... pero da igual, lo importante al final es la cantidad de gente que se acuerda de ti en estos días. (Y ver la cara de envidia que se le pone a algunos de los que están cerca de ti y no reciben ni la cuarta parte, je, je, je)
Mensajes ha habido de todos los gustos, algunos más divertidos, otros más irónicos, otros un poco cursis, otros de dudoso gusto... He hecho una selección de algunos de ellos que deseo compartir con todos; espero que os gusten u os hagan sonreír, pero sobre todo recordar ¡Feliz Año 2007!
Entre los de estilo clásico y de buen gusto destaco estos:
._Dijo un sabio que la riqueza de un ser humano se mide por la cantidad y calidad de los amigos que tiene. Gracias por ser parte de mi fortuna. Feliz Navidad
._Que vuestros deseos se cumplan ,que la Navidad os traiga todo lo bueno de la vida, el amor y la felicidad
._Tres personas preguntaron por ti. No les di tu número de teléfono, les di tu dirección y prometieron visitarte pronto. Se llaman Salud, Paz y Amor.
._Hoy te mando un gran sobre, su contenido es 365 besos, 365 achuchones, y 365 sonrisas, desde hoy disfruta distribuyendo una día a día todo el año, por si se me olvida dártelas a diario.
._Para el año que viene te deseo todo y nada; todo lo que te haga feliz y nada que te haga sufrir
._Hay pocas cosas que decir cuando parece que está todo dicho. Yo quiero añadir gracias y felicitarte de corazón
Los había un poco más empalagosos, como estos y que se han repetido por todos los teléfonos
._Que la lluvia de felicidad te pille con el paraguas roto. Te inunde, te empape y salpique a todos los que están a tu alrededor
._Abre la mano... ahora ciérrala... Ahora acércatela a la mejilla... Vuelve a abrir la mano. ¿No lo has notado? Es el beso que te doy para desearte lo mejor en este nuevo año.
También los hubo con buen humor y buen gusto, aunque parezca contradictorio
._Cuando un deseo se cumple, un pequeño duende esboza una sonrisa. Que este año el tuyo se descojone
._12 uvas...6€, botella de cava ...16€, langostinos... 20€, tanga rojo... 20€. Que te felicite tu amigo la Navidad... no tiene precio.
Y luego están todos esos un poco más subidos de tono, más groseros o simplemente más salvajes, que hacen que te rías mucho y que circulan de móvil a móvil repitiéndose hasta la saciedad.
._Carta de un extraterrestre: Querido terrícola, soy un extraterrestre de una galaxia muy lejana donde podemos adoptar cualquier forma. En estos momentos me he convertido en este SMS y, a través de tus pupilas, te estoy metiendo un dedo en el culo. Sé que te está gustando porque estás sonriendo. Por favor, envíame a otras personas porque en verdad ando buscando más culos. Y deja de reírte que se van a dar cuenta.
._Feliz Año. Sé que es demasiado pronto pero conozco a tanta gente guapa, rica y sexy que empiezo por los pobres, desgraciados, putones alcohólicos y degenerados.
._Para este año te deseo que vivas como un cepillo de dientes: que tengas mucha pasta, que tengas un buen mango y que se te cepillen tres veces al día.
._Feliz Semana Santa de parte de la Asociación de enfermos de Alzheimer y nuestros mejores deseos para 1984. No me acuerdo de tu nombre, pero creo que me caes bien.
._Ojala las pulgas de mil camellos egipcios infecten el culo de quien intente joderte el 2007 y que sus brazos sean tan cortos que no pueda rascarse. Salud y suerte".
._Este año Papá Noel me dio a elegir entre un gran pene o una gran memoria y ahora no recuerdo si te he felicitado el año nuevo
._La policía busca a una persona guapa, sexy, carismática e increíblemente buena en la cama. Tú, claro, estás a salvo, pero yo, ¿dónde me escondo? Feliz 2007
._Soy Melchor. Estoy de copas y de putas con los otros dos. La cosa se nos ha ido de las manos, así que no esperes regalos esta Navidad. ¡Felices fiestas!
._Movistar le desea Feliz Navidad y le regala una noche de sexo. Envie un sms con la palabra SEXO al 069, ponga el móvil en modo vibración, métaselo por el culo y nosotros le iremos llamando
._"Hola, soy Sadam ¿Hacéis algo en Nochevieja? Es que estoy colgado".
._San José, la Virgen María, la mula, el buey, la asociación protectora de animales de Galilea, los pastores, la asociación de vecinos de Belén, el niño, los Reyes Magos, los pajes, los camellos, su puta madre, mi suegra, mi perra, la parienta, los niños, y yo, te deseamos muchas felicidades.

Pero sin duda, entre mis favoritos están estos dos. El primero ya lo recibí el pasado año, y el segundo no tiene desperdicio
._Aviso a toda la población: el simulacro de paz y amor ha finalizado. Guarden los langostinos, insulten a sus cuñados y disuélvanse.
._Consejo Inversor para el año 2007: Tatúese un Euro en el pene y disfrute de 5 ventajas:
1.- Verá crecer su inversión
2._ Disfrutará moviendo su dinero
3.- No le importará que su mujer se coma sus ahorros
4.- Solo usted decide como proteger su inversión.
5.- Solo usted decide donde colocarlo. Siempre pensando en usted, le saluda su asesor de inversiones. Feliz Año Nuevo

viernes, diciembre 29, 2006

Pequeño resumen del 2006

Ya faltan muy pocas horas para que el año 2006 llegue a su fin, y creo que sería oportuno hacer un pequeño resumen de este año.
No puede decirse que en el plano personal haya sido un buen año: llevo ya un exactamente un año de baja por enfermedad y sigo sin encontrarme bien del todo, me despidieron de mi trabajo, he engordado otro poco y he llorado mucho... pero como dice mi amiga Susana, algo bueno tendrá el día, o en este caso, el año.
Y sí, este año también ha tenido muchas cosas buenas, aunque me haya costado un poquito verlas. Este año he redescubierto a los amigos, a la familia, a toda esa gente que me quiere y para la que soy alguien importante, y desde luego, puedo sentirme muy afortunada, porque debo decir que hay mucha gente que me quiere, y me quiere mucho, así que debo decir que en ese aspecto el 2006 ha sido un año muy bueno, un año de mucho amor y cariño... y por cierto, si me quieren será porque yo me lo merezco ¿no?
Además el 2006 trajo a dos nuevas personitas a la familia, mis dos maravillosas sobrinas, María y Sofía, que son una preciosidad y una alegría.
El año también me trajo este blog en el que cuento muchas de las cosas que se me pasan por la cabeza, y que espero que sirvan minimamente a alguien más, aunque sólo sea para pasar un rato, este cuaderno que espero que me acompañe mucho tiempo más.
Resumiendo, que el año 2006 tampoco ha sido tan malo, que al fin y al cabo aún estamos aquí para contarlo, y que estoy segura qe el 2007 va a ser mucho mejor, aunque sólo sea porque lo que tuvo de bueno este lo voy a mantener el que viene.
Mucha salud y mucho amor para el nuevo año que está a punto de comenzar.

viernes, diciembre 22, 2006

Pequeños placeres

Lo confieso, soy una hedonista. Actualmente mi vida gira en torno a la búsqueda y la consecución del placer y la eliminación del dolor de mi vida, no sólo del dolor físico, sino, y principalmente, del dolor del alma y el espíritu, de esas heridas que una vez abiertas son tan difíciles de cicatrizar por más que el tiempo pase.
Desde que he recuperado el interés por volver a disfrutar gozo con pequeñas cosas que provocan satisfacción a mis sentidos, pequeños placeres a los que me entrego y que recomiendo a todos aquellos que quieran disfrutar del deleite.
Voy a aprovechar mi blog para hablaros de algunos de esos placeres que espero que también adoptéis y os produzcan el mismo grado de satisfacción que a mí.
Hoy sólo voy a destacar 5, uno para cada sentido.

La vista.
Si te rodeas de cosas bonitas, agradables a la vista, todo parece más bonito. Por eso siempre voy con mi cámara en el bolsillo, para poder captar y retener cualquier imagen que me parezca bella, para poder fotografiar todo aquello que me excita. Siempre hay un momento para disfrutar contemplando una puesta de sol, un cielo tintado de rojo, una luna llena brillante, un reflejo en un charco, una mirada, una sonrisa, un jardín, una playa, un edificio interesante... y a través de las fotografías siempre hay tiempo para recordarlo evocando las sensaciones de aquel momento.
Por cierto, invito a dedicar alguna tarde a pasear por el centro de la ciudad mirando hacia arriba: se descubren balcones modernistas, cariátides voluptuosas, celosías y ventanas de inspiración mudéjar o decoraciones insólitas donde uno menos se lo espera.
El olfato.
¿Hay algo más evocador que un aroma?, ¿existe algo más excitante que un olor?
Una amiga me dio un truco: hacer que mi aseo diario se convirtiera en una experiencia aromática simplemente utilizando barritas de incienso durante la ducha. Yo os doy otro truco más, también para la ducha o el baño: llena tu cuarto de baño de velas aromáticas, enciéndelas, apaga las luces y dúchate sólo con la luz de las velas y envuelto por su aroma... experimenta redescubriendo tu cuerpo.
El tacto.
Los masajes no son sólo un capricho, son una necesidad. Ten siempre a mano un frasco de aceite para masajes y compártelo con tu pareja. Haz que te dé suaves masajes en cualquier zona de tu cuerpo, sólo con las yemas de los dedos, con toda la mano, con la lengua, con una pluma... con lo que os pida la imaginación. ¡Ah!, debe ser recíproco, pues también dando masajes se obtiene gran placer.
Y por supuesto, al menos una vez al mes, es recomendable recibir un masaje de manos de un profesional. Es menos sensual, pero merece la pena.
El oído.
El silencio no existe, no te engañes, y las ciudades son cada vez más ruidosas. Contra esto nada puedes hacer, así que yo te recomiendo que desempolves aquellos viejos discos que tanto te gustaba escuchar, aquellos que te traen recuerdos de una época pasada, de un viejo amor, de momentos divertidos. Busca un sofá cómodo, una buena postura, apaga la luz y disfruta por unos momentos de esa música. Y si el cuerpo te pide bailar, no lo reprimas, nadie te está mirando.
*(Recuerda que puedes disponer de esos viejos discos a través de Internet en formato mp3...)
El gusto.
Para disfrutar con el gusto tienes que olvidarte del sentimiento de culpa y del pecado de la gula, sólo de esa manera podrás gozar. En cualquier caso recuerda que cualquier alimento se disfruta antes con los otros cuatro sentidos, y que en nuestra boca el paladar y sobre todo la lengua están llenas de terminaciones nerviosas conectadas directamente con el centro de placer de nuestro cerebro.
Prueba con tu postre favorito: toma una cucharada, acércatela a los labios y prueba sólo una pizca con la punta de la lengua. Recorre tus labios con la lengua. Ahora estás preparado para llevarte la cucharada completa a la boca. Déjala que se deshaga en tu lengua, cierra los ojos y déjate llevar por las sensaciones que ese dulce bocado provoca entre tu lengua y tu paladar. Saborea, descubre los componentes, la textura...No hay prisa, y si tienes que masticar recerca que no hay prisa.
Si te ha gustado con un dulce prueba a hacerlo también con tu plato de comida favorito.
Si te atreves a más, no utilices como soporte un plato, prueba a comer sobre el cuerpo de tu pareja sin cubiertos, y a ser posible, sin manos.

La próxima vez, os descubriré más pequeños placeres, aunque no hay nada que satisfaga más que quererse uno mismo, mimarse y complacerse

jueves, diciembre 14, 2006

Tan lejos...tan cerca


¿Qué tendrán las curvas que son tan bellas?

Gracias por el apoyo.

Los que me ya me conocen saben que desde hace ya algún tiempo sufro uno de los males de este tiempo, lo que los médicos llaman depresión ansiógina, y que un buen amigo mío llama melancolía. Esta es una enfermedad cada día más común, hay que tomársela en serio, pero, por suerte, se puede salir de ella poniendo mucho empeño, con un buen diagnóstico, un correcto tratamiento y mucha ayuda.

Para mí, aparte de la medicación y del esfuerzo personal, hay dos factores que me están ayudando enormemente: una terapia con una profesional idónea y el apoyo de mi familia y amigos.

Hace ya varios meses que comencé una terapia con una psicóloga, Sonsoles; ella, en la soledad de su despacho o con la colaboración del grupo de terapia que creó, me ha ayudado en gran manera a conocerme mucho mejor, a comprenderme, y a quererme un poquito más. Sonsoles siempre me dice que tengo que hablarme con más cariño, que tengo que quererme más, que tengo que quitarme las máscaras y corazas que me he ido poniendo a lo largo del tiempo, abrirme a los demás y dejar que conozcan, dejarme querer, y en ello estoy.

En las últimas sesiones creo que he avanzado mucho, o al menos yo así lo siento, y sobre todo, he llegado a entender una parte de mí que he comprendido que me está afectando muchísimo: yo fui una niña superresponsable que apenas disfrutó de su niñez por su forma de ser, y sobre todo, una chica a la que no le dejaron disfrutar de la adolescencia.

Es todo muy contradictorio. Siendo niña desarrollé unas capacidades de responsabilidad, formalidad, comportamiento... propias de un ser adulto y viví una infancia en la que yo misma, inconscientemente, reprimí el comportamiento propio de una niña de mi edad. Pero, cuando llegué a la adolescencia, mi entorno, en especial mi familia, quiso sobreprotegerme de tal manera que tampoco me permitieron comportarme como una adolescente; esto generó un conflicto muy grande en mí, y de cuando en cuando, me rebelaba, pero no como lo haría una joven normal, sólo contra mis padres o mis mayores, si no sobre todo contra mí, haciéndome daño a mí misma, viviendo siempre en un permanente conflicto conmigo, en una dualidad que a punto ha estado de costarme mi salud mental.

Como digo, la terapia con la psicóloga, tanto la individual como la colectiva, están siendo de gran ayuda, y aunque soy consciente de que aún queda un trayecto por recorrer, ahora sé que estoy en el buen camino, poco a poco vuelvo a tener ganas de disfrutar, de sonreír, de salir... aunque me cueste esfuerzo y me lo tenga que repetir a diario.

Y, desde luego, sin el apoyo de los que me rodean, esto nunca hubiera sido posible. Mi recuperación también tengo que agradecérsela a mi familia, en especial a mi madre, a mi pareja, a mis amigos, especialmente a Chelo, a Javi, a Mari, a mis nuevos amigos del grupo de terapia, a los que me han dado su apoyo y su comprensión, y a este blog que me permite verter casi todo aquello que llevo dentro.

¡ Muchas gracias !


miércoles, diciembre 13, 2006

El primer beso



Hace unos días, durante una amena conversación sobre las primeras veces, un amigo me preguntó por mi primer beso, ese primer beso que por más tiempo que pase nunca se olvida y que siempre se recuerda con un cariño especial.

Fue durante unas vacaciones de Semana Santa, en el pueblo. Esa noche el chico que me gustaba y yo nos perdimos del resto de la pandilla, y paseando por las calles más solitarias llegamos hasta la ermita. Recuerdo que hacía muchísimo frío, y para resguardarnos del gélido viento nos refugiamos al abrigo de un contrafuerte; con la excusa del frío cada vez nos acercábamos más el uno al otro, y de pronto, su boca se acercó a la mía y me besó. ¡Qué chasco! No escuché violines, ni trompetas, ni el suelo tembló bajo mis pies, ni nada de nada, y lo peor, él se dio cuenta de que no sabía besar; por suerte me dio unas ligeras explicaciones y repetimos la jugada. Tengo que decir que aunque mejoré un poco, mi segundo beso no fue nada del otro mundo. Pero el chico estaba por la labor, y repetimos una tercera vez... y entonces sí, entonces noté como una ola de calor subía hacia mis mejillas, como el vello de mi cuerpo se erizaba y como durante unos segundos una pequeña sacudida eléctrica recorría mi cuerpo haciéndome conocer una sensación de placer hasta ese momento desconocida. Mi boca ansiaba su boca, su lengua, su contacto, y era recíproco.
No sé cuánto tiempo estuvimos besándonos, porque los dos perdimos la noción del tiempo, sólo sé que de vuelta a casa iba flotando, como en una nube, que ya no sentía el frío, y que no podía quitarme una sonrisa de felicidad de la cara.
Esa noche dormí como una bendita, soñando con los dulces besos del chico de los ojos verdes.
A la mañana siguiente una ola de vergüenza me invadió: no podía dejar de pensar que todo el mundo me miraba, especialmente mi madre, y que adivinaban lo que había pasado, que algún cambio físico se había producido en mí, porque yo me sentía diferente, para mí aquel beso significó el paso definitivo de la niñez a la adolescencia.
Durante aquella Semana Santa hubo más besos, besos con olor a hierba y sabor a pan, pero los otros no los recuerdo, como tampoco recuerdo los de las vacaciones siguientes, ni la mayoría de los que vendrían después.
Sin embargo, hubo otros primeros besos que también fueron especiales y cuyo recuerdo sigue emocionándome.
Con especial cariño recuerdo un beso casi robado que le di a un chico en las escaleras. El chico me gustaba a rabiar, pero él no se decidía y yo tampoco. Se estaba haciendo tarde, me tenía que marchar a casa, y decidí lanzarme de cabeza a la piscina. Si salía mal iba a hacer el ridículo más espantoso, pero con no volvernos a ver, todo solucionado; pero, si salía bien...y salió bien. Escuché violines, orquesta, coros, fuegos artificiales y no sé cuantas cosas más, y por lo visto, él también. Aquel beso “robado”, pero compartido en las escaleras significó el comienzo de una bonita relación, en la que hubo muchos más besos, largos, dulces,cálidos, húmedos y sensuales.
Después besé a muchas ranas y sapos, lo confieso, hasta que encontré a un príncipe. También en esta ocasión tuve yo que lanzarme a besarle, porque el chico no se arrancaba. Tiempo después me confesó que aquel primer beso que le di no le gustó excesivamente, pero dio igual, porque ya estaba enamorado. Pero esa es otra historia que nada tiene que ver con los primeros besos.

miércoles, noviembre 29, 2006

La vida tiene altibajos, con subidas empinadas y suaves descensos, con llanuras, con curvas y oscilaciones, con mullidas mesetas y escarpados picos... pero merece la pena vivirla.

Una de argentino

Encontré un asiento libre en el vagón del metro y me senté. Frente a mí se sentó una pareja, tal vez amigos, tal vez compañeros de trabajo, rondando los cincuenta. El no paraba de hablar con ese discurso cansino y esa verborrea imparable que tienen algunos habitantes del cono sur y ella, a su lado, le escuchaba sin mucho entusiasmo.
A medida que las estaciones avanzaban lo hacía también la oratoria del argentino, que además, entusiasmado con su perorata, iba subiendo cada vez más el volumen de su voz para que todo el vagón fuera partícipe de su disertación, y exageraba un poco más aquel acento porteño.
En cierto momento comenzó a hablar de sus viajes por el mundo, dando la ligera impresión de que se estaba tirando algún farol que otro, hasta que llegó a Australia; yo intentaba concentrarme en cualquier otra cosa, pero era imposible, su charla lo dominaba todo, y entonces dijo algo que a su compañera y a mí nos llamó la atención:
_ (Con acento argentino y léase tal cual está escrito)
“...Y desde allá marchamos a Melbournn ...”
Su compañera dio un pequeño respingo en el asiento y le dijo:
_ Querrás decir Melburne
(Nuevamente con acento argentino y tal como está escrito):
_ “ No seás boluda, todos los españoles tenés el mismo problema, no tenés cultura idiomática, todo lo pronunciás como lo leéis, decís Miami por Mayami, y Melburne por Melbournn...”
Y se quedó tan a gusto. Siguió con su soliloquio dos o tres estaciones más sin que su compañera se atreviese a contradecirle lo más mínimo, y dando patadas al diccionario de la Real Academia de la Lengua Española a la mínima ocasión, pero ya se sabe, ¿ quién se atreve a desafiar dialécticamente a un argentino?

Noche de infieles

Yo llamo noche de infieles a ese par de noches al año en que casi todos salimos con nuestros compañeros de trabajo o con nuestros amigos, pero sin nuestra correspondiente pareja y en la que, irremediablemente, y por muy bien que se lo esté pasando, siempre hay alguien con sentido de culpabilidad hacia el que se ha dejado en casa; es esa amiga que no para de repetirte que se lo está pasando como nunca y que esto hay que repetirlo en más ocasiones, pero a la que a la segunda copa ya le están entrando los remordimientos de conciencia.
Hay una noche de infieles por excelencia, la de la cena de Navidad.
La nuestra prometía, un grupo de ocho mujeres solas, ataviadas con sus mejores galas, con una capa extra de maquillaje y muchas ganas de juerga.
Empezamos tomando un vinito en una antigua bodega del centro mientras esperábamos al resto de las compañeras, sólo para entonarnos. De ahí pasamos al restaurante; de la cena sólo puedo decir que fue escandalosa: escandalosamente cara teniendo en cuenta la nula variedad, la poca cantidad y la escasa calidad, y escandalosamente ruidosa ya que en el mismo salón nos juntamos con la cena de otras cinco empresas: una mensajería, una cadena de electrodomésticos, una empresa de informática, un laboratorio farmacéutico y la delegación comercial de una multinacional, los más alborotadores, tanto que ya en la cena tuvimos nuestra primera baja, una de nuestras chicas se pasó a las filas de los comerciales y desapareció entre carantoñas.
Lo mejor de la cena, sin duda, la sobremesa, a base de cánticos, chupitos de licor, chistes y comentarios subiditos de tono. Nadie se dio cuenta, pero yo me agencié la frasca de licor de manzana sin alcohol y me la bebí prácticamente entera, mientras ellas daban cumplida cuenta de un aguardiente infame y otros licores de procedencia desconocida.
Con el estomago lleno, la compañía añadida de algunos adosados de las otras mesas y haciendo eses nos dirigimos a una de las discotecas más famosas y de moda de la capital. ¡Qué lujo!, ¡qué escalera!, ¡menuda tapicería y vaya lámparas! Lástima de palacete histórico reconvertido en templo de la modernidad, pero ya se sabe, renovarse o morir. Por cierto, las ansias de mi compañera Estrella no se vieron recompensadas aquella noche, no había ningún famoso en el local, o al menos, ella no lo encontró.
Recorrimos un montón de salas pasando del trance al progresive, del hip hop al house, de la electrónica al chill aut, de la tropical al hardcore... me debo estar haciendo muy vieja, porque casi todo me parecía el mismo rollo repetitivo y aburrido. Como es lógico terminamos en una sala de pop rock español, abarrotada y repleta de gente como nosotras, que bailaba y coreaba todas y cada una de las canciones.
Como es preceptivo en la discoteca nos tomamos otro pelotazo, que ya nos lo habían cobrado con creces con la entrada, y sufrimos otras dos bajas: a Soraya le dio el ataque de nostalgia y culpabilidad por haberse dejado a su novio en casa y se marchó sin terminarse su copa, y Eva, por no ser menos, decidió acompañarla. Las jóvenes iban abandonándonos dejándonos solas ante el peligro.
No sé muy bien cuantas copas llevaba encima Maite cuando empezó su particular espectáculo: subida sobre una plataforma, descalza, bailando como si quisiera desencajarse y lanzando besos a diestro y siniestro; conseguimos bajarla cuando ya había comenzado el estripteasse. ¡Menuda cogorza! De ahí pasó a la fase de los insultos contra todos los hombres, y luego a la llorera. La metimos en un taxi en dirección a su casa y no supimos nada de ella hasta tres días más tarde.
Por cierto, por el camino perdimos a Estrella, que, como no encontró a ningún famoso, se enrolló con un chico que se parecía bastante a Enrique San Francisco, que según ella le da morbo... no sé que pensará de eso su pareja, que se parece más bien a Bud Espencer.
Ya sólo quedábamos tres, y seguíamos con ganas de diversión; Eva sugirió un local que conocía, y allí que nos dirigimos.
El Jopplin era un local que había estado de moda veinte o veinticinco años atrás y en el que nada había cambiado con el tiempo, ni si quiera la clientela. Tenía dos plantas: en la inferior la barra de madera forrada con un acolchado skay verde con los taburetes a juego lo ocupaba casi todo, dejando sitio al fondo para un par de butacones en torno a unas mesitas en penumbra; subiendo por las mullidas escaleras llegabas a una sala más amplia en la que destacaba en el centro una pista de baile, con su indispensable lámpara-bola de cristal, y a su alrededor se repartían, estratégicamente iluminadas, las consabidas butaquitas con sus mesitas... todo muy kistch.
La música era buena, se podía bailar, se podía charlar cómodamente y además preparaban unos cócteles deliciosos. Al principio estuvo bien, pero llegó un momento en que el cansancio se apoderó de mis pies y de mis párpados, y empezó mi lucha a brazo partido contra los ataques de bostezo. En aquel momento Eva nos estaba hablando por enésima vez de su maravilloso marido, de la relación de confianza que mantenían, que entre ellos no había secretos, ni celos, y bla blabla bla bla...
No podía más. Tenía que ir al servicio, orinar el cóctel y despejarme un poco antes de despedirme.
Los servicios estaban en el lugar más extraño, en la planta baja, entre la barra y la puerta de entrada. Para poder acceder a ellos tuve que incordiar a una pareja que se estaba haciendo un intensivo reconocimiento buco dental con la lengua, y, entonces, reconocí a aquel besucón: era el marido de Eva, que se mostró presto a darme todo tipo de explicaciones sin quitar la mano de entre las piernas de la rubia de bote con la que se estaba dando el lote.
En cuclillas sobre la taza del inodoro decidí sobre mis posibilidades: podía no decir nada, que Eva descubriera a su marido y se le cayera de una vez el mito y de paso la soberbia, o ser una buena amiga, subir como si no hubiera pasado nada y entretenerla un rato hasta que el susodicho fuera capaz de huir de la escena del crimen.
Opté por la segunda opción. Me dirigí a Vicente y le di cinco minutos para que apurase la copa, se despidiese de la peliteñida y se fuera a casa a esperar a que su mujercita llegase al dulce hogar; siempre recordaré la cara de Vicente.
Cuando subí Eva seguía hablando de las bondades de su marido. Tuve que disimular un poco, y convencerles para bailar la canción que estaba sonando, y aún dos más, para asegurarme de que Vicente cumplía correctamente su cometido.
Era ya muy tarde cuando nos despedimos; recostada sobre el asiento del taxi que me llevaba a casa no podía parar de pensar en mi cama, y en el hombre que me estaría esperando en ella manteniéndomela caliente, y de pronto me entró una pequeña dosis de culpabilidad... ¡con lo bien que hubiéramos estado los dos juntitos esa noche, y lo que me dolían los pies!

lunes, noviembre 27, 2006


Y el sol se abrirá entre las nubes, iluminándolo todo de nuevo. Posted by Picasa

Jóvenes cuarentones

Últimamente a mi alrededor oigo hablar del tema de la edad constantemente: que si la crisis de los cuarenta, que si me estoy haciendo mayor, que si los chavales me hablan de usted, que si yo me siento joven, que si los años no pasan en balde... ¡ ah, juventud, divino tesoro!
Algo tiene la juventud que nos gusta tanto y que nos da miedo abandonar, y es que dejar de ser joven y convertirte en adulto significa aceptar que se ha llegado a un desarrollo pleno, que ya no hay marcha atrás.
Yo me sigo sintiendo como una jovencita, aunque en proceso de maduración, pero ¿hasta qué edad se es joven?, ¿cuándo dejamos de ser jóvenes y pasamos a convertirnos en adultos?, ¿quién decide que yo ya no soy joven?
Para el Consejo de la Juventud de España yo ya hace mucho tiempo que dejé atrás la juventud, pues los socios de este organismo no pueden tener más de 30 años. Claro, que peor es si hacemos caso a la ONU que considera que se deja de ser joven después de cumplir los 25.
El Ayuntamiento de Madrid cada vez amplia más el plazo, por más que a mí nunca me pilla, y actualmente cifra la edad límite de la juventud en los 35 años: hasta esa edad se pueden pedir subvenciones para adquirir viviendas, se puede entrar en los planes de jóvenes creadores o diseñadores, se puede optar a premios y becas... pero una vez cumplidos los 35 es usted un adulto que debe tener resueltos sus asuntos familiares, laborales, educación y vivienda y que no debe necesitar la tutela o ayuda de ningún organismo.
Yo creo que definir la juventud con el único criterio de la edad es insuficiente; por supuesto habrá muchos que antes de los 30 años hayan llegado a una madurez total y consideren que la juventud es una época terminada, pero conozco a muchos para los que cumplir 40 años no significa dejar de ser jóvenes.
Es curioso, pero tu profesión muchas veces puede determinar más que tu edad tu juventud. Si eres deportista, a partir de los 35 años tu carrera está a punto de finalizar, y pasarás a ser veterano, pero si hablamos de directores de cine, escritores o políticos, ser cuarentón es ser todavía joven, basten los ejemplos de Fernando León de Aranoa, Lucía Extebarría o Maria de La Pau Gener. Y, no digamos nada si eres empresario, notario o catedrático, puestos que parecen estar pensados sólo para adultos canosos muy responsables y con una edad cercana a la jubilación.
En cuanto al aspecto físico, tampoco es un criterio válido, Isabel Preysler tiene mejor piel y mejor figura que sus hijas, y es que ya sabemos que hoy en día la cirugía, el bótox y el photoshop pueden rejuvenecernos como nunca habríamos soñado.
¿Familia y estabilidad como medida? Es cierto que cuando formas una familia adquieres nuevas responsabilidades y maduras de golpe, aunque no en todos los casos. Además, según esta idea, todos aquellos que no han formado su propia familia, o que no piensan formarla, seguirán siendo jóvenes de por vida; y todos aquellos que fueron padres a una edad temprana podrían recuperar su juventud una vez que sus hijos creciesen.
Sinceramente, la juventud no es cosa de la edad, no consiste en tener pocos años. Ser joven es conservar vivas las ilusiones, seguir anhelando y deseando, tener apetito por conocer cosas nuevas, por aprender algo más, es seguir teniendo miedo a lo desconocido, ilusión por lo que haya de llegar, tener sueños por cumplir, metas lejanas que alcanzar.
Mientras tengamos despierta nuestra capacidad para soñar nos mantendremos jóvenes, aunque tengamos que teñirnos las canas, correr menos metros en menos tiempo y sentarnos a descansar después de una juerga.Y para todos los jóvenes cuarentones amantes de las citas, os regalo esta de Víctor Hugo: “Los 40 son la edad madura de la juventud; los 50, la juventud de la edad madura.”




Las imágenes que acompañan son obras de Michele del Campo

miércoles, noviembre 15, 2006

Publicidad en televisión


La Unión Europea aprueba la liberalización de la emisión de la publicidad en televisión y un incremento de la misma; a partir de ahora únicamente se establece un máximo de 12 minutos de publicidad por hora, eliminándose la limitación de tres horas diarias . Además, el acuerdo al que se ha llegado permitirá a cada televisión elegir el momento más apropiado para insertar anuncios, pudiendo realizar cortes publicitarios en programas de menor duración, en informativos y telefilmes.
Con los nuevos acuerdos podríamos pasar de emitir un máximo de tres horas de publicidad a algo más de cuatro horas diarías, sin contar, claro, espacios autopromocionales y programas de televenta
Esta es la teoría, pero, ¿qué va a ocurrir en realidad? Si en España, tanto la televisión pública como la privada, no han respetado hasta ahora la legislación vigente, sobrepasando ampliamente los tiempos mínimos aprobados e inventándose fórmulas para prolongar los espacios publicitarios, ¿qué va a suceder ahora que se liberaliza?
En nuestro país se hace muy difícil intentar ver una película en horario de máxima audiencia sin perder el hilo narrativo a costa de las interrupciones publicitarias; estamos acostumbrándonos a que los cortes se realicen incluso antes de que haya aparecido en escena el protagonista, o cuando apenas quedan unos minutos para el final del filme. Al paso que vamos, llegará un momento en que la programación éstará formada por anuncios publicitarios, programas de cotilleo y espacios de telerealidad zafios y barriobajeros salpicados con interrupciones de alguna película emitida hasta la saturación, o la reposición de alguna serie.
Eso sí, cada día tendremos más canales y mejor calidad de imagen para ver mejores anuncios, aunque las mejores ideas y los spots publicitarios más impactantes sólo podremos verlos en la red.

lunes, noviembre 06, 2006

Escapadas de fin de semana: Trujillo y Guadalupe

Ahora que el buen tiempo nos ha abandonado y que el otoño se ha instalado definitivamente entre nosotros es tiempo de pensar en pequeñas excursiones, escapadas de fin de semana. Desde aquí quiero recomendar algunas de las ciudades y pueblos más bonitos del interior de nuestro país, que por su historia, sus monumentos, sus paisajes y su gastronomía, bien vale la pena hacer un viaje.
Propongo comenzar con dos municipios del norte de Cáceres cargados de historia: Trujillo y Guadalupe.
Trujillo
Trujillo es conocida sobre todo por ser la cuna de grandes conquistadores de tierras americanas, entre los que destacan Francisco Pizarro y sus hermanos Juan, Gonzalo y Hernando, tal vez los trujillanos más conocidos. Pero esta villa guarda otros muchos encantos que merece la pena descubrir.
La enorme Plaza Mayor es uno de los lugares más representativos de la localidad. Entorno a esta irregular plaza se localizan algunos de los edificios más notables y más bellos, como el Palacio de los Orellana-Toledo, el de los duques de San Carlos o el de los Orellana-Pizarro, todos ellos con sus escudos esquinados. Destaca en la plaza también la iglesia de San Martín, la estatua de bronce de Francisco Pizarro y los arcos de los soportales de todas las casas, tanto las más nobles como las del pueblo llano; en uno de estos soportales se encuentra la oficina de información y turismo. La plaza se cierra al tráfico los fines de semana para que todo el mundo pueda disfrutar de este bello rincón.
Desde la plaza se puede comenzar el recorrido por la antigua ciudadela, cuyas calles empinadas, palacios, plazuelas, almenas, arcos y callejones nos trasladarán a otra época.
Podemos entrar a la antigua ciudadela amurallada por la puerta de Santiago, dejando a su izquierda el impresionante edificio de el alcázar de Luis Chávez el viejo. La iglesia de Santiago merece una visita; hoy en día su interior se ha convertido en un museo en el que podemos comprender un poco mejor la historia de Trujillo y su importancia en Extremadura, y donde además podemos contemplar la sacristía y la antigua casa del sacristán, y subir al campanario desde donde podremos obtener unas magníficas vistas del castillo y de la Plaza Mayor.
Si continuamos el recorrido hacia el castillo nos encontraremos con la iglesia de Santa María la Mayor, en cuyos alrededores se encuentran los edificios más notables y más característicos de la villa. De esta iglesia destacan sobre todo sus dos torres, la del campanario y la torre Julia, una torre románica visible casi desde cualquier punto de la ciudad.
Muy cerca de Santa María, en nuestra ascensión hacia el castillo, nos encontramos con la casa-museo de Pizarro, una reconstrucción en la planta baja de lo que debía ser la vivienda de un caballero de la época y en la planta superior un museo dedicado a la vida y descubrimientos de Pizarro.
Llegamos por fin ante el castillo, de origen árabe y situado en la parte más alta de la ciudad. Traspasados sus anchos muros podremos contemplar el patio de armas, subir a cualquiera de sus torres y pasear por las murallas disfrutando de unas inigualables vistas de Trujillo y sus alrededores. En la antigua torre del homenaje, en la que se dice que estuvo encerrada Juana la Beltraneja, encontramos hoy una capilla dedicada a la Virgen de la Victoria, patrona de Trujillo, cuya imagen, desde la parte superior, vela por sus ciudadanos.
Desde el castillo podemos bajar ahora por la puerta de las Palomas, desde donde podemos admirar las murallas. Recorrer las calles de Naranjos, Cambrones, Alberca, Altamirano... nos permitirá admirar algunos de los edificios civiles más bellos y mejor conservados de Trujillo y empaparnos de todo el espíritu Trujillano.
La buena conservación de Trujillo se debe, en parte, a la caza y las grandes fortunas de nuestro país. Muy cerca de Trujillo se encuentran las Villuercas y el Parque Natural de Monfragüe, con espaciosos cotos de caza mayor en los que abundan los venados, jabalíes y otras piezas que atraen a cazadores de todo el mundo; de hecho, en el mes de Octubre no es extraña la presencia por estos lares de Ernesto de Hannover y Carolina de Mónaco, de Collin Powell, o de algunos exministros del P.P.
Los anchos muros de las antiguas mansiones solariegas y palacios trujillanos son hoy en día las herméticas segundas residencias de muchos prohombres de las finanzas, la política y la cultura española, en las que las reuniones sociales tras una jornada cinegética son habituales.
Casi todo el mundo cuando visita Trujillo suele comer en los alrededores de la Plaza Mayor, yo recomiendo un pequeño restaurante en el casco antiguo, en la calle Cambrones, Restaurante la Alberca, cuyas especialidades de carne de caza a la brasa no se pueden dejar pasar, así como su mousse de queso. Además, si el dueño está de buen humor, por el mismo precio puedes escuchar historias interesantísimas sobre la ciudad y sus habitantes.
La oferta hotelera de Trujillo y sus alrededores es amplia. Si buscas paz, comodidad y un edificio histórico, puedes inclinarte por el Parador, un establecimiento de 4 estrellas emplazado en un antiguo convento; cargado de historia y totalmente céntrico está el NH Palacio de Santa Marta, en la calle Ballesteros, dando a la Plaza Mayor; si prefieres un lugar más tranquilo, en el entro del casco viejo, la Posada dos Orillas http://www.dos,un establecimiento de 4 estrellas con mucho encanto.
Si quieres algo más económico también lo hay, en cualquier caso te recomiendo que visites su página web www.trujillo.es donde podrás informarte más ampliamente.

Guadalupe


Desde Trujillo te propongo viajar a Guadalupe contemplando el maravilloso paisaje de las Villuercas, que en otoño muestra una amplia gama de colores, desde los ocres a los rojos pasando por los verdes más intensos.
Y en medio de esta explosión cromática aparece el monumental Monasterio de Guadalupe, rodeado de montes y flanqueado por pequeñas viviendas que conforman la Puebla de Guadalupe
Una recomendación especial: procura ir a Guadalupe cualquier día de la semana excepto los domingos. Los domingos el municipio se llena de autobuses y particulares de todos los rincones, y pasear por Guadalupe se hace complicado; si puedes evitar el domingo, mejor, y, sino, procura realizar la visita al monasterio a primera hora de la tarde.
Antes de entrar en el Monasterio recorre sus calles estrechas y empinadas, contempla sus casas, con soportales y cuyos muros, como en la judería de Hervás, se cubren con tejas; si no fuera por los coches, pensarías que has viajado al pasado.
También merece la pena una visita al Parador, frente al Monasterio, en el que destaca su patio de los naranjos. Por supuesto, si decides hacer noche en Guadalupe, alojarte en el Parador es una magnifica opción.
Pero el motivo principal de la visita es el Monasterio de Guadalupe. Frente a tí se yergue majestuoso un convento con reminiscencias de fortaleza en cuya portada se mezclan todos los estilos. La torre en la que se halla el reloj recuerda a la torre de la plaza de la Signoria de Florencia, con sus almenas, sus pequeñas ventanas y su matacán. Y, junto a estas sobrias torres se abren las puertas góticas de la basílica, con sus arcos y sus pináculos, invitándote a entrar en una iglesia en la que conviven elementos góticos con otros barrocos, destacando tras la reja un elevado retablo dorado en cuya parte superior se exhibe la virgen negra, la Virgen de Guadalupe.
A la izquierda de la iglesia se accede al monasterio y sus museos. Las visitas son guiadas y conformadas por grupos de 20 personas.
Una vez que se accede al recinto del monasterio y entremos en el claustro mudéjar, el bullicio queda atrás. En este claustro se respira paz, equilibrio, armonía y belleza. En el centro del claustro destaca un templete mudéjar, cuyo única función es ornamental, que llama la atención por su belleza y la delicadeza de sus formas. Las paredes del claustro están cubiertas con cuadros que relatan la historia del vaquero que halló a la virgen y los milagros que esta obró. Alrededor del claustro se abren diferentes salas que hoy en día están abiertas al público como museos: el museo de bordados, en el antiguo refectorio, el museo de pinturas y esculturas antiguas, destacando un gran crucifijo realizado con una única pieza de marfil, y el museo de libros miniados.
Desde el claustro se accede a la sacristía, una de las joyas de este edificio. En sus paredes cuelgan numerosos cuadros de gran tamaño de Zurbarán que jamás han abandonado estos muros, obras sobre la vida de San Jerónimo. Las paredes y las bóvedas de la sacristía están además completamente pintadas con dibujos de flores lo que hace el conjunto aún más espectacular. Al fondo de la sacristía se encuentra la capilla de San Jerónimo, adornada también con cuadros de Zurbarán, y con el gran fanal de Lepanto, en el que pueden verse incluso los agujeros de las balas.
La visita de esta sacristía no deja indiferente a nadie.
El recorrido continúa visitando el Tesoro de Guadalupe, donde pueden verse todo tipo de joyas, coronas, espejos venecianos y relicarios con los restos de mártires y santos.
Continuamos la ascensión y llegamos al Camarín de la Virgen, una sala barroca que llega a marear por su profusa decoración, desde la que se accede a la parte posterior del retablo de la iglesia y desde donde puede contemplarse la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe.
También merece la pena visitar el coro y fijarse en la sillería y en su órgano.
Y, una vez terminada la visita, hay que reponer fuerzas. En los alrededores del monasterio hay numerosos restaurantes, pero muy poca variedad; además, unos y otros intentarán convenceros de que comáis en sus establecimientos. Como digo, los menús son muy similares y los precios también, así que lo dejo a libre elección.
Si aún os queda tiempo, acercaros a contemplar la naturaleza, los paisajes que rodean a Guadalupe merecen la pena, pero procurad que la noche no se os eche encima, porque la comarca de las Villuercas no destaca por su densidad de población precisamente. Posted by Picasa

Otoño

Incluso la época más melancólica y triste tiene su belleza, sólo hay que saber mirarla.

domingo, octubre 29, 2006

La máquina del tiempo

La otra noche, sin venir a cuento, recordé una obra de teatro que interpretamos hace un montón de años; me vi en el escenario caracterizada como una anciana, ni mi propia familia fe capaz de reconocerme, leyendo con dificultad un periódico en el prólogo de una obra de Jardiel Poncela en la que hacía dos papelitos. No recordaba aquello desde hacía años, pero evoqué la sensación que tenía en aquel escenario, desde el que no era capaz de ver a nadie, aunque sabía que cientos de miradas estaban puestas en mí, la seguridad, la ilusión cuando oyes los aplausos, la satisfacción del trabajo bien hecho... Fue una época maravillosa, y sobre todo, lo que más me gustaba era la cantidad de actividades que era capaz de llevar a cabo a la vez en aquel entonces sin notar fatiga. Solo ilusión y ganas.
Me encantaría poder volver a tener toda aquella energía, tanta fuerza, tantas ganas. Ojala pudiera volver atrás para poder vivir nuevamente todos esos momentos.
Los buenos momentos fueron los que pasaron más rápidamente, se escaparon entre los dedos como el agua cuando intentas abarcarla con las manos: eres incapaz de retenerla por más que lo intentas, y finalmente en las manos sólo te queda la humedad, como un recuerdo de lo que fue.
Siempre he tenido un fantasía: poder manejar el tiempo, poder dar marcha atrás para revivir aquellos momentos que merecieron la pena y evitar aquellas experiencias que no fueron tan agradables o que terminaron en errores que más tarde he tenido que lamentar. Sería maravilloso poder contar con una segunda oportunidad, volver a retomar tu vida en el momento por ti elegido, disfrutar de nuevo de todo aquello que hoy recuerdas con felicidad y evitar aquellas decisiones que hoy sabes que fueron erróneas.
Por desgracia la máquina del tiempo no existe, nadie puede volver a su pasado para enfrentarse de nuevo a las alternativas que dejó escapar, no hay una segunda oportunidad para la vida.
Atrasamos o adelantamos los relojes según nuestra conveniencia, pero no nos damos cuenta de que realmente nosotros no dominamos el tiempo, sólo podemos contarlo, pero el tiempo pasa, y como dice Bebé, corre en patines cuesta abajo y no tiene freno.
Las máquinas del tiempo, hoy por hoy, sólo existen en la imaginación, y tal vez sea así mejor. Será mejor intentar disfrutar el momento e intentar aprender algo de lo vivido en el pasado.

jueves, octubre 26, 2006

Obras en casa. Problemas de comunicación

Tengo obreros en casa, y esta vez no es por mi propio gusto. Mientras escribo estas líneas un operario no para de destrozarme las paredes y el techo a base de maceta y cortafríos; un sonido nada agradable que me va a hacer estallar la cabeza.
Encontrar un buen albañil es difícil, pero encontrar uno que además trabaje a tu gusto y haga las cosas como se le piden debe ser misión imposible. Prefiero no acordarme de la última vez que hice obra en casa... estuve a punto de acabar en un manicomio, nada se hacía según lo acordado, los plazos no se cumplían, destrozaron lo que no tenían que tocar e hicieron las cosas según les convino. Menos mal que finalmente terminaron, y una vez lo vez todo acabado empiezas a olvidarte de todas las desgracias.
Bueno, pues hoy hemos tenido otro problema con los obreros. Según la normativa actual tienen que cambiarnos todo el tendido electrico de la Comunidad, y necesitan meternos nuevos tubos en el domicilio hasta el cuadro del diferencial. Yo les he pedido que por favor no tocaran las paredes, que hicieran la obra por el techo, que no tenían que hacer más que un agujero de entrada y otro de salida, y aprovechando el carambuco podían llevar los nuevos tubos de un lado a otro con el mínimo esfuerzo. Les he vuelto a repetir que tuvieran cuidado con la pared, que no hace un año que se dio de llana y se pintó. ¿Entonces por qué cuando me he dado la vuelta se han puesto a picar en la pared?, ¿por qué me han roto la pared si después han aprovechado el carambuco del techo como se les había dicho?, ¿tenían necesidad de trabajar en balde o sólo lo han hecho por llevarme la contraria?
Os aseguro que mi castellano es perfecto y que tengo una buena dicción, así que sólo me queda por pensar que los albañiles hablan una jerga diferente. Y encima ahora les voy a tener más tiempo en casa para cerrar la roza que nunca debían de haber abierto.
Ya se sabe: cuando un albañil entra en tu casa sabes cuando ha llegado, pero no cuándo ni cómo se marchará.

viernes, octubre 20, 2006

Cuentos de colores. La joven del pelo naranja


La noche que vino al mundo en el cielo se desató una gran tormenta. Los gritos de su madre quedaron ahogados por el estallido de un poderoso trueno que alcanzó el campanario del pueblo destrozando totalmente la torre de la iglesia. “Mal augurio”, predijo la partera que la ayudó a venir al mundo. Su madre murió dos días después entre terribles dolores y sin confesar quien era el padre de aquella criatura. El abuelo se vio solo con aquella niña que le ganó el corazón desde el primer minuto de vida.
Fue bautizada entre las ruinas de la iglesia con el nombre de Sara; aquella vez todo el pueblo la oyó llorar. Muchos se acercaron a verla con curiosidad, pero nadie fue capaz de encontrarle un parecido, aunque todos coincidían en alabar la belleza de aquella criatura de piel blanquísima.
El abuelo no encontró un ama de cría disponible para aquella niña y se vio obligado a alimentarla con la leche de una de las cabras de su rebaño, pero, pese a todo Sara fue creciendo sana y fuerte, y sobre todo extrañamente bella.
Un día el abuelo observó que la pelusa que crecía en la redonda cabecita de la niña iba tomando un preocupante tono anaranjado. Aquello era desconcertante, ¿a quién demonios salía aquella niña? Desde aquel día el viejo se preocupó de cubrir la cabeza de la niña con gorros, pañuelos o cualquier trapo que encontraba por la casa.
Durante un tiempo el viejo se dedicó a escudriñar a todos los habitantes del pueblo, y más tarde a los de la comarca, intentando encontrar entre todos ellos algo que pudiera reconocer en las facciones de la niña, tarea en la que no obtuvo ni el más pequeño éxito.
Sara demostró ser un bebé especial desde el principio. Comenzó a gatear mucho antes que la mayoría de las criaturas, y antes de cumplir el año ya andaba perfectamente; también comenzó a hablar prematuramente y con sólo un año y medio tenía un vocabulario extenso que manejaba a la perfección. Muy pronto también desarrolló una fuerza que llamó la atención de su abuelo, y una capacidad especial para entenderse con los animales. Pero, lo que más preocupó al anciano fue descubrir que la pequeña manejaba con una soltura especial su mano izquierda, mientras que la habilidad con su mano derecha era escasa. Prácticamente ya no tenía ninguna duda, aquella niña tenía todos los signos, y no podía ser una simple coincidencia, Sara era hija del demonio.
El temor más grande que jamás hubiera experimentado se apoderó de aquel hombre. Quería demasiado a aquella chiquilla, pero sabía que debería de deshacerse de la niña antes de que ésta creciera y se convirtiera en una criatura diabólica. Le parecía imposible pensar que un ser tan adorable como Sara, con aquella sonrisa tan dulce y aquellos ojos grises tan alegres pudiera llegar a ser alguien peligroso, pero había aprendido que alguien así sólo podía ser la última descendiente del diablo y que estaba llamada a hacer cosas monstruosas.
Faltaba poco para celebrar el cuarto cumpleaños de la niña. Aquella noche, una vez que Sara se hubo acostado, el abuelo se tomó dos vasos del licor más fuerte que encontró en la casa para infundirse un poco de valor, y armado con el cuchillo de matanza bien afilado entró en la habitación y se dirigió al camastro donde dormía la niña. Las piernas le temblaban, pero estaba decidido; con una mano tapó la boca de la pequeña y mientras, con la otra, trató de cortarle el cuello, pero en el último momento se echó atrás.
Sara oyó llorar desconsoladamente a su abuelo toda la noche. No había tenido valor para hacerlo, no podía matar a una criatura, y mucho menos a su querida nieta; además, aunque fuera hija del mismo demonio, también lo era de su propia hija, una criatura buena y abnegada hasta el fin de sus días, así que ¿por qué no iba a ser Sara una buena niña?
Desde aquel momento la máxima preocupación del viejo fue que nadie en el pueblo descubriese las señales de Satanás en su nieta. Coloreaba el pelo de la niña con las más extrañas substancias, y seguía cubriendo su cabeza con cualquier clase de tocado; vendó su mano izquierda y se la inutilizó atándosela a la espalda para así obligarle a ejercitar la derecha; exponía a la niña al sol para que su piel se curtiera y tomara el tono de cualquiera de los habitantes del lugar, y sobre todo, evitaba el contacto de Sara con los lugareños.
Sara creció confinada entre los muros de su hogar, sin apenas tener contacto más que con su abuelo y con los animales, pero feliz, porque tampoco añoraba lo que no conocía. En la pequeña huerta de la casa cultivaban todo tipo de hortalizas y verduras, y en el corral gallinas, conejos, cabras y un par de cerdos aseguraban la alimentación de la pequeña familia y descartaban el aburrimiento.
En la adolescencia la belleza de Sara llegó a su máximo esplendor, su piel brillaba con una luz especial, sus mejillas y su boca se volvieron más sonrosadas, sus formas se volvieron curvas, y su pelo centelleaba al sol como las llamas de las hogueras la noche de San Juan. Y su voz, su maravillosa y cálida voz aún la hacía más atractiva.
Todo ello no hacía si no añadir más preocupaciones al abuelo, que cada vez veía más mermadas sus fuerzas. Cuanto más intentaba mantener oculta a la muchacha, más difícil se le hacía, y pronto por todo el pueblo comenzaron a surgir rumores.
Las habladurías comenzaron a recorrer la comarca de boca en boca. Hubo quien habló de un extraño ser cuya visión era tan horrible que era mejor mantenerla escondida; otras voces hablaban de una maldición que la madre había echado a su hija antes de morir y que la había convertido en un monstruo; e incluso había quienes decían que el viejo la mantenía recluida porque era tan bella que no deseaba compartirla con nadie. Como quiera que fuese, todos aquellos chismes no hicieron sino excitar aún más la imaginación y la curiosidad de los vecinos, que inventaban mil tretas para tratar de ver que escondía el anciano en su casa.
Sara se mantenía ajena a todo aquello hasta que una noche el abuelo comenzó a sentir unos fuertes pinchazos en su brazo. Sabiendo que la muerte le estaba rondando, hablo con su nieta de las señales que el demonio le había dejado como herencia, de las supersticiones del pueblo, del castigo a aquellos que como ella estaban marcados y del tremendo amor que le tenía. Le contó todos sus temores y le aconsejó lo que debería hacer si él fallecía.
Dos días después el pueblo se despertó a media noche por los aullidos que todos los perros coreaban al unísono y comprobaron que en la casa del viejo se había desatado un incendio. Nada pudieron hacer por el anciano, cuando llegaron ya había muerto. Sofocaron como pudieron el fuego y buscaron entre los restos de la casa, pero no hallaron a nadie más, incluso los animales habían desaparecido.
Con el revuelo del incendio nadie se fijó en la carreta que cargada con los animales y unos pocos enseres había salido del pueblo y se adentraba en el bosque.
De madrugada Sara halló la cabaña que años antes su abuelo le había preparado en un claro del bosque, junto a un arroyo. Allí podía comenzar una nueva vida alejada de los rumores y las supercherías del pueblo.
Cultivaba la tierra, cuidaba de los animales, cantaba a pleno pulmón y vivía más o menos feliz en su cabaña.
Una tarde fue sobresaltada por un hombre que escapando de la justicia había resultado herido. Sara le cuidó durante varios días y sanó sus heridas con los mismos remedios que su abuelo le había enseñado a aplicar a los animales. Cuando el hombre se recuperó le contó su historia y la de los otros moradores del bosque, desheredados, inadaptados,bandidos, huídos de la justicia, o simplemente pobres.
Una mañana Sara encontró junto al río a una muchacha semiinconsciente, cubierta de sangre y harapos. Sara la trasladó a su cabaña, donde le lavó, curó sus golpes y heridas, preparó ungüentos y calmantes y la cuidó hasta que la muchacha pudo contarle su relato. Se llamaba Áurea y era bruja y sanadora, como lo habían sido todos sus antepasados; preparaba ungüentos y brebajes, pócimas y venenos, drogas y remedios, sanaba huesos y cuerpos y leía el futuro en las vísceras de los animales y en las líneas de la mano, e incluso se aventuraba a interpretar sueños y a realizar predicciones astrológicas. Siendo niña su madre y ella entraron al servicio del cacique de su comarca, al que durante años guiaron y protegieron, siendo ampliamente recompensadas. Pero la enfermedad entró en la casa del conde y los remedios de las brujas no fueron suficientes para desterrarla, y las predicciones tampoco fueron halagüeñas. Por todo ello fueron acusadas, torturadas y condenadas. La madre de Áurea había muerto en la celda, y ella había escapado cuando la trasladaban con otras mujeres acusadas de brujería.
Áurea se recuperó y se quedó a vivir con Sara en la cabaña.
De cuando en cuando aparecía por la cabaña algún hombre herido, algún enfermo, o alguien que requería los cuidados y atenciones de cualquiera de las dos mujeres.
Una noche de luna llena Sara estaba bañándose en el río cuando vio aparecer a un joven con el pelo y la barba del mismo color que su melena. Se sintieron mutuamente atraídos e hicieron el amor hasta la salida del sol. Con el alba aquel joven desapareció sin haberle dicho a Sara ni siquiera su nombre, pero dejando en ella su simiente.
Una fría noche de invierno Sara dio a luz una criatura con la ayuda de Áurea, una niña de luna llena a la que decidieron llamar Selena.
Por la comarca se extendió el rumor de que en el bosque vivía una mujer con el pelo naranja y capaz de detener a cualquier hombre con la fuerza de su mano izquierda, una bruja que tenía tratos con el demonio, y que curaba a los bandidos y a los perseguidos a cambio de sus almas impuras. Por su captura se ofrecía una importante recompensa.
La mañana en que fue capturada Sara se encontraba sola en el bosque recogiendo hierbas. Hicieron falta tres hombres para reducirla. Fue acusada de brujería y tratos con el diablo, y como castigo la condenaron a la muerte en la hoguera, pero antes raparon su anaranjada cabellera y cortaron su mano izquierda, trofeos que quedaron expuestos en la plaza mayor para recordar el triunfo del pueblo sobre el maligno.
Pese a todo, por la toda la región siguió hablándose hasta nuestros días de mujeres de cabello de color del fuego que curaban con la ayuda del señor de las tinieblas y que podían ver el futuro.
A veces, paseando por el bosque hay quien ha logrado ver una joven con una melena anaranjada flotando, corriendo entre los árboles.
Dicen que las noches de luna llena de la primavera se reúnen en un claro del bosque junto al río un grupo de mujeres que bailan desnudas a la luz de la luna en busca de un hombre al que seducir...

martes, octubre 17, 2006

Buenos dïas tristeza



La vida no es tan idílica como nos la muestran en las películas, ni tan fascinante como nos hacen creer en las novelas, ni si quiera tan interesante como la soñamos en la niñez y en la juventud. No, la vida, al menos la mía, no resulta atractiva.

Según van pasando los años, me da más la impresión que somos como plantas, como cualquier otro ser vivo de la creación, que nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos. En eso consiste nuestra vida, y para llevar a cabo todo ese proceso nos inventamos situaciones que nos hacen más llevadero el proceso, pero son sólo ilusiones, pequeños instantes de felicidad que hay que saber atrapar para poder vivir.

Por desgracia, yo no sé conformarme con esas ilusiones, no sé atrapar esos pequeños instantes de felicidad, y le pido más a la vida, algo que no me sabe dar. A lo largo del tiempo he ido perdiendo las ilusiones, porque no se puede creer en ellas, son personajes ficticios creados por nuestra imaginación, y como tal, no tienen defectos. Sin embargo, cuando haces realidad alguna de esas ilusiones, la cruda realidad te golpea de frente mostrándote la cara menos simpática, la que no habías programado.

Dicen de mí que soy sensible e inteligente, si es así, ¿ por qué no soy capaz de ser feliz como los demás?, ¿por qué no sé explicar qué le falta a mi vida, qué es eso que anhelo pero que encoje mi alma y me hace llorar y estar tan triste?, ¿por qué no puedo dejarme llevar como los demás?

Ayer estaba bien, mi voz sonaba cantarina, y de hecho fui capaz de convencer a través del teléfono a catorce personas de que me encontraba bien, serena y moderadamente feliz. Sin embargo, por la noche me encontré tumbada en la cama, oyendo como la lluvia golpeaba suavemente los cristales, con la mirada fija sobre el techo de mi habitación mientras las lágrimas rodaban por mis mejillas hasta la almohada sin poder hacer nada por evitarlo. No sé en qué momento, ni por qué resorte la tirita que cubre y sujeta las heridas de mi alma se desprendió, y la angustia y la pena se adueñaron de mí. ¿Cuando seré capaz de controlar esta desazón? ¿Acaso estoy obligada a convivir toda la vida con la señorita tristeza?

Sólo espero que esta angustia desaparezca pronto y que la sonrisa aparezca natural de nuevo en mi rostro, y recuperar las ganas de tener ilusiones, por pequeñas que estas sean, que me permitan continuar en el camino de la vida.

Señorita tristeza, ¿sería usted tan amable de desaparecer de mi vida y permitir la llegada de las señoritas esperanza e ilusión?

lunes, octubre 16, 2006

Sonríe, por favor

Hay personas que salen de casa con cara de cabreo, otras como si se acabasen de comer un limón ácido, y las hay que parece que los zapatos que se han puesto sean dos números menos de los que necesitan. Te los encuentras en el metro, en el autobús, en la cola de la caja del supermercado, ante una ventanilla de reclamaciones o al abrir la puerta del portal y de pronto parece que el día se ha nublado repentinamente. ¡ Con lo fácil y lo económico que es sonreír !
Cuando sales de casa con la sonrisa puesta todo parece ir mucho mejor, el día es más luminoso, la gente es más agradable y los problemas se empequeñecen un poco.
La sonrisa es contagiosa, abre puertas y facilita mucho las tareas.
¿No has probado nunca a pedirlo todo con una sonrisa en la cara? Te puedes llevar gratas sorpresas, a veces sirve para encontrar mesa en un restaurante en el que no has hecho reserva, otras veces sirve para que te den un buen asiento en un espectáculo, o para que te adelanten una cita médica, o simplemente para que te den una negativa, pero con dulzura.
Una sonrisa franca es capaz de desarmar al funcionario más seco de cualquier ministerio, de ayudar a ganar batallas casi perdidas, y de conseguir el perdón.
Así que mañana, cuando vayas a salir de casa, recuerda llevar puesta la mejor de tus sonrisas, que además combina perfectamente con lo que te pongas, te embellece y te rejuvenece más que el mejor de los maquillajes.

martes, octubre 10, 2006

Reflexiones

Después de unos cuantos días sin escribir nada en mi blog, las ideas se me han ido acumulando, así que va siendo hora de volcarlas.
La semana ha comenzado con la noticia de que Corea del Norte ha realizado su primera prueba nuclear. Por si no teníamos bastante con el terrorismo islamista, al-Qaeda, Bin Laden, los talibanes, el señor Bush, y alguno más, ahora el mundo entero debe preocuparse por los desvaríos de un enano -perdón, bajito- tirano megalómano que mata a su pueblo de hambre pero que es capaz de gastar el noventa por ciento del presupuesto de su país para convertirlo en una potencia militar. Me recuerda ligeramente a otro tirano que fue capaz de llevar a medio mundo a la guerra... ¿por qué será que los la mayoría de los tiranos no dan la talla?
Detrás de todo gran hombre hay una gran mujer; detrás de un déspota suele haber un gran complejo.

Mientras, en nuestro país, la noticia sigue siendo el fútbol. Si no teníamos bastante con la patética actuación de la selección Española de Luís Aragonés, ahora tenemos también la polémica del partido entre las selecciones de Euskadi y Cataluña. Yo propongo que para los próximos Mundiales se permita la participación de la selección de mi barrio, y no digo de mi comunidad de vecinos, porque entre todos los inquilinos tal vez no fuéramos capaces de formar un equipo de once jugadores en forma, que si no, también.

Cambiando de tema, ayer leí en un suplemento dominical un reportaje sobre un crucero para “singles”. Lo que más me llamó la atención era la desproporción entre hombres y mujeres: 200 féminas para 400 caballeros (que alguno lo sería, seguro).
Como digo, el dato me llamó poderosamente la atención porque muchas de mis amigas y conocidas están entre ese grupo de, llamemos impares (solteras, separadas, divorciadas...) y sin embargo no tengo consciencia de que ellos estén en la misma situación; lo que tampoco tengo tan claro es que unos y otros tengan las mismas ambiciones. Mis amigas no están buscando nada, y en su mayoría no tienen intención de cambiar su actual estado, mientras que ellos siguen pensando que el estado ideal del hombre es la pareja, a veces, cuantas más mejor, pero siempre con pareja.
Curiosamente, además, algunas de mis chicas “impares” han elegido este mes para viajar, entre otros destinos a Turquía y Egipto, y, desde luego, ninguna de ellas tiene el pensamiento de encontrar una pareja en estos destinos. Una de ellas el otro día me dijo que actualmente cuando tiene una cita, le bastan cinco minutos para saber si tendrá una segunda, porque dice que no está dispuesta a ejercer de maestra de nadie, que no tiene necesidad de cambiar a nadie, y sobre todo, no tiene necesidad de cambiar nada de su vida, ni si quiera su soledad. Me encantan las chicas que lo tienen así de claro y que son así de independientes.

Por último hoy quería hablar de televisión. Cada vez tenemos más canales, y cada vez menos programas que merezcan la pena ser vistos. A veces me gustaría saber que criterio siguen los programadores de televisión para emitir todos a la vez el mismo tipo de programa en el mismo horario, o el intermedio de más de diez minutos todas las cadenas a la vez, tal vez sea un fenómeno de hipnosis catódica. Ahora la última moda es la reposición; a algunas cadenas les ha dado por volver a programar antiguos formatos con nuevo decorado y nuevo presentador y a otras, directamente, la repetición de una serie que triunfó una década atrás. Lo que está claro es que en la televisión de nuestro país la originalidad y la creatividad brillan por su ausencia.
Por cierto, sin saber cómo, el otro día me encontré viendo una de estas viejas series. He de decir que en su momento, cuando medio país estuvo enganchado, no fui capaz de ver entero ni uno de sus capítulos, y sin embargo, ahora me veo absorta por un argumento que se parecía bastante a parte de mi vida... ¿casualidad, hipnosis catódica o es que me estoy haciendo vieja como la serie de televisión? No lo sé, pero creo que veré el capítulo siguiente a ver si la protagonista me enseña cómo salir victoriosa de esta situación.

martes, octubre 03, 2006



Se acabó lo que se daba; ya estoy de vuelta.

Me está costando mucho adaptarme de nuevo a la rutina, a esta ciudad, al otoño, a todo, pero no se puede vivir continuamente de espaldas a la realidad.

Además, incluso en la burbuja artificial las lágrimas y la desilusión han hecho su aparición. Hay cosas de las que una, por más que quiera, no es capaz de huir.

Bueno, hay que volver a la realidad, al trabajo, a los quehaceres diarios. Hay cientos de historias pendientes de ser creadas, muchas anécdotas que quieren ser contadas, algunas noticias que merecen ser analizadas, viajes, rutas y escapadas que quiero compartir, y cuanto antes empiece, más fácil será.

Adiós arena, adios olas, hasta pronto mar.